Discurso de la invisibilidad, la imbecilidad y los ruidos.
En los años que fuimos invisibles, presuntamente inservibles – uno que otro partieron para siempre creyéndose eso destruidos antes de empezar antes de empezar a andar construidos – en los años que fuimos imbéciles, muchos años pocos a lo mejor porque a veces un puñado de años son más que un puñado de años o varios puñados de años, porque a veces una pilada de años es apenas un año a lo mejor un par de años aunque después aparezcan como un montón de años, en esos años fuimos escuchando muchos de los ruidos de la propia vida que luego por reconocimientos de la memoria nos sirvieron mucho par sentir alegrías liviandades tristezas malos presentimientos o para tener malos augurios, en esos años de ruidos y de sonidos dormimos asustados imaginando monstruos horribles en viejos e hinchados sapos que croaban de diferentes maneras con sonidos graves o agudos sin distinguir siquiera por entonces porqué los hacían y si fueran batracios malos y escupidores o ranas flacas buenas y desnutridas cantando en la noche o soñado junto a la laguna como contaban con la letra de una zamba los clachaleros de carne y hueso, porque los otros con algunos gorriones y canarios trinaban en las mañanas temprano grazneando insistentemente hasta que ese sonido poco a poco comenzaba a ser apagado por otros más potentes, esos ruidos se iban pegando como nosotros que a la vez nos fuimos pegando a las cosas de la vida cuando descubrimos el arroyo susurrante y murmurador de la pantalla que tal parecía que se quejaba del caudal que los dueños del riego imponían para saciar sus necesidades de energías, agua que chapaleaba cantaba y hervía como renegando no contra nosotros que entonces nos tirábamos como bombas que del cielo caían sino contra esos patrones que en algún lado esperaban su llegada después de encauzarla y de darle un curso forzoso, en esos años de ruidos escuchamos siempre las campanas de la iglesia desde lejos, en los lugares donde anduvimos invisibles para los adultos que nos ignoraban en sus programas fiestas y aniversarios invisibles para los niños entre los cuales irremediablemente yo no estábamos, en los lugares donde prendimos fogatas en atardeceres para escuchar los cuentos de los que contaban atizando un fuego que estallaba y crepitaba mientras como imbéciles nos hacíamos bromas tan pesadas que alguno hasta terminó con una bala de aires comprimido en la pierna un fuego que chisporroteaba y chispeaba mientras escuchábamos también en gallineros lejanos cacareos de gallinas anunciando sus huevos o la presencia de algún gallito que cacareaba más que ella.
Más perfección que aquello imposible, la imperfección amontonándose con los ruidos de la vida.
Más imperfección que aquello imposible, la perfección amontonándose con los ruidos de la vida.
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Thursday, June 30, 2011
Wednesday, June 29, 2011
segundo discurso de la invisibilidad y de la imbecilidad
Segundo discurso de la invisibilidad.
Voces de imbéciles repicaron retumbaron replicaron se reflejaron contra progenitores para poner tristes a progenitores presentes para comprar las provisiones ausentes para escuchar las quejas las palabras que transcribían inexplicables resentimientos de rebeldías sin causas de rebeldes sin causas a parsimoniosos con causas, aunque fueran causas menores o causas perdidas de insurrectos sin fundamentos o derechos a otros que se esforzaban para que todos los de la mesa chica de la familia tuvieran para que no hubieran privaciones de ninguna índole y menos la del hambre y la de la fiebre palúdica de esos tiempos, voces de imbéciles se alzaron en medio de tempestades reales cuando fueron las circulaciones de parentelas que mostraron individuos que se continuarían viendo por mucho tiempo y otros que se vieron por únicas veces que no volvieron a pesar de los tiempos y las oportunidades cuando fueron, circulaciones que mostraron nautas llegando nautas llegando de esos lugares partiendo a esos lugares insondables inconmensurables, las circulaciones en un universo intervenido por usurpadores con uniformes aplaudidos por aplaudidores de esos que aplauden a todos que andan con un poco de poder en que los oximorones de ese poder eran las balas y las bombas, cuando la imbecilidad fue como una fiebre pasajera que a veces subía que a veces bajaba no un estado de la naturaleza como lo es en algunos que continúan igual de imbéciles siempre a lo largo de toda su vida, cuando dejaba de ser solamente un síntoma para convertirse en una dolorosa patología no solamente para el que lo es sino para los que se lo tienen que aguantar con sus pruritos y mañas, cuando fueron las circulaciones de los asaltos que no remitían a acciones delictivas sino a farras espontáneas que se armaban en territorios limitados a los domicilios particulares con los permisos de los propios particulares que autorizaban los solaces de sus retoños, voces de imbéciles repicaron retumbando en el espacio invisible de la vaguedad de una existencia que va tomando forma inexorablemente en su camino al purgatorio de una existencia estandarizada en la que ninguno tiene coronita aunque la haya tenido en su paso terrenal, voces de imbéciles se oponían a otras voces de imbéciles también pero entre los cuales circulaban los que no lo eran en la doble imbecilidad que algunos tenían de creerse más que los demás cuando lo cierto es que no pasan los estados larvarios de gusanos que son de la misma especie, voces de imbéciles perduraron en caprichos efímeros de caprichosos que se quedaban así o que se volvían más tratables, cuando no se podía articular una palabra entonces menos se podía articular una conversación y menos se podía articular una conversación con alguien del género opuesto, imbéciles cansados de los plantones hasta entrada la noche o la madrugada en esos asaltos en los que se bailaban temas de otras latitudes o del folclore.
Voces de imbéciles retumbaron cuando parecía que la imbecilidad como la invisibilidad era una excepción no la regla.
Voces de imbéciles retumbaron cuando parecía que la perfección era la excepción no la regla de los imbéciles.
Voces de imbéciles repicaron retumbaron replicaron se reflejaron contra progenitores para poner tristes a progenitores presentes para comprar las provisiones ausentes para escuchar las quejas las palabras que transcribían inexplicables resentimientos de rebeldías sin causas de rebeldes sin causas a parsimoniosos con causas, aunque fueran causas menores o causas perdidas de insurrectos sin fundamentos o derechos a otros que se esforzaban para que todos los de la mesa chica de la familia tuvieran para que no hubieran privaciones de ninguna índole y menos la del hambre y la de la fiebre palúdica de esos tiempos, voces de imbéciles se alzaron en medio de tempestades reales cuando fueron las circulaciones de parentelas que mostraron individuos que se continuarían viendo por mucho tiempo y otros que se vieron por únicas veces que no volvieron a pesar de los tiempos y las oportunidades cuando fueron, circulaciones que mostraron nautas llegando nautas llegando de esos lugares partiendo a esos lugares insondables inconmensurables, las circulaciones en un universo intervenido por usurpadores con uniformes aplaudidos por aplaudidores de esos que aplauden a todos que andan con un poco de poder en que los oximorones de ese poder eran las balas y las bombas, cuando la imbecilidad fue como una fiebre pasajera que a veces subía que a veces bajaba no un estado de la naturaleza como lo es en algunos que continúan igual de imbéciles siempre a lo largo de toda su vida, cuando dejaba de ser solamente un síntoma para convertirse en una dolorosa patología no solamente para el que lo es sino para los que se lo tienen que aguantar con sus pruritos y mañas, cuando fueron las circulaciones de los asaltos que no remitían a acciones delictivas sino a farras espontáneas que se armaban en territorios limitados a los domicilios particulares con los permisos de los propios particulares que autorizaban los solaces de sus retoños, voces de imbéciles repicaron retumbando en el espacio invisible de la vaguedad de una existencia que va tomando forma inexorablemente en su camino al purgatorio de una existencia estandarizada en la que ninguno tiene coronita aunque la haya tenido en su paso terrenal, voces de imbéciles se oponían a otras voces de imbéciles también pero entre los cuales circulaban los que no lo eran en la doble imbecilidad que algunos tenían de creerse más que los demás cuando lo cierto es que no pasan los estados larvarios de gusanos que son de la misma especie, voces de imbéciles perduraron en caprichos efímeros de caprichosos que se quedaban así o que se volvían más tratables, cuando no se podía articular una palabra entonces menos se podía articular una conversación y menos se podía articular una conversación con alguien del género opuesto, imbéciles cansados de los plantones hasta entrada la noche o la madrugada en esos asaltos en los que se bailaban temas de otras latitudes o del folclore.
Voces de imbéciles retumbaron cuando parecía que la imbecilidad como la invisibilidad era una excepción no la regla.
Voces de imbéciles retumbaron cuando parecía que la perfección era la excepción no la regla de los imbéciles.
Tuesday, June 28, 2011
discurso de la imbecilidad
Discurso de la imbecilidad.
Perfecto fue cuando la estupidez se fue convirtiendo en rasgo de todos los días cuando los niños dejaron de ser niños para convertirse en renegados, contra los padres contra las maestras, contra todas las cuestiones del sistema en las que no estuviéramos incluidos, perfecto fueron esas imperfecciones para corroborar que no somos nada ni nadie que no le importamos en definitiva a nadie aunque sintamos que vamos logrando el cometido de contar con un perfil propio que apenas va apareciendo primero en el físico porque ahí sí vamos irremediablemente pasando de un día para otro, grandes para los chicos, chicos para los grandes, perfecto para andar entre grandes que se comportaban como niños, perfectos imbéciles imperfectos algunos gá gá, y niños que eran grandes todavía en edades de andar jugando, perfectos imbéciles imperfectos imberbes invisibles.
Perfecto fue cuando la estupidez se fue convirtiendo en rasgo de todos los días cuando los niños dejaron de ser niños para convertirse en renegados, contra los padres contra las maestras, contra todas las cuestiones del sistema en las que no estuviéramos incluidos, perfecto fueron esas imperfecciones para corroborar que no somos nada ni nadie que no le importamos en definitiva a nadie aunque sintamos que vamos logrando el cometido de contar con un perfil propio que apenas va apareciendo primero en el físico porque ahí sí vamos irremediablemente pasando de un día para otro, grandes para los chicos, chicos para los grandes, perfecto para andar entre grandes que se comportaban como niños, perfectos imbéciles imperfectos algunos gá gá, y niños que eran grandes todavía en edades de andar jugando, perfectos imbéciles imperfectos imberbes invisibles.
Monday, June 27, 2011
discurso de la invisibilidad
Discurso de la invisibilidad.
Por más que haya resto por más que haya un plus un excedente, llega un momento en que irremediablemente en el comienzo uno siente que nadie lo ve o que en el mejor de los casos lo percibe un grupo reducido generalmente a unos pocos amigos de la pandilla, no todos porque los niños, esos niños que van pasando en esos tiempos y en esos espacios van sufriendo también por sus partes sus respectivas mutaciones, y esa invisibilidad viene acompañada de mucho desconcierto de las primeras rebeldías de los primeros cuestionamientos primero a quienes están cerca a quienes forman parte del círculo reducido del círculo reducido en el que definitivamente vamos transcurriendo, veo a esos dos niños por ejemplo invisibles para sus padres aunque visibles para el par de muchachas que los cuidan, o en todo caso invisibles cuando las cuestiones son importantes como las primeras desilusiones los primeros desencantos que van apareciendo con los primeros síntomas del acné entre otros desequilibrios hormonales y visibles en las reuniones resueltas como los bailes en las celebraciones cívicas o parroquiales cuando hay que mostrarse en familia, mutaciones a la invisibilidad que llega con ser un grande entre niños más pequeños con los cuales hasta ayer se jugaba o de ser muy pequeño entre compañeros un poquito mayores con los cuales ayer también se jugaba, sentir que los primeros a uno lo descartan porque con la torpeza y el tamaño uno les destruye castillos o fuertes apaches construidos con barro y arena humedecida o sentir que los segundos a uno lo descartan sospechando que de tan chiquilín se puedan buchonear a los mayores travesuras inconfesables como ir a espiar a la Ramona mientras se cambia bombachas, por más que haya resto por más que haya un plus un excedente hay un momento en que uno se vuelve invisible para la minitas que miran a los más grandes.
Aunque uno se llame Juan, o tenga un nombre que despierte curiosidad hay momentos de invisibilidad allá en la temprana incursión a un mundo lleno de invisibles más que de visibles, a un mundo de fantasmas antes que de tranquilos ciudadanos que en grupos muy reducidos conversan y se entretienen en tertulias donde los chicos no tienen cabida ni siquiera si son adolescentes, antes se los manda a la cama.
Perfecto el ambiente nunca uno y perfecto, lejos de lo que es la condición de serafín de carne y hueso en las reuniones que se organizan los sábados a las tardes cuando se juntaban los visibles en sus asaltos para comer y beber y bailar hasta la medianoche, amontonamientos en los que se anduvo sin que nadie se enterara demasiado, registrando la pulcritud de los visibles registrados en sus apariencias de impolutos de divertidos impávidos explicando sus virtudes nunca sus defectos.
Si nadie se equivocaba entonces por qué había accidentes, muertes y amigos pobres, seguramente por otro invisible aunque de tan famoso visible, el Jesús del catecismo, el pastor de tantos visibles que son solamente invisibles caminando al revés de él que es un invisible que se hace visible en cada uno de nosotros y en cada uno de nuestros días.
Por más que haya resto por más que haya un plus un excedente, llega un momento en que irremediablemente en el comienzo uno siente que nadie lo ve o que en el mejor de los casos lo percibe un grupo reducido generalmente a unos pocos amigos de la pandilla, no todos porque los niños, esos niños que van pasando en esos tiempos y en esos espacios van sufriendo también por sus partes sus respectivas mutaciones, y esa invisibilidad viene acompañada de mucho desconcierto de las primeras rebeldías de los primeros cuestionamientos primero a quienes están cerca a quienes forman parte del círculo reducido del círculo reducido en el que definitivamente vamos transcurriendo, veo a esos dos niños por ejemplo invisibles para sus padres aunque visibles para el par de muchachas que los cuidan, o en todo caso invisibles cuando las cuestiones son importantes como las primeras desilusiones los primeros desencantos que van apareciendo con los primeros síntomas del acné entre otros desequilibrios hormonales y visibles en las reuniones resueltas como los bailes en las celebraciones cívicas o parroquiales cuando hay que mostrarse en familia, mutaciones a la invisibilidad que llega con ser un grande entre niños más pequeños con los cuales hasta ayer se jugaba o de ser muy pequeño entre compañeros un poquito mayores con los cuales ayer también se jugaba, sentir que los primeros a uno lo descartan porque con la torpeza y el tamaño uno les destruye castillos o fuertes apaches construidos con barro y arena humedecida o sentir que los segundos a uno lo descartan sospechando que de tan chiquilín se puedan buchonear a los mayores travesuras inconfesables como ir a espiar a la Ramona mientras se cambia bombachas, por más que haya resto por más que haya un plus un excedente hay un momento en que uno se vuelve invisible para la minitas que miran a los más grandes.
Aunque uno se llame Juan, o tenga un nombre que despierte curiosidad hay momentos de invisibilidad allá en la temprana incursión a un mundo lleno de invisibles más que de visibles, a un mundo de fantasmas antes que de tranquilos ciudadanos que en grupos muy reducidos conversan y se entretienen en tertulias donde los chicos no tienen cabida ni siquiera si son adolescentes, antes se los manda a la cama.
Perfecto el ambiente nunca uno y perfecto, lejos de lo que es la condición de serafín de carne y hueso en las reuniones que se organizan los sábados a las tardes cuando se juntaban los visibles en sus asaltos para comer y beber y bailar hasta la medianoche, amontonamientos en los que se anduvo sin que nadie se enterara demasiado, registrando la pulcritud de los visibles registrados en sus apariencias de impolutos de divertidos impávidos explicando sus virtudes nunca sus defectos.
Si nadie se equivocaba entonces por qué había accidentes, muertes y amigos pobres, seguramente por otro invisible aunque de tan famoso visible, el Jesús del catecismo, el pastor de tantos visibles que son solamente invisibles caminando al revés de él que es un invisible que se hace visible en cada uno de nosotros y en cada uno de nuestros días.
Sunday, June 26, 2011
el discurso del instante
El discurso del instante.
Como los instantes de las películas que seguimos en infinidad de películas que pasaban en los matinés y las selectas cuando no pudimos entrar en las noches porque éramos menores veo dos niños pasando sus pantallazos, ellos no lo saben lo sé yo que fui uno de ellos como esos como tantos que vamos creciendo con ayuda o sin ayuda material o de la otra, de esa que también interesa porque es la que después nos conduce a los médicos de los enfermos mentales les llaman con elegancia cuando se refieren a los locos, como yo como cualquiera de los otros perfectos, no prefectos que esos son los alcaldes bolivianos o los de la prefectura, moqueando entonces como chiquilines que no son los mismos niños de siempre son otros niños, con otras realidades, amigos de los otros, niños que no son los mismos justamente porque sus momentos son como esas películas que vimos que por largas que fueran empezaban y terminaban, justamente como los intervalos que servían para comprar las golosina los sugus o los Adams, los praliné o las garrapiñadas que los vendedores ambulantes amontonados ofrecían en esos momentos que pasaron, soplos que quisimos mantener como cualquiera sin las exageraciones de cualquiera de los que además se sometían a operaciones para borra el tiempo de caras y cuellos el mismo tiempo que irremediablemente pasa en los demás y en los entornos, en instantes los veo como fueron a esos niños viviendo en esos mundos mientras otros más grandes soñando con su niñez de la misma forma que de chico se espera la mayoría de edad para hacer lo que se supone son los disfrutes de la vida, escuchando en el tocadiscos a Nat King Cole cantando aquellos ojos verdes mientras se dibujan planos de futuras construcciones calculando estructuras, escuchando o a Eddie Gorme con el trío los pancho me importas tú y solamente tú mientras otros preparan clases para los niños del quinto grado, instantes, pantallazos, ráfagas de vida llegando y partiendo como llega y parte la vida de cada cosa animada que anda dando vueltas, en medio de la pretensión escasamente original de una inmortalidad que a veces parece que se tiene pero que en realidad no se tiene porque eso es cosa de otros a los que aunque lamentes no estamos viendo, instantes, como fotografías registrados como si fueran eso o no registrados porque cuentan los que se recuerdan pero quedan en algún lugar del espacio la resonancia de otros que no se tienen en cuenta, momentos buenos momentos malos, lapsos blancos y lapsos negros, que van quedando que se pierden o emergen de la superficie de la conciencia, de esos dos niños o más niños lanzados a una carrera en la que a veces se quiere perpetuar los instantes o en arruinar los relámpagos de las inmortalidades que nos rodean.
El instante puede derivar en una eternidad, la eternidad ser solamente un instante.
Como los instantes de las películas que seguimos en infinidad de películas que pasaban en los matinés y las selectas cuando no pudimos entrar en las noches porque éramos menores veo dos niños pasando sus pantallazos, ellos no lo saben lo sé yo que fui uno de ellos como esos como tantos que vamos creciendo con ayuda o sin ayuda material o de la otra, de esa que también interesa porque es la que después nos conduce a los médicos de los enfermos mentales les llaman con elegancia cuando se refieren a los locos, como yo como cualquiera de los otros perfectos, no prefectos que esos son los alcaldes bolivianos o los de la prefectura, moqueando entonces como chiquilines que no son los mismos niños de siempre son otros niños, con otras realidades, amigos de los otros, niños que no son los mismos justamente porque sus momentos son como esas películas que vimos que por largas que fueran empezaban y terminaban, justamente como los intervalos que servían para comprar las golosina los sugus o los Adams, los praliné o las garrapiñadas que los vendedores ambulantes amontonados ofrecían en esos momentos que pasaron, soplos que quisimos mantener como cualquiera sin las exageraciones de cualquiera de los que además se sometían a operaciones para borra el tiempo de caras y cuellos el mismo tiempo que irremediablemente pasa en los demás y en los entornos, en instantes los veo como fueron a esos niños viviendo en esos mundos mientras otros más grandes soñando con su niñez de la misma forma que de chico se espera la mayoría de edad para hacer lo que se supone son los disfrutes de la vida, escuchando en el tocadiscos a Nat King Cole cantando aquellos ojos verdes mientras se dibujan planos de futuras construcciones calculando estructuras, escuchando o a Eddie Gorme con el trío los pancho me importas tú y solamente tú mientras otros preparan clases para los niños del quinto grado, instantes, pantallazos, ráfagas de vida llegando y partiendo como llega y parte la vida de cada cosa animada que anda dando vueltas, en medio de la pretensión escasamente original de una inmortalidad que a veces parece que se tiene pero que en realidad no se tiene porque eso es cosa de otros a los que aunque lamentes no estamos viendo, instantes, como fotografías registrados como si fueran eso o no registrados porque cuentan los que se recuerdan pero quedan en algún lugar del espacio la resonancia de otros que no se tienen en cuenta, momentos buenos momentos malos, lapsos blancos y lapsos negros, que van quedando que se pierden o emergen de la superficie de la conciencia, de esos dos niños o más niños lanzados a una carrera en la que a veces se quiere perpetuar los instantes o en arruinar los relámpagos de las inmortalidades que nos rodean.
El instante puede derivar en una eternidad, la eternidad ser solamente un instante.
Saturday, June 25, 2011
discurso de los primeros avistajes
Discurso del avistaje.
Entonces fuimos ignorantes y los ignorantes no se dan cuenta de algunas cosas y los que no se dan cuenta de algunas cosas ganan o pierden con los resultados del transcurrir de esas cosas, los que no se dan cuenta de algunas cosas divisan las cosas con dificultades y divisar las cosas con dificultades muchas veces es ver las que no importan y perderse un repaso sobre otras que sí importan o tomar caminos equivocados o tomar caminos que corresponden pero que llevan al infierno y no a ninguno de los cielos posibles, aunque en las infinitas rayuelas que uno va jugando hasta que se muere hay números estaciones cuadradas intermedias, o en alguno de los laberintos que se pasan laberintos circulares cuadrados rectángulos de complicaciones hasta la muerte embrollos y marañas, siempre hay posibilidades de retractarse de cambiar el rumbo aunque a veces no sea exactamente lo que se quiere, o sea se pueden alcanzar algunos de los cielos aunque esos cielos no estén sobrecargados de riquezas materiales, entonces sigo viendo a dos niños pero son dos niños diferentes que se suman a otros niños y a los niños de antes y a los de ahora y a los de mañana y andan entretenidos en una jornada de pellizcones, sí de pellizcones o pellizcadas que se hacen mordiendo con un par de dedos apretados un pedazo de la carne del otro, tomando un milésimo de la carne del otro retorciendo esos dedos apretados para que al otro le duela y se le ponga roja primero y morada después esa zona, jugando unos con otros en la caja grande de una camioneta con cúpula una camioneta último modelo de año mil novecientos cincuenta y nueve que se compró el papá de uno de ellos que es el jefe de automotores en la empresa, media docena de niños avistando la amistad sin condiciones esa amistad sin barreras, la amistad ahí nomás cuando se comienza a ver que es como cuando uno se despierta y va abriendo los ojos de a poco, esa amistad de primera mano exenta de prejuicios de juicios de contra juicios de perjuicios, en un despliegue increíble de energía de risas de carcajadas de amistad que consiste solamente en amar al otro en sentirse bien y alegre disfrutando en grupo cuando entonces fuimos ignorantes y por eso no supimos de otras posibilidades que los amigos se pelean y vuelven y se alejan y que hay amigos que fallan tanto que por ahí no ayudan ni en la miseria ni el drama o te mide con la vara con que mide a sus enemigos, cuando no vimos ni supimos de cerca que a medida que pasa el tiempo los amigos dejan de serlo o lo que es peor se convierten en enemigos cuando aparecen los prejuicios, los juicios los contra juicios los perjuicios, aunque eso niños queden como los veo todos con moretones por todo el cuerpo lo que les habrá costado una puteada de las mamás que se preocupan por todo y más cuando el lunes hay que ira a la escuela y ese morado se resalte más con los guardapolvos blancos y entonces las maestras andan chismeando de chismes de los vecinos.
Entonces fuimos ignorantes y los ignorantes no se dan cuenta de algunas cosas y los que no se dan cuenta de algunas cosas ganan o pierden con los resultados del transcurrir de esas cosas, los que no se dan cuenta de algunas cosas divisan las cosas con dificultades y divisar las cosas con dificultades muchas veces es ver las que no importan y perderse un repaso sobre otras que sí importan o tomar caminos equivocados o tomar caminos que corresponden pero que llevan al infierno y no a ninguno de los cielos posibles, aunque en las infinitas rayuelas que uno va jugando hasta que se muere hay números estaciones cuadradas intermedias, o en alguno de los laberintos que se pasan laberintos circulares cuadrados rectángulos de complicaciones hasta la muerte embrollos y marañas, siempre hay posibilidades de retractarse de cambiar el rumbo aunque a veces no sea exactamente lo que se quiere, o sea se pueden alcanzar algunos de los cielos aunque esos cielos no estén sobrecargados de riquezas materiales, entonces sigo viendo a dos niños pero son dos niños diferentes que se suman a otros niños y a los niños de antes y a los de ahora y a los de mañana y andan entretenidos en una jornada de pellizcones, sí de pellizcones o pellizcadas que se hacen mordiendo con un par de dedos apretados un pedazo de la carne del otro, tomando un milésimo de la carne del otro retorciendo esos dedos apretados para que al otro le duela y se le ponga roja primero y morada después esa zona, jugando unos con otros en la caja grande de una camioneta con cúpula una camioneta último modelo de año mil novecientos cincuenta y nueve que se compró el papá de uno de ellos que es el jefe de automotores en la empresa, media docena de niños avistando la amistad sin condiciones esa amistad sin barreras, la amistad ahí nomás cuando se comienza a ver que es como cuando uno se despierta y va abriendo los ojos de a poco, esa amistad de primera mano exenta de prejuicios de juicios de contra juicios de perjuicios, en un despliegue increíble de energía de risas de carcajadas de amistad que consiste solamente en amar al otro en sentirse bien y alegre disfrutando en grupo cuando entonces fuimos ignorantes y por eso no supimos de otras posibilidades que los amigos se pelean y vuelven y se alejan y que hay amigos que fallan tanto que por ahí no ayudan ni en la miseria ni el drama o te mide con la vara con que mide a sus enemigos, cuando no vimos ni supimos de cerca que a medida que pasa el tiempo los amigos dejan de serlo o lo que es peor se convierten en enemigos cuando aparecen los prejuicios, los juicios los contra juicios los perjuicios, aunque eso niños queden como los veo todos con moretones por todo el cuerpo lo que les habrá costado una puteada de las mamás que se preocupan por todo y más cuando el lunes hay que ira a la escuela y ese morado se resalte más con los guardapolvos blancos y entonces las maestras andan chismeando de chismes de los vecinos.
Friday, June 24, 2011
el discurso en las simas y las cimas
Discurso de simas y cimas.
Con los dolores intensos del descubrimiento paulatino de orígenes inciertos, con el desprejuicio del recién llegado y las libertades de los primeros años siguieron los acontecimientos de esos dos niños que veo que se pasaron y pasaron de niños a jovencitos zambullidos en un cantidad impresionante de información que no tenían forma de parar ni de calificar ni de clasificar ni de nada, jovencitos transitando a jóvenes solitarios como algunos cuentan que es la paja que por entonces tampoco se sabe nombrar con la propiedad de una masturbación, solitarios como estaban ellos de progenitores ausentes en los llantos en los silencios de las preguntas sin respuestas en las dificultades para resolver los alcances morales de las decisiones sigilosas las tenias las neurastenias de sentirse como gusanos cuando todos andan diciendo que habrá gusanos pero también humanos o proyectos de seres humanos cuando no hay explicaciones ni siquiera para las imperfecciones de las supuestas perfecciones, de progenitores ausentes en eso pero presentes en las coberturas de los bienes materiales que se van necesitando y que en ese punto de la carrera son más importantes que los consejos o las caricias o lo que fuera hubiera de sustitutos en los juguetes en los bienes del consumo que van llenando los gustos dibujando las preferencias, de esos niños que veo que ya no veo, porque parecen otros diferentes el porte diferente y probablemente también diferentes eso que estaría entrando en sus memorias convirtiéndose en recuerdos en asociaciones, niños que crecen mejores o peores de lo que fueron de lo que van siendo y de predisposiciones de otra gente como las niñeras como las muchachas cama adentro, esa misma cama donde hacían el amor ellas y sus novios parecida a la cama donde hacían el amor los señores, o el señor con la mucama o la señora con su novio adolescente, las sirvientas les llamaban en la intimidad a ellas que estaban para cubrir con todos los quehaceres de la casa, de una información circulando así como si fueran borbotones de agua brotando de manantiales buscando las perfecciones en un cúmulo irreconocible de imperfecciones propias e impropias, buscando a Plus Juan Perfecto, que soy yo que somos un poco todos de los que andamos por acá considerando que en otros lados hay gente que es como más tranquila con este papel de creerse el ombligo del mundo, justo seres humanos, personas ciudadanos electores como grupos, perdidos como para pensar encima que este universo nos justifica y se justifica con nosotros, en nuestras depresiones y nuestros pináculos, punto de partida equivocado de pensar que no nos equivocamos que no hay equivocaciones posibles que los que se equivocan son siempre los demás aunque se trata de personas que están cerca y que por eso amamos mucho pero no tanto como para reconocer en sus presencias nuestros errores para que se sientan bien sabiendo que no solamente estamos equivocados sino que encima se reconoce, rasgos en la naturaleza de un gen de idiosincrasia nacional que nos lleva a pensar que siempre nos encontramos en estados de éxtasis en cimas que nos inventamos para disimular las simas que encima nunca reconocemos, las simas esas que están para que las transiten los fracasados que también son siempre los otros porque personalmente no fracasamos ni ahora ni nunca porque si somos perfectos y nunca nos equivocamos los que fracasan son los demás y los demás son también los que siempre se equivocan.
Con los dolores intensos del descubrimiento paulatino de orígenes inciertos, con el desprejuicio del recién llegado y las libertades de los primeros años siguieron los acontecimientos de esos dos niños que veo que se pasaron y pasaron de niños a jovencitos zambullidos en un cantidad impresionante de información que no tenían forma de parar ni de calificar ni de clasificar ni de nada, jovencitos transitando a jóvenes solitarios como algunos cuentan que es la paja que por entonces tampoco se sabe nombrar con la propiedad de una masturbación, solitarios como estaban ellos de progenitores ausentes en los llantos en los silencios de las preguntas sin respuestas en las dificultades para resolver los alcances morales de las decisiones sigilosas las tenias las neurastenias de sentirse como gusanos cuando todos andan diciendo que habrá gusanos pero también humanos o proyectos de seres humanos cuando no hay explicaciones ni siquiera para las imperfecciones de las supuestas perfecciones, de progenitores ausentes en eso pero presentes en las coberturas de los bienes materiales que se van necesitando y que en ese punto de la carrera son más importantes que los consejos o las caricias o lo que fuera hubiera de sustitutos en los juguetes en los bienes del consumo que van llenando los gustos dibujando las preferencias, de esos niños que veo que ya no veo, porque parecen otros diferentes el porte diferente y probablemente también diferentes eso que estaría entrando en sus memorias convirtiéndose en recuerdos en asociaciones, niños que crecen mejores o peores de lo que fueron de lo que van siendo y de predisposiciones de otra gente como las niñeras como las muchachas cama adentro, esa misma cama donde hacían el amor ellas y sus novios parecida a la cama donde hacían el amor los señores, o el señor con la mucama o la señora con su novio adolescente, las sirvientas les llamaban en la intimidad a ellas que estaban para cubrir con todos los quehaceres de la casa, de una información circulando así como si fueran borbotones de agua brotando de manantiales buscando las perfecciones en un cúmulo irreconocible de imperfecciones propias e impropias, buscando a Plus Juan Perfecto, que soy yo que somos un poco todos de los que andamos por acá considerando que en otros lados hay gente que es como más tranquila con este papel de creerse el ombligo del mundo, justo seres humanos, personas ciudadanos electores como grupos, perdidos como para pensar encima que este universo nos justifica y se justifica con nosotros, en nuestras depresiones y nuestros pináculos, punto de partida equivocado de pensar que no nos equivocamos que no hay equivocaciones posibles que los que se equivocan son siempre los demás aunque se trata de personas que están cerca y que por eso amamos mucho pero no tanto como para reconocer en sus presencias nuestros errores para que se sientan bien sabiendo que no solamente estamos equivocados sino que encima se reconoce, rasgos en la naturaleza de un gen de idiosincrasia nacional que nos lleva a pensar que siempre nos encontramos en estados de éxtasis en cimas que nos inventamos para disimular las simas que encima nunca reconocemos, las simas esas que están para que las transiten los fracasados que también son siempre los otros porque personalmente no fracasamos ni ahora ni nunca porque si somos perfectos y nunca nos equivocamos los que fracasan son los demás y los demás son también los que siempre se equivocan.
Thursday, June 23, 2011
discurso del cisma
Discurso de cisma, PJP diez
No desearás a la mujer del prójimo repetían los niños sin entenderlo en las tardes de catecismos tardíos porque siempre repasaban con el cura Keiner las lecciones que se daban, y también sin entender que si a eso no lo hubiera escrito un macho en realidad lo que eso significaba que lo mismo es no desearás el varón de tu prójima se dirá, que es la próxima en realidad que abre sus piernas a la altura de allá donde ellas tienen sus partes más calientes, cuando veo a esos dos niños perdidos desorientados aunque divertidos, pacientes pacíficos distraídos, y a más niños perdidos desorientados divertidos, pequeños errantes vecinos del vecindario que era un verdadero vecindario casi una aldea donde todos se conocían, niños que entonces pasaban igual que pasaban los años con los contrastes, con las diferencias entre lo que se decía o se escuchaba y lo que se decía con lo que se hacía, se fueron yendo las inconciencias las subconciencias fueron llegando las conciencias, la cantidad de veces de darse cuenta de golpe, fueron quedando atrás como los años los pasados y divertidos años las purezas, con la llegada de los dolores con las impurezas y las asperezas de la vida misma si se la podía comparar con una piedra pome rugosa y grande, y persistiendo las ausencias de las personas y de la explicaciones a esos mismos contrastes que no se explicaban entonces que no se explican y que probablemente nunca se explicarán, diferencias de cualquiera fueran esos padres ausentes fueran esas muchachas vivarachas una de las cuales más viva que la otra se encamaba con el señor de las casa que además se encamaba con otras mujeres o con otras putas, aunque los mandamientos en eso mandaban lo que mandaban no consentirás pensamientos ni deseos impuros, no codiciarás los bienes ajenos, ese mismo señor que tomaba como bienes a una o dos mujeres que no eran sus mujeres como la muchacha que terminó a las patadas con la señora de la casa que se encamaba a la vez según lo que corría entre las chusma con el primer adolescente que tuvo a mano, aunque dijera que no dirás falso testimonio ni mentirás, todos a contra manos de todos menos esos dos niños, solitarios solos aislados de algunos de los mandamientos, porque había algunos que los cumplían todo lo que se mandaba y otros unas partes nomás, como amarás a Dios sobre todas las cosas, que quién no habrá de quererlo si el devuelve queriendo sano machado o enfermo que sea el pecador, como amarás a tu prójimo como a ti mismo o el ya dicho no tomarás el nombre de Dios en vano, que es justo al revés de lo que hacen todos cuando se acuerdan de El en cada palabrita en cada maldición cuando deberían haber maldecido al demonio, a ese monstruo que la pasa tranquilo mientras El anda rescatando espíritus que se pierden o andan perdidos, o el de santificarás lo que santifiques pero santificarás las fiestas, que eso se cumplía porque no exigían mayores esfuerzos peleas mayores como los que hay que honrar, que no eran justamente aquellos que vivían tan enredados como enredados vivían otros en el mismo pueblo, honrarás a tu padre y a tu madre decía la letra y había que cumplirla, no matarás que así habrán querido hacerlo entre ellos los que peleaban entonces sin que pareciera, no cometerás actos impuros y actos impuros circulaban por todo el pueblo, en el que nadie dejaba de respetar el mandamiento de no robar el no robarás que lo cumplían todos.
No desearás a la mujer del prójimo repetían los niños sin entenderlo en las tardes de catecismos tardíos porque siempre repasaban con el cura Keiner las lecciones que se daban, y también sin entender que si a eso no lo hubiera escrito un macho en realidad lo que eso significaba que lo mismo es no desearás el varón de tu prójima se dirá, que es la próxima en realidad que abre sus piernas a la altura de allá donde ellas tienen sus partes más calientes, cuando veo a esos dos niños perdidos desorientados aunque divertidos, pacientes pacíficos distraídos, y a más niños perdidos desorientados divertidos, pequeños errantes vecinos del vecindario que era un verdadero vecindario casi una aldea donde todos se conocían, niños que entonces pasaban igual que pasaban los años con los contrastes, con las diferencias entre lo que se decía o se escuchaba y lo que se decía con lo que se hacía, se fueron yendo las inconciencias las subconciencias fueron llegando las conciencias, la cantidad de veces de darse cuenta de golpe, fueron quedando atrás como los años los pasados y divertidos años las purezas, con la llegada de los dolores con las impurezas y las asperezas de la vida misma si se la podía comparar con una piedra pome rugosa y grande, y persistiendo las ausencias de las personas y de la explicaciones a esos mismos contrastes que no se explicaban entonces que no se explican y que probablemente nunca se explicarán, diferencias de cualquiera fueran esos padres ausentes fueran esas muchachas vivarachas una de las cuales más viva que la otra se encamaba con el señor de las casa que además se encamaba con otras mujeres o con otras putas, aunque los mandamientos en eso mandaban lo que mandaban no consentirás pensamientos ni deseos impuros, no codiciarás los bienes ajenos, ese mismo señor que tomaba como bienes a una o dos mujeres que no eran sus mujeres como la muchacha que terminó a las patadas con la señora de la casa que se encamaba a la vez según lo que corría entre las chusma con el primer adolescente que tuvo a mano, aunque dijera que no dirás falso testimonio ni mentirás, todos a contra manos de todos menos esos dos niños, solitarios solos aislados de algunos de los mandamientos, porque había algunos que los cumplían todo lo que se mandaba y otros unas partes nomás, como amarás a Dios sobre todas las cosas, que quién no habrá de quererlo si el devuelve queriendo sano machado o enfermo que sea el pecador, como amarás a tu prójimo como a ti mismo o el ya dicho no tomarás el nombre de Dios en vano, que es justo al revés de lo que hacen todos cuando se acuerdan de El en cada palabrita en cada maldición cuando deberían haber maldecido al demonio, a ese monstruo que la pasa tranquilo mientras El anda rescatando espíritus que se pierden o andan perdidos, o el de santificarás lo que santifiques pero santificarás las fiestas, que eso se cumplía porque no exigían mayores esfuerzos peleas mayores como los que hay que honrar, que no eran justamente aquellos que vivían tan enredados como enredados vivían otros en el mismo pueblo, honrarás a tu padre y a tu madre decía la letra y había que cumplirla, no matarás que así habrán querido hacerlo entre ellos los que peleaban entonces sin que pareciera, no cometerás actos impuros y actos impuros circulaban por todo el pueblo, en el que nadie dejaba de respetar el mandamiento de no robar el no robarás que lo cumplían todos.
Wednesday, June 22, 2011
discurso de los pastores
El discurso de PJP, nueve.
Entonces apareció Dios como apareció en esos días con esos dos niños en la mirada de esos dos niños en la caricia de los mayores que posaban sus manos sobre las cabezas de los niños no solamente de esos dos niños sino también de los otros niños que iban y volvían de la parroquia que ayudaban en las fiestas patronales, ese dios apareciendo en las reconciliaciones de grandes y chicos vaya a saber con qué peleas de ellos mismos o de las peleas que tuvieron con otros, en esas primeras comuniones en las confirmaciones de los más grandes después, en cada domingo con el corazón latiendo porque había que contar en pocos minutos graves pecados de la semana, mentiras a mamá, insultos las malas palabras a los amigos toqueteos inconfesables de joda entre los mismos niños, deseos inconfesables por verle la bombacha a las niñas, eran todo un lío esas confidencias armarlas para contársela a Keyner que era un protestón de esos, eran un problema porque el cura renegaba y redoblaba las penitencias, en vez de un padrenuestro, dos o tres, rezar en rosario entero en cuenta de unos cuantos avemarías, niños que veo que siguen solitarios con sus niñeras o con la niñera y la cocinera que al final se van haciendo amigas con los progenitores ausentes o invisibles, de golpe, sencillamente si adornos ni ruidos estrepitosos, casi como vivió Jesucristo antes que armara los despelotes que contaban que armara en las ferias de los republicanos y de los samaritanos, de esos fariseos y los judíos que lo entregaron, calentón como era cuando veía que no le entendían un pomo de lo que andaba haciendo, su nombre entrando y saliendo en las conversaciones de las personas mayores aunque el catequista explicara una y otra vez que no había que usar su santo nombre en vano que quiere decir no decir ni repetir gracias a dios, ni exclamar dios y la puta madre, o admirarse ¡por dios!, me cacho en dios o dios quiera, porque porqué tendrían que estar nombrándolo en cada ocasión como una expresión de deseos que una ayuda caiga del cielo, esos pecadores en las tardecitas y en los rincones del pueblo que después aparecían con la luz del día los domingos para recibir la comunión y recibir la bendición que servía después para andar toda la semana una intervención venturosa, en vez de acostumbrarse a llamar al demonio que con el no hay problemas de nombrarlo mil veces en vano y no en vano demonio de porquería, a esos mayores que además de nombrarlo en vano lo pisoteaban cuando volvían a sus casas y lo hacían sufrir a cada rato como lo hicieron sufrir cuando se hizo carne, lo que no les convenía era pecado los que no les interesaba conviniéndoles o no, no era pecado, apareció Dios en las tardes para esos dos niños solitarios aunque andaban como si fueran una pareja para todos lados juntos, los mismos niños que veo en las quermeses después de las comuniones, después de recitar de memoria los padrenuestros o los avemarías porque el credo y el pésame son más pesados y más difíciles de memorizar, esos mismos niños que con otros niños van creciendo en las tardes de los viernes y en las mañanas de los sábados en el salón donde enseñaban catecismo el cura y el catequista que a medida que pasaban los días se notaba era solamente un intérprete del cura, de un catequista supervisado por el cura Keiner el gringo grandote al que le andaban chicos todos los atributos que se ponía los domingos incluida la sotana negra intensa que le llegaba arriba de los tobillos, atributos que se colocaba para dar sus misas en latín porque entonces eran en latín y entonces eran oraciones guturales u onomatopéyicas, oraciones que no se decían en el mismo idioma en el que nos pasábamos rezando para después no entenderle al cura y a sus repetidos dominus bobiscum o lo que fuera, por eso los niños molestaban y las misas se hacían en horas interminables y parecían carreras en la que se transpiraba no solamente porque la iglesia se llenaba especialmente en la misa de las once de la mañana en la que estaba todo el pueblo con sus caretas y sus hijos, veo esos dos niños pasando, posando repasando sin saber muy bien la verdad de todas esas actitudes de mierda de portarse para el carajo total después de una semana de portarse mal uno se confesaba comulgaba y a otra cosa.
Entonces apareció Dios como apareció en esos días con esos dos niños en la mirada de esos dos niños en la caricia de los mayores que posaban sus manos sobre las cabezas de los niños no solamente de esos dos niños sino también de los otros niños que iban y volvían de la parroquia que ayudaban en las fiestas patronales, ese dios apareciendo en las reconciliaciones de grandes y chicos vaya a saber con qué peleas de ellos mismos o de las peleas que tuvieron con otros, en esas primeras comuniones en las confirmaciones de los más grandes después, en cada domingo con el corazón latiendo porque había que contar en pocos minutos graves pecados de la semana, mentiras a mamá, insultos las malas palabras a los amigos toqueteos inconfesables de joda entre los mismos niños, deseos inconfesables por verle la bombacha a las niñas, eran todo un lío esas confidencias armarlas para contársela a Keyner que era un protestón de esos, eran un problema porque el cura renegaba y redoblaba las penitencias, en vez de un padrenuestro, dos o tres, rezar en rosario entero en cuenta de unos cuantos avemarías, niños que veo que siguen solitarios con sus niñeras o con la niñera y la cocinera que al final se van haciendo amigas con los progenitores ausentes o invisibles, de golpe, sencillamente si adornos ni ruidos estrepitosos, casi como vivió Jesucristo antes que armara los despelotes que contaban que armara en las ferias de los republicanos y de los samaritanos, de esos fariseos y los judíos que lo entregaron, calentón como era cuando veía que no le entendían un pomo de lo que andaba haciendo, su nombre entrando y saliendo en las conversaciones de las personas mayores aunque el catequista explicara una y otra vez que no había que usar su santo nombre en vano que quiere decir no decir ni repetir gracias a dios, ni exclamar dios y la puta madre, o admirarse ¡por dios!, me cacho en dios o dios quiera, porque porqué tendrían que estar nombrándolo en cada ocasión como una expresión de deseos que una ayuda caiga del cielo, esos pecadores en las tardecitas y en los rincones del pueblo que después aparecían con la luz del día los domingos para recibir la comunión y recibir la bendición que servía después para andar toda la semana una intervención venturosa, en vez de acostumbrarse a llamar al demonio que con el no hay problemas de nombrarlo mil veces en vano y no en vano demonio de porquería, a esos mayores que además de nombrarlo en vano lo pisoteaban cuando volvían a sus casas y lo hacían sufrir a cada rato como lo hicieron sufrir cuando se hizo carne, lo que no les convenía era pecado los que no les interesaba conviniéndoles o no, no era pecado, apareció Dios en las tardes para esos dos niños solitarios aunque andaban como si fueran una pareja para todos lados juntos, los mismos niños que veo en las quermeses después de las comuniones, después de recitar de memoria los padrenuestros o los avemarías porque el credo y el pésame son más pesados y más difíciles de memorizar, esos mismos niños que con otros niños van creciendo en las tardes de los viernes y en las mañanas de los sábados en el salón donde enseñaban catecismo el cura y el catequista que a medida que pasaban los días se notaba era solamente un intérprete del cura, de un catequista supervisado por el cura Keiner el gringo grandote al que le andaban chicos todos los atributos que se ponía los domingos incluida la sotana negra intensa que le llegaba arriba de los tobillos, atributos que se colocaba para dar sus misas en latín porque entonces eran en latín y entonces eran oraciones guturales u onomatopéyicas, oraciones que no se decían en el mismo idioma en el que nos pasábamos rezando para después no entenderle al cura y a sus repetidos dominus bobiscum o lo que fuera, por eso los niños molestaban y las misas se hacían en horas interminables y parecían carreras en la que se transpiraba no solamente porque la iglesia se llenaba especialmente en la misa de las once de la mañana en la que estaba todo el pueblo con sus caretas y sus hijos, veo esos dos niños pasando, posando repasando sin saber muy bien la verdad de todas esas actitudes de mierda de portarse para el carajo total después de una semana de portarse mal uno se confesaba comulgaba y a otra cosa.
Tuesday, June 21, 2011
memorias y discursos
El discurso de PJP, ocho.
Entonces apareció Dios como aparece, de golpe, su nombre mezclado con exageración en la amenaza de personas mayores, lo que no les convenía era pecado los que no les interesaba conviniéndoles o no, no era pecado, apareció Dios en las tardes de los viernes y en las mañanas de los sábados en el salón donde enseñaban catecismo, cuando el no mentirás se pegaba sobresaliendo sobre los otros pecados, veo dos niños aprendiendo a mentir bajo presión de sus mayores, travesuras de las que no se podía preguntar y que probablemente salían como pecado primero bajo la forma de una mentira, entonces apareció Dios como aparece en las palabras y el discurso de mayores que parecen seguros pero que están bien confundidos, en esos viernes y esos sábados dos niños con otros niños muchos niños sentados alrededor de un catequista supervisado por el cura Keiner, el imponente alemán que tal vez si la sotana era más parecido a un oficial de la SS que a un bondadoso cordero del Señor, allí estaba Dios con dos niños, con muchos niños, mezclado en las lecturas reducidas del antiguo testamento, en la memorización de las oraciones y en el incomprensible latín de las misas que por esos días eran un momento de distención de los chicos del pueblo descubriendo y descubriéndose en cada gesto en cada sonrisa en cada travesura solitaria o compartida, ahí estaba Él entrando a cuentagotas en pecados que nuca se cometerían como matar o en mandamientos que eran fáciles de no cumplir como el amarás a tu prójimo como a ti mismo, ahí estaba en cada tarde o mañana de juegos en los alrededores de una parroquia rodeada de ligustrinos y flores con espinas para que nadie las tocara, ni a nadie se le ocurriera hacer una corona como se les ocurrió a los que lo torturaron hace mucho tiempo, ahí apareció El, invisible tal vez imaginado en el cuerpo de alguno de esos señores barbudos vestidos como mujeres de las imágenes cerca del altar, invisibles pero presente en la voz ronca y el autoritarismo del cura Keiner que parecía un general instruyendo sobre cómo se es buena persona y buena gente, transitando en medio de las contradicciones de padres que peleaban y niñeras que cuchicheaban, ahí se encontraba en medio de una docena de niños en ese año y de más docenas de niños en una cadena que no se interrumpe, presente en la promesa que si se cumple permite llegar al cielo sin pasar por el infierno antes, mucho antes de conocerlo, porque evo dos niños viviendo en el cielo como otros niños, sin pedir más que montones de arena para ensuciarse imaginando batallas o acrobacias, aprendiendo a mentir sin mentir en las mentiras que los mayores dicen que son piadosas porque parece que hay mentiras que Dios perdona, entonces apareció Dios como aparece, de golpe entre dos niños entre otros niños entre adultos alrededor de esos niños, en las piedras amontonadas y ordenadas y pegadas con resistente cemento de los muros que adornan la parroquia, la iglesia del pueblo, una capilla a dos aguas que tiene tres entradas, la principal a la iglesia, la entrada al salón parroquial donde se hacen las reuniones, y le de la oficina del cura que por un pasillo también llega a la casa donde vive con su familia, una hermana, el marido y siete hijos sobrinos de Keiner, el apóstol que veo y conozco, ahí estaba en cada trazo de esa vida tan sencilla sin demasiados pecados pero de mucho miedo por el misterio.
Entonces apareció Dios como aparece, de golpe, su nombre mezclado con exageración en la amenaza de personas mayores, lo que no les convenía era pecado los que no les interesaba conviniéndoles o no, no era pecado, apareció Dios en las tardes de los viernes y en las mañanas de los sábados en el salón donde enseñaban catecismo, cuando el no mentirás se pegaba sobresaliendo sobre los otros pecados, veo dos niños aprendiendo a mentir bajo presión de sus mayores, travesuras de las que no se podía preguntar y que probablemente salían como pecado primero bajo la forma de una mentira, entonces apareció Dios como aparece en las palabras y el discurso de mayores que parecen seguros pero que están bien confundidos, en esos viernes y esos sábados dos niños con otros niños muchos niños sentados alrededor de un catequista supervisado por el cura Keiner, el imponente alemán que tal vez si la sotana era más parecido a un oficial de la SS que a un bondadoso cordero del Señor, allí estaba Dios con dos niños, con muchos niños, mezclado en las lecturas reducidas del antiguo testamento, en la memorización de las oraciones y en el incomprensible latín de las misas que por esos días eran un momento de distención de los chicos del pueblo descubriendo y descubriéndose en cada gesto en cada sonrisa en cada travesura solitaria o compartida, ahí estaba Él entrando a cuentagotas en pecados que nuca se cometerían como matar o en mandamientos que eran fáciles de no cumplir como el amarás a tu prójimo como a ti mismo, ahí estaba en cada tarde o mañana de juegos en los alrededores de una parroquia rodeada de ligustrinos y flores con espinas para que nadie las tocara, ni a nadie se le ocurriera hacer una corona como se les ocurrió a los que lo torturaron hace mucho tiempo, ahí apareció El, invisible tal vez imaginado en el cuerpo de alguno de esos señores barbudos vestidos como mujeres de las imágenes cerca del altar, invisibles pero presente en la voz ronca y el autoritarismo del cura Keiner que parecía un general instruyendo sobre cómo se es buena persona y buena gente, transitando en medio de las contradicciones de padres que peleaban y niñeras que cuchicheaban, ahí se encontraba en medio de una docena de niños en ese año y de más docenas de niños en una cadena que no se interrumpe, presente en la promesa que si se cumple permite llegar al cielo sin pasar por el infierno antes, mucho antes de conocerlo, porque evo dos niños viviendo en el cielo como otros niños, sin pedir más que montones de arena para ensuciarse imaginando batallas o acrobacias, aprendiendo a mentir sin mentir en las mentiras que los mayores dicen que son piadosas porque parece que hay mentiras que Dios perdona, entonces apareció Dios como aparece, de golpe entre dos niños entre otros niños entre adultos alrededor de esos niños, en las piedras amontonadas y ordenadas y pegadas con resistente cemento de los muros que adornan la parroquia, la iglesia del pueblo, una capilla a dos aguas que tiene tres entradas, la principal a la iglesia, la entrada al salón parroquial donde se hacen las reuniones, y le de la oficina del cura que por un pasillo también llega a la casa donde vive con su familia, una hermana, el marido y siete hijos sobrinos de Keiner, el apóstol que veo y conozco, ahí estaba en cada trazo de esa vida tan sencilla sin demasiados pecados pero de mucho miedo por el misterio.
Monday, June 20, 2011
discursos de primera conciencia
El discurso de PJP, siete.
Veo dos niños mirando el mundo desde abajo, continúan sin los padres cerca aunque se nota que son niños con padre y madre porque son pulcros y están vigilados, hay dos mujeres que vigilan son las mismas mujeres Blanca Y Eufemia, empleadas niñeras sirvientas encargándose de esos dos niños que no entienden nada desde allá desde abajo aunque lo miran todo y seguramente lo escuchan todo, del vecino que partió que no está, el niño del que nadie habla después del día de los gritos y las corridas no apareció más en la plaza donde van todos donde las mujeres que cuidan pueden charlar con otras mujeres que cuidan y presumirle al placero, todavía es como que escucho que a alguien se le escapó que aquel niño se fue con Dios que de vez en cuando Él se lleva angelitos para tenerlos cerca siempre, ese mismo placero que como le gusta que le presuman, recorre el predio regando ligustrinos y plantas una y otra vez, o desparramando una y otra vez ladrillo picado que hay por los caminitos que parecen parte de un laberinto inmenso que en el perímetro está cercado por alambrado, veo dos niños más niños testigos desde cincuenta centímetros para arriba desde una cota desde la que todo parece grande a este ese sencillo laberinto donde todo parece estar en su lugar, los juegos para niños, la retreta, veo niños escuchando otras conversaciones sin escucharlas los niños no escuchan, los mayores andan alborotados de nuevo, sintonizan radios con dificultades por los chirridos hasta que una posición del dial significa sonidos mezclados de gente que habla en algún lado y de interrupciones con las que vuelven los ruidos, en algún lugar otra vez una cuestión de tiros o muertes, el presidente de algún lado muy importante pasa a la historia con un tiro en la cabeza, veo dos niños veo más niños jugando mientras el cura y dos ayudantes explican el catecismo y hablan de portarse bien confesarse obedecer los mandamientos, y las veo a las mujeres, calzar a los niños dos trajes muy blancos, pantalones cortos, brazaletes y unos libritos blancos y bien encuadernados que no se abren pero que contienen lo que el cura y los ayudantes van enseñando, veo a dos niños y a más niños en su primera comunión y además en las kermeses por el día del santo patrón de la ciudad, muerte vida resurrección y pasión que esos dos niños ni siquiera entienden.
Veo dos niños mirando el mundo desde abajo, continúan sin los padres cerca aunque se nota que son niños con padre y madre porque son pulcros y están vigilados, hay dos mujeres que vigilan son las mismas mujeres Blanca Y Eufemia, empleadas niñeras sirvientas encargándose de esos dos niños que no entienden nada desde allá desde abajo aunque lo miran todo y seguramente lo escuchan todo, del vecino que partió que no está, el niño del que nadie habla después del día de los gritos y las corridas no apareció más en la plaza donde van todos donde las mujeres que cuidan pueden charlar con otras mujeres que cuidan y presumirle al placero, todavía es como que escucho que a alguien se le escapó que aquel niño se fue con Dios que de vez en cuando Él se lleva angelitos para tenerlos cerca siempre, ese mismo placero que como le gusta que le presuman, recorre el predio regando ligustrinos y plantas una y otra vez, o desparramando una y otra vez ladrillo picado que hay por los caminitos que parecen parte de un laberinto inmenso que en el perímetro está cercado por alambrado, veo dos niños más niños testigos desde cincuenta centímetros para arriba desde una cota desde la que todo parece grande a este ese sencillo laberinto donde todo parece estar en su lugar, los juegos para niños, la retreta, veo niños escuchando otras conversaciones sin escucharlas los niños no escuchan, los mayores andan alborotados de nuevo, sintonizan radios con dificultades por los chirridos hasta que una posición del dial significa sonidos mezclados de gente que habla en algún lado y de interrupciones con las que vuelven los ruidos, en algún lugar otra vez una cuestión de tiros o muertes, el presidente de algún lado muy importante pasa a la historia con un tiro en la cabeza, veo dos niños veo más niños jugando mientras el cura y dos ayudantes explican el catecismo y hablan de portarse bien confesarse obedecer los mandamientos, y las veo a las mujeres, calzar a los niños dos trajes muy blancos, pantalones cortos, brazaletes y unos libritos blancos y bien encuadernados que no se abren pero que contienen lo que el cura y los ayudantes van enseñando, veo a dos niños y a más niños en su primera comunión y además en las kermeses por el día del santo patrón de la ciudad, muerte vida resurrección y pasión que esos dos niños ni siquiera entienden.
Sunday, June 19, 2011
buscando la frecuencia del discurso
El discurso de PJP, seis.
Veo dos niños mirando el mundo desde abajo, deben haber sido cincuenta centímetros una cota desde la que todo parece grande, bien acomodado, mundo poblado por tipos también inmensos que se ríen buena parte de su tiempo, que conversan, que bailan en bailes organizados por ellos mismos en clubes sociales, veo dos niños mirando el mundo desde abajo mirando personas que estiran sus manos en gestos gratos y solidarios, otros que empujan y pasan apurados maldiciendo o divertidos con sus cosas, hombres y mujeres que sonríen, que se gritan que se acarician que se acurrucan, que corren que se preocupan y se acongojan, justamente veo a dos niños mirando a los adultos comentando que se murió otro niño, que hay gritos de alguien que culpa al otro que el presunto culpable también grita y llora y todos hablan del niño ahora invisible, veo dos niños confundidos sin entender esa ausencia irreversible y natural de un compañero de juegos, veo dos niños sin entender los desbordes de un día de angustia y días de luto permanente para unos cuantos de esos que andan por arriba de esos que se ven desde abajo, de la cintura para arriba, esos gigantes perfectos como se ven desde arriba cuando uno es muy pequeño, veo dos niños mirando desde abajo a gigantes que no se equivocan, tipos normales como yo lo dije de mí al principio del discurso.
Siempre empiezo estos discursos de la misma manera, diciendo soy un tipo normal como otros, queriendo decir tal vez que soy un tipo promedio, aunque ahora que lo pienso no se bien lo que significa un tipo normal y por contraposición qué es un anormal, definiciones que se desprenden por lo general de consideraciones subjetivas y objetivas que son privativas de una persona, en este caso yo, normal puede querer decir muchas cosas que necesariamente no son ni típicas ni estándar, en todo caso puede querer decir un tipo que no molesta mucho a los demás y a la vez no es muy molestado por los demás en la evolución mediocre de una existencia mediocre, y qué es una existencia mediocre sería la siguiente pregunta.
Veo dos niños mirando el mundo desde abajo, deben haber sido cincuenta centímetros una cota desde la que todo parece grande, bien acomodado, mundo poblado por tipos también inmensos que se ríen buena parte de su tiempo, que conversan, que bailan en bailes organizados por ellos mismos en clubes sociales, veo dos niños mirando el mundo desde abajo mirando personas que estiran sus manos en gestos gratos y solidarios, otros que empujan y pasan apurados maldiciendo o divertidos con sus cosas, hombres y mujeres que sonríen, que se gritan que se acarician que se acurrucan, que corren que se preocupan y se acongojan, justamente veo a dos niños mirando a los adultos comentando que se murió otro niño, que hay gritos de alguien que culpa al otro que el presunto culpable también grita y llora y todos hablan del niño ahora invisible, veo dos niños confundidos sin entender esa ausencia irreversible y natural de un compañero de juegos, veo dos niños sin entender los desbordes de un día de angustia y días de luto permanente para unos cuantos de esos que andan por arriba de esos que se ven desde abajo, de la cintura para arriba, esos gigantes perfectos como se ven desde arriba cuando uno es muy pequeño, veo dos niños mirando desde abajo a gigantes que no se equivocan, tipos normales como yo lo dije de mí al principio del discurso.
Siempre empiezo estos discursos de la misma manera, diciendo soy un tipo normal como otros, queriendo decir tal vez que soy un tipo promedio, aunque ahora que lo pienso no se bien lo que significa un tipo normal y por contraposición qué es un anormal, definiciones que se desprenden por lo general de consideraciones subjetivas y objetivas que son privativas de una persona, en este caso yo, normal puede querer decir muchas cosas que necesariamente no son ni típicas ni estándar, en todo caso puede querer decir un tipo que no molesta mucho a los demás y a la vez no es muy molestado por los demás en la evolución mediocre de una existencia mediocre, y qué es una existencia mediocre sería la siguiente pregunta.
Saturday, June 18, 2011
borroso discurso
El discurso de PJP, cinco.
(Los juegos de luces, escenas, monólogos o diálogos deben ser ágiles y dar la idea de los contrastes de los que se habla o de los que se van mostrando)
Blanca – buen padre mal marido, una mezcla como el carnaval.
Eufemia – sería mejor buen marido luego buen padre, o que para ser buen padre debería ser buen marido porque no sé si embromando a la mujer no está embromando a los hijos.
Blanca – muy complicado para que yo te lo entienda, además parece como que estás sangrando por la herida, me doy cuenta de cómo se cruzan las miradas con el señor y cómo te mira.
Eufemia – siempre la misma bruta para decir las cosas, ya te dije que no te metas con los asuntos que no te interesan o de los que no sabes nada.
Blanca – me doy cuenta de cómo lo miras vos, y es por eso que me parece exagerado lo que decís del tipo, al final el problema es con ella y no con ninguna de nosotros, bastante que nos paga los sueldos.
Eufemia – y lo mío con él no es un problema tuyo en todo caso, aunque te parezca lo del carnaval o divertida como la tarantela que se escucha, tampoco lo que yo piense de él de su familia y aunque yo esté acá para cuidar de su hijos que ese es el trabajo que me piden.
Veo dos niños aspirando contradicciones, respirando suspensiones que después con el tiempo deben tener importancia para nuestra forma de ser, disidencias no propias que no pueden volverse coincidencias para los que importan y menos para los que incorporan esa información en el subconsciente, tipos que después andan como pasa con muchos de sillón en sillón de falsos profetas convertidos en psicoanalistas barriales que no solucionan ni un pomo de un pomo que para uno está lleno de miserias, nadando en la hipocresía cargada de esos años absorbiendo información no clasificada, más allá de las simulaciones que desde muy temprano nos dicen que son necesarias para vivir en la sociedad, esas que esconden las miserias que convertimos en más miserias que se mezclan con las miserias ajenas, miserias que se confirman miserias que se modifican miserias que se descubren miserias que transcurren que hacemos notar que destruimos que disimulamos que inventamos, veo dos niños solos aspirando negaciones de adultos negados que se niegan a sí mismos aunque lo disimulen, veo a esos niños muchos años después, en realidad no son más esos niños son dos adultos casi viejos en el camino aleatorio de aprender a volver a ser niños que a muchos de los que andamos no nos es posible hacer, el camino inverso, los veo hurgando en algún lugar del pasado para encontrar no se muy bien qué, pero hurgando rastreando en el lastre de ser un don nadie y creyendo haber alcanzado la cúspide de la existencia aunque esa cúspide no sea la misma que la de cualquiera, los veo perdidos en un entorno de perdidos así que perdidos del todo.
(Los juegos de luces, escenas, monólogos o diálogos deben ser ágiles y dar la idea de los contrastes de los que se habla o de los que se van mostrando)
Blanca – buen padre mal marido, una mezcla como el carnaval.
Eufemia – sería mejor buen marido luego buen padre, o que para ser buen padre debería ser buen marido porque no sé si embromando a la mujer no está embromando a los hijos.
Blanca – muy complicado para que yo te lo entienda, además parece como que estás sangrando por la herida, me doy cuenta de cómo se cruzan las miradas con el señor y cómo te mira.
Eufemia – siempre la misma bruta para decir las cosas, ya te dije que no te metas con los asuntos que no te interesan o de los que no sabes nada.
Blanca – me doy cuenta de cómo lo miras vos, y es por eso que me parece exagerado lo que decís del tipo, al final el problema es con ella y no con ninguna de nosotros, bastante que nos paga los sueldos.
Eufemia – y lo mío con él no es un problema tuyo en todo caso, aunque te parezca lo del carnaval o divertida como la tarantela que se escucha, tampoco lo que yo piense de él de su familia y aunque yo esté acá para cuidar de su hijos que ese es el trabajo que me piden.
Veo dos niños aspirando contradicciones, respirando suspensiones que después con el tiempo deben tener importancia para nuestra forma de ser, disidencias no propias que no pueden volverse coincidencias para los que importan y menos para los que incorporan esa información en el subconsciente, tipos que después andan como pasa con muchos de sillón en sillón de falsos profetas convertidos en psicoanalistas barriales que no solucionan ni un pomo de un pomo que para uno está lleno de miserias, nadando en la hipocresía cargada de esos años absorbiendo información no clasificada, más allá de las simulaciones que desde muy temprano nos dicen que son necesarias para vivir en la sociedad, esas que esconden las miserias que convertimos en más miserias que se mezclan con las miserias ajenas, miserias que se confirman miserias que se modifican miserias que se descubren miserias que transcurren que hacemos notar que destruimos que disimulamos que inventamos, veo dos niños solos aspirando negaciones de adultos negados que se niegan a sí mismos aunque lo disimulen, veo a esos niños muchos años después, en realidad no son más esos niños son dos adultos casi viejos en el camino aleatorio de aprender a volver a ser niños que a muchos de los que andamos no nos es posible hacer, el camino inverso, los veo hurgando en algún lugar del pasado para encontrar no se muy bien qué, pero hurgando rastreando en el lastre de ser un don nadie y creyendo haber alcanzado la cúspide de la existencia aunque esa cúspide no sea la misma que la de cualquiera, los veo perdidos en un entorno de perdidos así que perdidos del todo.
Friday, June 17, 2011
el discurso en el oscurantismo
El discurso de PJP, cuatro
(Se apagan las luces vuelve la oscuridad en el ángulo del que habla, se encienden las luces en otro ángulo hay dos niños con corte americano de los años sesenta en primer plano dos niñeras que los cuidan y sombras a trasluz de un telón con una situación de carnaval en un pueblo cualquiera, se escuchan ruidos de un anunciador mezclados de a ratos con una tarantela quizás una zamba, tambores, continúa la misma voz en off)
Veo dos niños disfrazados en forma impecable de cawboys, de ocho y seis años divertidos pero lejos del escenario en el que se encuentran, veo dos niños limpios felices abstraídos de esas situaciones, en su mundos, veo dos niños cuidados por dos mujeres Blanca y Eufemia, dos mujeres que deben haber sido jóvenes aunque no recuerdo sus edades porque mi visión es un sueño lejano, muy lejano, veo a los niños y a las niñeras entretenidas, veo oposiciones en los disfraces hay disfraces de americanos de indios americanos y de indios norteamericanos hay una mezcla de disfrazados de indígenas y de disfrazados diferentes, hay disfrazados de médicos y enfermeras, que no distingo porque no se nada de ellos y tampoco ellos parecen estar de un lado o del otro, de cada uno porque para mí quedaron como la escenografías de aquel momento, veo diferencias veo analogías, coherencia que no entiendo muy bien porque parecen incoherencias ahora que pasaron los años, pero que están allí radicadas en ese lugar tan al norte de un país que no quiero nombrar y que por esa altura está como apretado por Chile y por Bolivia y en alguna parte hasta por Brasil, a esa hora del atardecer caliente de un muy caliente día de un verano caliente y húmedo de mil novecientos sesenta.
Blanca – a los niños les dieron los premios, infantil, disfraces sueltos, los señores estarán contentos.
Eufemia – ella más que él porque él parece que él anda en otras cosas, se pondrán muy contentos si dejaron de discutir porque últimamente lo están haciendo muy seguido.
Blanca – es que parece que al pícaro del señor se le escapó algo cuando conversaban que lo pescó la señora en una trampa, y eso es muy grave aunque no creo que por eso se separen, quieren tanto a los niños.
Eufemia – bastante teniendo en cuenta estos hermosos disfraces que les compraron, pelean todo el día pero cuando se tratan de cosas de los niños, aunque él más que ella, que más que pícaro es un infiel de mierda, de lo que no tienen la culpa estos dos angelitos, ellos se ven como distraídos pero están hermosos y disfrutarán de los juguetes que les dieron como premio.
Blanca – será un mal marido tal vez pero es un buen padre, y él gritaba mucho cuando salimos me parece que así gritan los tipos cuando los pescan en una.
Eufemia – pero no es muy buen tipo el señor, no creo que se pueda ser un buen padre y un mal marido, aunque en muchos matrimonios pasa lo mismo, aunque se cuiden las apariencias.
Blanca – pero no creo que sea malo porque tuvo una infidelidad con ella, una por lo que sabemos ya seguramente lo perdonará, pero porque ella se queda callada porque se ve que le importa el qué dirán, no tiene derecho en lastimarla, que también es buena la señora.
Eufemia – al final en qué quedamos, es bueno o malo.
Blanca – yo opino que es un tipo bueno que cometió un error.
Eufemia – yo pienso que es un mal tipo, pero hoy nadie condena a un tipo que mete los cuernos a su mujer, es como al revés al hombre le otorga privilegios y prestigios y por lo mismo la mujer es una puta.
(Voz en off nuevamente)
Veo a esos dos niños allá lejos en los años cuidados por esas dos buenas mujeres, abstraídos del carnaval y de sus problemas, veo dos carteles gigantes anunciando las películas del domingo, Drácula y La gata sobre el tejado de zinc en la rotonda del almacén grande que entonces se utilizaba para que los disfrazados terminaran con los detalles y pudieran ingresar a la avenida por donde transcurrían los corsos, y la avenida por donde se paseaban supongo como se paseaban las personas las infidelidades que supongo eran las mismas de siempre pero con menos propaganda, en el mismo escenario aquel de que un hombre cuanto más infiel es más el reconocimiento social que tiene y la mujer por una infidelidad es un puta de punta a punta así que en las subsiguientes si quiere continuar tendrá la misma denominación, y la misma calificación, veo gente que camina por todos lados, murgas con disfraces de todos los tipos, los desordenados, veo el bulevar por donde bajan y suben personas todo el tiempo, las oficinas de la empresa en una punta en la otra punta el hospital el único hospital de todo el pueblo.
(Se apagan las luces vuelve la oscuridad en el ángulo del que habla, se encienden las luces en otro ángulo hay dos niños con corte americano de los años sesenta en primer plano dos niñeras que los cuidan y sombras a trasluz de un telón con una situación de carnaval en un pueblo cualquiera, se escuchan ruidos de un anunciador mezclados de a ratos con una tarantela quizás una zamba, tambores, continúa la misma voz en off)
Veo dos niños disfrazados en forma impecable de cawboys, de ocho y seis años divertidos pero lejos del escenario en el que se encuentran, veo dos niños limpios felices abstraídos de esas situaciones, en su mundos, veo dos niños cuidados por dos mujeres Blanca y Eufemia, dos mujeres que deben haber sido jóvenes aunque no recuerdo sus edades porque mi visión es un sueño lejano, muy lejano, veo a los niños y a las niñeras entretenidas, veo oposiciones en los disfraces hay disfraces de americanos de indios americanos y de indios norteamericanos hay una mezcla de disfrazados de indígenas y de disfrazados diferentes, hay disfrazados de médicos y enfermeras, que no distingo porque no se nada de ellos y tampoco ellos parecen estar de un lado o del otro, de cada uno porque para mí quedaron como la escenografías de aquel momento, veo diferencias veo analogías, coherencia que no entiendo muy bien porque parecen incoherencias ahora que pasaron los años, pero que están allí radicadas en ese lugar tan al norte de un país que no quiero nombrar y que por esa altura está como apretado por Chile y por Bolivia y en alguna parte hasta por Brasil, a esa hora del atardecer caliente de un muy caliente día de un verano caliente y húmedo de mil novecientos sesenta.
Blanca – a los niños les dieron los premios, infantil, disfraces sueltos, los señores estarán contentos.
Eufemia – ella más que él porque él parece que él anda en otras cosas, se pondrán muy contentos si dejaron de discutir porque últimamente lo están haciendo muy seguido.
Blanca – es que parece que al pícaro del señor se le escapó algo cuando conversaban que lo pescó la señora en una trampa, y eso es muy grave aunque no creo que por eso se separen, quieren tanto a los niños.
Eufemia – bastante teniendo en cuenta estos hermosos disfraces que les compraron, pelean todo el día pero cuando se tratan de cosas de los niños, aunque él más que ella, que más que pícaro es un infiel de mierda, de lo que no tienen la culpa estos dos angelitos, ellos se ven como distraídos pero están hermosos y disfrutarán de los juguetes que les dieron como premio.
Blanca – será un mal marido tal vez pero es un buen padre, y él gritaba mucho cuando salimos me parece que así gritan los tipos cuando los pescan en una.
Eufemia – pero no es muy buen tipo el señor, no creo que se pueda ser un buen padre y un mal marido, aunque en muchos matrimonios pasa lo mismo, aunque se cuiden las apariencias.
Blanca – pero no creo que sea malo porque tuvo una infidelidad con ella, una por lo que sabemos ya seguramente lo perdonará, pero porque ella se queda callada porque se ve que le importa el qué dirán, no tiene derecho en lastimarla, que también es buena la señora.
Eufemia – al final en qué quedamos, es bueno o malo.
Blanca – yo opino que es un tipo bueno que cometió un error.
Eufemia – yo pienso que es un mal tipo, pero hoy nadie condena a un tipo que mete los cuernos a su mujer, es como al revés al hombre le otorga privilegios y prestigios y por lo mismo la mujer es una puta.
(Voz en off nuevamente)
Veo a esos dos niños allá lejos en los años cuidados por esas dos buenas mujeres, abstraídos del carnaval y de sus problemas, veo dos carteles gigantes anunciando las películas del domingo, Drácula y La gata sobre el tejado de zinc en la rotonda del almacén grande que entonces se utilizaba para que los disfrazados terminaran con los detalles y pudieran ingresar a la avenida por donde transcurrían los corsos, y la avenida por donde se paseaban supongo como se paseaban las personas las infidelidades que supongo eran las mismas de siempre pero con menos propaganda, en el mismo escenario aquel de que un hombre cuanto más infiel es más el reconocimiento social que tiene y la mujer por una infidelidad es un puta de punta a punta así que en las subsiguientes si quiere continuar tendrá la misma denominación, y la misma calificación, veo gente que camina por todos lados, murgas con disfraces de todos los tipos, los desordenados, veo el bulevar por donde bajan y suben personas todo el tiempo, las oficinas de la empresa en una punta en la otra punta el hospital el único hospital de todo el pueblo.
Thursday, June 16, 2011
el discurso
Discurso de Plus Juan Perfecto, tres.
Yo soy un tipo normal como supongo que hay miles y miles de tipos normales por todo este largo y angosto territorio que algunos llaman país o patria pero que yo no puedo llamar más que territorio, aunque sería necesario hacer unas consideraciones sobre cuáles son los estándares que colocamos para poder hablar de normalidades o de anormalidades en su defecto, porque en un noventa y nueve por ciento de los casos no somos el resultado de nuestros méritos, detrás de cada uno de lo que parecen como logros hay un motivo inconfesable y espurio, no hay méritos esfuerzos recompensados, sí hay en cambio favores mutuos, compensaciones en dinero o en activos más preciados, acomodos, concesiones.
Porque para llamarlo país debería diferenciarlo adentro mío de otros países y eso no me pasa por lo menos emocionalmente, nada me ha pasado en una larga vida como para que pudiera identificarme con una organización que exagerando y para mí no tiene forma, cuando apenas estaba despertando a la conciencia, cívica pongamos el caso, a las cuestiones de la organización me di con que cientos miles de nosotros pedían a los gritos a los militares, compatriotas de carne y hueso clamando por gobiernos de facto sin que distinguiera entonces la diferencia entre el derecho y el hecho, entre la constitución y la trasgresión, primer schock de realidades versus aprendizajes, pronunciadas distancias entre el discurso y el decurso, abismos insalvables entre lo hablado y lo ejercitado, no pude hacer coincidir lo que veía o escuchaba con las lecciones de instrucción cívica del cura Martínez en tercer año del magisterio, multitudes pidiendo que vinieran los milicos como otras veces fueron y vinieron varias veces, que ellos saben de ordenar a la gente y de hacerle frente a los malevos o a los compadritos, decía la misma gente que hoy se encuentra por las calles diciendo que fueron unos maléficos personajes y personeros de imperialismos anónimos esos mismos que antes se vivaban, porque también en el noventa y nueve por ciento de los casos la gente no se muere en el transcurso de treinta años así que los que andan gritando ahora son más o menos los mismos que gritaban en esos años
Para que ordenaran cuestiones que parecían no se podían ordenar naturalmente, al menos eso es lo que declaraban los que andaban por las calles, y si esta es una manera que puede ser egoísta de pensarlo, tampoco me puedo identificar con las amorfas tomas que históricamente va tomando esta entidad que denominamos anodinamente país, desde la profundidad de una colonia y una dependencia que según yo no hemos abandonado nunca aunque por períodos cambiemos de referencias o patrones, porque para llamarlo patria debería sentir correspondencias emocionales que tampoco siento, coincidencias entre lo que veo y supongo que veo, entre declaraciones y ejercicios, contrariamente el sentimiento que me domina es justo el contrario, tengo la sensación que la patria no me debe nada y simultáneamente que a la patria no le debo nada, aunque debo confesar que a veces en la soledad y en las impotencias que vivimos se me caen unas lágrimas pensando en esta orfandad involuntaria que probablemente es culpa de Plus Juan Perfecto.
Él sí, en el otro extremo pertenece a este país y a esta patria que son al mismo tiempo porque él es lo que quiere decir que es la esencia de lo que somos definitivamente, él es perfecto, prolijo, pulcro, atildado, bien educado, buen vecino, y también como yo se multiplica varías veces a lo largo y a lo ancho de este extenso territorio, en cientos en miles de hipócritas que construyen sus oportunidades a costa de destruir las oportunidades de otros que por diversos motivos son o más débiles o más permeables a aceptar las condiciones de un juego que es sucio desde que entramos en la carrera.
Un contraste, por acá nunca somos lo que parecemos y en muchas otras oportunidades parecemos lo que no somos, pero esto que aparece como una debilidad en tipos como yo o como ustedes aparece como una fortaleza en tipos como PJP, para él la hipocresía es la mala palabra de normas de conducta o convivencia, y el cinismo y las mentiras instrumentos que es necesario utilizar para mantener las diferencias entre nosotros diferencias que por lo general establecemos según los patrones que copiamos de afuera, como copiamos las modas y las maneras.
Yo soy un tipo normal como supongo que hay miles y miles de tipos normales por todo este largo y angosto territorio que algunos llaman país o patria pero que yo no puedo llamar más que territorio, aunque sería necesario hacer unas consideraciones sobre cuáles son los estándares que colocamos para poder hablar de normalidades o de anormalidades en su defecto, porque en un noventa y nueve por ciento de los casos no somos el resultado de nuestros méritos, detrás de cada uno de lo que parecen como logros hay un motivo inconfesable y espurio, no hay méritos esfuerzos recompensados, sí hay en cambio favores mutuos, compensaciones en dinero o en activos más preciados, acomodos, concesiones.
Porque para llamarlo país debería diferenciarlo adentro mío de otros países y eso no me pasa por lo menos emocionalmente, nada me ha pasado en una larga vida como para que pudiera identificarme con una organización que exagerando y para mí no tiene forma, cuando apenas estaba despertando a la conciencia, cívica pongamos el caso, a las cuestiones de la organización me di con que cientos miles de nosotros pedían a los gritos a los militares, compatriotas de carne y hueso clamando por gobiernos de facto sin que distinguiera entonces la diferencia entre el derecho y el hecho, entre la constitución y la trasgresión, primer schock de realidades versus aprendizajes, pronunciadas distancias entre el discurso y el decurso, abismos insalvables entre lo hablado y lo ejercitado, no pude hacer coincidir lo que veía o escuchaba con las lecciones de instrucción cívica del cura Martínez en tercer año del magisterio, multitudes pidiendo que vinieran los milicos como otras veces fueron y vinieron varias veces, que ellos saben de ordenar a la gente y de hacerle frente a los malevos o a los compadritos, decía la misma gente que hoy se encuentra por las calles diciendo que fueron unos maléficos personajes y personeros de imperialismos anónimos esos mismos que antes se vivaban, porque también en el noventa y nueve por ciento de los casos la gente no se muere en el transcurso de treinta años así que los que andan gritando ahora son más o menos los mismos que gritaban en esos años
Para que ordenaran cuestiones que parecían no se podían ordenar naturalmente, al menos eso es lo que declaraban los que andaban por las calles, y si esta es una manera que puede ser egoísta de pensarlo, tampoco me puedo identificar con las amorfas tomas que históricamente va tomando esta entidad que denominamos anodinamente país, desde la profundidad de una colonia y una dependencia que según yo no hemos abandonado nunca aunque por períodos cambiemos de referencias o patrones, porque para llamarlo patria debería sentir correspondencias emocionales que tampoco siento, coincidencias entre lo que veo y supongo que veo, entre declaraciones y ejercicios, contrariamente el sentimiento que me domina es justo el contrario, tengo la sensación que la patria no me debe nada y simultáneamente que a la patria no le debo nada, aunque debo confesar que a veces en la soledad y en las impotencias que vivimos se me caen unas lágrimas pensando en esta orfandad involuntaria que probablemente es culpa de Plus Juan Perfecto.
Él sí, en el otro extremo pertenece a este país y a esta patria que son al mismo tiempo porque él es lo que quiere decir que es la esencia de lo que somos definitivamente, él es perfecto, prolijo, pulcro, atildado, bien educado, buen vecino, y también como yo se multiplica varías veces a lo largo y a lo ancho de este extenso territorio, en cientos en miles de hipócritas que construyen sus oportunidades a costa de destruir las oportunidades de otros que por diversos motivos son o más débiles o más permeables a aceptar las condiciones de un juego que es sucio desde que entramos en la carrera.
Un contraste, por acá nunca somos lo que parecemos y en muchas otras oportunidades parecemos lo que no somos, pero esto que aparece como una debilidad en tipos como yo o como ustedes aparece como una fortaleza en tipos como PJP, para él la hipocresía es la mala palabra de normas de conducta o convivencia, y el cinismo y las mentiras instrumentos que es necesario utilizar para mantener las diferencias entre nosotros diferencias que por lo general establecemos según los patrones que copiamos de afuera, como copiamos las modas y las maneras.
Wednesday, June 15, 2011
PJP, decurso incurso concurso
Discurso de Plus Juan Perfecto, dos.
Perfecto, no prefecto, prefecto eso es un intendente en Bolivia donde en algunos casos les llaman alcaldes como hacen en otras localidades para nombrar a los que gobiernan que por lo menos los que conocemos son una mezcla de comedidos con ladrones que pueden ser ordinarios o de guantes blancos que transfieren fortunas de los estados y como magos las transforman en fortunas personales sin nadie que los investigue y menos que los castigue, pero continúo conmigo y con mi otro yo, conmigo que soy normal como ya lo dije y con el que vive conmigo que es un tipo perfecto que nunca se equivoca, bajo ninguna circunstancia aún equivocándose, instancia que puede tener el aspecto de ser contradictoria pero que no lo es y trataré de explicar a lo largo de este monólogo, o no y quedará ahí sin explicación como todas las realidades sin explicación que nos rodean, continuaré conmigo y con mi otro conmigo hablando de esa simbiosis que hará que aunque nos vean distintos al comienzo en una primera mirada después nos verán similares al final en una mirada posterior, perder diferencias para ganar en similitudes sucesivas.
Bien igual, decimos por aquí que es lo mismo que decir mal pero no me importa que lo hagas mal porque todo lo que hagas para mí está bien, esa es la figura, bien igual, no me importa corregirte porque para mí estará bien siempre aunque haya estado mal y no me importa si los demás piensan que está mal porque yo digo que está bien, aunque no sepa diferenciar muy bien cuándo interesa que el mal esté bien o que el bien esté mal más para vos que para mí especialmente si dependes de mi para tu formación.
Verán, comenzamos con los ejemplos de los contrastes pero de los contrastes con las definiciones propias, en un escenario donde además de pasar del blanco al negro hay negros y blancos establecidos por decretos personales que neutralizan cualquier posibilidad de cambios o de adecuaciones a los que hacen o dicen los otros que es justamente con quienes vivimos, distinto este al tiempo aquel donde mal significaba mal y bien significaba bien, sin mezcolanzas perjudiciales que además incorporan nuevas formas de contrates, porque si para mí lo que hiciste está mal pero a mí me parece bien es posible que para otro suceda así de la misma manera y que ese otro tendría legítima aspiración a defender una posición similar que llevada al extremos sería que todos vivimos en una situación de bien igual aunque esté mal, nos vemos así con nuevas formas de simbiosis aunque la efectividad de misma para mí para mi interlocutor para ustedes para los demás es al menos cuestionable.
Verán, me considero un sobreviviente en un sistema imperfecto en las aguas desbordadas de una sociedad con aspecto de perfecta, porque he resistido a todos los embates de ese otro yo que desde muy adentro me empujó innumerables cantidades de veces a darme la razón, a decirme en la soledad bien igual cuando estuvo mal, mi actitud mi comportamiento lo que fuera, y creo firmemente que la condición de sobreviviente tiene que ver con la simultánea posición de resistencia a las estupideces que portamos en nuestros genes e idiosincrasia y a mancarme las desventajas que esa misma resistencia trae que son de magnitudes y de cualidades diferentes y no todas fáciles de superar, ¿quién resiste sin tarjetas de crédito?, ¿sin viajes de vacaciones quién supervive?.
Verán, hay otros sobrevivientes, docenas, centenas y miles de sobrevivientes sin diferencias de edades ni de nacionalidades ni de razas, con el yo acallado por llamarlo de alguna manera, en su mayoría héroes cotidianos que todos los días se levantan con buenas ondas o con las ondas disminuidas a comenzar con su lucha en un mundo desparejo en el que los que está mal está mal y lo que está bien está bien aunque esos males y bienes no lo sean de esa manera sino de la manera que lo determinan los determinadores de malos o buenos que son los atildados pulcros los prolijos que lograron quedarse en la parte más confortable del sistema, con los cual les estoy diciendo en realidad que volvemos al punto que no hay malos o buenos absolutos sino también relativos y que esos malos y buenos dependen de la caída que tienen quienes los sostienen ante el público que lo demanda y los consume, hay otros sobrevivientes, sin voz, lejos de los flashes de la popularidad y la fama pero son los que sostienen los sistemas armados y que no son precisamente los mismo que utilizan esa consigna del bien igual.
Perfecto, no prefecto, prefecto eso es un intendente en Bolivia donde en algunos casos les llaman alcaldes como hacen en otras localidades para nombrar a los que gobiernan que por lo menos los que conocemos son una mezcla de comedidos con ladrones que pueden ser ordinarios o de guantes blancos que transfieren fortunas de los estados y como magos las transforman en fortunas personales sin nadie que los investigue y menos que los castigue, pero continúo conmigo y con mi otro yo, conmigo que soy normal como ya lo dije y con el que vive conmigo que es un tipo perfecto que nunca se equivoca, bajo ninguna circunstancia aún equivocándose, instancia que puede tener el aspecto de ser contradictoria pero que no lo es y trataré de explicar a lo largo de este monólogo, o no y quedará ahí sin explicación como todas las realidades sin explicación que nos rodean, continuaré conmigo y con mi otro conmigo hablando de esa simbiosis que hará que aunque nos vean distintos al comienzo en una primera mirada después nos verán similares al final en una mirada posterior, perder diferencias para ganar en similitudes sucesivas.
Bien igual, decimos por aquí que es lo mismo que decir mal pero no me importa que lo hagas mal porque todo lo que hagas para mí está bien, esa es la figura, bien igual, no me importa corregirte porque para mí estará bien siempre aunque haya estado mal y no me importa si los demás piensan que está mal porque yo digo que está bien, aunque no sepa diferenciar muy bien cuándo interesa que el mal esté bien o que el bien esté mal más para vos que para mí especialmente si dependes de mi para tu formación.
Verán, comenzamos con los ejemplos de los contrastes pero de los contrastes con las definiciones propias, en un escenario donde además de pasar del blanco al negro hay negros y blancos establecidos por decretos personales que neutralizan cualquier posibilidad de cambios o de adecuaciones a los que hacen o dicen los otros que es justamente con quienes vivimos, distinto este al tiempo aquel donde mal significaba mal y bien significaba bien, sin mezcolanzas perjudiciales que además incorporan nuevas formas de contrates, porque si para mí lo que hiciste está mal pero a mí me parece bien es posible que para otro suceda así de la misma manera y que ese otro tendría legítima aspiración a defender una posición similar que llevada al extremos sería que todos vivimos en una situación de bien igual aunque esté mal, nos vemos así con nuevas formas de simbiosis aunque la efectividad de misma para mí para mi interlocutor para ustedes para los demás es al menos cuestionable.
Verán, me considero un sobreviviente en un sistema imperfecto en las aguas desbordadas de una sociedad con aspecto de perfecta, porque he resistido a todos los embates de ese otro yo que desde muy adentro me empujó innumerables cantidades de veces a darme la razón, a decirme en la soledad bien igual cuando estuvo mal, mi actitud mi comportamiento lo que fuera, y creo firmemente que la condición de sobreviviente tiene que ver con la simultánea posición de resistencia a las estupideces que portamos en nuestros genes e idiosincrasia y a mancarme las desventajas que esa misma resistencia trae que son de magnitudes y de cualidades diferentes y no todas fáciles de superar, ¿quién resiste sin tarjetas de crédito?, ¿sin viajes de vacaciones quién supervive?.
Verán, hay otros sobrevivientes, docenas, centenas y miles de sobrevivientes sin diferencias de edades ni de nacionalidades ni de razas, con el yo acallado por llamarlo de alguna manera, en su mayoría héroes cotidianos que todos los días se levantan con buenas ondas o con las ondas disminuidas a comenzar con su lucha en un mundo desparejo en el que los que está mal está mal y lo que está bien está bien aunque esos males y bienes no lo sean de esa manera sino de la manera que lo determinan los determinadores de malos o buenos que son los atildados pulcros los prolijos que lograron quedarse en la parte más confortable del sistema, con los cual les estoy diciendo en realidad que volvemos al punto que no hay malos o buenos absolutos sino también relativos y que esos malos y buenos dependen de la caída que tienen quienes los sostienen ante el público que lo demanda y los consume, hay otros sobrevivientes, sin voz, lejos de los flashes de la popularidad y la fama pero son los que sostienen los sistemas armados y que no son precisamente los mismo que utilizan esa consigna del bien igual.
Tuesday, June 14, 2011
discurso recurso transcurso
Discurso de Plus Juan Perfecto.
(Hay un escenario donde todo es blanco o es negro, una cortina en el fondo un escritorio y una silla en dirección al escenario, hay un hombre vestido de negro y blanco mimetizado con el paisaje sentado mirando al frente, como para dar un discurso y empieza).
La pregunta que se deben estar haciendo es qué pretendo hacer yo sentado al frente de ustedes y la pregunta que no se deben estar haciendo es que hacen ustedes sentados frente a mí que en principio les debo estar devolviendo la imagen que a propósito quise y quiero devolverles y que es la de un tipo cualquiera de clase media de edad media de una sociedad media, seguidilla que quiere decir en el mismo orden, un tipo que no es ni rico ni pobre ni exitoso ni fracasado ni un príncipe ni un mendigo, un tipo que habla sin que lo escuchen y que escucha sin que le hablen, y un tipo que ha vivido de punta a punta todas las emputecidas instancias de un país que en el discurso de algunos está a la vanguardia de las vanguardias que ellos mismo inventan.
El motivo por el que estoy acá es justamente el del escenario donde me encuentro que es igual a este escenario que momentáneamente está montado para esta escenografía, mi primer motivo es mi escenario, que es blanco y negro como este mismo escenario un escenario de extremos, un escenario de contrastes fuertes e insólitos, donde en principio hay patriotas que parecen apátridas y apátridas que parecen patriotas sino patriotas que en realidad son apátridas y apátridas que se las tiran a patriotas, y que no los nombraría así nomás desde el principio si no fuera que constituyen una gleba de autoproclamados puristas que como el gran hermano pretenden marcar el paso de sus compatriotas al ritmo de sus propios ritmos, lo que a veces logran y otras veces no logran sus cometidos, lo que me lleva al segundo motivo del porqué me encuentro entre ustedes, y ese es porque me considero un sobreviviente.
No imaginen por esto a un Robinson Crusoe, sobreviví aceptablemente medido por cómo vivo y qué vivencias tengo, no son para nada despreciables aunque el precio ha sido muy elevado: no hay patrimonios que me respalden activos físicos quiero decir los perdí todos pero a cambio tengo un montón de activos virtuales, y el tercero y último motivo por el que estoy encima de este escenario es justamente la convicción que no soy el único sobreviviente, que somos muchos, cientos de docenas de miles que hemos sobrevivido a los embates de los notables, y aunque no pueda decir si esto es una buena o una mala noticia puede ser buena si los que vienen detrás de nosotros, bastante lejos, entienden que otra patria es posible, otra manera de vivir, otras actitudes, otros paradigmas son posibles sin anuncios sin despliegues innecesarios de una soberbia que sobra por todos lados.
(Hay un escenario donde todo es blanco o es negro, una cortina en el fondo un escritorio y una silla en dirección al escenario, hay un hombre vestido de negro y blanco mimetizado con el paisaje sentado mirando al frente, como para dar un discurso y empieza).
La pregunta que se deben estar haciendo es qué pretendo hacer yo sentado al frente de ustedes y la pregunta que no se deben estar haciendo es que hacen ustedes sentados frente a mí que en principio les debo estar devolviendo la imagen que a propósito quise y quiero devolverles y que es la de un tipo cualquiera de clase media de edad media de una sociedad media, seguidilla que quiere decir en el mismo orden, un tipo que no es ni rico ni pobre ni exitoso ni fracasado ni un príncipe ni un mendigo, un tipo que habla sin que lo escuchen y que escucha sin que le hablen, y un tipo que ha vivido de punta a punta todas las emputecidas instancias de un país que en el discurso de algunos está a la vanguardia de las vanguardias que ellos mismo inventan.
El motivo por el que estoy acá es justamente el del escenario donde me encuentro que es igual a este escenario que momentáneamente está montado para esta escenografía, mi primer motivo es mi escenario, que es blanco y negro como este mismo escenario un escenario de extremos, un escenario de contrastes fuertes e insólitos, donde en principio hay patriotas que parecen apátridas y apátridas que parecen patriotas sino patriotas que en realidad son apátridas y apátridas que se las tiran a patriotas, y que no los nombraría así nomás desde el principio si no fuera que constituyen una gleba de autoproclamados puristas que como el gran hermano pretenden marcar el paso de sus compatriotas al ritmo de sus propios ritmos, lo que a veces logran y otras veces no logran sus cometidos, lo que me lleva al segundo motivo del porqué me encuentro entre ustedes, y ese es porque me considero un sobreviviente.
No imaginen por esto a un Robinson Crusoe, sobreviví aceptablemente medido por cómo vivo y qué vivencias tengo, no son para nada despreciables aunque el precio ha sido muy elevado: no hay patrimonios que me respalden activos físicos quiero decir los perdí todos pero a cambio tengo un montón de activos virtuales, y el tercero y último motivo por el que estoy encima de este escenario es justamente la convicción que no soy el único sobreviviente, que somos muchos, cientos de docenas de miles que hemos sobrevivido a los embates de los notables, y aunque no pueda decir si esto es una buena o una mala noticia puede ser buena si los que vienen detrás de nosotros, bastante lejos, entienden que otra patria es posible, otra manera de vivir, otras actitudes, otros paradigmas son posibles sin anuncios sin despliegues innecesarios de una soberbia que sobra por todos lados.
Monday, June 13, 2011
aires de cronopios y famas no tan frescos
Continente triangular, ladinoamérica.
Continente triangular
De bella luna
De sol maravilloso
De extensa puna
Continente triangular
De espesa selva
De monte tupido y rocalloso
De tierra nueva
De tierra buena
De tierra virgen
De blanca arena
Continente triangular
De dos océanos
Que a la proximidad de uno de ellos
Naciera entre los médanos
A la civilización que vino a ellos
La de la Biblia y el progreso
La de la sífilis y el exceso
Continente triangular
De sierra a hielo
De mar a mar
Del mar del marinero
Que un día hirió la arena
Con una espada de duro acero
Del suelo del nativo
Que desnudo y asombrado
Habrá apreciado aquel arribo
Continente triangular
De ladinoamérica
Ladino y América
Iniciado en el lenguaje
Del quintal de trigo por collar o por espejo
Que creció a la sombra
De la exacción más fría
Ladino
Y civilización
Fue todo lo que estuvo afuera
América
Y barbarie
Lo que encerraba en su perímetro
Continente triangular
De ladinoamérica
Ladino
Y América
Suelo púber signado por el signo
América
Manifiestas sus riquezas naturales
Mostrando al mundo
Primero ladino
Los ricos frutos de su tierra
El petróleo y Venezuela en uno de ellos
El café y Brasil en el otro
El trigo y el maíz de una Argentina que crecía
En el ángulo más austral del continente
Desde otros lados
América
Otros bienes y otras cosas
Fueron parte de la comida y parte del sustento
De algunos pueblos de afuera
Viajeros y bárbaros y opulentos
Desde Uruguay y Chile por la mar bañados
Desde Perú
México, Ecuador, Colombia por las montañas alcanzadas
Desde Bolivia y Paraguay mediterráneos
Por la pertinaz obsecuencia del criollo
Continente triangular
De ladinoamérica
Ladino
Y América
Joven del instinto y del impulso
De la dura lucha
De la tenaz y perdidosa resistencia
A enemigos desde adentro
A abandonar las convicciones
A dejar sacarse las riquezas
A ser esclavos de coronas
Ladinoamérica
Ladino
Y América
Continente maduro de un mañana
Que no llega que es mañana de mañanas
De fisión nuclear
De guerra atómica
De cielos rojos
De mares muertos
Entonces
Continente triangular
De ladinoamérica
Por ahí será la hora
En que vendrán los hombres de afuera nuevamente
A buscar mañanas en la blanca arena
De la tierra nueva
En la bella luna
Y el sol maravilloso
Del extenso valle y puna
En la espesa selva
Y el monte montañoso
De la tierra buena.
Continente triangular
De bella luna
De sol maravilloso
De extensa puna
Continente triangular
De espesa selva
De monte tupido y rocalloso
De tierra nueva
De tierra buena
De tierra virgen
De blanca arena
Continente triangular
De dos océanos
Que a la proximidad de uno de ellos
Naciera entre los médanos
A la civilización que vino a ellos
La de la Biblia y el progreso
La de la sífilis y el exceso
Continente triangular
De sierra a hielo
De mar a mar
Del mar del marinero
Que un día hirió la arena
Con una espada de duro acero
Del suelo del nativo
Que desnudo y asombrado
Habrá apreciado aquel arribo
Continente triangular
De ladinoamérica
Ladino y América
Iniciado en el lenguaje
Del quintal de trigo por collar o por espejo
Que creció a la sombra
De la exacción más fría
Ladino
Y civilización
Fue todo lo que estuvo afuera
América
Y barbarie
Lo que encerraba en su perímetro
Continente triangular
De ladinoamérica
Ladino
Y América
Suelo púber signado por el signo
América
Manifiestas sus riquezas naturales
Mostrando al mundo
Primero ladino
Los ricos frutos de su tierra
El petróleo y Venezuela en uno de ellos
El café y Brasil en el otro
El trigo y el maíz de una Argentina que crecía
En el ángulo más austral del continente
Desde otros lados
América
Otros bienes y otras cosas
Fueron parte de la comida y parte del sustento
De algunos pueblos de afuera
Viajeros y bárbaros y opulentos
Desde Uruguay y Chile por la mar bañados
Desde Perú
México, Ecuador, Colombia por las montañas alcanzadas
Desde Bolivia y Paraguay mediterráneos
Por la pertinaz obsecuencia del criollo
Continente triangular
De ladinoamérica
Ladino
Y América
Joven del instinto y del impulso
De la dura lucha
De la tenaz y perdidosa resistencia
A enemigos desde adentro
A abandonar las convicciones
A dejar sacarse las riquezas
A ser esclavos de coronas
Ladinoamérica
Ladino
Y América
Continente maduro de un mañana
Que no llega que es mañana de mañanas
De fisión nuclear
De guerra atómica
De cielos rojos
De mares muertos
Entonces
Continente triangular
De ladinoamérica
Por ahí será la hora
En que vendrán los hombres de afuera nuevamente
A buscar mañanas en la blanca arena
De la tierra nueva
En la bella luna
Y el sol maravilloso
Del extenso valle y puna
En la espesa selva
Y el monte montañoso
De la tierra buena.
Sunday, June 12, 2011
LC - XXI -
LC – XXI -
Casimira es una china proba, también prolífica que tiene que lidiar con los diez críos que le ha hecho el Porfirio de tanto llevarse bien como se llevan, y tiene que lidiar en serio porque él le ha dicho que ninguno está en edad todavía como para andar en la cosecha del tabaco con las manos rasgadas y sangrando, que mientras les alcance para comer es mejor que los niños no trabajen como otros pequeños que trabajan.
Casimira es una china proba, prolífica y además muy viva aunque nunca haya tenido una sola oportunidad para aprender de letras y de números como algunos peones de la finca que aprenden con la maestra que Don Félix les ha puesto, diciendo que ellos deben hacer todo los posible para que los críos tengan una vida diferente a la de ellos, de andar día por día agachados y cosechando y en su mayoría de emborracharse en las carpas los fines de semana como si las penas se ahogaran.
Casimira es una china proba, prolífica, viva y lenguaraz que mantiene a raya a los diez críos contándoles historias de las leyendas que corren de boca en boca, sabe lo que a ellos les gusta sabe con los que los asusta.
Casimira les cuenta, la primera puñalada el hombre se la dio cuando habían caminado menos de un cuarto de legua en dirección a Campo Caseros y en el sentido del Campo Castañares, herido porque le había dicho que era un cornudo desde hace mucho y aturdido por la elocuencia de ella que lo seguía con una perorata que no se interrumpía y hacía de las palabras flechas que al otro se le incrustaban en todo el cuerpo, le hundió el firme facón a la altura de la panza hasta el fondo y encarnizado antes de sacarlo lo movió como dos veces a los lados, tambaleándose por el alcohol que le envenenaba el estómago y la cabeza, después del primero le dio dos puntazos más que entraron en la espalda y siguió caminando, pero ella lo siguió, arrastrándose como pudo llorando y hablando, provocando, así que él se volvió sobre la huella de sangre y de tierra y tirándose sobre ella le asestó otras puñaladas, y se sentó al lado extenuado y transpirando, puñalada que le daba menos era la borrachera que el paisano tenía y más el enojo que le entraba, así que después de esperar un par de horas la arrastró hasta las trochas del C-13 y dejó el cuerpo atravesado en las vías.
Casimira cuenta que la mujer estaba viva, inmóvil habrá estado hasta que el tren le pasó por encima.
Casimira es una china proba, prolífica, viva y lenguaraz que ahora les dice a sus niños que en las noches el almita de esa mujer le aparece a cualquiera que pase por ese lugar que ha quedado maldito.
Casimira tiene su versión de la leyenda, y a sus críos quietos por unas horas.
Casimira es una china proba, también prolífica que tiene que lidiar con los diez críos que le ha hecho el Porfirio de tanto llevarse bien como se llevan, y tiene que lidiar en serio porque él le ha dicho que ninguno está en edad todavía como para andar en la cosecha del tabaco con las manos rasgadas y sangrando, que mientras les alcance para comer es mejor que los niños no trabajen como otros pequeños que trabajan.
Casimira es una china proba, prolífica y además muy viva aunque nunca haya tenido una sola oportunidad para aprender de letras y de números como algunos peones de la finca que aprenden con la maestra que Don Félix les ha puesto, diciendo que ellos deben hacer todo los posible para que los críos tengan una vida diferente a la de ellos, de andar día por día agachados y cosechando y en su mayoría de emborracharse en las carpas los fines de semana como si las penas se ahogaran.
Casimira es una china proba, prolífica, viva y lenguaraz que mantiene a raya a los diez críos contándoles historias de las leyendas que corren de boca en boca, sabe lo que a ellos les gusta sabe con los que los asusta.
Casimira les cuenta, la primera puñalada el hombre se la dio cuando habían caminado menos de un cuarto de legua en dirección a Campo Caseros y en el sentido del Campo Castañares, herido porque le había dicho que era un cornudo desde hace mucho y aturdido por la elocuencia de ella que lo seguía con una perorata que no se interrumpía y hacía de las palabras flechas que al otro se le incrustaban en todo el cuerpo, le hundió el firme facón a la altura de la panza hasta el fondo y encarnizado antes de sacarlo lo movió como dos veces a los lados, tambaleándose por el alcohol que le envenenaba el estómago y la cabeza, después del primero le dio dos puntazos más que entraron en la espalda y siguió caminando, pero ella lo siguió, arrastrándose como pudo llorando y hablando, provocando, así que él se volvió sobre la huella de sangre y de tierra y tirándose sobre ella le asestó otras puñaladas, y se sentó al lado extenuado y transpirando, puñalada que le daba menos era la borrachera que el paisano tenía y más el enojo que le entraba, así que después de esperar un par de horas la arrastró hasta las trochas del C-13 y dejó el cuerpo atravesado en las vías.
Casimira cuenta que la mujer estaba viva, inmóvil habrá estado hasta que el tren le pasó por encima.
Casimira es una china proba, prolífica, viva y lenguaraz que ahora les dice a sus niños que en las noches el almita de esa mujer le aparece a cualquiera que pase por ese lugar que ha quedado maldito.
Casimira tiene su versión de la leyenda, y a sus críos quietos por unas horas.
Saturday, June 11, 2011
LC - XX -
LC – XX -
El primero que lo contó fue un borracho bastante entrado en la borrachera a media docena de otros gauchos menos borrachos una noche de vigilia a Guemes al pié del cerro donde parodiaban velarlo desde hace ochenta años, desde el mismo momento en que el mártir murió en la quebrada de La Horqueta escondido de enemigos y de concubinos enojados, todos amontonados alrededor de un fogón de dos metros de diámetro y llamas que crepitaban también como a dos metros del piso en forma persistente, dijo que la vio sentada sobre una piedra redonda pegada a la vía del C-13 en el cruce de Campo Caseros como a las nueve de la noche, dijo que apenas la distinguió, sombras sobre sombras, blancos sobre negros, grises de polvaredas y cuerpos quietos y en movimiento en esa noche sin luna de un junio de frío riguroso, parecido al de todos los años por el helado sereno que cala ponchos y huesos, dijo que apenas la distinguió pero que estaba seguro que era ella porque lloraba y lloraba y se quejaba como se quejan los que quedan heridos y que él se acuerda bien de ella, porque le escuchó la voz la tarde que estuvieron discutiendo en el bolichón del pancero porque estaba chupando en una de las mesas cuando ellos comenzaron a discutir y se notaba que a él no le gustaba lo que ella le iba diciendo y se le subía la sangre a la cabeza, además del vino que a esa altura había corrido copiosamente, y gritaban y así gritando se fueron, dijo que si bien entonces sin decirlo le daba la razón a él porque de escucharla nomás la china parecía bastante querendona, que unos meses después cuando se enteró que la había matado con no sabía de cuantas puñaladas, él corajudo además de borracho como el borracho al que escuchan los borrachos dejo el cuerpo sobre la vías para que cuando pasara el tren lo destruyera y entonces él fue peor que ella porque fue malo con su alma que desde entonces debe andar penando por misericordia porque habrá sido mala metiéndose con otros hombres pero que por eso no se merecía las trituraciones quedar mutilada como quedara porque muerta ya estaba antes que él le hiciera todas esas cosas de acarrearla y depositarla en las vías sabiendo que el tren pasa de madrugada, por lo que dijeron los policías.
Los segundos que lo contaron fueron esos paisanos, borrachos también como el borracho que la mató como el borracho que lo contara aunque estuviera menos borracho que el borracho que la mató y un poco más que los borrachos que los escuchaban cada uno a su manera, aumentando y cambiando partes de la misma historia, a otros campesinos a niños y a sus mujeres.
Los terceros que lo contaron fueron esos mismos campesinos menos borrachos esos mismos niños nada de borrachos esas mismas mujeres que a veces se emborrachan.
Y así se fue haciendo la leyenda.
El primero que lo contó fue un borracho bastante entrado en la borrachera a media docena de otros gauchos menos borrachos una noche de vigilia a Guemes al pié del cerro donde parodiaban velarlo desde hace ochenta años, desde el mismo momento en que el mártir murió en la quebrada de La Horqueta escondido de enemigos y de concubinos enojados, todos amontonados alrededor de un fogón de dos metros de diámetro y llamas que crepitaban también como a dos metros del piso en forma persistente, dijo que la vio sentada sobre una piedra redonda pegada a la vía del C-13 en el cruce de Campo Caseros como a las nueve de la noche, dijo que apenas la distinguió, sombras sobre sombras, blancos sobre negros, grises de polvaredas y cuerpos quietos y en movimiento en esa noche sin luna de un junio de frío riguroso, parecido al de todos los años por el helado sereno que cala ponchos y huesos, dijo que apenas la distinguió pero que estaba seguro que era ella porque lloraba y lloraba y se quejaba como se quejan los que quedan heridos y que él se acuerda bien de ella, porque le escuchó la voz la tarde que estuvieron discutiendo en el bolichón del pancero porque estaba chupando en una de las mesas cuando ellos comenzaron a discutir y se notaba que a él no le gustaba lo que ella le iba diciendo y se le subía la sangre a la cabeza, además del vino que a esa altura había corrido copiosamente, y gritaban y así gritando se fueron, dijo que si bien entonces sin decirlo le daba la razón a él porque de escucharla nomás la china parecía bastante querendona, que unos meses después cuando se enteró que la había matado con no sabía de cuantas puñaladas, él corajudo además de borracho como el borracho al que escuchan los borrachos dejo el cuerpo sobre la vías para que cuando pasara el tren lo destruyera y entonces él fue peor que ella porque fue malo con su alma que desde entonces debe andar penando por misericordia porque habrá sido mala metiéndose con otros hombres pero que por eso no se merecía las trituraciones quedar mutilada como quedara porque muerta ya estaba antes que él le hiciera todas esas cosas de acarrearla y depositarla en las vías sabiendo que el tren pasa de madrugada, por lo que dijeron los policías.
Los segundos que lo contaron fueron esos paisanos, borrachos también como el borracho que la mató como el borracho que lo contara aunque estuviera menos borracho que el borracho que la mató y un poco más que los borrachos que los escuchaban cada uno a su manera, aumentando y cambiando partes de la misma historia, a otros campesinos a niños y a sus mujeres.
Los terceros que lo contaron fueron esos mismos campesinos menos borrachos esos mismos niños nada de borrachos esas mismas mujeres que a veces se emborrachan.
Y así se fue haciendo la leyenda.
Friday, June 10, 2011
LC - XIX -
LC – XIX -
Se fueron caminando para los descampados de Campo Caseros en dirección de Campo Castañares.
Como le pasaba en cada borrachera él se olvidó del caballo que quedó resoplando en el amarradero, y zigzagueando caminó cabizbajo sabiendo que lo seguía, aún en la inconciencia esperaba que no lo siguiera, él se conoce y bien que sabe que caminando un par de horas y quedando rendido otro par de horas tirado sobre la hierba el frío del sereno lo termina despejando y, despejado, vuelve al yugo de su trabajo y al yugo de todas sus obligaciones de parroquiano tranquilo, zigzagueando fue avanzando sabiendo que lo seguía esperando que no lo siguiera y si lo estaba siguiendo que se quedara callada que terminara con las provocaciones que habían comenzado temprano el mediodía y entre cucharada y cucharada del locro pulsudo que compartieron cuando comenzaron solidariamente, zigzagueando fue escuchando lo que decía, a los gritos detrás de él como si hubiera enloquecido y fuera que había que terminar con todos los temas de golpe.
Como le pasaba en cada borrachera ella se fue detrás de él olvidando que cuando está lúcida ella le anda contando a todos mentiras y verdades del viejo de su marido, sabiendo que con seguirlo lo fastidiaba y que fastidiándolo hasta el hartazgo en algún momento vuelve a la temperancia, se fue siguiéndolo sabiendo que él no quiere que lo siga pero que tampoco le disgusta el seguimiento, llevan amañados más de diez años y ella lo conoce, por eso se fue detrás de él olvidando que cuando está lúcida ella le anda presumiendo a la paisanada y que de vez en cuando se amaña con alguno y ese mismo u otros se encargan de contarlo, se fue de él provocándolo con las provocaciones que habían comenzado temprano el mediodía en el bodegón donde se tomaron muchos tragos festejando el descanso largo de la quincena, zigzagueando fue diciendo a los gritos detrás de él todo lo que se le ocurría, como si hubiera enloquecido y fuera que había que terminar con todos los temas de golpe.
Como no le pasaba en cada borrachera, en algún punto del camino harto él sacó el facón y la mató de veinte puñaladas.
Salpicado de sangre la arrastró hasta las vías del ramal C-13 y la dejó atravesada como para que el tren le pasara por encima.
La noche estaba muy cerrada con nubes oscuras aprisionadas por un círculo de cerros.
Y hacían más de tres horas que en el ocaso un gallo había cantado.
Se fueron caminando para los descampados de Campo Caseros en dirección de Campo Castañares.
Como le pasaba en cada borrachera él se olvidó del caballo que quedó resoplando en el amarradero, y zigzagueando caminó cabizbajo sabiendo que lo seguía, aún en la inconciencia esperaba que no lo siguiera, él se conoce y bien que sabe que caminando un par de horas y quedando rendido otro par de horas tirado sobre la hierba el frío del sereno lo termina despejando y, despejado, vuelve al yugo de su trabajo y al yugo de todas sus obligaciones de parroquiano tranquilo, zigzagueando fue avanzando sabiendo que lo seguía esperando que no lo siguiera y si lo estaba siguiendo que se quedara callada que terminara con las provocaciones que habían comenzado temprano el mediodía y entre cucharada y cucharada del locro pulsudo que compartieron cuando comenzaron solidariamente, zigzagueando fue escuchando lo que decía, a los gritos detrás de él como si hubiera enloquecido y fuera que había que terminar con todos los temas de golpe.
Como le pasaba en cada borrachera ella se fue detrás de él olvidando que cuando está lúcida ella le anda contando a todos mentiras y verdades del viejo de su marido, sabiendo que con seguirlo lo fastidiaba y que fastidiándolo hasta el hartazgo en algún momento vuelve a la temperancia, se fue siguiéndolo sabiendo que él no quiere que lo siga pero que tampoco le disgusta el seguimiento, llevan amañados más de diez años y ella lo conoce, por eso se fue detrás de él olvidando que cuando está lúcida ella le anda presumiendo a la paisanada y que de vez en cuando se amaña con alguno y ese mismo u otros se encargan de contarlo, se fue de él provocándolo con las provocaciones que habían comenzado temprano el mediodía en el bodegón donde se tomaron muchos tragos festejando el descanso largo de la quincena, zigzagueando fue diciendo a los gritos detrás de él todo lo que se le ocurría, como si hubiera enloquecido y fuera que había que terminar con todos los temas de golpe.
Como no le pasaba en cada borrachera, en algún punto del camino harto él sacó el facón y la mató de veinte puñaladas.
Salpicado de sangre la arrastró hasta las vías del ramal C-13 y la dejó atravesada como para que el tren le pasara por encima.
La noche estaba muy cerrada con nubes oscuras aprisionadas por un círculo de cerros.
Y hacían más de tres horas que en el ocaso un gallo había cantado.
Thursday, June 09, 2011
LC - XVIII
LC – XVIII -
Después que la maestra le regalara al menos media docena, se pasaba horas y horas, especialmente los días de lluvia que no podía andar deambulando como le gustaba, diluyendo acuarelas secas en agua y en las pipetas acomodadas una tras otras en la porta pipetas, allá se estaba extasiado volando mirando a través del vidrio de esos tubos pequeños el mundo del otro lado con los colores mezclados que cada vez que jugaba le daba al agua y los iba transformando tirándole pizcas de polvos de diferentes colores, como si supiera de los resultados mezclaba los colores para transformarlos para aclararlos para hacerlos más o menos oscuros, cambiando los colores del paisaje que a la trasluz se le aparecía del otro lado reducido a esos mismos colores agrandado o achicado justamente por el efecto del vidrio grueso de las pipetas, sin saber para qué servían esos embudos tomaba enviones con ese panorama diminuto de esos días diminutos y se quedaba pasmado casi con la piel de gallina con ese un mundo diferente al que vivía cada día, un pedazo de esta vida que atrapaba de manera diferente unos minutos mirando a través de esos tubos, de esa realidad y también de su sueños de entonces que aunque fueran reducidos tenían el tamaño de lo sueños de un niño cualquiera, bastante más grandes que los sueños de sus mayores.
En eso estaba cuando lo interrumpió Don Félix, una tarde de un caluroso enero de mil novecientos seis, ese gallardo general de la Nación, patrón de la estancia enclavada en Campo Caseros, jinete de los caballos con los que circunvalaba la finca, hombre de botas largas con polainas todo el santo día y varón de varias mujeres por lo que se veía, de cara angosta y de mostachos prominentes, casi como lo que los demás le decían que es un padre para él, a darle la orden que debía presentarse en comisaría central al comisario Monje porque ya había conversado con él para que lo incorpore a la fuerza como agente de segunda y tenga un mejor trabajo que andar pelándose debajo del sol entre los surcos, pelándose y peleándose con los otros por el tanto.
Después que la maestra le regalara al menos media docena, se pasaba horas y horas, especialmente los días de lluvia que no podía andar deambulando como le gustaba, diluyendo acuarelas secas en agua y en las pipetas acomodadas una tras otras en la porta pipetas, allá se estaba extasiado volando mirando a través del vidrio de esos tubos pequeños el mundo del otro lado con los colores mezclados que cada vez que jugaba le daba al agua y los iba transformando tirándole pizcas de polvos de diferentes colores, como si supiera de los resultados mezclaba los colores para transformarlos para aclararlos para hacerlos más o menos oscuros, cambiando los colores del paisaje que a la trasluz se le aparecía del otro lado reducido a esos mismos colores agrandado o achicado justamente por el efecto del vidrio grueso de las pipetas, sin saber para qué servían esos embudos tomaba enviones con ese panorama diminuto de esos días diminutos y se quedaba pasmado casi con la piel de gallina con ese un mundo diferente al que vivía cada día, un pedazo de esta vida que atrapaba de manera diferente unos minutos mirando a través de esos tubos, de esa realidad y también de su sueños de entonces que aunque fueran reducidos tenían el tamaño de lo sueños de un niño cualquiera, bastante más grandes que los sueños de sus mayores.
En eso estaba cuando lo interrumpió Don Félix, una tarde de un caluroso enero de mil novecientos seis, ese gallardo general de la Nación, patrón de la estancia enclavada en Campo Caseros, jinete de los caballos con los que circunvalaba la finca, hombre de botas largas con polainas todo el santo día y varón de varias mujeres por lo que se veía, de cara angosta y de mostachos prominentes, casi como lo que los demás le decían que es un padre para él, a darle la orden que debía presentarse en comisaría central al comisario Monje porque ya había conversado con él para que lo incorpore a la fuerza como agente de segunda y tenga un mejor trabajo que andar pelándose debajo del sol entre los surcos, pelándose y peleándose con los otros por el tanto.
Wednesday, June 08, 2011
LC - XVII -
LC – XVII -
Campo Caseros es lindante a Campo Castañares, ambos se juntan en un extenso rectángulo que está en la zona sur oeste de la ciudad y donde se amontonan media docena de molinos y media docena de corrales de mulas y de caballos de los comerciantes de la zona, y también otros galpones de acopio almacenes al por mayor de harina y azúcar que traen de los ingenios, predios extensos de los comerciantes y también de los industriales la mayoría de familias patricias de gallegos y nobles criollos que viven sentados en los bodegones de día y en los clubes sociales de noche en el centro de la ciudad, dirigiendo sus prósperos negocios de provisiones de alimentos ponchos y de vestimenta para la gente del valle, predios donde se llevan adelante los oficios de comerciar con bestias de cargas ruedas para carretas y otros utensilios domésticos en las calles de tierra abiertas entre las barracas galpones y corrales que hay por todos lados por esos campos ondulados que por estos días tiene además el movimiento de docenas de obreros que andan colocando rieles y clavando durmientes para terminar la traza y el recorrido del ferrocarril C – 13, y que durante el día desborda concurrencia que son como hormigueros de gente, peonada y señores, que se mueven por todos los rincones intercambiando, y que durante la noche se convierten en sombras de perfiles y en tierra por donde deambulan perdidos fantasmas según las leyendas de la gente.
La finca de Don Félix está por los alrededores y Liborio corre por esos descampados alternando lo que le gusta que es estar con los peones que le enseñan de sus trabajos de finca y de estibas, y lo que no le gusta que es lo que le enseña la maestra que por estos días ha descubierto que es en realidad una de la mujeres que Don Félix trajo de Buenos Aires para que le enseñe como a los otros a leer y a escribir y si se puede que también los ayude con las cuentas porque los tiempos que se vienen para cualquier trabajo piden saber algo o por lo menos se consiguen mejores trabajos sabiendo leer y escribir, eso no le gusta porque él no tiene paciencia para andar escuchando y perderse de las aventuras que todos los jóvenes como él tienen cuando andan en los surcos mezclados con los mayores mujeres y varones, no le gusta porque empieza con lo del abecedario letra por letra o como hoy que les empezó a contar que el fundador llamo a la ciudad Muy Noble y Leal Ciudad de San Felipe de Lerma en el Valle de Salta, S, A, L, T, A, deletrea y que por esos resquemores que tienen los propios habitantes la rebautizaron San Felipe de Salta, S, A, L. T, A deletrea que después quedó Salta solo que viene de salla, S, A, L, L, A, letra por letra peñas y tá casi el lugar de las peñas que las hay pero no precisamente por donde él anda que por ahí se limpiaron todas, o sayta pascana, P, A, S, C, A, N y A como dirían los aymara, les relata, y los remonta con la imaginación a los primeros años de un paso inevitable en el camino al Perú, o sagta sagta, S, A, G, T y A que es muy hermosa esa ciudad linda muy linda.
Campo Caseros es lindante a Campo Castañares, ambos se juntan en un extenso rectángulo que está en la zona sur oeste de la ciudad y donde se amontonan media docena de molinos y media docena de corrales de mulas y de caballos de los comerciantes de la zona, y también otros galpones de acopio almacenes al por mayor de harina y azúcar que traen de los ingenios, predios extensos de los comerciantes y también de los industriales la mayoría de familias patricias de gallegos y nobles criollos que viven sentados en los bodegones de día y en los clubes sociales de noche en el centro de la ciudad, dirigiendo sus prósperos negocios de provisiones de alimentos ponchos y de vestimenta para la gente del valle, predios donde se llevan adelante los oficios de comerciar con bestias de cargas ruedas para carretas y otros utensilios domésticos en las calles de tierra abiertas entre las barracas galpones y corrales que hay por todos lados por esos campos ondulados que por estos días tiene además el movimiento de docenas de obreros que andan colocando rieles y clavando durmientes para terminar la traza y el recorrido del ferrocarril C – 13, y que durante el día desborda concurrencia que son como hormigueros de gente, peonada y señores, que se mueven por todos los rincones intercambiando, y que durante la noche se convierten en sombras de perfiles y en tierra por donde deambulan perdidos fantasmas según las leyendas de la gente.
La finca de Don Félix está por los alrededores y Liborio corre por esos descampados alternando lo que le gusta que es estar con los peones que le enseñan de sus trabajos de finca y de estibas, y lo que no le gusta que es lo que le enseña la maestra que por estos días ha descubierto que es en realidad una de la mujeres que Don Félix trajo de Buenos Aires para que le enseñe como a los otros a leer y a escribir y si se puede que también los ayude con las cuentas porque los tiempos que se vienen para cualquier trabajo piden saber algo o por lo menos se consiguen mejores trabajos sabiendo leer y escribir, eso no le gusta porque él no tiene paciencia para andar escuchando y perderse de las aventuras que todos los jóvenes como él tienen cuando andan en los surcos mezclados con los mayores mujeres y varones, no le gusta porque empieza con lo del abecedario letra por letra o como hoy que les empezó a contar que el fundador llamo a la ciudad Muy Noble y Leal Ciudad de San Felipe de Lerma en el Valle de Salta, S, A, L, T, A, deletrea y que por esos resquemores que tienen los propios habitantes la rebautizaron San Felipe de Salta, S, A, L. T, A deletrea que después quedó Salta solo que viene de salla, S, A, L, L, A, letra por letra peñas y tá casi el lugar de las peñas que las hay pero no precisamente por donde él anda que por ahí se limpiaron todas, o sayta pascana, P, A, S, C, A, N y A como dirían los aymara, les relata, y los remonta con la imaginación a los primeros años de un paso inevitable en el camino al Perú, o sagta sagta, S, A, G, T y A que es muy hermosa esa ciudad linda muy linda.
Tuesday, June 07, 2011
LC - XVI -
LC – XVI -
La maestra sabe de las letras que una a una se van poniendo en el pizarrón y después en el papel escribiendo con un lápiz para repetir una y otra vez para que él las aprenda y aprenda cómo se debe hablar correctamente, aunque los peones hablen de una forma diferente a la que habla ella que además es de un forma diferente a la que habla Don Félix que cuando habla con ellos habla de una forma y cuando habla con ella lo hace de otra forma y las diferencias son las carajeadas y los tonos que con ella se hacen más suaves y entonces ella se sonroja, y él no entiende nada.
La maestra sabe de números de esos números que cuestan porque hay que aprenderlos uno por uno pero lo más difícil es cuando ella lo hace que arme docenas y centenas cuando lo hace hacer las sumas y las restas que él entiende menos las segundas que las primeras con eso de llevarse uno y encima acordarse o eso que hay que acordarse se desprende de la docena del otro o de la centena que es lo máximo y así cada una de esas tardes pesadas que se hacen un poco más llevaderas cuando ella explica sobre instrucción cívica o le cuenta historias y leyendas de todos lados y otras clases parecidas.
Ella sabe de todo eso y se pasea segura de una punta a la otra del rincón del galpón que sirve de aula mientras le habla de no andar llorando y quejándose de todo que ya bastante tienen con tener comida y abrigo aunque después tengan que hacer algunas changuitas en los surcos ayudando a los mayores. Ella sabe de todo menos de estas cuestiones.
Es que lo ha pescado con la cabeza gacha y cabizbaja y eso parece que le molesta, lo encontró entristecido vaya a saber porqué razones pero él ya crecidito le contesta que no se preocupe y le miente que él no llora porque no se acuerda y porque nadie se acuerda de lo que él quiere acordarse y no se acuerda, que no se preocupe porque se llora por comparación y él no puede compararse con nadie y no puede comparar nada le dice iracundo como anda desde que cumplió los doce años. Se puede llorar por lo que no se tiene si se ha querido tenerlo pero si no se ha querido tenerlo o directamente no se tuvo entonces no se puede llorar y entonces no se llora, a lo mejor sean lagrimeadas nomás que se dan protegido por las paredes verdes de un cañaveral porque no hay con quien hablar cuando otros vienen y se toman de lo que no es y pelean para quedar bien con el patrón que los premia y le reclama que él tiene que ser mejor porque es su protegido, tantas vicisitudes tiene Liborio para quedar curtido.
La maestra sabe de las letras que una a una se van poniendo en el pizarrón y después en el papel escribiendo con un lápiz para repetir una y otra vez para que él las aprenda y aprenda cómo se debe hablar correctamente, aunque los peones hablen de una forma diferente a la que habla ella que además es de un forma diferente a la que habla Don Félix que cuando habla con ellos habla de una forma y cuando habla con ella lo hace de otra forma y las diferencias son las carajeadas y los tonos que con ella se hacen más suaves y entonces ella se sonroja, y él no entiende nada.
La maestra sabe de números de esos números que cuestan porque hay que aprenderlos uno por uno pero lo más difícil es cuando ella lo hace que arme docenas y centenas cuando lo hace hacer las sumas y las restas que él entiende menos las segundas que las primeras con eso de llevarse uno y encima acordarse o eso que hay que acordarse se desprende de la docena del otro o de la centena que es lo máximo y así cada una de esas tardes pesadas que se hacen un poco más llevaderas cuando ella explica sobre instrucción cívica o le cuenta historias y leyendas de todos lados y otras clases parecidas.
Ella sabe de todo eso y se pasea segura de una punta a la otra del rincón del galpón que sirve de aula mientras le habla de no andar llorando y quejándose de todo que ya bastante tienen con tener comida y abrigo aunque después tengan que hacer algunas changuitas en los surcos ayudando a los mayores. Ella sabe de todo menos de estas cuestiones.
Es que lo ha pescado con la cabeza gacha y cabizbaja y eso parece que le molesta, lo encontró entristecido vaya a saber porqué razones pero él ya crecidito le contesta que no se preocupe y le miente que él no llora porque no se acuerda y porque nadie se acuerda de lo que él quiere acordarse y no se acuerda, que no se preocupe porque se llora por comparación y él no puede compararse con nadie y no puede comparar nada le dice iracundo como anda desde que cumplió los doce años. Se puede llorar por lo que no se tiene si se ha querido tenerlo pero si no se ha querido tenerlo o directamente no se tuvo entonces no se puede llorar y entonces no se llora, a lo mejor sean lagrimeadas nomás que se dan protegido por las paredes verdes de un cañaveral porque no hay con quien hablar cuando otros vienen y se toman de lo que no es y pelean para quedar bien con el patrón que los premia y le reclama que él tiene que ser mejor porque es su protegido, tantas vicisitudes tiene Liborio para quedar curtido.
Monday, June 06, 2011
LC - XV
LC – XV -
Las que andan llorando por ahí son las mujeres los hombres no deben llorar nunca les enseña la maestra como les enseña cada letra del abecedario o cada número que van anotando para después hacer alguna cuenta aunque no se usan cuentas en los almacenes de los patrones, las que andan llorando por ahí son las mujeres hasta esas mujeres que la señorita cuenta que son pagadas para ir a llorar a los velorios cuando alguien se muere, lloronas que se lamentan gimen y sollozan como si fueran parientes del difunto por unas pocas monedas para que los deudos no se sientan solitarios.
Esas conversaciones recuerda que anulaban las preguntas que desde que comenzaban eran como un paso más para no preguntar de dónde se viene, de porqué se tienen amigos en las mismas condiciones cuando a los señoritos de la casa grande de la gran sala se los ve felices correr entre personas mayores que parecen estar atentos a las cosas que necesitan porque cada vez que algunos de esos niños lloran les acercan un juguete o los montan a las hamacas colgadas en los quebrachos del parque.
Esas conversaciones son las que más recuerda y como las recuerda tanto son las que según él le fueron quitando lugar de su cabeza como para ocuparlos con las letras o lo números que se aprendieron en las clases improvisadas en los galpones de la finca con muchos niño y jóvenes de la peonada.
Así que no se sabrá mucho de las letras que juntas sirven para armar unas pocas palabras sobre las hojas amarillentas que compra en la ciudad la maestra con el dinero que le da Don Félix, así que no se sabrá mucho de los números que entran con paciencia y algunos latigazos, pero esas conversaciones de no llorar y menos de preguntar lo que a los mayores les incomoda bien que se recuerdan.
La maestra sabe, lo que no sabe es que a veces se llora por las cosas que faltan además de los recuerdos que no sobran.
Las que andan llorando por ahí son las mujeres los hombres no deben llorar nunca les enseña la maestra como les enseña cada letra del abecedario o cada número que van anotando para después hacer alguna cuenta aunque no se usan cuentas en los almacenes de los patrones, las que andan llorando por ahí son las mujeres hasta esas mujeres que la señorita cuenta que son pagadas para ir a llorar a los velorios cuando alguien se muere, lloronas que se lamentan gimen y sollozan como si fueran parientes del difunto por unas pocas monedas para que los deudos no se sientan solitarios.
Esas conversaciones recuerda que anulaban las preguntas que desde que comenzaban eran como un paso más para no preguntar de dónde se viene, de porqué se tienen amigos en las mismas condiciones cuando a los señoritos de la casa grande de la gran sala se los ve felices correr entre personas mayores que parecen estar atentos a las cosas que necesitan porque cada vez que algunos de esos niños lloran les acercan un juguete o los montan a las hamacas colgadas en los quebrachos del parque.
Esas conversaciones son las que más recuerda y como las recuerda tanto son las que según él le fueron quitando lugar de su cabeza como para ocuparlos con las letras o lo números que se aprendieron en las clases improvisadas en los galpones de la finca con muchos niño y jóvenes de la peonada.
Así que no se sabrá mucho de las letras que juntas sirven para armar unas pocas palabras sobre las hojas amarillentas que compra en la ciudad la maestra con el dinero que le da Don Félix, así que no se sabrá mucho de los números que entran con paciencia y algunos latigazos, pero esas conversaciones de no llorar y menos de preguntar lo que a los mayores les incomoda bien que se recuerdan.
La maestra sabe, lo que no sabe es que a veces se llora por las cosas que faltan además de los recuerdos que no sobran.
Sunday, June 05, 2011
LC - XIV -
LC – XIV -
De esos tiempos el recuerda solamente tres días que asocia siempre con su amigo Juan Sanfasón le dice porque el otro anda por todos lados con esa palabra rara que adónde será que la aprendió y porque como él no tiene un apellido que al menos recuerde como propio, siempre le dice el otro que no conoció ni a su mamá ni a su papá y que el peón que lo crió que es muy bueno le dijo hace mucho que no ande preguntando zonceras y que ayude con el trabajo.
El primer día deben haber tenido seis o siete años, nadie se ocupa tampoco de estas zonceras de saber el día que uno ha nacido algún otro filósofo del surco le dijo alguna vez que a nadie le importa la fecha de nacimiento como a nadie le importa la fecha en que uno se mueres, que uno llega y se va sin penas de uno ni glorias propias, ese primer día que recuerda de aquellos días fue un atardecer que se encontraban metidos con otros peones ayudando en la siembra del tabaco, cuando ellos corrían patapilas acarreando viandas y herramientas para los paisanos que se deshidrataban debajo del sol todo el día, cuando a él y al otro los llamó Don Félix y les anunció con tono de orden que comenzaran a aprender a leer y a escribir con una maestra que se arrimaría tres veces a la semana a la finca con ese propósito de que ellos fueran mejores a sus mayores que volvían deshidratados de las siembras y también de las cosechas.
El segundo día fue al fin del año siguiente cuando con una letra redonda y grandota como la que le salía logró anotar a duras penas partes del abecedario entero. A, b, C, D, y todas las otras olvidando alguna confundiendo otras con mayúsculas o minúsculas, en una hoja amarillenta y utilizando un lápiz de grafito que les prestaba esa señorita simpática buena y comprensiva que tuvieron porque además de enseñarles les buscaba siempre un tiempo libre para que volvieran corriendo patapilas a los surcos donde los otros trabajaban.
El tercer día fue al fin del año siguiente y lo recordaba porque a duras penas logró hacer tres sumas y tres restas alcanzando solamente hasta las decenas.
Era un trabajo más pesado que el que deshidrataba andar con estas vituallas por más simpática, buena y comprensiva que fuera la señorita.
De esos tiempos el recuerda solamente tres días que asocia siempre con su amigo Juan Sanfasón le dice porque el otro anda por todos lados con esa palabra rara que adónde será que la aprendió y porque como él no tiene un apellido que al menos recuerde como propio, siempre le dice el otro que no conoció ni a su mamá ni a su papá y que el peón que lo crió que es muy bueno le dijo hace mucho que no ande preguntando zonceras y que ayude con el trabajo.
El primer día deben haber tenido seis o siete años, nadie se ocupa tampoco de estas zonceras de saber el día que uno ha nacido algún otro filósofo del surco le dijo alguna vez que a nadie le importa la fecha de nacimiento como a nadie le importa la fecha en que uno se mueres, que uno llega y se va sin penas de uno ni glorias propias, ese primer día que recuerda de aquellos días fue un atardecer que se encontraban metidos con otros peones ayudando en la siembra del tabaco, cuando ellos corrían patapilas acarreando viandas y herramientas para los paisanos que se deshidrataban debajo del sol todo el día, cuando a él y al otro los llamó Don Félix y les anunció con tono de orden que comenzaran a aprender a leer y a escribir con una maestra que se arrimaría tres veces a la semana a la finca con ese propósito de que ellos fueran mejores a sus mayores que volvían deshidratados de las siembras y también de las cosechas.
El segundo día fue al fin del año siguiente cuando con una letra redonda y grandota como la que le salía logró anotar a duras penas partes del abecedario entero. A, b, C, D, y todas las otras olvidando alguna confundiendo otras con mayúsculas o minúsculas, en una hoja amarillenta y utilizando un lápiz de grafito que les prestaba esa señorita simpática buena y comprensiva que tuvieron porque además de enseñarles les buscaba siempre un tiempo libre para que volvieran corriendo patapilas a los surcos donde los otros trabajaban.
El tercer día fue al fin del año siguiente y lo recordaba porque a duras penas logró hacer tres sumas y tres restas alcanzando solamente hasta las decenas.
Era un trabajo más pesado que el que deshidrataba andar con estas vituallas por más simpática, buena y comprensiva que fuera la señorita.
Saturday, June 04, 2011
LC - XIII
LC – XIII -
Le cuesta creer las historias que llevan y traen los pescadores, las historias que llevan y traen los peones de las fincas borrachos todos los días de sus francos, pero más le cuesta creer que los parroquianos más puros se las crean de todos los relatos que andan dando vuelta junto con los comentarios y todos los chismes, el cura está cansado de maldecirlos y de bendecirlos, a esa misma gente que no tiene otros entretenimiento que andar ocupándose de las intimidades y los secretos de los otros, le cuesta creer que los demás crean porque el es uno de los que no cree lo que otros creen es la vida de los demás sino un reflejo de la vida de los demás cada vez que se emborrachan cuando hay fiestas patrias cuando hay fiestas patronales o cuando hay cualquier otra fiesta.
Cuando soñando o en estados de ensueños hacen como que ven fantasmas cuando no se dan cuenta pero a los fantasmas los cargan propiamente ellos con las culpas que acarrean con sus osamentas desde siempre, cada vez que después de algún suceso el cargo de conciencia les cae con todo el peso sobre sus espaldas después de haber traicionado después de haber mentido después de haber matado.
Le cuesta creer la historia pero no le cuesta creer que está bien que se las crean, a veces piensa que es él el que tiene cambiada la fantasía o que no puede vivir la fantasía como la viven los otros cuando quisiera hacerlo, creer que hay que sentir miedo por algunas cosas, que algunas cosas deben servir para temblores, que en definitiva a veces es bueno temblar o tener miedos para saber de la intensidad y de la importancia del alivio, que los fantasmas son al final una prolongación de las personas y de las circunstancias que quedan inconclusas y que en algún momento deberán finalizar.
Parte de la vida es un reflejo de las sombras de las propias huellas que se van dejando a medida que se va andando.
Parte de la vida es la muerte, y la muerte es un reflejo de las sombras y de las propias huellas que se van dejando a medida que se va muriendo.
Cada día se nace un poco cada día se muere un poco.
De ellos dijeron que la peor era ella que si bien no andaba con muchos hombres por ahí algunos la escucharon comentar que se había dado después de juntarse con él que él era muy viejo para ella, que ella era casi una niña y él un pícaro ya crecidito, que ella necesitaba un hombre más joven para que la atienda todas las veces que necesita estar atendida.
De ellos dijeron que él era mejor que ella pero que era un pícaro que andaba con varias de catre en catre, y que así es que fue cayendo en la trampa de la más chica que le anduvo zarandeando las polleras hasta que lo hizo que perdiera porque justo que él quiso hacerse hombre de la misma mujer ella quiso hacerse mujer de varios hombres.
Le cuesta creer las historias que llevan y traen los pescadores, las historias que llevan y traen los peones de las fincas borrachos todos los días de sus francos, pero más le cuesta creer que los parroquianos más puros se las crean de todos los relatos que andan dando vuelta junto con los comentarios y todos los chismes, el cura está cansado de maldecirlos y de bendecirlos, a esa misma gente que no tiene otros entretenimiento que andar ocupándose de las intimidades y los secretos de los otros, le cuesta creer que los demás crean porque el es uno de los que no cree lo que otros creen es la vida de los demás sino un reflejo de la vida de los demás cada vez que se emborrachan cuando hay fiestas patrias cuando hay fiestas patronales o cuando hay cualquier otra fiesta.
Cuando soñando o en estados de ensueños hacen como que ven fantasmas cuando no se dan cuenta pero a los fantasmas los cargan propiamente ellos con las culpas que acarrean con sus osamentas desde siempre, cada vez que después de algún suceso el cargo de conciencia les cae con todo el peso sobre sus espaldas después de haber traicionado después de haber mentido después de haber matado.
Le cuesta creer la historia pero no le cuesta creer que está bien que se las crean, a veces piensa que es él el que tiene cambiada la fantasía o que no puede vivir la fantasía como la viven los otros cuando quisiera hacerlo, creer que hay que sentir miedo por algunas cosas, que algunas cosas deben servir para temblores, que en definitiva a veces es bueno temblar o tener miedos para saber de la intensidad y de la importancia del alivio, que los fantasmas son al final una prolongación de las personas y de las circunstancias que quedan inconclusas y que en algún momento deberán finalizar.
Parte de la vida es un reflejo de las sombras de las propias huellas que se van dejando a medida que se va andando.
Parte de la vida es la muerte, y la muerte es un reflejo de las sombras y de las propias huellas que se van dejando a medida que se va muriendo.
Cada día se nace un poco cada día se muere un poco.
De ellos dijeron que la peor era ella que si bien no andaba con muchos hombres por ahí algunos la escucharon comentar que se había dado después de juntarse con él que él era muy viejo para ella, que ella era casi una niña y él un pícaro ya crecidito, que ella necesitaba un hombre más joven para que la atienda todas las veces que necesita estar atendida.
De ellos dijeron que él era mejor que ella pero que era un pícaro que andaba con varias de catre en catre, y que así es que fue cayendo en la trampa de la más chica que le anduvo zarandeando las polleras hasta que lo hizo que perdiera porque justo que él quiso hacerse hombre de la misma mujer ella quiso hacerse mujer de varios hombres.
Friday, June 03, 2011
LC - XII
LC – XII –
Jefatura de Policía
Departamento Central
Enero 26 de 1909.
Y Visto: el sumario instruido por dinuncia de Angélica Dolores acusando al Bonifacio Estrella de abusar de eyas y de sus hijas.
Y Considerando: que tanto la dinunciante como sus dos hijas son tres mujeres en estado de merecer, las que deben ya saber lo que le conbiene y puesto quean vivido muy a gusto con el acusado mientras él les daba de comer, y solo se quejan ahora cuando el cansado de sostener la familia las abandona para quedarse con una sola, lo que me parece muy bien echo, puesto que según se mire el abuso es más de ellas que de él.
Resuelvo: aprobar el procedimiento del Comisario de Alto El Molino – Campo castañares Don LC y disponer el archivo de estas atuaciones.
A ruego de Don Liberato Monje por no saber hacerlo, firmado.
Emilio Demilio
Secretario y Comisario de ordenes.
Los muertos no vuelven a aparecer al menos en cuerpo aunque digan los que nunca vieron que el alma puede andar quedando y penando o que el espíritu de los afligidos sale en la noches de luna sin luna de media luna de luna llena para asustar a los parroquianos que se levantan tan temprano para ir a las siembras o a las cosechas que parece que andan desvelados y noctámbulos en medio de las sombras que se bruzan y se mueven con los vientos o las brisas que mueven copas de árboles, chapas sueltas, basura y todo lo que levita por cuenta propia además de las almas o los espíritus.
Ella no es la que aparece lo que pasa es que a la gente le encantan esas leyendas que la asustan y asusta a todos los transeúntes.
Los delincuentes desaparecen de los lugares de los hechos se van porque saben que los comisarios y los agentes comienzan a buscarlo porque reciben ordenes de los políticos que quieren quedar bien con dios y con el diablo, los delincuentes desaparecen pero aparecen en otros lados libres de cuerpo como si nadie viajara de pueblo en pueblo que es lo que hace la mayoría yendo de siembra en siembre de cosecha en cosecha.
Los delincuentes se van de los lugares y vuelven, se van y vuelven, siempre están yendo y viniendo.
Jefatura de Policía
Departamento Central
Enero 26 de 1909.
Y Visto: el sumario instruido por dinuncia de Angélica Dolores acusando al Bonifacio Estrella de abusar de eyas y de sus hijas.
Y Considerando: que tanto la dinunciante como sus dos hijas son tres mujeres en estado de merecer, las que deben ya saber lo que le conbiene y puesto quean vivido muy a gusto con el acusado mientras él les daba de comer, y solo se quejan ahora cuando el cansado de sostener la familia las abandona para quedarse con una sola, lo que me parece muy bien echo, puesto que según se mire el abuso es más de ellas que de él.
Resuelvo: aprobar el procedimiento del Comisario de Alto El Molino – Campo castañares Don LC y disponer el archivo de estas atuaciones.
A ruego de Don Liberato Monje por no saber hacerlo, firmado.
Emilio Demilio
Secretario y Comisario de ordenes.
Los muertos no vuelven a aparecer al menos en cuerpo aunque digan los que nunca vieron que el alma puede andar quedando y penando o que el espíritu de los afligidos sale en la noches de luna sin luna de media luna de luna llena para asustar a los parroquianos que se levantan tan temprano para ir a las siembras o a las cosechas que parece que andan desvelados y noctámbulos en medio de las sombras que se bruzan y se mueven con los vientos o las brisas que mueven copas de árboles, chapas sueltas, basura y todo lo que levita por cuenta propia además de las almas o los espíritus.
Ella no es la que aparece lo que pasa es que a la gente le encantan esas leyendas que la asustan y asusta a todos los transeúntes.
Los delincuentes desaparecen de los lugares de los hechos se van porque saben que los comisarios y los agentes comienzan a buscarlo porque reciben ordenes de los políticos que quieren quedar bien con dios y con el diablo, los delincuentes desaparecen pero aparecen en otros lados libres de cuerpo como si nadie viajara de pueblo en pueblo que es lo que hace la mayoría yendo de siembra en siembre de cosecha en cosecha.
Los delincuentes se van de los lugares y vuelven, se van y vuelven, siempre están yendo y viniendo.



























