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Monday, June 27, 2011

discurso de la invisibilidad

Discurso de la invisibilidad.
Por más que haya resto por más que haya un plus un excedente, llega un momento en que irremediablemente en el comienzo uno siente que nadie lo ve o que en el mejor de los casos lo percibe un grupo reducido generalmente a unos pocos amigos de la pandilla, no todos porque los niños, esos niños que van pasando en esos tiempos y en esos espacios van sufriendo también por sus partes sus respectivas mutaciones, y esa invisibilidad viene acompañada de mucho desconcierto de las primeras rebeldías de los primeros cuestionamientos primero a quienes están cerca a quienes forman parte del círculo reducido del círculo reducido en el que definitivamente vamos transcurriendo, veo a esos dos niños por ejemplo invisibles para sus padres aunque visibles para el par de muchachas que los cuidan, o en todo caso invisibles cuando las cuestiones son importantes como las primeras desilusiones los primeros desencantos que van apareciendo con los primeros síntomas del acné entre otros desequilibrios hormonales y visibles en las reuniones resueltas como los bailes en las celebraciones cívicas o parroquiales cuando hay que mostrarse en familia, mutaciones a la invisibilidad que llega con ser un grande entre niños más pequeños con los cuales hasta ayer se jugaba o de ser muy pequeño entre compañeros un poquito mayores con los cuales ayer también se jugaba, sentir que los primeros a uno lo descartan porque con la torpeza y el tamaño uno les destruye castillos o fuertes apaches construidos con barro y arena humedecida o sentir que los segundos a uno lo descartan sospechando que de tan chiquilín se puedan buchonear a los mayores travesuras inconfesables como ir a espiar a la Ramona mientras se cambia bombachas, por más que haya resto por más que haya un plus un excedente hay un momento en que uno se vuelve invisible para la minitas que miran a los más grandes.
Aunque uno se llame Juan, o tenga un nombre que despierte curiosidad hay momentos de invisibilidad allá en la temprana incursión a un mundo lleno de invisibles más que de visibles, a un mundo de fantasmas antes que de tranquilos ciudadanos que en grupos muy reducidos conversan y se entretienen en tertulias donde los chicos no tienen cabida ni siquiera si son adolescentes, antes se los manda a la cama.
Perfecto el ambiente nunca uno y perfecto, lejos de lo que es la condición de serafín de carne y hueso en las reuniones que se organizan los sábados a las tardes cuando se juntaban los visibles en sus asaltos para comer y beber y bailar hasta la medianoche, amontonamientos en los que se anduvo sin que nadie se enterara demasiado, registrando la pulcritud de los visibles registrados en sus apariencias de impolutos de divertidos impávidos explicando sus virtudes nunca sus defectos.
Si nadie se equivocaba entonces por qué había accidentes, muertes y amigos pobres, seguramente por otro invisible aunque de tan famoso visible, el Jesús del catecismo, el pastor de tantos visibles que son solamente invisibles caminando al revés de él que es un invisible que se hace visible en cada uno de nosotros y en cada uno de nuestros días.

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