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Sunday, June 26, 2011

el discurso del instante

El discurso del instante.
Como los instantes de las películas que seguimos en infinidad de películas que pasaban en los matinés y las selectas cuando no pudimos entrar en las noches porque éramos menores veo dos niños pasando sus pantallazos, ellos no lo saben lo sé yo que fui uno de ellos como esos como tantos que vamos creciendo con ayuda o sin ayuda material o de la otra, de esa que también interesa porque es la que después nos conduce a los médicos de los enfermos mentales les llaman con elegancia cuando se refieren a los locos, como yo como cualquiera de los otros perfectos, no prefectos que esos son los alcaldes bolivianos o los de la prefectura, moqueando entonces como chiquilines que no son los mismos niños de siempre son otros niños, con otras realidades, amigos de los otros, niños que no son los mismos justamente porque sus momentos son como esas películas que vimos que por largas que fueran empezaban y terminaban, justamente como los intervalos que servían para comprar las golosina los sugus o los Adams, los praliné o las garrapiñadas que los vendedores ambulantes amontonados ofrecían en esos momentos que pasaron, soplos que quisimos mantener como cualquiera sin las exageraciones de cualquiera de los que además se sometían a operaciones para borra el tiempo de caras y cuellos el mismo tiempo que irremediablemente pasa en los demás y en los entornos, en instantes los veo como fueron a esos niños viviendo en esos mundos mientras otros más grandes soñando con su niñez de la misma forma que de chico se espera la mayoría de edad para hacer lo que se supone son los disfrutes de la vida, escuchando en el tocadiscos a Nat King Cole cantando aquellos ojos verdes mientras se dibujan planos de futuras construcciones calculando estructuras, escuchando o a Eddie Gorme con el trío los pancho me importas tú y solamente tú mientras otros preparan clases para los niños del quinto grado, instantes, pantallazos, ráfagas de vida llegando y partiendo como llega y parte la vida de cada cosa animada que anda dando vueltas, en medio de la pretensión escasamente original de una inmortalidad que a veces parece que se tiene pero que en realidad no se tiene porque eso es cosa de otros a los que aunque lamentes no estamos viendo, instantes, como fotografías registrados como si fueran eso o no registrados porque cuentan los que se recuerdan pero quedan en algún lugar del espacio la resonancia de otros que no se tienen en cuenta, momentos buenos momentos malos, lapsos blancos y lapsos negros, que van quedando que se pierden o emergen de la superficie de la conciencia, de esos dos niños o más niños lanzados a una carrera en la que a veces se quiere perpetuar los instantes o en arruinar los relámpagos de las inmortalidades que nos rodean.
El instante puede derivar en una eternidad, la eternidad ser solamente un instante.

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