El discurso de PJP, cinco.
(Los juegos de luces, escenas, monólogos o diálogos deben ser ágiles y dar la idea de los contrastes de los que se habla o de los que se van mostrando)
Blanca – buen padre mal marido, una mezcla como el carnaval.
Eufemia – sería mejor buen marido luego buen padre, o que para ser buen padre debería ser buen marido porque no sé si embromando a la mujer no está embromando a los hijos.
Blanca – muy complicado para que yo te lo entienda, además parece como que estás sangrando por la herida, me doy cuenta de cómo se cruzan las miradas con el señor y cómo te mira.
Eufemia – siempre la misma bruta para decir las cosas, ya te dije que no te metas con los asuntos que no te interesan o de los que no sabes nada.
Blanca – me doy cuenta de cómo lo miras vos, y es por eso que me parece exagerado lo que decís del tipo, al final el problema es con ella y no con ninguna de nosotros, bastante que nos paga los sueldos.
Eufemia – y lo mío con él no es un problema tuyo en todo caso, aunque te parezca lo del carnaval o divertida como la tarantela que se escucha, tampoco lo que yo piense de él de su familia y aunque yo esté acá para cuidar de su hijos que ese es el trabajo que me piden.
Veo dos niños aspirando contradicciones, respirando suspensiones que después con el tiempo deben tener importancia para nuestra forma de ser, disidencias no propias que no pueden volverse coincidencias para los que importan y menos para los que incorporan esa información en el subconsciente, tipos que después andan como pasa con muchos de sillón en sillón de falsos profetas convertidos en psicoanalistas barriales que no solucionan ni un pomo de un pomo que para uno está lleno de miserias, nadando en la hipocresía cargada de esos años absorbiendo información no clasificada, más allá de las simulaciones que desde muy temprano nos dicen que son necesarias para vivir en la sociedad, esas que esconden las miserias que convertimos en más miserias que se mezclan con las miserias ajenas, miserias que se confirman miserias que se modifican miserias que se descubren miserias que transcurren que hacemos notar que destruimos que disimulamos que inventamos, veo dos niños solos aspirando negaciones de adultos negados que se niegan a sí mismos aunque lo disimulen, veo a esos niños muchos años después, en realidad no son más esos niños son dos adultos casi viejos en el camino aleatorio de aprender a volver a ser niños que a muchos de los que andamos no nos es posible hacer, el camino inverso, los veo hurgando en algún lugar del pasado para encontrar no se muy bien qué, pero hurgando rastreando en el lastre de ser un don nadie y creyendo haber alcanzado la cúspide de la existencia aunque esa cúspide no sea la misma que la de cualquiera, los veo perdidos en un entorno de perdidos así que perdidos del todo.

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