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Wednesday, June 29, 2011

segundo discurso de la invisibilidad y de la imbecilidad

Segundo discurso de la invisibilidad.
Voces de imbéciles repicaron retumbaron replicaron se reflejaron contra progenitores para poner tristes a progenitores presentes para comprar las provisiones ausentes para escuchar las quejas las palabras que transcribían inexplicables resentimientos de rebeldías sin causas de rebeldes sin causas a parsimoniosos con causas, aunque fueran causas menores o causas perdidas de insurrectos sin fundamentos o derechos a otros que se esforzaban para que todos los de la mesa chica de la familia tuvieran para que no hubieran privaciones de ninguna índole y menos la del hambre y la de la fiebre palúdica de esos tiempos, voces de imbéciles se alzaron en medio de tempestades reales cuando fueron las circulaciones de parentelas que mostraron individuos que se continuarían viendo por mucho tiempo y otros que se vieron por únicas veces que no volvieron a pesar de los tiempos y las oportunidades cuando fueron, circulaciones que mostraron nautas llegando nautas llegando de esos lugares partiendo a esos lugares insondables inconmensurables, las circulaciones en un universo intervenido por usurpadores con uniformes aplaudidos por aplaudidores de esos que aplauden a todos que andan con un poco de poder en que los oximorones de ese poder eran las balas y las bombas, cuando la imbecilidad fue como una fiebre pasajera que a veces subía que a veces bajaba no un estado de la naturaleza como lo es en algunos que continúan igual de imbéciles siempre a lo largo de toda su vida, cuando dejaba de ser solamente un síntoma para convertirse en una dolorosa patología no solamente para el que lo es sino para los que se lo tienen que aguantar con sus pruritos y mañas, cuando fueron las circulaciones de los asaltos que no remitían a acciones delictivas sino a farras espontáneas que se armaban en territorios limitados a los domicilios particulares con los permisos de los propios particulares que autorizaban los solaces de sus retoños, voces de imbéciles repicaron retumbando en el espacio invisible de la vaguedad de una existencia que va tomando forma inexorablemente en su camino al purgatorio de una existencia estandarizada en la que ninguno tiene coronita aunque la haya tenido en su paso terrenal, voces de imbéciles se oponían a otras voces de imbéciles también pero entre los cuales circulaban los que no lo eran en la doble imbecilidad que algunos tenían de creerse más que los demás cuando lo cierto es que no pasan los estados larvarios de gusanos que son de la misma especie, voces de imbéciles perduraron en caprichos efímeros de caprichosos que se quedaban así o que se volvían más tratables, cuando no se podía articular una palabra entonces menos se podía articular una conversación y menos se podía articular una conversación con alguien del género opuesto, imbéciles cansados de los plantones hasta entrada la noche o la madrugada en esos asaltos en los que se bailaban temas de otras latitudes o del folclore.
Voces de imbéciles retumbaron cuando parecía que la imbecilidad como la invisibilidad era una excepción no la regla.
Voces de imbéciles retumbaron cuando parecía que la perfección era la excepción no la regla de los imbéciles.

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