Discurso de Plus Juan Perfecto, dos.
Perfecto, no prefecto, prefecto eso es un intendente en Bolivia donde en algunos casos les llaman alcaldes como hacen en otras localidades para nombrar a los que gobiernan que por lo menos los que conocemos son una mezcla de comedidos con ladrones que pueden ser ordinarios o de guantes blancos que transfieren fortunas de los estados y como magos las transforman en fortunas personales sin nadie que los investigue y menos que los castigue, pero continúo conmigo y con mi otro yo, conmigo que soy normal como ya lo dije y con el que vive conmigo que es un tipo perfecto que nunca se equivoca, bajo ninguna circunstancia aún equivocándose, instancia que puede tener el aspecto de ser contradictoria pero que no lo es y trataré de explicar a lo largo de este monólogo, o no y quedará ahí sin explicación como todas las realidades sin explicación que nos rodean, continuaré conmigo y con mi otro conmigo hablando de esa simbiosis que hará que aunque nos vean distintos al comienzo en una primera mirada después nos verán similares al final en una mirada posterior, perder diferencias para ganar en similitudes sucesivas.
Bien igual, decimos por aquí que es lo mismo que decir mal pero no me importa que lo hagas mal porque todo lo que hagas para mí está bien, esa es la figura, bien igual, no me importa corregirte porque para mí estará bien siempre aunque haya estado mal y no me importa si los demás piensan que está mal porque yo digo que está bien, aunque no sepa diferenciar muy bien cuándo interesa que el mal esté bien o que el bien esté mal más para vos que para mí especialmente si dependes de mi para tu formación.
Verán, comenzamos con los ejemplos de los contrastes pero de los contrastes con las definiciones propias, en un escenario donde además de pasar del blanco al negro hay negros y blancos establecidos por decretos personales que neutralizan cualquier posibilidad de cambios o de adecuaciones a los que hacen o dicen los otros que es justamente con quienes vivimos, distinto este al tiempo aquel donde mal significaba mal y bien significaba bien, sin mezcolanzas perjudiciales que además incorporan nuevas formas de contrates, porque si para mí lo que hiciste está mal pero a mí me parece bien es posible que para otro suceda así de la misma manera y que ese otro tendría legítima aspiración a defender una posición similar que llevada al extremos sería que todos vivimos en una situación de bien igual aunque esté mal, nos vemos así con nuevas formas de simbiosis aunque la efectividad de misma para mí para mi interlocutor para ustedes para los demás es al menos cuestionable.
Verán, me considero un sobreviviente en un sistema imperfecto en las aguas desbordadas de una sociedad con aspecto de perfecta, porque he resistido a todos los embates de ese otro yo que desde muy adentro me empujó innumerables cantidades de veces a darme la razón, a decirme en la soledad bien igual cuando estuvo mal, mi actitud mi comportamiento lo que fuera, y creo firmemente que la condición de sobreviviente tiene que ver con la simultánea posición de resistencia a las estupideces que portamos en nuestros genes e idiosincrasia y a mancarme las desventajas que esa misma resistencia trae que son de magnitudes y de cualidades diferentes y no todas fáciles de superar, ¿quién resiste sin tarjetas de crédito?, ¿sin viajes de vacaciones quién supervive?.
Verán, hay otros sobrevivientes, docenas, centenas y miles de sobrevivientes sin diferencias de edades ni de nacionalidades ni de razas, con el yo acallado por llamarlo de alguna manera, en su mayoría héroes cotidianos que todos los días se levantan con buenas ondas o con las ondas disminuidas a comenzar con su lucha en un mundo desparejo en el que los que está mal está mal y lo que está bien está bien aunque esos males y bienes no lo sean de esa manera sino de la manera que lo determinan los determinadores de malos o buenos que son los atildados pulcros los prolijos que lograron quedarse en la parte más confortable del sistema, con los cual les estoy diciendo en realidad que volvemos al punto que no hay malos o buenos absolutos sino también relativos y que esos malos y buenos dependen de la caída que tienen quienes los sostienen ante el público que lo demanda y los consume, hay otros sobrevivientes, sin voz, lejos de los flashes de la popularidad y la fama pero son los que sostienen los sistemas armados y que no son precisamente los mismo que utilizan esa consigna del bien igual.

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