LC – XVI -
La maestra sabe de las letras que una a una se van poniendo en el pizarrón y después en el papel escribiendo con un lápiz para repetir una y otra vez para que él las aprenda y aprenda cómo se debe hablar correctamente, aunque los peones hablen de una forma diferente a la que habla ella que además es de un forma diferente a la que habla Don Félix que cuando habla con ellos habla de una forma y cuando habla con ella lo hace de otra forma y las diferencias son las carajeadas y los tonos que con ella se hacen más suaves y entonces ella se sonroja, y él no entiende nada.
La maestra sabe de números de esos números que cuestan porque hay que aprenderlos uno por uno pero lo más difícil es cuando ella lo hace que arme docenas y centenas cuando lo hace hacer las sumas y las restas que él entiende menos las segundas que las primeras con eso de llevarse uno y encima acordarse o eso que hay que acordarse se desprende de la docena del otro o de la centena que es lo máximo y así cada una de esas tardes pesadas que se hacen un poco más llevaderas cuando ella explica sobre instrucción cívica o le cuenta historias y leyendas de todos lados y otras clases parecidas.
Ella sabe de todo eso y se pasea segura de una punta a la otra del rincón del galpón que sirve de aula mientras le habla de no andar llorando y quejándose de todo que ya bastante tienen con tener comida y abrigo aunque después tengan que hacer algunas changuitas en los surcos ayudando a los mayores. Ella sabe de todo menos de estas cuestiones.
Es que lo ha pescado con la cabeza gacha y cabizbaja y eso parece que le molesta, lo encontró entristecido vaya a saber porqué razones pero él ya crecidito le contesta que no se preocupe y le miente que él no llora porque no se acuerda y porque nadie se acuerda de lo que él quiere acordarse y no se acuerda, que no se preocupe porque se llora por comparación y él no puede compararse con nadie y no puede comparar nada le dice iracundo como anda desde que cumplió los doce años. Se puede llorar por lo que no se tiene si se ha querido tenerlo pero si no se ha querido tenerlo o directamente no se tuvo entonces no se puede llorar y entonces no se llora, a lo mejor sean lagrimeadas nomás que se dan protegido por las paredes verdes de un cañaveral porque no hay con quien hablar cuando otros vienen y se toman de lo que no es y pelean para quedar bien con el patrón que los premia y le reclama que él tiene que ser mejor porque es su protegido, tantas vicisitudes tiene Liborio para quedar curtido.

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