LC – XXI -
Casimira es una china proba, también prolífica que tiene que lidiar con los diez críos que le ha hecho el Porfirio de tanto llevarse bien como se llevan, y tiene que lidiar en serio porque él le ha dicho que ninguno está en edad todavía como para andar en la cosecha del tabaco con las manos rasgadas y sangrando, que mientras les alcance para comer es mejor que los niños no trabajen como otros pequeños que trabajan.
Casimira es una china proba, prolífica y además muy viva aunque nunca haya tenido una sola oportunidad para aprender de letras y de números como algunos peones de la finca que aprenden con la maestra que Don Félix les ha puesto, diciendo que ellos deben hacer todo los posible para que los críos tengan una vida diferente a la de ellos, de andar día por día agachados y cosechando y en su mayoría de emborracharse en las carpas los fines de semana como si las penas se ahogaran.
Casimira es una china proba, prolífica, viva y lenguaraz que mantiene a raya a los diez críos contándoles historias de las leyendas que corren de boca en boca, sabe lo que a ellos les gusta sabe con los que los asusta.
Casimira les cuenta, la primera puñalada el hombre se la dio cuando habían caminado menos de un cuarto de legua en dirección a Campo Caseros y en el sentido del Campo Castañares, herido porque le había dicho que era un cornudo desde hace mucho y aturdido por la elocuencia de ella que lo seguía con una perorata que no se interrumpía y hacía de las palabras flechas que al otro se le incrustaban en todo el cuerpo, le hundió el firme facón a la altura de la panza hasta el fondo y encarnizado antes de sacarlo lo movió como dos veces a los lados, tambaleándose por el alcohol que le envenenaba el estómago y la cabeza, después del primero le dio dos puntazos más que entraron en la espalda y siguió caminando, pero ella lo siguió, arrastrándose como pudo llorando y hablando, provocando, así que él se volvió sobre la huella de sangre y de tierra y tirándose sobre ella le asestó otras puñaladas, y se sentó al lado extenuado y transpirando, puñalada que le daba menos era la borrachera que el paisano tenía y más el enojo que le entraba, así que después de esperar un par de horas la arrastró hasta las trochas del C-13 y dejó el cuerpo atravesado en las vías.
Casimira cuenta que la mujer estaba viva, inmóvil habrá estado hasta que el tren le pasó por encima.
Casimira es una china proba, prolífica, viva y lenguaraz que ahora les dice a sus niños que en las noches el almita de esa mujer le aparece a cualquiera que pase por ese lugar que ha quedado maldito.
Casimira tiene su versión de la leyenda, y a sus críos quietos por unas horas.

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