LC – XIX -
Se fueron caminando para los descampados de Campo Caseros en dirección de Campo Castañares.
Como le pasaba en cada borrachera él se olvidó del caballo que quedó resoplando en el amarradero, y zigzagueando caminó cabizbajo sabiendo que lo seguía, aún en la inconciencia esperaba que no lo siguiera, él se conoce y bien que sabe que caminando un par de horas y quedando rendido otro par de horas tirado sobre la hierba el frío del sereno lo termina despejando y, despejado, vuelve al yugo de su trabajo y al yugo de todas sus obligaciones de parroquiano tranquilo, zigzagueando fue avanzando sabiendo que lo seguía esperando que no lo siguiera y si lo estaba siguiendo que se quedara callada que terminara con las provocaciones que habían comenzado temprano el mediodía y entre cucharada y cucharada del locro pulsudo que compartieron cuando comenzaron solidariamente, zigzagueando fue escuchando lo que decía, a los gritos detrás de él como si hubiera enloquecido y fuera que había que terminar con todos los temas de golpe.
Como le pasaba en cada borrachera ella se fue detrás de él olvidando que cuando está lúcida ella le anda contando a todos mentiras y verdades del viejo de su marido, sabiendo que con seguirlo lo fastidiaba y que fastidiándolo hasta el hartazgo en algún momento vuelve a la temperancia, se fue siguiéndolo sabiendo que él no quiere que lo siga pero que tampoco le disgusta el seguimiento, llevan amañados más de diez años y ella lo conoce, por eso se fue detrás de él olvidando que cuando está lúcida ella le anda presumiendo a la paisanada y que de vez en cuando se amaña con alguno y ese mismo u otros se encargan de contarlo, se fue de él provocándolo con las provocaciones que habían comenzado temprano el mediodía en el bodegón donde se tomaron muchos tragos festejando el descanso largo de la quincena, zigzagueando fue diciendo a los gritos detrás de él todo lo que se le ocurría, como si hubiera enloquecido y fuera que había que terminar con todos los temas de golpe.
Como no le pasaba en cada borrachera, en algún punto del camino harto él sacó el facón y la mató de veinte puñaladas.
Salpicado de sangre la arrastró hasta las vías del ramal C-13 y la dejó atravesada como para que el tren le pasara por encima.
La noche estaba muy cerrada con nubes oscuras aprisionadas por un círculo de cerros.
Y hacían más de tres horas que en el ocaso un gallo había cantado.

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