El discurso de PJP, nueve.
Entonces apareció Dios como apareció en esos días con esos dos niños en la mirada de esos dos niños en la caricia de los mayores que posaban sus manos sobre las cabezas de los niños no solamente de esos dos niños sino también de los otros niños que iban y volvían de la parroquia que ayudaban en las fiestas patronales, ese dios apareciendo en las reconciliaciones de grandes y chicos vaya a saber con qué peleas de ellos mismos o de las peleas que tuvieron con otros, en esas primeras comuniones en las confirmaciones de los más grandes después, en cada domingo con el corazón latiendo porque había que contar en pocos minutos graves pecados de la semana, mentiras a mamá, insultos las malas palabras a los amigos toqueteos inconfesables de joda entre los mismos niños, deseos inconfesables por verle la bombacha a las niñas, eran todo un lío esas confidencias armarlas para contársela a Keyner que era un protestón de esos, eran un problema porque el cura renegaba y redoblaba las penitencias, en vez de un padrenuestro, dos o tres, rezar en rosario entero en cuenta de unos cuantos avemarías, niños que veo que siguen solitarios con sus niñeras o con la niñera y la cocinera que al final se van haciendo amigas con los progenitores ausentes o invisibles, de golpe, sencillamente si adornos ni ruidos estrepitosos, casi como vivió Jesucristo antes que armara los despelotes que contaban que armara en las ferias de los republicanos y de los samaritanos, de esos fariseos y los judíos que lo entregaron, calentón como era cuando veía que no le entendían un pomo de lo que andaba haciendo, su nombre entrando y saliendo en las conversaciones de las personas mayores aunque el catequista explicara una y otra vez que no había que usar su santo nombre en vano que quiere decir no decir ni repetir gracias a dios, ni exclamar dios y la puta madre, o admirarse ¡por dios!, me cacho en dios o dios quiera, porque porqué tendrían que estar nombrándolo en cada ocasión como una expresión de deseos que una ayuda caiga del cielo, esos pecadores en las tardecitas y en los rincones del pueblo que después aparecían con la luz del día los domingos para recibir la comunión y recibir la bendición que servía después para andar toda la semana una intervención venturosa, en vez de acostumbrarse a llamar al demonio que con el no hay problemas de nombrarlo mil veces en vano y no en vano demonio de porquería, a esos mayores que además de nombrarlo en vano lo pisoteaban cuando volvían a sus casas y lo hacían sufrir a cada rato como lo hicieron sufrir cuando se hizo carne, lo que no les convenía era pecado los que no les interesaba conviniéndoles o no, no era pecado, apareció Dios en las tardes para esos dos niños solitarios aunque andaban como si fueran una pareja para todos lados juntos, los mismos niños que veo en las quermeses después de las comuniones, después de recitar de memoria los padrenuestros o los avemarías porque el credo y el pésame son más pesados y más difíciles de memorizar, esos mismos niños que con otros niños van creciendo en las tardes de los viernes y en las mañanas de los sábados en el salón donde enseñaban catecismo el cura y el catequista que a medida que pasaban los días se notaba era solamente un intérprete del cura, de un catequista supervisado por el cura Keiner el gringo grandote al que le andaban chicos todos los atributos que se ponía los domingos incluida la sotana negra intensa que le llegaba arriba de los tobillos, atributos que se colocaba para dar sus misas en latín porque entonces eran en latín y entonces eran oraciones guturales u onomatopéyicas, oraciones que no se decían en el mismo idioma en el que nos pasábamos rezando para después no entenderle al cura y a sus repetidos dominus bobiscum o lo que fuera, por eso los niños molestaban y las misas se hacían en horas interminables y parecían carreras en la que se transpiraba no solamente porque la iglesia se llenaba especialmente en la misa de las once de la mañana en la que estaba todo el pueblo con sus caretas y sus hijos, veo esos dos niños pasando, posando repasando sin saber muy bien la verdad de todas esas actitudes de mierda de portarse para el carajo total después de una semana de portarse mal uno se confesaba comulgaba y a otra cosa.

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