Discurso de Plus Juan Perfecto, tres.
Yo soy un tipo normal como supongo que hay miles y miles de tipos normales por todo este largo y angosto territorio que algunos llaman país o patria pero que yo no puedo llamar más que territorio, aunque sería necesario hacer unas consideraciones sobre cuáles son los estándares que colocamos para poder hablar de normalidades o de anormalidades en su defecto, porque en un noventa y nueve por ciento de los casos no somos el resultado de nuestros méritos, detrás de cada uno de lo que parecen como logros hay un motivo inconfesable y espurio, no hay méritos esfuerzos recompensados, sí hay en cambio favores mutuos, compensaciones en dinero o en activos más preciados, acomodos, concesiones.
Porque para llamarlo país debería diferenciarlo adentro mío de otros países y eso no me pasa por lo menos emocionalmente, nada me ha pasado en una larga vida como para que pudiera identificarme con una organización que exagerando y para mí no tiene forma, cuando apenas estaba despertando a la conciencia, cívica pongamos el caso, a las cuestiones de la organización me di con que cientos miles de nosotros pedían a los gritos a los militares, compatriotas de carne y hueso clamando por gobiernos de facto sin que distinguiera entonces la diferencia entre el derecho y el hecho, entre la constitución y la trasgresión, primer schock de realidades versus aprendizajes, pronunciadas distancias entre el discurso y el decurso, abismos insalvables entre lo hablado y lo ejercitado, no pude hacer coincidir lo que veía o escuchaba con las lecciones de instrucción cívica del cura Martínez en tercer año del magisterio, multitudes pidiendo que vinieran los milicos como otras veces fueron y vinieron varias veces, que ellos saben de ordenar a la gente y de hacerle frente a los malevos o a los compadritos, decía la misma gente que hoy se encuentra por las calles diciendo que fueron unos maléficos personajes y personeros de imperialismos anónimos esos mismos que antes se vivaban, porque también en el noventa y nueve por ciento de los casos la gente no se muere en el transcurso de treinta años así que los que andan gritando ahora son más o menos los mismos que gritaban en esos años
Para que ordenaran cuestiones que parecían no se podían ordenar naturalmente, al menos eso es lo que declaraban los que andaban por las calles, y si esta es una manera que puede ser egoísta de pensarlo, tampoco me puedo identificar con las amorfas tomas que históricamente va tomando esta entidad que denominamos anodinamente país, desde la profundidad de una colonia y una dependencia que según yo no hemos abandonado nunca aunque por períodos cambiemos de referencias o patrones, porque para llamarlo patria debería sentir correspondencias emocionales que tampoco siento, coincidencias entre lo que veo y supongo que veo, entre declaraciones y ejercicios, contrariamente el sentimiento que me domina es justo el contrario, tengo la sensación que la patria no me debe nada y simultáneamente que a la patria no le debo nada, aunque debo confesar que a veces en la soledad y en las impotencias que vivimos se me caen unas lágrimas pensando en esta orfandad involuntaria que probablemente es culpa de Plus Juan Perfecto.
Él sí, en el otro extremo pertenece a este país y a esta patria que son al mismo tiempo porque él es lo que quiere decir que es la esencia de lo que somos definitivamente, él es perfecto, prolijo, pulcro, atildado, bien educado, buen vecino, y también como yo se multiplica varías veces a lo largo y a lo ancho de este extenso territorio, en cientos en miles de hipócritas que construyen sus oportunidades a costa de destruir las oportunidades de otros que por diversos motivos son o más débiles o más permeables a aceptar las condiciones de un juego que es sucio desde que entramos en la carrera.
Un contraste, por acá nunca somos lo que parecemos y en muchas otras oportunidades parecemos lo que no somos, pero esto que aparece como una debilidad en tipos como yo o como ustedes aparece como una fortaleza en tipos como PJP, para él la hipocresía es la mala palabra de normas de conducta o convivencia, y el cinismo y las mentiras instrumentos que es necesario utilizar para mantener las diferencias entre nosotros diferencias que por lo general establecemos según los patrones que copiamos de afuera, como copiamos las modas y las maneras.

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