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Thursday, June 23, 2011

discurso del cisma

Discurso de cisma, PJP diez
No desearás a la mujer del prójimo repetían los niños sin entenderlo en las tardes de catecismos tardíos porque siempre repasaban con el cura Keiner las lecciones que se daban, y también sin entender que si a eso no lo hubiera escrito un macho en realidad lo que eso significaba que lo mismo es no desearás el varón de tu prójima se dirá, que es la próxima en realidad que abre sus piernas a la altura de allá donde ellas tienen sus partes más calientes, cuando veo a esos dos niños perdidos desorientados aunque divertidos, pacientes pacíficos distraídos, y a más niños perdidos desorientados divertidos, pequeños errantes vecinos del vecindario que era un verdadero vecindario casi una aldea donde todos se conocían, niños que entonces pasaban igual que pasaban los años con los contrastes, con las diferencias entre lo que se decía o se escuchaba y lo que se decía con lo que se hacía, se fueron yendo las inconciencias las subconciencias fueron llegando las conciencias, la cantidad de veces de darse cuenta de golpe, fueron quedando atrás como los años los pasados y divertidos años las purezas, con la llegada de los dolores con las impurezas y las asperezas de la vida misma si se la podía comparar con una piedra pome rugosa y grande, y persistiendo las ausencias de las personas y de la explicaciones a esos mismos contrastes que no se explicaban entonces que no se explican y que probablemente nunca se explicarán, diferencias de cualquiera fueran esos padres ausentes fueran esas muchachas vivarachas una de las cuales más viva que la otra se encamaba con el señor de las casa que además se encamaba con otras mujeres o con otras putas, aunque los mandamientos en eso mandaban lo que mandaban no consentirás pensamientos ni deseos impuros, no codiciarás los bienes ajenos, ese mismo señor que tomaba como bienes a una o dos mujeres que no eran sus mujeres como la muchacha que terminó a las patadas con la señora de la casa que se encamaba a la vez según lo que corría entre las chusma con el primer adolescente que tuvo a mano, aunque dijera que no dirás falso testimonio ni mentirás, todos a contra manos de todos menos esos dos niños, solitarios solos aislados de algunos de los mandamientos, porque había algunos que los cumplían todo lo que se mandaba y otros unas partes nomás, como amarás a Dios sobre todas las cosas, que quién no habrá de quererlo si el devuelve queriendo sano machado o enfermo que sea el pecador, como amarás a tu prójimo como a ti mismo o el ya dicho no tomarás el nombre de Dios en vano, que es justo al revés de lo que hacen todos cuando se acuerdan de El en cada palabrita en cada maldición cuando deberían haber maldecido al demonio, a ese monstruo que la pasa tranquilo mientras El anda rescatando espíritus que se pierden o andan perdidos, o el de santificarás lo que santifiques pero santificarás las fiestas, que eso se cumplía porque no exigían mayores esfuerzos peleas mayores como los que hay que honrar, que no eran justamente aquellos que vivían tan enredados como enredados vivían otros en el mismo pueblo, honrarás a tu padre y a tu madre decía la letra y había que cumplirla, no matarás que así habrán querido hacerlo entre ellos los que peleaban entonces sin que pareciera, no cometerás actos impuros y actos impuros circulaban por todo el pueblo, en el que nadie dejaba de respetar el mandamiento de no robar el no robarás que lo cumplían todos.

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