Planta de ají flor de alelí pongan la guita que ya me vua í – V -
Nada le importa a Hipólito insólito que en una ráfaga de lucidez decidió irse hasta el puente, en la orilla del río conocido, río seco como él de ideas algunas veces, río caudaloso con agua como en otros cualquiera en el que juega otras veces tirando piedras de canto para que reboten infinitas veces, fuertes corrientes como las de su sangre bullendo por adentro corriendo como las aguas como corren sus historias y las historias de los otros, se fue hasta allí a jugar y a pensar en la decisión que lo asustaba, en un lugar en el que se podías decir cosas a sí mismo sin que nadie se lo recriminara, es decir igual a como lo hacían sus antepasados por lo menos a como lo contaban los que cuentan de lo que hacían sus antepasados, Hipólito indómito.
En el repaso desordenado de la borrachera aliviada por sueños o dormitadas esporádicas, recordó un antecedente recordó un precedente sin continuaciones, su padre alguna vez en el siglo participó de una demostración carnavalera fuera de época, para mostrar a una tal infanta que vino de España, la tradición y la gente de la larga heterogénea tierra argentina.
Pero eso fue diferente a lo que ahora tiene entre sus manos, se dispuso y se hizo una vez nada más sin repeticiones, distinto a lo que él desencadenaría si él acepta la oferta comercial bien comercial, asquerosamente comercial y moderna, bien de los tiempos que corren ia chai sapa jan kanki, porque lo que se diga repercutirá para adelante, el próximo año y el otro tambíen y los otros que sigan, convirtiendo seguro cada momento de una celebración cuidadosamente pergeñada, corrigiendo los plasmado por alguien hace bastante tiempo, esa misma fiesta en que los varones bailando detrás de las mujeres, y muy pegados a ellas, llegan hasta el lugar de un descampado que todos conocen para honrar a la pachamama, y cavan un pozo en sus entrañas del que sacan un muñeco, grande y armado con trapos prensados, y en jirones, y lo envuelven con un paño rojo al tiempo que gritan, claman y lloran ay carnaval.
Bailando, chupándose revolcándose todos juntos, hasta el final de esos días cuando idólatras sobre la tierra humedecida con chicha y aloja, descartan el rojo y envuelven esa cosa y envuelven otras cosas en un paño negro despacio, muy despacito, lagrimeando lloriqueando por lo que se termina, librando a su suerte a la diosa de la tierra, a la madre tierra, por un año más en su lucha con el demonio, Hipólito indolente, insolvente y que lleno de tierra se va bajando y hasta su casa quiere llegar, acicalarse para la fiesta y enharinado con el diablo se quiere abrazar, con las mujeres y el carnaval, ay carnaval.
Cuando el sábado despidió a los que lo visitaron desde temprano, los ecos de otras voces quedaron retumbando en el zaguán de su casa.
El de la promoción había estado con los de la comisión de milicos, milicos del gobierno que como siempre no descansan en eso de confirmar que meten sus narices en todos, los zurdos andan por todos lados dicen, espiando todos como espiaron a la gente en el último mundial de fútbol.
Después de aguantar el bullicio, la verborragia desbordada del señor Vera venimos por su buena predisposición ya suficientemente probada en otras ocasiones, a buscar su consentimiento para el cambio de horarios, una bicoca de diez, o de seis, apareció el seis como por arte de magia insinuante, insinuando en la intimidad de esa charla íntima que se tuvo, indescriptible y con guiños d ojos confirmando negocios concluidos promesas hechas y negocios paralelos.
Y en la tumba de su corazón, tumba tumba ya se arrepentía de haber dado su consentimiento, su sí para que la ceremonia se realice le domingo al mediodía, sin titubeos y en forma precisa, sin alardes sin arideces, sin sandeces que permitieran dar lugar a que piense a quien lo viera, quien te ha visto y quien te ve, prendido en correcciones o enmiendas inmediatas o futuras.
Así que tomando un trago más de vino de los infinitos que le deparaba el día como los días que vinieran, escuchó los ecos del retumbe de las cajas y los cantos de quienes ensayaban, el carnaval ya se muere ay carnaval, el carnaval ya se muere ay carnaval retumbando.
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Saturday, April 30, 2011
Friday, April 29, 2011
cajas y cajas - IV -
Planta de ají flor de alelí pongan la guita que ya me vua í – IV
Eso que no se deja nunca de buscar aunque no se sepa bien lo que es conductor, pastor involuntario cualquiera sea la época, que no se cambia para nada en el mundo menos por las porquerías por las sugerencias de los demás, el centro de gravedad de la carne nueva cacique, sin olores desagradables que se perciban o que turben jefe, rey y guía de todos lo que la vieron a ella en la noche tratar con el mandinga, que le habrá dicho que si esto es lo que quería ahí lo tenía, pero que se deje de embromar que no ande molestando a nadie nunca más pero a nadie en serio, como lo contaron antaño los sabios que al final son los más viejos y como lo detallaron los otros sabios que también fueron otros viejos porque los jóvenes están para otras cosas como para andar pensando y aconsejando y transmitiendo costumbres y mañas, otros sabios y otros coetáneos, y lo contaron todos los que debieron decirlo, de los que deben decir narrando, sabios y después de todos no sabios que conozcan los secretos que eso es hacerse viejo, habrán contado que lo último que se vio fue su cuerpo, mitad tierra mitad carne y sangre, con dos pañuelos envueltos en sus manos regordetas o hinchadas y sucias, un pañuelo rojo y otro negro, varios días después del solsticio del estío cuando el sol se pone en esta parte de la tierra y comienza la primera de las jornadas, cuando el pueblo se adueña de cales y veredas, y de todo lo que puede o lo que encuentra en agradecimiento al rey momo, el de la risa y el de la burla, y el del empacho y el del embarazo de la vírgenes inocentes que caen en manos de los endiablados porque se anda metiendo en todo.
Y el de la gayola al final de cuentas, que si bien viene selecciona y aprovecha y se raja, es tan benévolo por otro lado, tan indulgente tan considerado cuando quiere conseguir algo, que permite que la diversión para todos sea de seis días y seis noches.
Seis, dijo seis, interesantes millones que ya se verá en qué se utilizan, mientras tanto se duerme en la tibieza de la pobreza y encima de la pulcritud de los pobres pero honrados y orlados Hipólito alcohólico, vivo de todos los vivos, vos sos un avivado como le encantaba cargarlo su abuelo, ese viejo achacoso y malhumorado que ya se murió.
Negar o insistir con él no es lealtad, decir que sí es traición, a quién o quiénes, que no se sabe bien porqué andan disfrazados por ahí con plumas, lentejuelas y cristales pintados y coloridos, y flecos, pertrechados con hachas y lanzas y cuernos, como tienen los que los tienen y los que de buenos que son nomás se los aguantan.
Entender uno que una única vez está bien, que dos pueden ser y tres si son salteadas y seis que son una gansada y una agachada, y la mitad de un año si se lo cuenta por los meses, porque si es por los días son trescientos sesenta y cinco que es uno menos que seis, dijo seis como los millones que mencionó el de la lengua fácil, como al pasar y al que se escuchó, también como al pasar pero con la atención correspondiente a los negocios, y propios negocios, ése es el asunto y no equivocarse por aquí confundiendo la excepción con el cambio de costumbres, lo de una sola vez con lo de siempre, lo de aceptar quedarse con el vuelto, con doblegarse atenta y eternamente para la posteridad, y todos los hombres que quieran habitar donde dice el mismo preámbulo, de esa constitución que aplican los jueces injustos, jueces que a veces los tienen en cuento y a veces no los tienen en cuenta que otras veces los ignoran.
Ya se verán, para cuando se caigan por allá al cielo o adónde fuera, pero mientras tanto, en las demasiadas y repetidas y únicas veces está el problema, medio doblao, de imponer una rutina nueva, por un viraje como el de uno, trastabillao, como quien no sabe adónde ha de parar, así lo pescó la mañana mal parado, así lo pescó la mañana del viernes, somnoliento y hablador de inconsistencias, o de la forma que a nadie pero a nadie le importa.
Eso que no se deja nunca de buscar aunque no se sepa bien lo que es conductor, pastor involuntario cualquiera sea la época, que no se cambia para nada en el mundo menos por las porquerías por las sugerencias de los demás, el centro de gravedad de la carne nueva cacique, sin olores desagradables que se perciban o que turben jefe, rey y guía de todos lo que la vieron a ella en la noche tratar con el mandinga, que le habrá dicho que si esto es lo que quería ahí lo tenía, pero que se deje de embromar que no ande molestando a nadie nunca más pero a nadie en serio, como lo contaron antaño los sabios que al final son los más viejos y como lo detallaron los otros sabios que también fueron otros viejos porque los jóvenes están para otras cosas como para andar pensando y aconsejando y transmitiendo costumbres y mañas, otros sabios y otros coetáneos, y lo contaron todos los que debieron decirlo, de los que deben decir narrando, sabios y después de todos no sabios que conozcan los secretos que eso es hacerse viejo, habrán contado que lo último que se vio fue su cuerpo, mitad tierra mitad carne y sangre, con dos pañuelos envueltos en sus manos regordetas o hinchadas y sucias, un pañuelo rojo y otro negro, varios días después del solsticio del estío cuando el sol se pone en esta parte de la tierra y comienza la primera de las jornadas, cuando el pueblo se adueña de cales y veredas, y de todo lo que puede o lo que encuentra en agradecimiento al rey momo, el de la risa y el de la burla, y el del empacho y el del embarazo de la vírgenes inocentes que caen en manos de los endiablados porque se anda metiendo en todo.
Y el de la gayola al final de cuentas, que si bien viene selecciona y aprovecha y se raja, es tan benévolo por otro lado, tan indulgente tan considerado cuando quiere conseguir algo, que permite que la diversión para todos sea de seis días y seis noches.
Seis, dijo seis, interesantes millones que ya se verá en qué se utilizan, mientras tanto se duerme en la tibieza de la pobreza y encima de la pulcritud de los pobres pero honrados y orlados Hipólito alcohólico, vivo de todos los vivos, vos sos un avivado como le encantaba cargarlo su abuelo, ese viejo achacoso y malhumorado que ya se murió.
Negar o insistir con él no es lealtad, decir que sí es traición, a quién o quiénes, que no se sabe bien porqué andan disfrazados por ahí con plumas, lentejuelas y cristales pintados y coloridos, y flecos, pertrechados con hachas y lanzas y cuernos, como tienen los que los tienen y los que de buenos que son nomás se los aguantan.
Entender uno que una única vez está bien, que dos pueden ser y tres si son salteadas y seis que son una gansada y una agachada, y la mitad de un año si se lo cuenta por los meses, porque si es por los días son trescientos sesenta y cinco que es uno menos que seis, dijo seis como los millones que mencionó el de la lengua fácil, como al pasar y al que se escuchó, también como al pasar pero con la atención correspondiente a los negocios, y propios negocios, ése es el asunto y no equivocarse por aquí confundiendo la excepción con el cambio de costumbres, lo de una sola vez con lo de siempre, lo de aceptar quedarse con el vuelto, con doblegarse atenta y eternamente para la posteridad, y todos los hombres que quieran habitar donde dice el mismo preámbulo, de esa constitución que aplican los jueces injustos, jueces que a veces los tienen en cuento y a veces no los tienen en cuenta que otras veces los ignoran.
Ya se verán, para cuando se caigan por allá al cielo o adónde fuera, pero mientras tanto, en las demasiadas y repetidas y únicas veces está el problema, medio doblao, de imponer una rutina nueva, por un viraje como el de uno, trastabillao, como quien no sabe adónde ha de parar, así lo pescó la mañana mal parado, así lo pescó la mañana del viernes, somnoliento y hablador de inconsistencias, o de la forma que a nadie pero a nadie le importa.
Thursday, April 28, 2011
cajas y cajas - III -
Planta de ají flor de alelí pongan la guita que ya me vua í – III
Entenderlo uno ése es el asunto, le dijo a su mujer apremiada por los trajines del día y apurada por terminarlos antes de la medianoche, ah fue toda la contestación de ella, entenderlo y saber lo que se dispone eso es lo que corresponde y lo que les conviene, que con eso no se embroma a nadie pero a nadie en serio, continuó hablando por su cuenta mientras ella fregaba platos y calzones en baldes de aguan y con jabones diferentes, si se le pega son fichas que se ponen y se recuperan en la apuesta de hacer buena letra, o buena plata de esa plata que no viene con la quiniela, si la cosa no sale es malo y uno merece castigo acá o adonde sea, continuó sin darse cuenta que ya ni siquiera lo escuchaban, purgando la embriaguez avanzada y con medio cuerpo recostado sobre la mesa, ese cuerpo que en ocasiones no maneja y hablando solo como todas las veces iguales, adormeciéndose, durmiendo a medias por culpa de los derroches despliegues propios o impropios, de los miedos que asolan, miedos que desolan, renovando temores naturales y viejos o legados, los miedos que van y que vienen y que son por las dudas lo duda, ardores en la boca del estómago, una racha de los celos recelos que se tienen de pensar que en este mundo hay siempre injusticias y las habrá.
Y que por ellas a veces no pocas se premia a los malos y se castiga a los inocentes de este y en este mundo, como debe ser en ese más allá donde se va después de morir, pavor de presentir castigos equivocados aunque saber también que El no se equivoca que no puede equivocarse, castigos equivocados en la vida que viene después de la vida, o en la muerte que vienes después de la muerte, porque si es por los reconocimientos de hacer todo bien eso nunca, las gracias que no te dan que no se conocen ni se conocerán son otro asunto.
Miedo de sospechar que allá en algún lado, impalpable como el azúcar, azuquita sublime a veces morenita, hay almas buenas retorciéndose en el infierno y hay almas malas deslumbrando deambulando y haciendo pitos catalanes a los que pensaron diferente acá sobre el cielo, miedo por cuándo y cómo se determina esa dirección en esta vida, en este pasar de modorras que adormecen, de abominaciones subordinaciones sublimaciones y alucinaciones, y gastritis como las habrá tenido la pachamama, de esa niña de la que cuentan como anécdota de doce generaciones pasadas o veinticuatro o las que fueran, en nombre y a cargo de pares que se salvaron gracias a ella y se seguirán salvando aunque no lo reconozcan, porque son muy perezosos y viven pensando que mientras los demás batallen por ellos albricias.
La cuña más hermosa de su tiempo ia chai sapa, alma buena como pocas en este mundo, abnegada por jugarse el todo por el todo cuando la necesitaron, a escuchar a los que clamaban por palabras y hablar a los que se quejaban en silencio sin levantar el polvo o hacer muchas estridencias, ella que pasó por la histeria a la historia que no le interesa a nadie o le interesa a pocos, como si hubiera presentido la opresión y el sufrimiento posteriores de los tipos de su raza, y que por la mala suerte que tuvo de los dos caballos que tiraban el carro de su vida, uno se hundiera y arrastrara por la tierra y el otro se escapara sin ella hacia el cielo, vivo, avivado y vivito de porquería como todos aquellos que no gastaron ni una gota de tinta para contarlo, para contar de eso que hicieron los que vinieron de afuera con los que estaban adentro, vivo avivado y vivito haciendo comparaciones que no valen Hipólito.
Ella era jan kanki, desdibujada en la tierra oscura de la noche, y en la línea invisible del trópico de capricornio, para que la bronca de los dioses no llegue a los suyos, meneando sus caderas perfectas y mostrando unos pechos exuberantes y duros, bocaditos pretendidos y codiciados por el diablo entonces encarnado en un jefe de la tribu por vaya a saber qué disposiciones, trofeos pretendidos como si fueran frutas frescas para él o para ellos fue lo mismo, pero que como si se tratara de uno preguntaron por esos días por cajas y yapas, para aquello de poseerlo todo con exclusividades de reyes, de jefes de caiques o de conductores.
Entenderlo uno ése es el asunto, le dijo a su mujer apremiada por los trajines del día y apurada por terminarlos antes de la medianoche, ah fue toda la contestación de ella, entenderlo y saber lo que se dispone eso es lo que corresponde y lo que les conviene, que con eso no se embroma a nadie pero a nadie en serio, continuó hablando por su cuenta mientras ella fregaba platos y calzones en baldes de aguan y con jabones diferentes, si se le pega son fichas que se ponen y se recuperan en la apuesta de hacer buena letra, o buena plata de esa plata que no viene con la quiniela, si la cosa no sale es malo y uno merece castigo acá o adonde sea, continuó sin darse cuenta que ya ni siquiera lo escuchaban, purgando la embriaguez avanzada y con medio cuerpo recostado sobre la mesa, ese cuerpo que en ocasiones no maneja y hablando solo como todas las veces iguales, adormeciéndose, durmiendo a medias por culpa de los derroches despliegues propios o impropios, de los miedos que asolan, miedos que desolan, renovando temores naturales y viejos o legados, los miedos que van y que vienen y que son por las dudas lo duda, ardores en la boca del estómago, una racha de los celos recelos que se tienen de pensar que en este mundo hay siempre injusticias y las habrá.
Y que por ellas a veces no pocas se premia a los malos y se castiga a los inocentes de este y en este mundo, como debe ser en ese más allá donde se va después de morir, pavor de presentir castigos equivocados aunque saber también que El no se equivoca que no puede equivocarse, castigos equivocados en la vida que viene después de la vida, o en la muerte que vienes después de la muerte, porque si es por los reconocimientos de hacer todo bien eso nunca, las gracias que no te dan que no se conocen ni se conocerán son otro asunto.
Miedo de sospechar que allá en algún lado, impalpable como el azúcar, azuquita sublime a veces morenita, hay almas buenas retorciéndose en el infierno y hay almas malas deslumbrando deambulando y haciendo pitos catalanes a los que pensaron diferente acá sobre el cielo, miedo por cuándo y cómo se determina esa dirección en esta vida, en este pasar de modorras que adormecen, de abominaciones subordinaciones sublimaciones y alucinaciones, y gastritis como las habrá tenido la pachamama, de esa niña de la que cuentan como anécdota de doce generaciones pasadas o veinticuatro o las que fueran, en nombre y a cargo de pares que se salvaron gracias a ella y se seguirán salvando aunque no lo reconozcan, porque son muy perezosos y viven pensando que mientras los demás batallen por ellos albricias.
La cuña más hermosa de su tiempo ia chai sapa, alma buena como pocas en este mundo, abnegada por jugarse el todo por el todo cuando la necesitaron, a escuchar a los que clamaban por palabras y hablar a los que se quejaban en silencio sin levantar el polvo o hacer muchas estridencias, ella que pasó por la histeria a la historia que no le interesa a nadie o le interesa a pocos, como si hubiera presentido la opresión y el sufrimiento posteriores de los tipos de su raza, y que por la mala suerte que tuvo de los dos caballos que tiraban el carro de su vida, uno se hundiera y arrastrara por la tierra y el otro se escapara sin ella hacia el cielo, vivo, avivado y vivito de porquería como todos aquellos que no gastaron ni una gota de tinta para contarlo, para contar de eso que hicieron los que vinieron de afuera con los que estaban adentro, vivo avivado y vivito haciendo comparaciones que no valen Hipólito.
Ella era jan kanki, desdibujada en la tierra oscura de la noche, y en la línea invisible del trópico de capricornio, para que la bronca de los dioses no llegue a los suyos, meneando sus caderas perfectas y mostrando unos pechos exuberantes y duros, bocaditos pretendidos y codiciados por el diablo entonces encarnado en un jefe de la tribu por vaya a saber qué disposiciones, trofeos pretendidos como si fueran frutas frescas para él o para ellos fue lo mismo, pero que como si se tratara de uno preguntaron por esos días por cajas y yapas, para aquello de poseerlo todo con exclusividades de reyes, de jefes de caiques o de conductores.
Wednesday, April 27, 2011
cajas y cajas - II -
Planta de ají flor de alelí pongan la guita que ya me vua í – II
Seis, dijo seis, como los seis que pasaron después de los sesenta, demasiados Hipólito para tener derecho de acusar algún cansancio, en esto de decidir por los otros los de la comunidad otros le llaman la etnia, como los antropólogos o lo indios más taimados, demasiados años son para andar jorobando todavía con las propias supersticiones, y las de los ancestros que se mezclan con las quejas, con las broncas con los rechazos y con las resistencias sin sentido, sin contrasentidos, con las pelotudeces con la reticencias con los resentimientos sin rumbo, sin entradas atajos o salidas honrosas para esa gente que tuvo que acomodarse sin quererlo, a lo que llaman el porvenir la modernidad y el progreso qué palabras, bienestar de quiénes, para quiénes y luchar por quiénes si son siempre los mismos perezosos pedigüeños somnolientos, un poco menos tal vez con el paso de los años, pero cada vez más vagos y más indiferentes según los demás y poco diligentes con los extraños.
Y él mientras tanto aguantar sin chistar las invasiones las evasiones de los civiles civilizados y cívicos, y el abandono por su fuerza por sus fuerzas de costumbres añejas, el olvido la indolencia y el desgano, por parte de la misma gente su gente que tuvo que soportar sin pedirlo, el asfalto la luz eléctrica el agua corriente y el inodoro, la letrina o la inopia, según donde la pescaran los coletazos de las impudicias y las imprudencias de los políticos prometedores promesantes cínicos emprendedores, o la demagogia prolija prometedora y ordinaria de los patrones de estancia o de los dueños de las fábricas por donde estuvieran, desplantes de quien fuera de todos lo que la tienen con el tema de ellos y los consideran una cosa amorfa carne del cañón de las campañas cuando se cuenta voto por voto coto por coto, pura mercadería o lo que es peor mercancía, una cosa más de las que suman horas hombre en los laburos cotidianos de opresiones disfrazadas de asistencias por los pícaros, presiones en la gente que bien se liberan en los corsos, justamente con disfraces y desenfrenos y retozos y retazos de arrebatos, preguntando preguntados preguntarles sin pedir permisos, quiénes son para decir lo que se debe hacer los que siempre andan dando instrucciones para que hagan los otros, y qué nos quieren enseñar con gritos, impostaciones imposiciones aportaciones y destrozos, se replica solitario en el sopor de sus macha repetible y repetida.
Las resonancias de las cajas de las comparsas ensayando, se mezclaban con su aturdimiento y sus conjuras y con sus conjeturas ya bien entrada la noche, con los cantos de falta la harina un ramo de albahaca y la damajuana que ya está a la mitad, le anunciaban el correr de las horas de descuento para la celebración esperada, y también para dar una respuesta a la seguidilla de argumentos, de consultas de preguntas, de explicaciones dadas y recibidas, de unos y de otros de interpretaciones torcidas y retorcidas de sus costumbres, las propias las de su gente las de la gente las de la otra gente, de las costumbres de los otros a su cargo como estuvieron antes a cargo de su padre a cargo de su abuelo, cargos y dispensas por años, cacique, era la palabra utilizada para afrontar los mangazos, para recibir las donaciones de plumas y lentejuelas de colores, para disponer y repartir la cantidad de cristales mal cortados para adorno y la cantidad de flecos para atavío, de hachas de lanzas y de cuernos para los diablos que eran varios cuidando de la comparsa y las vituallas, propinas que les llegaban con cada baile con cada pantomima, diablos mezclados con sulcas y sulcas mezclados con los otros disfrazados chivados todos en el tufo de los disfraces plastificados, cartones y engrudo por todos lados.
Cacique, guía o conductor o lo que fuera que se utilizara para llamar a una investidura aceptada, por ahí no compartida por algunos y ejercida por él a veces con desganos sin ganas, de responsabilidades confirmadas por tradiciones que cambian cuando cambian los soles, como cambian los ritmos como cambian los cantos, como cambian las personas como cambian las cajas, que hacen sonar y resonar los que andan organizando murgas y martingalas copiadas, como las que hacen resonar los que andan organizando los mercachifles que venden hasta la madre si eso es negocio, como el tipo de la promoción, aprestándose ay carnaval.
Seis, dijo seis, como los seis que pasaron después de los sesenta, demasiados Hipólito para tener derecho de acusar algún cansancio, en esto de decidir por los otros los de la comunidad otros le llaman la etnia, como los antropólogos o lo indios más taimados, demasiados años son para andar jorobando todavía con las propias supersticiones, y las de los ancestros que se mezclan con las quejas, con las broncas con los rechazos y con las resistencias sin sentido, sin contrasentidos, con las pelotudeces con la reticencias con los resentimientos sin rumbo, sin entradas atajos o salidas honrosas para esa gente que tuvo que acomodarse sin quererlo, a lo que llaman el porvenir la modernidad y el progreso qué palabras, bienestar de quiénes, para quiénes y luchar por quiénes si son siempre los mismos perezosos pedigüeños somnolientos, un poco menos tal vez con el paso de los años, pero cada vez más vagos y más indiferentes según los demás y poco diligentes con los extraños.
Y él mientras tanto aguantar sin chistar las invasiones las evasiones de los civiles civilizados y cívicos, y el abandono por su fuerza por sus fuerzas de costumbres añejas, el olvido la indolencia y el desgano, por parte de la misma gente su gente que tuvo que soportar sin pedirlo, el asfalto la luz eléctrica el agua corriente y el inodoro, la letrina o la inopia, según donde la pescaran los coletazos de las impudicias y las imprudencias de los políticos prometedores promesantes cínicos emprendedores, o la demagogia prolija prometedora y ordinaria de los patrones de estancia o de los dueños de las fábricas por donde estuvieran, desplantes de quien fuera de todos lo que la tienen con el tema de ellos y los consideran una cosa amorfa carne del cañón de las campañas cuando se cuenta voto por voto coto por coto, pura mercadería o lo que es peor mercancía, una cosa más de las que suman horas hombre en los laburos cotidianos de opresiones disfrazadas de asistencias por los pícaros, presiones en la gente que bien se liberan en los corsos, justamente con disfraces y desenfrenos y retozos y retazos de arrebatos, preguntando preguntados preguntarles sin pedir permisos, quiénes son para decir lo que se debe hacer los que siempre andan dando instrucciones para que hagan los otros, y qué nos quieren enseñar con gritos, impostaciones imposiciones aportaciones y destrozos, se replica solitario en el sopor de sus macha repetible y repetida.
Las resonancias de las cajas de las comparsas ensayando, se mezclaban con su aturdimiento y sus conjuras y con sus conjeturas ya bien entrada la noche, con los cantos de falta la harina un ramo de albahaca y la damajuana que ya está a la mitad, le anunciaban el correr de las horas de descuento para la celebración esperada, y también para dar una respuesta a la seguidilla de argumentos, de consultas de preguntas, de explicaciones dadas y recibidas, de unos y de otros de interpretaciones torcidas y retorcidas de sus costumbres, las propias las de su gente las de la gente las de la otra gente, de las costumbres de los otros a su cargo como estuvieron antes a cargo de su padre a cargo de su abuelo, cargos y dispensas por años, cacique, era la palabra utilizada para afrontar los mangazos, para recibir las donaciones de plumas y lentejuelas de colores, para disponer y repartir la cantidad de cristales mal cortados para adorno y la cantidad de flecos para atavío, de hachas de lanzas y de cuernos para los diablos que eran varios cuidando de la comparsa y las vituallas, propinas que les llegaban con cada baile con cada pantomima, diablos mezclados con sulcas y sulcas mezclados con los otros disfrazados chivados todos en el tufo de los disfraces plastificados, cartones y engrudo por todos lados.
Cacique, guía o conductor o lo que fuera que se utilizara para llamar a una investidura aceptada, por ahí no compartida por algunos y ejercida por él a veces con desganos sin ganas, de responsabilidades confirmadas por tradiciones que cambian cuando cambian los soles, como cambian los ritmos como cambian los cantos, como cambian las personas como cambian las cajas, que hacen sonar y resonar los que andan organizando murgas y martingalas copiadas, como las que hacen resonar los que andan organizando los mercachifles que venden hasta la madre si eso es negocio, como el tipo de la promoción, aprestándose ay carnaval.
Tuesday, April 26, 2011
cajas y cajas - I -
Planta de ají flor de alelí pongan la guita que ya me vua í – I
Cuando el jueves por la tarde cerró la puerta de calle luego de despedir al hombre de la promoción, Hipólito acólito de su grey tuvo la impresión de que las palabras del sujeto quedaron retumbando en el zaguán de su casa, como retumban y estallan las voces de esos fantasmas que lo acosaban y lo acosan desde lejos o e cerca todo el tiempo.
El eco del discurso interminable que había escuchado unos minutos antes parecía pegar en las paredes, en el piso en el techo y mezclarse con el aires denso del verano, ese eco doblemente intangible sutil inmanejable, parecía estimular y anular sus sentidos, su sensibilidad, sus emociones, entrar y salir de sus oídos.
Le resonaba todavía la locuacidad del porteño imparable, del ceremonioso, del obsecuente, del insoportable que lo visitó por los buenos oficios de un intermediario autorizado por él, solo por él portador de agenda propia, así funcionaba desde siempre, todavía le daba vueltas el campanudo piense señor Vera, tómese todo el tiempo que necesite para hacerlo, el tumba tumba por todos lados, le resonaba con la frase volveré dentro de dos días con un miembro de la comisión de asuntos carnestolendos para acordar y ultimar los detalles.
Piense, tumba, bajo costo retumba, y una buena caja, le atronaban esta y otras rimbombancias, buenas ganancias para usted, piense y tome una decisión.
Usted y su gente se divierten como todos los años, en esto no hay objeciones, la municipalidad se luce ante el gobernador haciendo coincidir las apretadas agendas de todos, y usted en especial gana con la modificación del horario seis interesantes millones, seis dijo seis, en seis días y seis noches, dijo seis como los días del carnaval grande y del carnaval chico, lo dijo porque él le dijo que lo dijera al mediador conocido como al pasar sugiriendo.
Nosotros ganamos por publicidad y propaganda y todos quedamos cubiertos de satisfacciones de fondos de chanzas y de acechanzas por un año más, cubiertos de qué cubiertos para qué, s preguntaba él como si no lo supiera y aturdido por el estruendo que como estelas dejaban las palabras, que retornaban una y otra vez, como las voces de los antepasados de sus antepasados de otros antepasados desconocidos para él pero conocidos por sus meticulosos antepasados.
Comprendo que el carnaval se hico siempre por la noche, y que eso es parte de la historia de su gente, pero que más da, imponemos que la aclamación se lleve a cabo unas horas antes para sacar más ganancias con la asistencia de turistas y la concurrencia de curiosos, y usted gana, gana la municipalidad y ganamos nosotros, piense y me contesta, todos sacaremos buenos dividendos si la ceremonia se realiza el domingo al mediodía, y retumba, retumba tumba un bombo en mi corazón, al tiempo presente, por estos días se acordaba de la canción que le gustaba de los legueros, y que entonaba mal cada vez que se aprestaba a reforzar la curda temprana.
Cuando el jueves por la tarde cerró la puerta de calle luego de despedir al hombre de la promoción, Hipólito acólito de su grey tuvo la impresión de que las palabras del sujeto quedaron retumbando en el zaguán de su casa, como retumban y estallan las voces de esos fantasmas que lo acosaban y lo acosan desde lejos o e cerca todo el tiempo.
El eco del discurso interminable que había escuchado unos minutos antes parecía pegar en las paredes, en el piso en el techo y mezclarse con el aires denso del verano, ese eco doblemente intangible sutil inmanejable, parecía estimular y anular sus sentidos, su sensibilidad, sus emociones, entrar y salir de sus oídos.
Le resonaba todavía la locuacidad del porteño imparable, del ceremonioso, del obsecuente, del insoportable que lo visitó por los buenos oficios de un intermediario autorizado por él, solo por él portador de agenda propia, así funcionaba desde siempre, todavía le daba vueltas el campanudo piense señor Vera, tómese todo el tiempo que necesite para hacerlo, el tumba tumba por todos lados, le resonaba con la frase volveré dentro de dos días con un miembro de la comisión de asuntos carnestolendos para acordar y ultimar los detalles.
Piense, tumba, bajo costo retumba, y una buena caja, le atronaban esta y otras rimbombancias, buenas ganancias para usted, piense y tome una decisión.
Usted y su gente se divierten como todos los años, en esto no hay objeciones, la municipalidad se luce ante el gobernador haciendo coincidir las apretadas agendas de todos, y usted en especial gana con la modificación del horario seis interesantes millones, seis dijo seis, en seis días y seis noches, dijo seis como los días del carnaval grande y del carnaval chico, lo dijo porque él le dijo que lo dijera al mediador conocido como al pasar sugiriendo.
Nosotros ganamos por publicidad y propaganda y todos quedamos cubiertos de satisfacciones de fondos de chanzas y de acechanzas por un año más, cubiertos de qué cubiertos para qué, s preguntaba él como si no lo supiera y aturdido por el estruendo que como estelas dejaban las palabras, que retornaban una y otra vez, como las voces de los antepasados de sus antepasados de otros antepasados desconocidos para él pero conocidos por sus meticulosos antepasados.
Comprendo que el carnaval se hico siempre por la noche, y que eso es parte de la historia de su gente, pero que más da, imponemos que la aclamación se lleve a cabo unas horas antes para sacar más ganancias con la asistencia de turistas y la concurrencia de curiosos, y usted gana, gana la municipalidad y ganamos nosotros, piense y me contesta, todos sacaremos buenos dividendos si la ceremonia se realiza el domingo al mediodía, y retumba, retumba tumba un bombo en mi corazón, al tiempo presente, por estos días se acordaba de la canción que le gustaba de los legueros, y que entonaba mal cada vez que se aprestaba a reforzar la curda temprana.
Monday, April 25, 2011
la guerra sin mambrú VII
La guerra sin mambrú – VII
Después de aquello dejé de verlo por varios años, pero siempre me llegaban noticias sobre su devenir tumultuoso, los infiernos y los cielos se transportan con uno, es decir, iba pasando la etapas que en promedio todos pasábamos de la misma manera, o de distintas formas probablemente pero en el fondo iguales, pero complemento de ellas para él, había siempre una historia sobre la guerra, su propia guerra de victorias y derrotas de avances y retrocesos, sobre le desborde y la impertinencia ajenos y sobre sus reacciones impetuosas a veces y contenidas para no llevar a mayores los escándalos.
Cuando terminaba la universidad uno de los amigos comunes del chirivín y mío, apareció con el cuento que con alegría habían comprobado, que el cabezón con los años, boludo grande, había aprendido a controlar su carácter sanguíneo, lo que le sirvió en principio para decidir que su porvenir no estaba ni en los claustros de las casas de altos estudios ni en suntuosos gabinetes de diagnósticos científicos, alto o bajos estudios contaron que embromaba pensando en algunos de nuestros vagos compañeros que después tuvieron sus títulos.
Así que había abandonado en la mitad la carrera de medicina que había empezado en una ciudad que llamaban el jardín de la república, ciudad en la que por esos años había mucha guerrilla y milicos, guerrilla a la que la gente le escapaba milicos a los que la gente agradecía, así que abandonó y se fue a trabajar en el restauran de sus familiares.
Y contaron que en eso las cosas le marcharon, guerrilleros milicos y la gente come, sin nadie cerca que lo cargara demasiado, porque era uno de los patrones y fuera de los de su familia los demás eran todos laburantes rasos.
De ahí en adelante me llamó la atención que nadie hablara sobre sus enfrentamientos conocidos con motivo de sus desproporciones, lo que para mí que lo quería significaba, o que él había aprendido a convivir con los demás y las maracas en su físico como cualquiera, o que las trincheras o los frentes de combate de las contiendas habían cambiado, y esto último me preocupaba.
Por eso en la primera oportunidad que lo tuve a mano cuando ya habíamos pasado los treinta le pregunté de frente y sin mayores preámbulos, un mediodía que nos cruzamos en su negocio, y él me contestó que su vida se hizo diferente cuando se casó con la musa de algunos de sus sueños, pícaro el varón de muchas percantas por lo menos en sus sueños, y que de la unión habían nacido unos retoños a los que calificó de inquietos y ututos.
Toda esa información me dejó tranquilo hasta cierto punto, porque en medio de los comentario que nos hicimos también me dijo, que tenía una amante que como los niños aquellos que lo cargaron en los años de internado, lo cargaba bastante con lo de su famosa cabeza, pero que en este caso él se aguantaba en función de las afanosas y cuidadosas atenciones que recibía de parte de ella.
Un indicio de su vieja guerra pensé, y una parte de la conversación que no ampliamos, yo por no pecar de exagerado y creo que él de seguro y de soberbio con todas esas vueltas en su vida.
Ahora lo sé, tenía el engreimiento de un oriental y la displicencia de un boliviano.
Hace poco, cuando estaba por apagar la vela de los cuarenta, que es cuando ya no se pone una vela por cada año sino una vela que los representa a todos, en una pequeña reunión de familia, vino alguien con las últimas noticias del cabezón.
Relatando con agitación, que había terminado mezclado en un lío de polleras con dos amantes fuera de la mujer, amante oficial de cualquiera, casi una tontera me apresuré a opinar, que se resuelve con unas cuantas conversaciones, y dinero me corrigieron con dinero se hacen coincidir las ponencias, opiné interrumpiendo al otro que compaginó su discurso y compungido terminó diciéndome que era tarde para propuestas, que era tarde para todo, porque Sánchez y Sánchez se había lanzado al vacío desde una terraza a treinta metros de altura.
Quedé tan impactado, que lo primero que se me ocurrió pensar fue en la guerra, esa guerra, su guerra la que él tuvo todo el tiempo, con niños y adultos, con varones y mujeres, la misma guerra que seguirá para cualquiera, sin él ahora mientras hay niños mal educados e impiadosos, jóvenes e insolentes, y mujeres querendonas y pérfidas.
Después de aquello dejé de verlo por varios años, pero siempre me llegaban noticias sobre su devenir tumultuoso, los infiernos y los cielos se transportan con uno, es decir, iba pasando la etapas que en promedio todos pasábamos de la misma manera, o de distintas formas probablemente pero en el fondo iguales, pero complemento de ellas para él, había siempre una historia sobre la guerra, su propia guerra de victorias y derrotas de avances y retrocesos, sobre le desborde y la impertinencia ajenos y sobre sus reacciones impetuosas a veces y contenidas para no llevar a mayores los escándalos.
Cuando terminaba la universidad uno de los amigos comunes del chirivín y mío, apareció con el cuento que con alegría habían comprobado, que el cabezón con los años, boludo grande, había aprendido a controlar su carácter sanguíneo, lo que le sirvió en principio para decidir que su porvenir no estaba ni en los claustros de las casas de altos estudios ni en suntuosos gabinetes de diagnósticos científicos, alto o bajos estudios contaron que embromaba pensando en algunos de nuestros vagos compañeros que después tuvieron sus títulos.
Así que había abandonado en la mitad la carrera de medicina que había empezado en una ciudad que llamaban el jardín de la república, ciudad en la que por esos años había mucha guerrilla y milicos, guerrilla a la que la gente le escapaba milicos a los que la gente agradecía, así que abandonó y se fue a trabajar en el restauran de sus familiares.
Y contaron que en eso las cosas le marcharon, guerrilleros milicos y la gente come, sin nadie cerca que lo cargara demasiado, porque era uno de los patrones y fuera de los de su familia los demás eran todos laburantes rasos.
De ahí en adelante me llamó la atención que nadie hablara sobre sus enfrentamientos conocidos con motivo de sus desproporciones, lo que para mí que lo quería significaba, o que él había aprendido a convivir con los demás y las maracas en su físico como cualquiera, o que las trincheras o los frentes de combate de las contiendas habían cambiado, y esto último me preocupaba.
Por eso en la primera oportunidad que lo tuve a mano cuando ya habíamos pasado los treinta le pregunté de frente y sin mayores preámbulos, un mediodía que nos cruzamos en su negocio, y él me contestó que su vida se hizo diferente cuando se casó con la musa de algunos de sus sueños, pícaro el varón de muchas percantas por lo menos en sus sueños, y que de la unión habían nacido unos retoños a los que calificó de inquietos y ututos.
Toda esa información me dejó tranquilo hasta cierto punto, porque en medio de los comentario que nos hicimos también me dijo, que tenía una amante que como los niños aquellos que lo cargaron en los años de internado, lo cargaba bastante con lo de su famosa cabeza, pero que en este caso él se aguantaba en función de las afanosas y cuidadosas atenciones que recibía de parte de ella.
Un indicio de su vieja guerra pensé, y una parte de la conversación que no ampliamos, yo por no pecar de exagerado y creo que él de seguro y de soberbio con todas esas vueltas en su vida.
Ahora lo sé, tenía el engreimiento de un oriental y la displicencia de un boliviano.
Hace poco, cuando estaba por apagar la vela de los cuarenta, que es cuando ya no se pone una vela por cada año sino una vela que los representa a todos, en una pequeña reunión de familia, vino alguien con las últimas noticias del cabezón.
Relatando con agitación, que había terminado mezclado en un lío de polleras con dos amantes fuera de la mujer, amante oficial de cualquiera, casi una tontera me apresuré a opinar, que se resuelve con unas cuantas conversaciones, y dinero me corrigieron con dinero se hacen coincidir las ponencias, opiné interrumpiendo al otro que compaginó su discurso y compungido terminó diciéndome que era tarde para propuestas, que era tarde para todo, porque Sánchez y Sánchez se había lanzado al vacío desde una terraza a treinta metros de altura.
Quedé tan impactado, que lo primero que se me ocurrió pensar fue en la guerra, esa guerra, su guerra la que él tuvo todo el tiempo, con niños y adultos, con varones y mujeres, la misma guerra que seguirá para cualquiera, sin él ahora mientras hay niños mal educados e impiadosos, jóvenes e insolentes, y mujeres querendonas y pérfidas.
Sunday, April 24, 2011
la guerra sin mambrú - VI -
La guerra sin mambrú – V –
Lo encontré ya recuperado en la mejor clínica de la ciudad adonde lo había internado su madre, que siempre insistía que al rango social se lo compra con dinero, que el drama de no ser nadie en la sociedad no tiene que ver con que uno sea un cualquiera de nombre, que se llame Pérez o González, que la cuestión es directamente proporcional al dinero con que se cuente, más dinero más consideración social, más chupamedias, obsecuentes y séquitos para todo, desde comprar a rezar, desde vacaciones a ocupaciones, todo se facilita decía, que todos se compra con dinero y otras nimiedades, como por ejemplo pedir en la oficina correspondiente el registro doble de un apellido tan común como Sánchez, como el apellido suyo de soltera registrado como apellido doble en el registro civil de mala muerte de su pueblo.
Golpes de efecto los llamaba el cabezón cuando hablaba de estos temas u de su inefable madre, sin darle importancia y sin ocurrírsele contradecir a esa mujer que quería.
Cuando estuvimos juntos conversamos bastante, pero por sobre todo aquel encuentro sirvió, para que yo me diera cuenta que él ya había trazado alguna línea de conducta y marcado una posición con todos estos enredos de grescas comunes y repetidas, luego había acertado en esto pero, después lo supe, no en sus insistencias con las molestias que a él le causaban ni con sus exageraciones para escapar de sus prisiones mentales.
Me confirmó por enésima vez, de la enésimas conversaciones inconscientes o conscientes que tuvimos de chicos de adolescentes de más grandes, que no soportaba las trifulcas, o que en el mejor de los casos las soportaba cada vez menos, y últimamente menos que menos las que apuntaban directamente a su físico,, que lo mortificaban cada vez más y que los únicos que lo entendían eran sus amigos del chirivín chin chin, y que quería volver a su pueblo y que se lo dijo a su mamá y que ni ella ni nadie le daba bola.
Corrían los últimos días de ser jóvenes haciendo el último año del secundario, y los demás nos tenían como rebeldes sin causa que no participábamos en sus juegos más comunes, nos tenían de pensantes poco deportistas en una época en que pensar comenzó a ser malo sin que cayéramos en la cuenta, otros andaban en luchas que no nos interesaron, estudiantes diciendo que ser trabajador era ser de derecha trabajadores diciendo que ser estudiante era ser zurdo, luchas que no nos interesaron pero que más que rozar quemaron nuestras vidas.
Ahora lo sé, tenía la valentía de un nacido en el levante y la condescendencia de la copia boliviana del alguien del oriente.
Lo encontré ya recuperado en la mejor clínica de la ciudad adonde lo había internado su madre, que siempre insistía que al rango social se lo compra con dinero, que el drama de no ser nadie en la sociedad no tiene que ver con que uno sea un cualquiera de nombre, que se llame Pérez o González, que la cuestión es directamente proporcional al dinero con que se cuente, más dinero más consideración social, más chupamedias, obsecuentes y séquitos para todo, desde comprar a rezar, desde vacaciones a ocupaciones, todo se facilita decía, que todos se compra con dinero y otras nimiedades, como por ejemplo pedir en la oficina correspondiente el registro doble de un apellido tan común como Sánchez, como el apellido suyo de soltera registrado como apellido doble en el registro civil de mala muerte de su pueblo.
Golpes de efecto los llamaba el cabezón cuando hablaba de estos temas u de su inefable madre, sin darle importancia y sin ocurrírsele contradecir a esa mujer que quería.
Cuando estuvimos juntos conversamos bastante, pero por sobre todo aquel encuentro sirvió, para que yo me diera cuenta que él ya había trazado alguna línea de conducta y marcado una posición con todos estos enredos de grescas comunes y repetidas, luego había acertado en esto pero, después lo supe, no en sus insistencias con las molestias que a él le causaban ni con sus exageraciones para escapar de sus prisiones mentales.
Me confirmó por enésima vez, de la enésimas conversaciones inconscientes o conscientes que tuvimos de chicos de adolescentes de más grandes, que no soportaba las trifulcas, o que en el mejor de los casos las soportaba cada vez menos, y últimamente menos que menos las que apuntaban directamente a su físico,, que lo mortificaban cada vez más y que los únicos que lo entendían eran sus amigos del chirivín chin chin, y que quería volver a su pueblo y que se lo dijo a su mamá y que ni ella ni nadie le daba bola.
Corrían los últimos días de ser jóvenes haciendo el último año del secundario, y los demás nos tenían como rebeldes sin causa que no participábamos en sus juegos más comunes, nos tenían de pensantes poco deportistas en una época en que pensar comenzó a ser malo sin que cayéramos en la cuenta, otros andaban en luchas que no nos interesaron, estudiantes diciendo que ser trabajador era ser de derecha trabajadores diciendo que ser estudiante era ser zurdo, luchas que no nos interesaron pero que más que rozar quemaron nuestras vidas.
Ahora lo sé, tenía la valentía de un nacido en el levante y la condescendencia de la copia boliviana del alguien del oriente.
Saturday, April 23, 2011
la guerra sin mambrú - IV -
La guerra sin mambrú – IV –
Ahora que estoy diestro, o viejo quizás, en esto de ordenar episodios con prejuicios de por medio, me doy cuenta que con mi candidez o con mi zoncera le resté la importancia que tuvo al primer episodio serio que por el canal implacable infalible de los chismes me llegó del cabezón, y también que el otro motivo de la indiferencia momentánea puede haber sido la distancia lo cual reduce en algo mis cargos de conciencia que como si fueran un trash se van amontonando en indeseables y pasmosas pesadillas que se hacen más con el paso de los años, la distancia la tirada la larga sarta de la irreversibilidad del espacio, ya que cuando ocurrió hacía un par de años por cuestiones de caprichos no solamente propios y nostalgias no solamente propias que involucraban a mis padres, había dejado de concurrir al colegio y tomaba las clases de los primeros años del secundario en una escuela pública que se encontraba apenas a unas cuadras de casa.
El que se presentó con la noticia lo hizo en la tarde e un noviembre muy especial en sensaciones y percepciones de muchacho que irremediablemente crece, cuando llegó el mensajero hacía unos minutos que había saludado a mi padre con una efusión que por primera vez note distinta a la suya, inexpresivo al menos para el saludo como estaba comentando en un grupo de gente haber escuchado en la radio la noticia del asesinato de un personaje importante en un lugar que repetían se llamaba Dalas o lo que fuera, un lugar del que no tenía la menor idea, pero el momento fraguó para siempre en mi memoria como la noticia triste que el heraldo dejó de Pedro Sanchez y Sanchez.
Uno de los curas del internado lo había encontrado una madrugada y en un recodo de esos baños comunitarios que sirven para todos, con mucho afán y transpirando, ensañado en colocar un menjunje de corbatas atadas unas en otras, alrededor de su cuello con el extremo libre que quedara del otro anudado en el caño de la ducha.
Seguro un efecto más de las burlas de los pendejos de porquería pensé, como nunca dejó de llamarlos sobrepasando el recato natural que lo caracterizaba cuando hacía sus comentarios sobre los bandidos de nuestros compañeros y sobre las altas y bajas de sus recónditas emociones.
Un intento de homicidio dijo el que trajo la novedad y creí que exageraba.
Pero unos años después con motivo de un aviso parecido, descubrí que darle poca importancia a lo que decían de él y de sus tortuosas aventuras, era la disposición de una actitud cómoda y egoísta de mi parte, o cuando menos una rebuscada justificación por la falta de medios para pagar el viaje y estar cerca del amigo en los momentos en que necesitaba de los suyos, argumentos sin sustento y muy desconectados de la interpretación propia que, ingeniero astuto del egoísmos incorregibles, armé para convencerme que el cabezón por fin ya había puesto en práctica alguna argucia, para resolver su rol en la pugna infame de las degradaciones por las degradaciones mismas, del agravio por la humillación misma, por el menosprecio y la afrenta sin medir los resultados.
Pienso que si hubiera descifrado este acertijo a tiempo, propio egocéntrico de culpas relajos justificaciones, podría haber influido sobre él y al menos obligarlo a revisar, sus decisiones íntimas procesiones que cualquiera tienen pero que son más intensas o menos que las propias, decisiones intestinas que por su forma de ser estoy seguro las tomaba a cada rato sin conversarlas con nadie.
Así que cuando me llegó la información que se había seccionado las venas a la altura de las muñecas, luego de un lío cuyos detalles nunca entendí muy bien con dos maricones del internado, partí a verlo sin calcular gastos de viajes ni escuchar opiniones en contrario.
Continuará y si quieres continuar la historia para que luego la continuemos juntos espectacular.
Ahora que estoy diestro, o viejo quizás, en esto de ordenar episodios con prejuicios de por medio, me doy cuenta que con mi candidez o con mi zoncera le resté la importancia que tuvo al primer episodio serio que por el canal implacable infalible de los chismes me llegó del cabezón, y también que el otro motivo de la indiferencia momentánea puede haber sido la distancia lo cual reduce en algo mis cargos de conciencia que como si fueran un trash se van amontonando en indeseables y pasmosas pesadillas que se hacen más con el paso de los años, la distancia la tirada la larga sarta de la irreversibilidad del espacio, ya que cuando ocurrió hacía un par de años por cuestiones de caprichos no solamente propios y nostalgias no solamente propias que involucraban a mis padres, había dejado de concurrir al colegio y tomaba las clases de los primeros años del secundario en una escuela pública que se encontraba apenas a unas cuadras de casa.
El que se presentó con la noticia lo hizo en la tarde e un noviembre muy especial en sensaciones y percepciones de muchacho que irremediablemente crece, cuando llegó el mensajero hacía unos minutos que había saludado a mi padre con una efusión que por primera vez note distinta a la suya, inexpresivo al menos para el saludo como estaba comentando en un grupo de gente haber escuchado en la radio la noticia del asesinato de un personaje importante en un lugar que repetían se llamaba Dalas o lo que fuera, un lugar del que no tenía la menor idea, pero el momento fraguó para siempre en mi memoria como la noticia triste que el heraldo dejó de Pedro Sanchez y Sanchez.
Uno de los curas del internado lo había encontrado una madrugada y en un recodo de esos baños comunitarios que sirven para todos, con mucho afán y transpirando, ensañado en colocar un menjunje de corbatas atadas unas en otras, alrededor de su cuello con el extremo libre que quedara del otro anudado en el caño de la ducha.
Seguro un efecto más de las burlas de los pendejos de porquería pensé, como nunca dejó de llamarlos sobrepasando el recato natural que lo caracterizaba cuando hacía sus comentarios sobre los bandidos de nuestros compañeros y sobre las altas y bajas de sus recónditas emociones.
Un intento de homicidio dijo el que trajo la novedad y creí que exageraba.
Pero unos años después con motivo de un aviso parecido, descubrí que darle poca importancia a lo que decían de él y de sus tortuosas aventuras, era la disposición de una actitud cómoda y egoísta de mi parte, o cuando menos una rebuscada justificación por la falta de medios para pagar el viaje y estar cerca del amigo en los momentos en que necesitaba de los suyos, argumentos sin sustento y muy desconectados de la interpretación propia que, ingeniero astuto del egoísmos incorregibles, armé para convencerme que el cabezón por fin ya había puesto en práctica alguna argucia, para resolver su rol en la pugna infame de las degradaciones por las degradaciones mismas, del agravio por la humillación misma, por el menosprecio y la afrenta sin medir los resultados.
Pienso que si hubiera descifrado este acertijo a tiempo, propio egocéntrico de culpas relajos justificaciones, podría haber influido sobre él y al menos obligarlo a revisar, sus decisiones íntimas procesiones que cualquiera tienen pero que son más intensas o menos que las propias, decisiones intestinas que por su forma de ser estoy seguro las tomaba a cada rato sin conversarlas con nadie.
Así que cuando me llegó la información que se había seccionado las venas a la altura de las muñecas, luego de un lío cuyos detalles nunca entendí muy bien con dos maricones del internado, partí a verlo sin calcular gastos de viajes ni escuchar opiniones en contrario.
Continuará y si quieres continuar la historia para que luego la continuemos juntos espectacular.
Friday, April 22, 2011
la guerra sin mambrú - III -
La guerra sin mambrú – III –
La cabeza lo pintaba entero, y solamente por estar encima de sus hombros desencadenaba pasiones en la superficie de sus propios mambos y en el mambo de los otros, ella era el primer disparador del pecado original de sus ascendientes para ese estúpido grupo de imberbes con tiempo libre que fuimos sus amigos entonces, qué nos interesaría allá ni nunca si el evidente autor de esos genes que portaba no se había quedado cerca de él, además por ahí extrañaba esa figura del padre que a la mayoría de nosotros nos sacaba de apuros con tristezas y bajones, por esto y otros motivos con raíz parecida empezó a andar siempre solo, y se tuvo que acostumbrar a convivir con los parientes de la rama de su madre, desde que se acordaba decía que lo obligaron a recordar que no debía recordar nada de sus orígenes paternos y a preguntar lo menos posible del abolengo de su padre, con el argumento increíble que se trataba de asuntos de su pasado que no importaban para su porvenir.
Por una cabeza, entonaban los más grandes, ufanándose de haber detectado la letra de un tango que no les interesaba nada más que para cargarlo con insidias odiosas y exageradas.
Bromas cantadas, tarareos, apodos y refranes con referencia en su testa, aparecían como si los demás lo hubieran estado amasando como una masa pegajosa y consistente todo el día, como si la ocurrencia y la sorna coincidieran en el cenit de una lucidez de los otros que podí tranquilamente ser sospechada de poco seria, y caían sobre él con intensidad e intermitentes como caen las gotas de agua en una tormenta de verano.
La caspa como pochoclo, el edén de los piojos y el cabecita cabezudo, las distorsiones de a cabeza regalada no se le miran los pelos o los mismos piojos, o más vale cabeza en mano que cien volando, fueron palabras, frases agresivas que le produjeron marcas, lastimaduras invisibles aun hasta para él invisibles para siempre.
En un tiempo por esos tiempos de niños los amigos de su pueblo le pusieron un sobrenombre, llamándolo como el viejo o el eterno hombrecito del chirivín chirivín chin chin, aunque él y yo no nos diéramos cuenta en esos días, la demostración de genuina amistad y de preocupación que animaran a esos auténticos compinches, casi todos mayores que él, cuando lo pensaron y se lo largaron.
Para ellos sus reiteradas vueltas semestrales por el colegio eran un retorno a la guerra, a su guerra, a la propia guerra del cabezón, esa guerra a la que se va sin saber si se vuelve para pascua o navidad, en medio de la seguidilla de agravios repetidos y por parte de los otros y de sufrimiento para el cabezón, un guerra en la que entraba con su vuelta al colegio cada año, una contienda en la que debía defenderse con uñas y dientes y no lo hacía, oponer las resistencias verbales o pugilísticas que necesitara y no las oponía, solo o con quien fuera que ocasionalmente se anotara en su bando.
Guerra de escrúpulos tempranos para los demás, de resentimientos escondido y de origen incierto, de broncas por reflejo y de cuestionamientos incompletos, de maldades poco mensuradas y de indiferencias, de desprecios y omisiones y hostigamientos que nunca cesan.
Guerra de supervivencia en estados hostiles para él, de reacciones inoportunas por agresiones recibidas o transferidas a destiempo, de precauciones potenciadas por impotencias de reacciones atrasadas o a destiempo, un guerra en la que le costaba descubrir, rápidamente los puntos vulnerables de los que lo atacaban, cuando el de él era insoslayables innegable incuestionables evidente, su cabeza era como el resumen de sus flancos objetables, con ojos estirados de oriental y pelo rebelde de enervado y de sosegado de golpe igual que los de un coya del altiplano.
La cabeza lo pintaba entero, y solamente por estar encima de sus hombros desencadenaba pasiones en la superficie de sus propios mambos y en el mambo de los otros, ella era el primer disparador del pecado original de sus ascendientes para ese estúpido grupo de imberbes con tiempo libre que fuimos sus amigos entonces, qué nos interesaría allá ni nunca si el evidente autor de esos genes que portaba no se había quedado cerca de él, además por ahí extrañaba esa figura del padre que a la mayoría de nosotros nos sacaba de apuros con tristezas y bajones, por esto y otros motivos con raíz parecida empezó a andar siempre solo, y se tuvo que acostumbrar a convivir con los parientes de la rama de su madre, desde que se acordaba decía que lo obligaron a recordar que no debía recordar nada de sus orígenes paternos y a preguntar lo menos posible del abolengo de su padre, con el argumento increíble que se trataba de asuntos de su pasado que no importaban para su porvenir.
Por una cabeza, entonaban los más grandes, ufanándose de haber detectado la letra de un tango que no les interesaba nada más que para cargarlo con insidias odiosas y exageradas.
Bromas cantadas, tarareos, apodos y refranes con referencia en su testa, aparecían como si los demás lo hubieran estado amasando como una masa pegajosa y consistente todo el día, como si la ocurrencia y la sorna coincidieran en el cenit de una lucidez de los otros que podí tranquilamente ser sospechada de poco seria, y caían sobre él con intensidad e intermitentes como caen las gotas de agua en una tormenta de verano.
La caspa como pochoclo, el edén de los piojos y el cabecita cabezudo, las distorsiones de a cabeza regalada no se le miran los pelos o los mismos piojos, o más vale cabeza en mano que cien volando, fueron palabras, frases agresivas que le produjeron marcas, lastimaduras invisibles aun hasta para él invisibles para siempre.
En un tiempo por esos tiempos de niños los amigos de su pueblo le pusieron un sobrenombre, llamándolo como el viejo o el eterno hombrecito del chirivín chirivín chin chin, aunque él y yo no nos diéramos cuenta en esos días, la demostración de genuina amistad y de preocupación que animaran a esos auténticos compinches, casi todos mayores que él, cuando lo pensaron y se lo largaron.
Para ellos sus reiteradas vueltas semestrales por el colegio eran un retorno a la guerra, a su guerra, a la propia guerra del cabezón, esa guerra a la que se va sin saber si se vuelve para pascua o navidad, en medio de la seguidilla de agravios repetidos y por parte de los otros y de sufrimiento para el cabezón, un guerra en la que entraba con su vuelta al colegio cada año, una contienda en la que debía defenderse con uñas y dientes y no lo hacía, oponer las resistencias verbales o pugilísticas que necesitara y no las oponía, solo o con quien fuera que ocasionalmente se anotara en su bando.
Guerra de escrúpulos tempranos para los demás, de resentimientos escondido y de origen incierto, de broncas por reflejo y de cuestionamientos incompletos, de maldades poco mensuradas y de indiferencias, de desprecios y omisiones y hostigamientos que nunca cesan.
Guerra de supervivencia en estados hostiles para él, de reacciones inoportunas por agresiones recibidas o transferidas a destiempo, de precauciones potenciadas por impotencias de reacciones atrasadas o a destiempo, un guerra en la que le costaba descubrir, rápidamente los puntos vulnerables de los que lo atacaban, cuando el de él era insoslayables innegable incuestionables evidente, su cabeza era como el resumen de sus flancos objetables, con ojos estirados de oriental y pelo rebelde de enervado y de sosegado de golpe igual que los de un coya del altiplano.
Thursday, April 21, 2011
la guerra sin mambrú - II -
La guerra sin mambrú – II –
Era menudo y de extremidades muy cortas, aunque esto fuera lo que menos a él le interesara en aquella época de niños todavía, cuando apenas nos conocimos y apenas fuimos explorando nuestros mundos sin saber lo que es un amigo sin saber lo que es un enemigo, allá muy lejos de ahora allá por entonces cuando alguien le había dicho que se crece hasta los veinticinco años, así que siempre alardeaba sin que otros escucharan, con que había un tiempo más que suficiente para esperar que sus desarmonías comparadas con las de otros se corrigieran, me lo largó por primera vez una tarde que lo descubrí en un rincón lagrimeando con motivo del último acecho, acechan los acechados se burlan los que soportan burlas o los que suponen que serán burlados, por entonces lo herían los lances no los motivos de los lances.
Y como complemento de la bronca que le aparecía cuando lo sacaban de los equipos de competencia, cualquiera fuera el rótulo de la misma porque él se anotaba en todas, cualquier deporte gimnasia olimpíadas.
Si eran deportivas tenía la culpa de los errores presentes, pretéritos y futuros, por su tamaño o por sus tamaños que eran los que parecían empeñados en hacerle ver los malvados, por sus propias torpezas y rachas o lo que fuera, pagaba el pato de las equivocaciones propias y ajenas.
Si eran contiendas de ciencias igual, salvo las de matemáticas en las que se destacaba por encima de maldades críticas inmolaciones chismes, para la participación en ellas eso sí lo pedían por expreso descarte profesores y compañeros, se sacaban los pelos y todo lo que podían como el cuero para contarlo en el grupo, entonces el cabezón se desquitaba, manipulando para armar un grupo propio que sin dudarlo armaba con todos los más porros de los porros que había, entre los cuales nos contábamos algunos de sus amigos, un grupo donde convivían tipos como si fueran de la legión extranjera, aplazados exiliados bochados, no le importaban nuestras limitaciones, sus conocimientos de los números las disimulaban.
Era su forma en esos días de mitigar los exabruptos más frecuentes que las algarabías, que le llegaban en la parte del mundo adonde entonces le tocaba estar, teníamos solo doce años y estábamos en sexto grado y él sobresalía.
Ahora lo sé tenía la garra de un japonés y la saña de un tozudo, garfios que usaba de porfiado.
Era menudo y de extremidades muy cortas, aunque esto fuera lo que menos a él le interesara en aquella época de niños todavía, cuando apenas nos conocimos y apenas fuimos explorando nuestros mundos sin saber lo que es un amigo sin saber lo que es un enemigo, allá muy lejos de ahora allá por entonces cuando alguien le había dicho que se crece hasta los veinticinco años, así que siempre alardeaba sin que otros escucharan, con que había un tiempo más que suficiente para esperar que sus desarmonías comparadas con las de otros se corrigieran, me lo largó por primera vez una tarde que lo descubrí en un rincón lagrimeando con motivo del último acecho, acechan los acechados se burlan los que soportan burlas o los que suponen que serán burlados, por entonces lo herían los lances no los motivos de los lances.
Y como complemento de la bronca que le aparecía cuando lo sacaban de los equipos de competencia, cualquiera fuera el rótulo de la misma porque él se anotaba en todas, cualquier deporte gimnasia olimpíadas.
Si eran deportivas tenía la culpa de los errores presentes, pretéritos y futuros, por su tamaño o por sus tamaños que eran los que parecían empeñados en hacerle ver los malvados, por sus propias torpezas y rachas o lo que fuera, pagaba el pato de las equivocaciones propias y ajenas.
Si eran contiendas de ciencias igual, salvo las de matemáticas en las que se destacaba por encima de maldades críticas inmolaciones chismes, para la participación en ellas eso sí lo pedían por expreso descarte profesores y compañeros, se sacaban los pelos y todo lo que podían como el cuero para contarlo en el grupo, entonces el cabezón se desquitaba, manipulando para armar un grupo propio que sin dudarlo armaba con todos los más porros de los porros que había, entre los cuales nos contábamos algunos de sus amigos, un grupo donde convivían tipos como si fueran de la legión extranjera, aplazados exiliados bochados, no le importaban nuestras limitaciones, sus conocimientos de los números las disimulaban.
Era su forma en esos días de mitigar los exabruptos más frecuentes que las algarabías, que le llegaban en la parte del mundo adonde entonces le tocaba estar, teníamos solo doce años y estábamos en sexto grado y él sobresalía.
Ahora lo sé tenía la garra de un japonés y la saña de un tozudo, garfios que usaba de porfiado.
Wednesday, April 20, 2011
la guerra sin mabrú entre cronopios y famas desbordados
La guerra sin mambrú –I-
Ahora que vuelven a mí los recuerdos después de mucho tiempo, como mariposas intangibles que aletean en mi memoria, como larvas ingrávidas llenando espacios que probablemente se encuentren vacíos, ahora que me sucede eso supongo que tiene que haber sido algo así, en noches de sigilo y alguna vez un japonés puro debe haber andado mezclado con un par de coyas hembras para armar semejante lío con los genes, líos de genes mezclados informaciones genéticas, porque había más de un caso como el de él, sin que existieran lazos evidentes de parentesco en ese pueblo del altiplano argentino, cerca de la frontera con Bolivia, adonde sus padres comerciaron por años con docenas y docenas de artículos de menudencias y unturas afrodisíacas.
El cabezón tuvo la mala suerte de ser el producto de una de esas cruzas, una obra terminada y perfecta de esos amoríos naturales e inconfesables, los hay peores me decía tocando el tema cuando lo tocaba conmigo, recriminando mi interpretación de la mala suerte porque en definitiva tenemos el aspecto que tenemos, me dijo varias veces con razón porque después uno mismo se pregunta si hay formas perfectas y la respuesta es siempre la misma, no, no hay belleza o fealdad absolutas, en todo caso las hay relativas.
Pero fue un accidente que le causó muchos problemas en su vida, por adentro y por afuera, me dijo una de las últimas veces que nos cruzamos en la casa de comidas que administraban dos de sus hermanos en la tacita de plata cerca de un mojón del Trópico de Capricornio para este lado de Ladinoamérica donde la patrona es la virgencita de Luján.
Ahora, en la distancia insondable del tiempo empiezo a entenderlo, empiezo a caer en la cuenta que la mixtura salía a la luz con sus actitudes de irreverente y taimado, y se manifestaba de forma plena en cada centímetro de su físico desproporcionado, desafortunado según mi versión mezquina, descomedido y astuto era pero esas eran sus principales defensas.
Sus reacciones y aspecto hacían de eje repetido, de epicentro de las cargadas cada día de los que pasamos en el internado, escapándole al chapó que nos gritaba majaderos y nos castañeaba o nos retorcía las orejas, en el Colegio Belgrano del cura Jimeno que oficiaba de ayudante y de chismoso, lugar según él mismo lo decía, donde lo puso su padrastro apenas tuvo la posibilidad de pagar gastos y cuotas, y además porque estaba harto de ver que su madre lo mimaba más que a sus hermanastros, su menjunje propios de astros ya cuando fuimos adultos sin habernos dado cuenta del transcurrir del tiempo.
Por entonces, en ese espacio y en ese tiempo, en que hacíamos de estudiantes vagos y desprolijos, las bromas le dolían y un apodo nuevo, un lance una bufa por parte de los otros, se plasmaban de la misma manera en que llegaban a su alma, espontáneas intensas burdas, se incrustaban como punciones impecables implacables y precisas que le desalentaban en cada una de las ocasiones de andar con las actividades que al cabezón le encantaban y que eran todas.
Después se recuperaba.
Ahora lo sé tenía la iniciativa de un nipón y la mala racha de un ladino, ¿o de un latino?
CONTINUARA, Y SI QUERËS CONTINUARLA PARA QUE YO LA CONTINUE MEJOR.
Ahora que vuelven a mí los recuerdos después de mucho tiempo, como mariposas intangibles que aletean en mi memoria, como larvas ingrávidas llenando espacios que probablemente se encuentren vacíos, ahora que me sucede eso supongo que tiene que haber sido algo así, en noches de sigilo y alguna vez un japonés puro debe haber andado mezclado con un par de coyas hembras para armar semejante lío con los genes, líos de genes mezclados informaciones genéticas, porque había más de un caso como el de él, sin que existieran lazos evidentes de parentesco en ese pueblo del altiplano argentino, cerca de la frontera con Bolivia, adonde sus padres comerciaron por años con docenas y docenas de artículos de menudencias y unturas afrodisíacas.
El cabezón tuvo la mala suerte de ser el producto de una de esas cruzas, una obra terminada y perfecta de esos amoríos naturales e inconfesables, los hay peores me decía tocando el tema cuando lo tocaba conmigo, recriminando mi interpretación de la mala suerte porque en definitiva tenemos el aspecto que tenemos, me dijo varias veces con razón porque después uno mismo se pregunta si hay formas perfectas y la respuesta es siempre la misma, no, no hay belleza o fealdad absolutas, en todo caso las hay relativas.
Pero fue un accidente que le causó muchos problemas en su vida, por adentro y por afuera, me dijo una de las últimas veces que nos cruzamos en la casa de comidas que administraban dos de sus hermanos en la tacita de plata cerca de un mojón del Trópico de Capricornio para este lado de Ladinoamérica donde la patrona es la virgencita de Luján.
Ahora, en la distancia insondable del tiempo empiezo a entenderlo, empiezo a caer en la cuenta que la mixtura salía a la luz con sus actitudes de irreverente y taimado, y se manifestaba de forma plena en cada centímetro de su físico desproporcionado, desafortunado según mi versión mezquina, descomedido y astuto era pero esas eran sus principales defensas.
Sus reacciones y aspecto hacían de eje repetido, de epicentro de las cargadas cada día de los que pasamos en el internado, escapándole al chapó que nos gritaba majaderos y nos castañeaba o nos retorcía las orejas, en el Colegio Belgrano del cura Jimeno que oficiaba de ayudante y de chismoso, lugar según él mismo lo decía, donde lo puso su padrastro apenas tuvo la posibilidad de pagar gastos y cuotas, y además porque estaba harto de ver que su madre lo mimaba más que a sus hermanastros, su menjunje propios de astros ya cuando fuimos adultos sin habernos dado cuenta del transcurrir del tiempo.
Por entonces, en ese espacio y en ese tiempo, en que hacíamos de estudiantes vagos y desprolijos, las bromas le dolían y un apodo nuevo, un lance una bufa por parte de los otros, se plasmaban de la misma manera en que llegaban a su alma, espontáneas intensas burdas, se incrustaban como punciones impecables implacables y precisas que le desalentaban en cada una de las ocasiones de andar con las actividades que al cabezón le encantaban y que eran todas.
Después se recuperaba.
Ahora lo sé tenía la iniciativa de un nipón y la mala racha de un ladino, ¿o de un latino?
CONTINUARA, Y SI QUERËS CONTINUARLA PARA QUE YO LA CONTINUE MEJOR.
Tuesday, April 19, 2011
cronopios y famas que viven colonizados y negándolo
Los planes condoritos porque existen los condorcitos.
Por allá no sé, ellos hacen la suya y estarán encantados con tanto nivel de fragmentación social que mostramos, pobres contra pobres, mediocres contra mediocres, todos peleados, todos pelados, ellos proponen y nosotros disponemos, siempre hacemos lo que nos inducen a hacerlo y no lo que nosotros creemos que debemos hacerlo, siempre hacemos de femenino antes que de masculino.
Por acá si se, cuando por las radios y televisores se difundió por enésima vez el comunicado número uno, miles de supuestos patriotas salieron a las calles esa madrugada de ese veinticuatro de marzo para celebrar que por fin el brujo y la prostituta de lujo dejarían de ser, henchidos de euforia los patriotas apócrifos plenos y preñados los pundonorosos quiméricos, perecía como que si a nadie entre esos supuestos patriotas le hubiera interesado algo de todo lo que en ese mismo preciso momento se estaba destruyendo con la idea de la seguridad nacional, presuntos patriotas que abuchearon lo mismo que antes aplaudieron en una espeluznante simetría que nunca termina de resolverse probablemente porque nunca se resuelve como debe resolverse.
Por allá no sé, ellos hacen la suya y estarán encantados con tanto nivel de fragmentación social que mostramos, indigentes contra indigentes, vulgares contra vulgares, todos peleados, todos pelados, ellos proponen y nosotros disponemos, siempre hacemos de femenino antes que de masculino.
Por acá si se, cuando por las radios y televisores se difunden por enésima vez los discursos en la cadena nacional los soflamas vacíos e incoherentes los sofismas con la propaganda obvia del gobierno de cualquier gobierno porque todos hacen lo mismo, miles de fingidos patriotas salen a las calles cualquier madrugada de cualquier veinticuatro de cualquier mes para celebrar que por fin por ahora ella seguirá siendo, henchidos de euforia los devotos simuladores cuajados y atiborrados los susceptibles legendarios, perece como que si a nadie entre estos condicionales y leales les interesara algo de todo lo que en este mismo preciso momento se está destruyendo, siempre hacemos lo que nos inducen a hacerlo y no lo que nosotros pensamos que debemos hacerlo, patriotas que son exactamente los mismos que aplaudieron lo mismo que ahora abuchean, perece como que si a nadie entre estos supuestos patriotas le interesara algo de todo lo que se está destruyendo con la idea de la confrontación y desde la carta abierta con toques gramscianos marcianos laclaunianos, la carta se copió en París.
Por allá no sé, ellos hacen la suya y estarán encantados con tanto nivel de fragmentación social que mostramos, pobres contra pobres, mediocres contra mediocres, todos peleados, todos pelados, ellos proponen y nosotros disponemos, siempre hacemos lo que nos inducen a hacerlo y no lo que nosotros creemos que debemos hacerlo, siempre hacemos de femenino antes que de masculino.
Por acá si se, cuando por las radios y televisores se difundió por enésima vez el comunicado número uno, miles de supuestos patriotas salieron a las calles esa madrugada de ese veinticuatro de marzo para celebrar que por fin el brujo y la prostituta de lujo dejarían de ser, henchidos de euforia los patriotas apócrifos plenos y preñados los pundonorosos quiméricos, perecía como que si a nadie entre esos supuestos patriotas le hubiera interesado algo de todo lo que en ese mismo preciso momento se estaba destruyendo con la idea de la seguridad nacional, presuntos patriotas que abuchearon lo mismo que antes aplaudieron en una espeluznante simetría que nunca termina de resolverse probablemente porque nunca se resuelve como debe resolverse.
Por allá no sé, ellos hacen la suya y estarán encantados con tanto nivel de fragmentación social que mostramos, indigentes contra indigentes, vulgares contra vulgares, todos peleados, todos pelados, ellos proponen y nosotros disponemos, siempre hacemos de femenino antes que de masculino.
Por acá si se, cuando por las radios y televisores se difunden por enésima vez los discursos en la cadena nacional los soflamas vacíos e incoherentes los sofismas con la propaganda obvia del gobierno de cualquier gobierno porque todos hacen lo mismo, miles de fingidos patriotas salen a las calles cualquier madrugada de cualquier veinticuatro de cualquier mes para celebrar que por fin por ahora ella seguirá siendo, henchidos de euforia los devotos simuladores cuajados y atiborrados los susceptibles legendarios, perece como que si a nadie entre estos condicionales y leales les interesara algo de todo lo que en este mismo preciso momento se está destruyendo, siempre hacemos lo que nos inducen a hacerlo y no lo que nosotros pensamos que debemos hacerlo, patriotas que son exactamente los mismos que aplaudieron lo mismo que ahora abuchean, perece como que si a nadie entre estos supuestos patriotas le interesara algo de todo lo que se está destruyendo con la idea de la confrontación y desde la carta abierta con toques gramscianos marcianos laclaunianos, la carta se copió en París.
Monday, April 18, 2011
cronopios que se parecen a los famas que son diferentes que se parecen a los cronopios
Cronopios y famas uniformados que en definitiva son diferentes.
Al cabo fuimos diferentes, pero hubo cuestiones en las que estuvimos muy uniformados.
El control del inventario que hizo el cura Isidro fue el mismo para mí que para mi entrañable amigo el cabezón Sánchez y Sánchez: dos pantalones gris claro uno para uso diario y otro para el uniforme, dos camisas blancas, corbata roja con el logo del colegio, saco azul con botones dorados, un pulóver azul, media docena de medias calzones y camisetas, equipo de gimnasia, pantalón blanco y remera en el verano, buzos azules para el invierno, toalla grande toalla chica y una bolsa de lona blanca para juntar la ropa sucia para el lavado el fin de semana.
Aunque tuvimos ambos lo mismo y lo usamos diferente, el porfiado aprovechó cualquier oportunidad para andar más con ropa de fajina que de uniforme, y disfrutó de los deportes y de lo que se hiciera al aire libre y de todo el tiempo que se la pasó adentro, parecía que lo hubieran abandonado y los demás comenzaron a cargarlo diciéndole mambrú, como diciéndole que estaba en una guerra sin saber nada de su regreso, no sé cuando vendrá no sé cuando vendrá le cantaban en medio de un partido y a él le molestaba, me lo contaba en cada rato que compartimos del tiempo libre porque yo polémico andaba en otras prestezas diferentes, poco deporte mucho de andar sin saber lo que quería con tristezas mascullando palabras que nunca diría, pero ese era el punto donde pudimos hacernos amigos, él para eludir la tristeza transpiraba yo para evitar lo mismo ronroneaba, de tan diferentes en eso nos igualamos. Como si fuéramos dos Mambrú iguales con guerras diferentes. O dos Mambrú diferentes con guerras iguales.
Al cabo fuimos diferentes, pero hubo cuestiones en las que estuvimos muy uniformados.
El control del inventario que hizo el cura Isidro fue el mismo para mí que para mi entrañable amigo el cabezón Sánchez y Sánchez: dos pantalones gris claro uno para uso diario y otro para el uniforme, dos camisas blancas, corbata roja con el logo del colegio, saco azul con botones dorados, un pulóver azul, media docena de medias calzones y camisetas, equipo de gimnasia, pantalón blanco y remera en el verano, buzos azules para el invierno, toalla grande toalla chica y una bolsa de lona blanca para juntar la ropa sucia para el lavado el fin de semana.
Aunque tuvimos ambos lo mismo y lo usamos diferente, el porfiado aprovechó cualquier oportunidad para andar más con ropa de fajina que de uniforme, y disfrutó de los deportes y de lo que se hiciera al aire libre y de todo el tiempo que se la pasó adentro, parecía que lo hubieran abandonado y los demás comenzaron a cargarlo diciéndole mambrú, como diciéndole que estaba en una guerra sin saber nada de su regreso, no sé cuando vendrá no sé cuando vendrá le cantaban en medio de un partido y a él le molestaba, me lo contaba en cada rato que compartimos del tiempo libre porque yo polémico andaba en otras prestezas diferentes, poco deporte mucho de andar sin saber lo que quería con tristezas mascullando palabras que nunca diría, pero ese era el punto donde pudimos hacernos amigos, él para eludir la tristeza transpiraba yo para evitar lo mismo ronroneaba, de tan diferentes en eso nos igualamos. Como si fuéramos dos Mambrú iguales con guerras diferentes. O dos Mambrú diferentes con guerras iguales.
Sunday, April 17, 2011
cronopios y famas mandones, mandados y mandantes
Cadenas de mandos entre cronopios y famas encerrados, encerronas.
Mucho después que el cura Jimeno apagaba las luces en el pabellón del dormitorio el niño se dormía.
No le era fácil conciliar el sueño, de un día para otro los padres le explicaron que debía terminar sexto grado en el internado del Colegio Belgrano y el, obediente maleable parsimonioso dócil, como siempre no había puesto reparos aunque se quedara con varias preguntas sin respuestas, no era fácil acomodarse en aquella cama estándar con sábanas estándar y almohada apelmazada y delgada igual para todos, cerrar los ojos y entrar en dulces sueños las siguientes nueve horas, porque la rutina rígida estaba establecida para todos, el cura Jimeno apagaba las luces a las nueve de la noche el cura Jimeno encendía las luces a las seis de la mañana.
Y esa pequeña gran odisea de no poder dormir no era solamente del niño, sino también de cada uno de los doscientos internos, es que cada vez que el cura apagaba las luces unas actividades diferentes a las comunes comenzaban y cuando él prendía las luces esas actividades cesaban, ir hasta el baño, avisar de dolores de estómago o la cabeza, lanzar al aire murmullos tristes o alegres, o andar con mariconeadas y toqueteos en los baños comunes que, como si se tratara de linternas gigantes alumbrando el cielorraso como si fuera un mural con dibujos de círculos y cuadrados, se iluminaban en partes durante toda la noche, diligencias de las que el cura sabía escuchaba entonces de los demás, el niño que además no entendía de qué se trataba.
Sabía, eso sí, que su mamá le había conminado que los varones ni tocan ni se dejan tocar por lo varones menos donde él ya sabía, ni adelante que es lo de lo varoncitos ni atrás como si fuera lo de las niñas, y sabía que él más que dormirse cuando comenzaba alguna de esas largas noches se despertaba, aunque se quedara inmóvil con los ojos cerrados y apretados, en posición fetal y como rezando, de hecho a veces le pedía favores a su ángel de la guarda, y se quedaba escuchando lo ruidos que comenzaban cuando el capellán apagaba las luces y acababan cuando el abate en la mañana las prendía.
Y no quiso saber nunca, eso sí que no, eso se confundía con esas negras recomendaciones de su madre, incluso mucho después de haber salido del colegio, saber lo que todos sabían y nadie le contara como se cuentan las cosas para saberlas, que en esos días había dos pares de maricones entre ellos, que el cura Jimeno sabía y que también lo sabía el cura Isidro que controlaba al cura Jimeno, y que los más malignos de los chicos decían que los más grandes se prestaban a la joda con el cura.
Cualquiera fuera la historia, lo cierto es que mucho después que el cura Jimeno apagaba las luces en el pabellón del dormitorio el niño se dormía.
Mucho después que el cura Jimeno apagaba las luces en el pabellón del dormitorio el niño se dormía.
No le era fácil conciliar el sueño, de un día para otro los padres le explicaron que debía terminar sexto grado en el internado del Colegio Belgrano y el, obediente maleable parsimonioso dócil, como siempre no había puesto reparos aunque se quedara con varias preguntas sin respuestas, no era fácil acomodarse en aquella cama estándar con sábanas estándar y almohada apelmazada y delgada igual para todos, cerrar los ojos y entrar en dulces sueños las siguientes nueve horas, porque la rutina rígida estaba establecida para todos, el cura Jimeno apagaba las luces a las nueve de la noche el cura Jimeno encendía las luces a las seis de la mañana.
Y esa pequeña gran odisea de no poder dormir no era solamente del niño, sino también de cada uno de los doscientos internos, es que cada vez que el cura apagaba las luces unas actividades diferentes a las comunes comenzaban y cuando él prendía las luces esas actividades cesaban, ir hasta el baño, avisar de dolores de estómago o la cabeza, lanzar al aire murmullos tristes o alegres, o andar con mariconeadas y toqueteos en los baños comunes que, como si se tratara de linternas gigantes alumbrando el cielorraso como si fuera un mural con dibujos de círculos y cuadrados, se iluminaban en partes durante toda la noche, diligencias de las que el cura sabía escuchaba entonces de los demás, el niño que además no entendía de qué se trataba.
Sabía, eso sí, que su mamá le había conminado que los varones ni tocan ni se dejan tocar por lo varones menos donde él ya sabía, ni adelante que es lo de lo varoncitos ni atrás como si fuera lo de las niñas, y sabía que él más que dormirse cuando comenzaba alguna de esas largas noches se despertaba, aunque se quedara inmóvil con los ojos cerrados y apretados, en posición fetal y como rezando, de hecho a veces le pedía favores a su ángel de la guarda, y se quedaba escuchando lo ruidos que comenzaban cuando el capellán apagaba las luces y acababan cuando el abate en la mañana las prendía.
Y no quiso saber nunca, eso sí que no, eso se confundía con esas negras recomendaciones de su madre, incluso mucho después de haber salido del colegio, saber lo que todos sabían y nadie le contara como se cuentan las cosas para saberlas, que en esos días había dos pares de maricones entre ellos, que el cura Jimeno sabía y que también lo sabía el cura Isidro que controlaba al cura Jimeno, y que los más malignos de los chicos decían que los más grandes se prestaban a la joda con el cura.
Cualquiera fuera la historia, lo cierto es que mucho después que el cura Jimeno apagaba las luces en el pabellón del dormitorio el niño se dormía.
Saturday, April 16, 2011
última chance de entender las incoherencias de cronopios y famas que andan en lo mismo a pesar de ser tan diferentes, III
Lecciones para llegar, III - fin
El guanaco era un grosero en forma permanente vivía enfrentado con los demás y andaba siempre con una actitud de escupir en la cara a quien sea cuando sea y cuando no quería ser tan agresivo lo menos que hacía era abundar en gestos de asco para todo, era súper malo para algunos perseguidos que no entendían que con el nuevo gobierno llegaban los tiempos de cambio de demostrar que ellos cambiarían de cambiar todo para que nada cambie, a buen entendedor pocas palabras por ahí decía el guanaco que era un guanaco, indulgente bueno en la boca de otros más pícaros que le seguían la corriente y le daban la razón esos que inventaban y usaban la palabra sijefecito diariamente entonces nunca tenían problemas con él así ellos hicieran o pensaran distinto así lo odiaran y lo maldijeran en lo más profundo de su hartazgo, ese era su sobrenombre mal o bien usado y guanaquitos el nombre lugareño del predio toda una casualidad aunque el diminutivo señalara algún recuerdo de tiempos mejores para algún baqueano nostálgico recorriendo todavía esas tierras, a él de frente no se animaba a nombrarlo así de esa manera nadie para los otros era el doctor fulano de tal, al lugar lo conocía y por lo tanto lo nombraba todo el mundo los que planeaban.
Los fines de semana los que organizaban pescas nocturnas, comparado este con los otros temas que llevaba era como si tuviera un juguete en sus manos un entretenimiento de esos, jugando y trabajando con lo del malecón de guanaquitos todo un tapado para los demás y evidente para él y para su amigo desde que decidieron tenerlo como su cable a tierra el lugar donde podían estar desde un jueves al domingo sin tener siquiera que comprar provisiones con luz agua potable y gas en invierno y verano, el lugar en donde antes que llegaran él y el camaleón se hacían reuniones en las que se daban concesiones para pagar favores y cubrir prebendas de campañas y se financiaban negocios turbios en otros gobiernos en otras épocas, cuando él se ocupaba nadie podía esbozar una opinión decir esto o aquello que eso estaba más que bien, o que lo estaban haciendo mal como antes o bien como lo que estaban haciendo ellos con el argumento que recuperaban esa residencia para el gobierno su gobierno el gobierno de la gente el gobierno del pueblo, el mismo gobierno elegido con la voz maravillosa del pueblo que cautivaba al general el vulgo que podía usar según ellos mismos lo decían ese feudo para alojar contingentes de niños de estudiantes de jubilados y una larga lista de turistas de todas las especies y al final de cuentas virtuales porque nunca llegaban ni los aventureros ni la diversión porque ellos usaban la heredad como si la tuvieran por mandato de los que estaban arriba, diciendo blanco y haciendo negro si total a los jefes les llegaba lo que decían nunca lo que hacían en nombre de lo cual ellos le seguían agregando al páramo dependencias con dormitorios comedores y baños de primera asador y horno de barro porque comer que era para ellos tan importante como fregarse unas locas, no había que ser muy leído, decían se decían.
Para tener una primera idea de todo ese menjurje para la fajina de desnacionalizar desmontando lo que había que desmontar de esa fanfarria que ni el que inventó eso del monstruo grande que pisa fuerte se imaginó cómo era en realidad, pero había que ser muy macho para sacar al estado de ese antipático lento y redundante universo de burocracia y poder de poder y burocracia de burocracia y dedocracia de dedocracia y democracia de democracia y autocracia de autocracia y nepotismo dependía, había que saberlo de antemano para saber operar era su indicación favorita a sus subordinados.
Cuando al otro de ellos le tocó y lo entrevistó el ministro el camaleón igual que el guanaco en su turno le dijo que sí que cómo no que él respondía para lo que ordenaran los que ordenaban lo que ordenaron y lo que ordenarán porque el estaba acostumbrado a que lo mandaran y a estar siempre con los que mandaban no lo decía y hacía como que ni lo pensaba pero se cuidaba así la cintura y bailaba en el difícil baile de la política, como ahora nomás, le comentaba se comentaban se glosaban entretenidos, que venía de dos cambios de gobierno que él en realidad y sin decirlo agradecía que esos cambios se dieran entre gente del mismo palo decía y de la misma línea dentro del mismo partido que tenía varias líneas que iban de la derecha a la izquierda como si no fueran veredas diferentes como para andarlas juntando decía, que eso de tener cintura era importante igual que el trabajo en equipo.
Porque si él hacía lo que otros necesitaban para mantenerse en los puestos por los que pasaba le renovaban el contrato una y otra vez entre una administración y otra nada más que con tocar los contactos adecuados, le dijo que sí que sí conocía los secretos en eso de la reforma del estado y le dijo que además lo había estudiado en una de las últimas materias en la uni y para probar la réplica le dijo que se había enterado de un postgrado justo sobre el tema como para anotarse y que por lo tanto él podía ayudar y ayudar bien llevando adelante lo que viniera como órdenes de arriba, de cambiar el estado del estado de fofo hacerlo compacto eficiente, en cataratas bajaban los mandatos de arriba para liberar a los organismos de la administración pública del avasallamiento de los vagos empleados públicos que vivían despreciando su trabajo y cambiarlo por el alto desempeño de tipos en competencia permanente, él podía fácil secundar diciendo de cómo debía ser eso de romper las cadenas, eso de ocuparse de las plétoras de las estructuras, le decía se decían probando el coloquio académico rebuscado y doctoral, destruir las fachadas que se veían de los recursos humanos de cualquier gobierno.
Que protegían a los trabajadores baladíes y holgazanes que nunca atendían los asuntos que les correspondían nunca una buena cara ni un gesto de cordialidad y apañados por el gremio, celosos custodios de la quinta propia en sus puestos con sindicalistas incluidos todos corruptos los que andaban, que si atendían a la gente en el mostrador se demoraban a propósito y disimulaban como sus mismos jefes que ocultaban los defectos propios y de los que trabajaban con ellos para que nadie por asociación fuera a pensar en nada de lacras ni propias ni ajenas ni extendidas, como también ellos las tenían como las tenían otros y otros que andaban con esos deterioros, él podía ayudar a rescatar a las organizaciones que se armaban para tapar desalientos frustraciones y bajos rendimientos, cambiar todo eso, eso le pidieron desmantelar lo que se pudiera entregarlo a quien se mostrara interesado en arriesgar con dinero propio para poner en movimiento algo que según lo que decían no podía hacer andar el estado, no en un manchancho de responsabilidades como habían estado los otros siempre los otros, nunca hablando de estos temas y buscando los culpables de los dramas y las malarias le salía un nosotros.
Cuando el camaleón tomaba las decisiones las tomaba con parsimonia y naturalidad y estaba convencido que las cosas terminaban como terminaban porque quienes las llevaban no cuidaban de pequeños detalles como la licencia anterior de guanaquitos que terminó en medio de favores intereses encontrados en medio de acusaciones cruzadas acuerdos espurios prebendas gansadas oportunismo y guaseadas lo que hacía necesario poner atención a los propios detalles que en realidad y según lo que él mismo estaba convencido eran menores comparados a los de otros, y en el juicio haciendo un inventario de funciones de tipos de recursos de ventiladores de cajas fuertes de escritorios de mates y termos para el agua de los infinitos mates dulces, o amargos más o menos que se tomaban los empleados viejos, sacaba que se comportaban así porque eran viejos y sin ser la excepción los nuevos porque eran nuevos en infinitas horas de infinitas explicaciones de encubierta sobriedad, haciendo un inventario de lo disponible para entregarlo después a unos fulanos que podrían hacer lo que quisieran siempre y cuando no le pidieran plata al gobierno ni estuvieran esperando los llamados a licitaciones oficiales o concursos de precios.
Para todo eso a él le encomendaban mirar áreas y lugares enteros de una administración pública que no daba para más lo facultaban a convertir si se podía o más bien si se creía en iniciativa privada cada rincón de esa gris administración pública que iba a depender de ellos por un tiempo reemplazando gente cambiándola de lugar o echándola tratándola como si fueran los mismos viejos y destartalados muebles de las docenas de oficinas que debía arrasar y armar de nuevo reformando, otra palabra que entendió él y lo hacía entender a su amigo al pié de la letra, cómo no entender eso le repetía le decía se decían por ahí olvidándose de la investidura que al ministro no le interesaba que él la respetara si en realidad eran amigos de los asados que organizaban juntos de las comilonas que estremecían a sus compañeros de trabajo y de los chupes y de las jodas más pesadas en las que se juntaban sin diferencias y aunque terminaran como dementes encanutados con dos o tres locas o desparramados y durmiendo la mona sobre vómitos anónimos como en guanaquitos unas cuantas veces después que acondicionaban la vivienda con ajuares de primera cubiertos de plata y platos de porcelana que demostraban a los visitantes que ellos eran funcionarios y no eran unos otarios, cómo no entender le decía se decía se decían eso de transformar las estructuras íntegras de un estado que no le servía como debía servir al pueblo ese pueblo que pagaba puntualmente sus impuestos y sus contribuciones y lo menos que se merecía era un gobierno que le respondiera a sus intereses con sus sueños con sus esperanzas ilusiones que cada vez se estiraban más como si fueran chicles como la plata con todo aumento de precios y se reducían o quedaban en la nada cuando a las mismas esperanzas se las bajaba a tierra transformadas en largas esperas.
De que alguna vez se cumplieran sueños de casi toda la vida que si no fuera por esas fantasías sería duro bancarse la locura en un país de lunáticos y despistados, como para él mancarse de todo el estrés de su laburo sin horas de descanso en pantagruélicas y libidinosas jornadas que le organizaba el contador que trabajaba con él y su amigo y los ayudaba a esconder sus cositas sucias sus errores en largos e indescifrables balances o en intrincados flujos de fondos, privatizar era la tarea más importante que le había tocado pero también reformar lo que venía de otras gestiones que por definición eran pésimas gestiones en un país como éste donde siempre es pésimo lo que hacen los otros y es muy bueno lo que hace uno en un país de memoria recortada por anónimos irresponsables que se cagan en la historia y en la salud mental de las nuevas generaciones, hombres de gobiernos anteriores que no advirtieron o no se atrevieron a catalogar que las dos tareas esas eran una forma de aceptar de antemano que era como un parto de culo el trabajo, él no se atrevía a decirle así al ingeniero.
Al que le encantaban las frases ocurrentes y groseras y recitar el Martín Fierro, de las privatizaciones y la reforma importantes términos que bajaban de los organismos internacionales para todos con el nombre de un consenso que venía así sin disenso de Washington pero que firmaron todos los excelsos representantes de los países del patio trasero como le llamaban despectivamente a nuestra querida América ladina antes que latina él decía lo decía cuando podía y se figuraba que le decía, privatizar o reformar con una cuenta que no pasaba de cuatro empresas del estado para armar como empresas privadas y que no pasaba de echar a unos tres mil empleados aunque no decidieran mudanzas de caparazón y de cerebro porque había que poner ideas para ir explicando al pueblo a la gente y a los idiotas lo inexplicable.
Que lo llamaran camaleón no era una casualidad teniendo en cuenta una larga historia que venía desde el abuelo un distinguido conservador y oreja que en la década del cuarenta peleaba en contra de la democracia pasaba por el padre que enganchó con los radicales y unos cuantos más llegaba a él que había comenzado con los unos que decían eran del MID pero eran en realidad radicales renegados y hacía rato que andaba con los perucas.
Cuando el guanaco decidió encararla le metió para adelante, era para muchos una bosta que apestaba en cada uno de los lugares en los que andaba un tipejo que abusaba con las actitudes despóticas y se pasaba de revoluciones con las exigencias a la gente que le colaboraba incluidos los obsecuentes, pero para su amigo nunca una agachada como decía recordando a sus compañeros de la franja, cómo no habría de ir bien se ufanaba el guanaco en sus cualidades a pesar de no haber sido un alumno brillante para el promedio lo era con sus decisiones, cómo no habrá de ir bien repetía cuando estaba con su amigo y trataba de hacerlo participar a su entrañable el camaleón que cambiaba de colores según la ocasión decían, se burlaban se reían disimulaban sus más inconstantes enemigos cómo no habría de ir de parabienes, en la liza de la destrucción del centenario ferrocarril que con eso no había que sentir compasiones ni tener contemplaciones con nadie porque estaba desde hace mucho regenteado por vagos e incompetentes, hasta había soñado que había que destruirlo como si fueran partes de un mecano inmenso para armar en un juego de mayores macabro, porque estaban quedando territorios fantasmas en los galpones de Tafí Viejo o en los tinglados de Haedo, cómo no había de ser interesante si además de gente había cajas fuertes en las estaciones o en las divisionales arcones en los que más de uno ya había metido las manos anteriormente tomando decisiones que siempre eran pendulares en el sentido que se lo llevaba de una órbita a otra como si nada.
Como la nacionalización del general que lo rescató de la voracidad de los ingleses, cómo no aceptar el reto a la imaginación del camaleón afirmaba el guanaco pensando en que venían de hacer una carrera profesional que se les daba a pocos colegas suyos, en la época en que ni se imaginaban que se estaría en la palestra de la explosión de la desocupación y la elevada presión social que sobrevendrían por sus providencias y ellos mismos solucionarían, ellos no lo sabían muy bien pero se jugaban a que alguien alguna vez, en la interminable cadena de recetas de indicaciones nunca cruzadas siempre directas de los señores a los siervos de los patrones a los obreros en el largo atadero de los que mandaban con los que obedecían siempre a favor de los primeros y en contra de los segundos con pobres y marginados que quedaban en ese camino en definitiva de los ricos mandando sobre los pobres en esos vínculos que casi nadie conocía en su totalidad, ellos presentían en realidad lo que pasaba que alguien compraba on line la idea del consenso vendida como otros productos por los yanquis del fondo que se paseaban por los aires de América.
Sin estar en una lista de espera de aviones y atorados con trabajos a cumplir por parte de los países si querían recibir la plata que previamente pedían, apuntándole a exuberancias de los países que antes de pedir depositaban en el mismo lugar en que pedían también a raudales, en los mismos organismos en los que depositaban y después sacaban en los que cedían y después compraban, en una secuencia más que graciosa grotesca porque era dejar el dinero en ciertos organismos con fluidez y sacarlo con unas dificultades de la puta madre, cómo no lo sentiría y lo viviría así si ellos estaban y fueron ellos los que estuvieron cuando destruyeron el banco de la provincia sin meterse demasiado esa era la indicación que les cayera, a eso lo comandaban los jefes, las repartijas grandes para los grandes las distribuciones más pequeñas para los de más abajo donde andaban ellos aunque no lo reconocieran entre los demás profesionales haciéndoles creer que ellos eran lo más, los dividendos y los réditos por semejante venta eran elevados y el guanaco y el camaleón ya hacía rato que se habían puesto a repartir negocios menores que era los que les correspondían sin meterse en los grandes negocios de los grandes, comenzaron con el Banco que se vendió a valores espurios las ejecuciones de hipotecas como a cuatrocientos tipos que le significaron como cuatrocientos millones de pesos al pueblo de la provincia.
Siguieron con el agua dulce y transparente que nos sirve a todos, con el gas que sirve para calentarse en invierno con la electricidad que indistintamente sirve para el sofocón y que tiriten los que menos tienen los que andan por las calles que en la escala del camaleón y el guanaco son unos distraídos que no supieron prevenir. por eso siguió insistiendo con los encuentros los fines de semana cuando comenzaron a escucharse lo ecos de la patraña que levantaban ellos no los escuchaban como maridos largamente engañados en el principio no creían ni siquiera los que sus asistentes les insinuaban en charlas informales ellos pensaban que esos puteríos interesaban sólo a los giles que creían que denunciándolos se tomaban medidas, cuando fueron muchas las repeticiones de las críticas ellos comenzaron a insistir con aquello que no era ni por cerca grato para ellos saber que los llamaban guanaco o camaleón ni les importaba saber exactamente los motivos aunque los presentían ni les importaba saber si la corrupción era esto de sembrar la tierra de guanaquitos de condones, de bombachas corpiños y ajuares varios, de restos de puchos y acusis de botellas de vino y gaseosa que iban dejando cada vez que pasaban un día o dos de la semana de pesca para todo para los pescados y para las tías que se levantaban de paso, si era una podredumbre hacer esta a costa que no lo hicieran docenas de chicos y de familias que los acompañaban no a ellos sino al gobernador con sus votos, o si era putrefacción lo otro ambos eran exitosos inteligentes en la apreciación de los otros divinos para los de su grupo y estaban acostumbrados a las miserias que así llamaban a lo que ellos apuntaban las desventuras de los otros, en medio del carnaval de sus decisiones les tocó la gestión de la bahía y no les cambiaba la vida saber si ser corrupto era robarle al estado que en realidad era robarle a la gente, que la gente aguante y comprenda que la corrupción era la ausencia de compasión esa compasión que como en el camino de Jericó ellos no sentían por nadie, por eso una vez vendida la idea la aplicaron en cuanto y a cuanto se les ocurrió. No era ni por cerca grato saber que lo llamaban guanaco como si utilizaran el sinónimo de ser un mala leche aunque él no escupiera ni cuando estaba resfriado ni fuera un rumiante de malas costumbres, pero él sabía que a sus espaldas los maldicientes lo criticaban a él y a todos los que como él estaban en el círculo de quienes eran elegidos por los capos y superiores, lo presentía en cada una de las reuniones a las que asistía para establecer relaciones, pero también sabía que aún con esas cosas era indistinto que los llamaran en forma indistinta guanaco mamífero bestia grosero inconveniente malcriado descomedido desatento vivíparo vivo rumiante o camaleón reptil lagarto astuto hipócrita ladino rastrero servil pérfido.
No es que no lo crea, cuesta pasar de incrédulo a crédulo porque seguro que cuando era niño como muchos estudié sesgada la historia inclinada para donde quisieron los que la contaron que la contaron con la sangre muy caliente y muy poca imparcialidad, entonces un grupo de los tipos que pasaron fueron o muy malos o muy buenos o viceversa teniendo en cuenta la posición en la que uno se encuentra. Así, con tanta diferencia palmaria cada vez que me toca catalogar a los contemporáneos y mortales que gobiernan estos también son malos o buenos nunca pueden ser regulares. Así me pasó con el Dr. Fulano de Tal y el Cr. Mengano de Cual cuando los conocí.
El guanaco era un grosero en forma permanente vivía enfrentado con los demás y andaba siempre con una actitud de escupir en la cara a quien sea cuando sea y cuando no quería ser tan agresivo lo menos que hacía era abundar en gestos de asco para todo, era súper malo para algunos perseguidos que no entendían que con el nuevo gobierno llegaban los tiempos de cambio de demostrar que ellos cambiarían de cambiar todo para que nada cambie, a buen entendedor pocas palabras por ahí decía el guanaco que era un guanaco, indulgente bueno en la boca de otros más pícaros que le seguían la corriente y le daban la razón esos que inventaban y usaban la palabra sijefecito diariamente entonces nunca tenían problemas con él así ellos hicieran o pensaran distinto así lo odiaran y lo maldijeran en lo más profundo de su hartazgo, ese era su sobrenombre mal o bien usado y guanaquitos el nombre lugareño del predio toda una casualidad aunque el diminutivo señalara algún recuerdo de tiempos mejores para algún baqueano nostálgico recorriendo todavía esas tierras, a él de frente no se animaba a nombrarlo así de esa manera nadie para los otros era el doctor fulano de tal, al lugar lo conocía y por lo tanto lo nombraba todo el mundo los que planeaban.
Los fines de semana los que organizaban pescas nocturnas, comparado este con los otros temas que llevaba era como si tuviera un juguete en sus manos un entretenimiento de esos, jugando y trabajando con lo del malecón de guanaquitos todo un tapado para los demás y evidente para él y para su amigo desde que decidieron tenerlo como su cable a tierra el lugar donde podían estar desde un jueves al domingo sin tener siquiera que comprar provisiones con luz agua potable y gas en invierno y verano, el lugar en donde antes que llegaran él y el camaleón se hacían reuniones en las que se daban concesiones para pagar favores y cubrir prebendas de campañas y se financiaban negocios turbios en otros gobiernos en otras épocas, cuando él se ocupaba nadie podía esbozar una opinión decir esto o aquello que eso estaba más que bien, o que lo estaban haciendo mal como antes o bien como lo que estaban haciendo ellos con el argumento que recuperaban esa residencia para el gobierno su gobierno el gobierno de la gente el gobierno del pueblo, el mismo gobierno elegido con la voz maravillosa del pueblo que cautivaba al general el vulgo que podía usar según ellos mismos lo decían ese feudo para alojar contingentes de niños de estudiantes de jubilados y una larga lista de turistas de todas las especies y al final de cuentas virtuales porque nunca llegaban ni los aventureros ni la diversión porque ellos usaban la heredad como si la tuvieran por mandato de los que estaban arriba, diciendo blanco y haciendo negro si total a los jefes les llegaba lo que decían nunca lo que hacían en nombre de lo cual ellos le seguían agregando al páramo dependencias con dormitorios comedores y baños de primera asador y horno de barro porque comer que era para ellos tan importante como fregarse unas locas, no había que ser muy leído, decían se decían.
Para tener una primera idea de todo ese menjurje para la fajina de desnacionalizar desmontando lo que había que desmontar de esa fanfarria que ni el que inventó eso del monstruo grande que pisa fuerte se imaginó cómo era en realidad, pero había que ser muy macho para sacar al estado de ese antipático lento y redundante universo de burocracia y poder de poder y burocracia de burocracia y dedocracia de dedocracia y democracia de democracia y autocracia de autocracia y nepotismo dependía, había que saberlo de antemano para saber operar era su indicación favorita a sus subordinados.
Cuando al otro de ellos le tocó y lo entrevistó el ministro el camaleón igual que el guanaco en su turno le dijo que sí que cómo no que él respondía para lo que ordenaran los que ordenaban lo que ordenaron y lo que ordenarán porque el estaba acostumbrado a que lo mandaran y a estar siempre con los que mandaban no lo decía y hacía como que ni lo pensaba pero se cuidaba así la cintura y bailaba en el difícil baile de la política, como ahora nomás, le comentaba se comentaban se glosaban entretenidos, que venía de dos cambios de gobierno que él en realidad y sin decirlo agradecía que esos cambios se dieran entre gente del mismo palo decía y de la misma línea dentro del mismo partido que tenía varias líneas que iban de la derecha a la izquierda como si no fueran veredas diferentes como para andarlas juntando decía, que eso de tener cintura era importante igual que el trabajo en equipo.
Porque si él hacía lo que otros necesitaban para mantenerse en los puestos por los que pasaba le renovaban el contrato una y otra vez entre una administración y otra nada más que con tocar los contactos adecuados, le dijo que sí que sí conocía los secretos en eso de la reforma del estado y le dijo que además lo había estudiado en una de las últimas materias en la uni y para probar la réplica le dijo que se había enterado de un postgrado justo sobre el tema como para anotarse y que por lo tanto él podía ayudar y ayudar bien llevando adelante lo que viniera como órdenes de arriba, de cambiar el estado del estado de fofo hacerlo compacto eficiente, en cataratas bajaban los mandatos de arriba para liberar a los organismos de la administración pública del avasallamiento de los vagos empleados públicos que vivían despreciando su trabajo y cambiarlo por el alto desempeño de tipos en competencia permanente, él podía fácil secundar diciendo de cómo debía ser eso de romper las cadenas, eso de ocuparse de las plétoras de las estructuras, le decía se decían probando el coloquio académico rebuscado y doctoral, destruir las fachadas que se veían de los recursos humanos de cualquier gobierno.
Que protegían a los trabajadores baladíes y holgazanes que nunca atendían los asuntos que les correspondían nunca una buena cara ni un gesto de cordialidad y apañados por el gremio, celosos custodios de la quinta propia en sus puestos con sindicalistas incluidos todos corruptos los que andaban, que si atendían a la gente en el mostrador se demoraban a propósito y disimulaban como sus mismos jefes que ocultaban los defectos propios y de los que trabajaban con ellos para que nadie por asociación fuera a pensar en nada de lacras ni propias ni ajenas ni extendidas, como también ellos las tenían como las tenían otros y otros que andaban con esos deterioros, él podía ayudar a rescatar a las organizaciones que se armaban para tapar desalientos frustraciones y bajos rendimientos, cambiar todo eso, eso le pidieron desmantelar lo que se pudiera entregarlo a quien se mostrara interesado en arriesgar con dinero propio para poner en movimiento algo que según lo que decían no podía hacer andar el estado, no en un manchancho de responsabilidades como habían estado los otros siempre los otros, nunca hablando de estos temas y buscando los culpables de los dramas y las malarias le salía un nosotros.
Cuando el camaleón tomaba las decisiones las tomaba con parsimonia y naturalidad y estaba convencido que las cosas terminaban como terminaban porque quienes las llevaban no cuidaban de pequeños detalles como la licencia anterior de guanaquitos que terminó en medio de favores intereses encontrados en medio de acusaciones cruzadas acuerdos espurios prebendas gansadas oportunismo y guaseadas lo que hacía necesario poner atención a los propios detalles que en realidad y según lo que él mismo estaba convencido eran menores comparados a los de otros, y en el juicio haciendo un inventario de funciones de tipos de recursos de ventiladores de cajas fuertes de escritorios de mates y termos para el agua de los infinitos mates dulces, o amargos más o menos que se tomaban los empleados viejos, sacaba que se comportaban así porque eran viejos y sin ser la excepción los nuevos porque eran nuevos en infinitas horas de infinitas explicaciones de encubierta sobriedad, haciendo un inventario de lo disponible para entregarlo después a unos fulanos que podrían hacer lo que quisieran siempre y cuando no le pidieran plata al gobierno ni estuvieran esperando los llamados a licitaciones oficiales o concursos de precios.
Para todo eso a él le encomendaban mirar áreas y lugares enteros de una administración pública que no daba para más lo facultaban a convertir si se podía o más bien si se creía en iniciativa privada cada rincón de esa gris administración pública que iba a depender de ellos por un tiempo reemplazando gente cambiándola de lugar o echándola tratándola como si fueran los mismos viejos y destartalados muebles de las docenas de oficinas que debía arrasar y armar de nuevo reformando, otra palabra que entendió él y lo hacía entender a su amigo al pié de la letra, cómo no entender eso le repetía le decía se decían por ahí olvidándose de la investidura que al ministro no le interesaba que él la respetara si en realidad eran amigos de los asados que organizaban juntos de las comilonas que estremecían a sus compañeros de trabajo y de los chupes y de las jodas más pesadas en las que se juntaban sin diferencias y aunque terminaran como dementes encanutados con dos o tres locas o desparramados y durmiendo la mona sobre vómitos anónimos como en guanaquitos unas cuantas veces después que acondicionaban la vivienda con ajuares de primera cubiertos de plata y platos de porcelana que demostraban a los visitantes que ellos eran funcionarios y no eran unos otarios, cómo no entender le decía se decía se decían eso de transformar las estructuras íntegras de un estado que no le servía como debía servir al pueblo ese pueblo que pagaba puntualmente sus impuestos y sus contribuciones y lo menos que se merecía era un gobierno que le respondiera a sus intereses con sus sueños con sus esperanzas ilusiones que cada vez se estiraban más como si fueran chicles como la plata con todo aumento de precios y se reducían o quedaban en la nada cuando a las mismas esperanzas se las bajaba a tierra transformadas en largas esperas.
De que alguna vez se cumplieran sueños de casi toda la vida que si no fuera por esas fantasías sería duro bancarse la locura en un país de lunáticos y despistados, como para él mancarse de todo el estrés de su laburo sin horas de descanso en pantagruélicas y libidinosas jornadas que le organizaba el contador que trabajaba con él y su amigo y los ayudaba a esconder sus cositas sucias sus errores en largos e indescifrables balances o en intrincados flujos de fondos, privatizar era la tarea más importante que le había tocado pero también reformar lo que venía de otras gestiones que por definición eran pésimas gestiones en un país como éste donde siempre es pésimo lo que hacen los otros y es muy bueno lo que hace uno en un país de memoria recortada por anónimos irresponsables que se cagan en la historia y en la salud mental de las nuevas generaciones, hombres de gobiernos anteriores que no advirtieron o no se atrevieron a catalogar que las dos tareas esas eran una forma de aceptar de antemano que era como un parto de culo el trabajo, él no se atrevía a decirle así al ingeniero.
Al que le encantaban las frases ocurrentes y groseras y recitar el Martín Fierro, de las privatizaciones y la reforma importantes términos que bajaban de los organismos internacionales para todos con el nombre de un consenso que venía así sin disenso de Washington pero que firmaron todos los excelsos representantes de los países del patio trasero como le llamaban despectivamente a nuestra querida América ladina antes que latina él decía lo decía cuando podía y se figuraba que le decía, privatizar o reformar con una cuenta que no pasaba de cuatro empresas del estado para armar como empresas privadas y que no pasaba de echar a unos tres mil empleados aunque no decidieran mudanzas de caparazón y de cerebro porque había que poner ideas para ir explicando al pueblo a la gente y a los idiotas lo inexplicable.
Que lo llamaran camaleón no era una casualidad teniendo en cuenta una larga historia que venía desde el abuelo un distinguido conservador y oreja que en la década del cuarenta peleaba en contra de la democracia pasaba por el padre que enganchó con los radicales y unos cuantos más llegaba a él que había comenzado con los unos que decían eran del MID pero eran en realidad radicales renegados y hacía rato que andaba con los perucas.
Cuando el guanaco decidió encararla le metió para adelante, era para muchos una bosta que apestaba en cada uno de los lugares en los que andaba un tipejo que abusaba con las actitudes despóticas y se pasaba de revoluciones con las exigencias a la gente que le colaboraba incluidos los obsecuentes, pero para su amigo nunca una agachada como decía recordando a sus compañeros de la franja, cómo no habría de ir bien se ufanaba el guanaco en sus cualidades a pesar de no haber sido un alumno brillante para el promedio lo era con sus decisiones, cómo no habrá de ir bien repetía cuando estaba con su amigo y trataba de hacerlo participar a su entrañable el camaleón que cambiaba de colores según la ocasión decían, se burlaban se reían disimulaban sus más inconstantes enemigos cómo no habría de ir de parabienes, en la liza de la destrucción del centenario ferrocarril que con eso no había que sentir compasiones ni tener contemplaciones con nadie porque estaba desde hace mucho regenteado por vagos e incompetentes, hasta había soñado que había que destruirlo como si fueran partes de un mecano inmenso para armar en un juego de mayores macabro, porque estaban quedando territorios fantasmas en los galpones de Tafí Viejo o en los tinglados de Haedo, cómo no había de ser interesante si además de gente había cajas fuertes en las estaciones o en las divisionales arcones en los que más de uno ya había metido las manos anteriormente tomando decisiones que siempre eran pendulares en el sentido que se lo llevaba de una órbita a otra como si nada.
Como la nacionalización del general que lo rescató de la voracidad de los ingleses, cómo no aceptar el reto a la imaginación del camaleón afirmaba el guanaco pensando en que venían de hacer una carrera profesional que se les daba a pocos colegas suyos, en la época en que ni se imaginaban que se estaría en la palestra de la explosión de la desocupación y la elevada presión social que sobrevendrían por sus providencias y ellos mismos solucionarían, ellos no lo sabían muy bien pero se jugaban a que alguien alguna vez, en la interminable cadena de recetas de indicaciones nunca cruzadas siempre directas de los señores a los siervos de los patrones a los obreros en el largo atadero de los que mandaban con los que obedecían siempre a favor de los primeros y en contra de los segundos con pobres y marginados que quedaban en ese camino en definitiva de los ricos mandando sobre los pobres en esos vínculos que casi nadie conocía en su totalidad, ellos presentían en realidad lo que pasaba que alguien compraba on line la idea del consenso vendida como otros productos por los yanquis del fondo que se paseaban por los aires de América.
Sin estar en una lista de espera de aviones y atorados con trabajos a cumplir por parte de los países si querían recibir la plata que previamente pedían, apuntándole a exuberancias de los países que antes de pedir depositaban en el mismo lugar en que pedían también a raudales, en los mismos organismos en los que depositaban y después sacaban en los que cedían y después compraban, en una secuencia más que graciosa grotesca porque era dejar el dinero en ciertos organismos con fluidez y sacarlo con unas dificultades de la puta madre, cómo no lo sentiría y lo viviría así si ellos estaban y fueron ellos los que estuvieron cuando destruyeron el banco de la provincia sin meterse demasiado esa era la indicación que les cayera, a eso lo comandaban los jefes, las repartijas grandes para los grandes las distribuciones más pequeñas para los de más abajo donde andaban ellos aunque no lo reconocieran entre los demás profesionales haciéndoles creer que ellos eran lo más, los dividendos y los réditos por semejante venta eran elevados y el guanaco y el camaleón ya hacía rato que se habían puesto a repartir negocios menores que era los que les correspondían sin meterse en los grandes negocios de los grandes, comenzaron con el Banco que se vendió a valores espurios las ejecuciones de hipotecas como a cuatrocientos tipos que le significaron como cuatrocientos millones de pesos al pueblo de la provincia.
Siguieron con el agua dulce y transparente que nos sirve a todos, con el gas que sirve para calentarse en invierno con la electricidad que indistintamente sirve para el sofocón y que tiriten los que menos tienen los que andan por las calles que en la escala del camaleón y el guanaco son unos distraídos que no supieron prevenir. por eso siguió insistiendo con los encuentros los fines de semana cuando comenzaron a escucharse lo ecos de la patraña que levantaban ellos no los escuchaban como maridos largamente engañados en el principio no creían ni siquiera los que sus asistentes les insinuaban en charlas informales ellos pensaban que esos puteríos interesaban sólo a los giles que creían que denunciándolos se tomaban medidas, cuando fueron muchas las repeticiones de las críticas ellos comenzaron a insistir con aquello que no era ni por cerca grato para ellos saber que los llamaban guanaco o camaleón ni les importaba saber exactamente los motivos aunque los presentían ni les importaba saber si la corrupción era esto de sembrar la tierra de guanaquitos de condones, de bombachas corpiños y ajuares varios, de restos de puchos y acusis de botellas de vino y gaseosa que iban dejando cada vez que pasaban un día o dos de la semana de pesca para todo para los pescados y para las tías que se levantaban de paso, si era una podredumbre hacer esta a costa que no lo hicieran docenas de chicos y de familias que los acompañaban no a ellos sino al gobernador con sus votos, o si era putrefacción lo otro ambos eran exitosos inteligentes en la apreciación de los otros divinos para los de su grupo y estaban acostumbrados a las miserias que así llamaban a lo que ellos apuntaban las desventuras de los otros, en medio del carnaval de sus decisiones les tocó la gestión de la bahía y no les cambiaba la vida saber si ser corrupto era robarle al estado que en realidad era robarle a la gente, que la gente aguante y comprenda que la corrupción era la ausencia de compasión esa compasión que como en el camino de Jericó ellos no sentían por nadie, por eso una vez vendida la idea la aplicaron en cuanto y a cuanto se les ocurrió. No era ni por cerca grato saber que lo llamaban guanaco como si utilizaran el sinónimo de ser un mala leche aunque él no escupiera ni cuando estaba resfriado ni fuera un rumiante de malas costumbres, pero él sabía que a sus espaldas los maldicientes lo criticaban a él y a todos los que como él estaban en el círculo de quienes eran elegidos por los capos y superiores, lo presentía en cada una de las reuniones a las que asistía para establecer relaciones, pero también sabía que aún con esas cosas era indistinto que los llamaran en forma indistinta guanaco mamífero bestia grosero inconveniente malcriado descomedido desatento vivíparo vivo rumiante o camaleón reptil lagarto astuto hipócrita ladino rastrero servil pérfido.
No es que no lo crea, cuesta pasar de incrédulo a crédulo porque seguro que cuando era niño como muchos estudié sesgada la historia inclinada para donde quisieron los que la contaron que la contaron con la sangre muy caliente y muy poca imparcialidad, entonces un grupo de los tipos que pasaron fueron o muy malos o muy buenos o viceversa teniendo en cuenta la posición en la que uno se encuentra. Así, con tanta diferencia palmaria cada vez que me toca catalogar a los contemporáneos y mortales que gobiernan estos también son malos o buenos nunca pueden ser regulares. Así me pasó con el Dr. Fulano de Tal y el Cr. Mengano de Cual cuando los conocí.
Friday, April 15, 2011
nube de eso que ya sabemos en la cima de la dirigencia política de pobres cronopios y también pobres famas
Lecciones para llegar y mantenerse en la política justo aquí donde están los mejores según lo que declaran los mismos mejores, II
Que la gente se la aguante y que la gente comprenda que así como debía trabajar él necesitaba descansar, hay gente que se cree ese cuento que la gente es el soberano pues bien es bueno que lo siga creyendo, que la gente no se equivoca pues bien que siga pensando que la gente no se equivoca cuando por acá se equivoca todo el tiempo, acá la gente vive equivocada, que la gente se la aguante si protestaba por su curiosa costumbre de tomar el descanso en guanaquitos como si fuera parte del trabajo con agenda abierta con secretaria con chóferes con asistentes para las cuestiones más secretas con asesores con cocineros y mozos en tiempo completo, pensaba que la gente se aguante, lo aguante a él le aguante al otro la costumbre de tomar el descanso como si fuera un trabajo que a él y al otro le gustaba siempre porque por lo demás y para los demás había que hacer vigilia durante su retiro controlando el perímetro del predio el interior del predio los techos y todos los resquicios que hubiera en el predio para que nadie lo molestara estuviera haciendo lo que estuviera haciendo.
No se podía interrumpir la liturgia del retiro la celebración que indefectiblemente empezaba los jueves a la tardecita y finalizaba los domingos cerca de las once de la noche, empezaba los jueves con una picada y cerveza y terminaba los domingos a la noche con otra picada y cerveza, mientras tanto matraqueo, uca – uca o lo que fuera, había que ocuparse de las provisiones para el retiro de todo el abasto y sin ruidos cuidar en forma permanente que no se vaciara la bodega y que la despensa dispusiera de todos los alimentos que se pudieran guardar en ella, todo para que él y ese otro su alter ego y sus invitados, la hicieran y la siguieran haciendo porque como le decía a quien lo quisiera escuchar era mejor vivirla que contarla era mejor vivirla antes que contemplarla. Su compromiso eran las privatizaciones su trabajo las reformas su descanso guanaquitos, por eso a veces comentaba cómo no habrían de encarar un concurso así, que cada día contabilizaba como un golpe afortunado de la suerte afortunada de dos tipos extraordinarios y afortunados cómo no meterse de cabeza en una prueba así que cada día aparecía como más interesante en la lid del desafío propuesto, una ecuación perfecta en boca del timorato y pulcro contador propio de las mentiras, el desafío de un trabajo que a poco de hacerse aseguraba un retorno un trabajo que se terminaba y entregaba igual a una atención que aparecía bajo la forma de un regalo que se recibía viniera de quien viniera como viniera cuando viniera casi como en la partida doble un favor que sale un extra que entraba al bolsillo propio no a las arcas del estado, nunca comentaban sobre esto pero estaban satisfechos le decía el guanaco al camaleón o viceversa pensando en lo bien que les iba en la vida a ellos.
Cuando le aparecían los arranques de petulancia se cuidaba que no fuera delante de los jefes así perdía y sí delante de sus subordinados ahí ganaba, después de todo entre los méritos que había hecho por cuenta propia y confirmaban que era un pedante y le encantaba serlo, entre las cualidades para que lo llamaran como lo llamaban estaba eso de tener siempre arriba el ánimo bien alto calificarse por cuenta propia por encima de los demás y sin mayores vueltas bajarles líneas para cumplir las órdenes que venían de arriba, de abajo ni se preocupaba ni nada decía el guanaco cuando todo eso que hablaba lo que no hablaba todo, lo que emplazaba cuando estaba en ganador lo que no sentenciaba y planificaba se le pasaba a mil por la cabeza y determinaba que los otros obedecieran o que esperaran por las consecuencias o sea por aguantar sus caprichos por aguantar sus castigos, mientras que algunos de los demás y sin que él los escuchara se despachaban con la frase guanaco de mierda mandón prepotente que pide y pide el pedigüeño y encima anda renegando por detrás de cada uno y así se lograban los mejores resultados, pequeños secretos los suyos, no es que no lo creyera pero le costaba pasar de ingenuo a ladino, no es que no lo creyera.
Costaba pasar de incrédulo a crédulo porque seguro que cuando era niño como muchos estudió sesgada la historia inclinada para donde quisieron los que la contaron que la contaron con la sangre muy caliente y muy poca imparcialidad, entonces un grupo de los tipos que pasaron fueron o muy malos o muy buenos o viceversa teniendo en cuenta la posición en la que uno se encuentra.
Así, con tanta diferencia palmaria cada vez que tocaba catalogar a los contemporáneos y mortales que gobiernan estos también son malos o buenos nunca pueden ser regulares.
Cada mañana que empezaba se ponía como loco y hosco para pasar como cuerdo y que se le notara lo menos posible la borrachera que no sacaban ni los efervescentes ni el bicarbonato, se ponía tenso como atildado para resolver sus asuntos como el de la organización en guanaquitos que al lado de las otras cosas era uno más de los cuantiosos asuntos que manejaba, ver a quién darle por fin la explotación de la bahía que el agua dibujaba en parte del perímetro de ese lago inmenso el estuario privilegiado en ese valle inundado cuando hicieron el dique aprovechando las montañas que rodeaban lo que fue la cañada convertida en un espejo de agua inmenso, esa rara rada y rústica que era muy buena porque tenía todo para pasar bomba los fines de semana, naturaleza más confort más gustos más hobbies más intimidad más sexo eran términos de una ecuación que manejaba.
Era un lugar donde pasar sin que se enterara nadie del círculo de aliados urbanos nadie entre las mujeres celosas o ninguna de las víboras chismosas de las amigas que frecuentaban a las obedientes esposas, situaciones y chismes que se convertían en cálculos especulaciones que pasaban por sus numerosas agendas y a mil por las cabezas de las tres secretarias trabajando a tiempo completo para él y además eso del fondeadero se le amontonaba al guanaco con otros líos con otros sueños con otras pesadillas y especialmente con el estrés cuando el consejero hablaba y hablaba de las privatizaciones, que era la onda de la hora la orden del supremo rodeado de subordinados en Buenos Aires y en las provincias y hasta en las municipalidades más chiquitas en donde había otros supremitos y destacados dúctiles personajes.
Todo un despiplume que se venía armando para la faena de desestatificar descalzando el emprendimiento del estado en todas aquellas cuestiones de las que no se debía ocupar el gobierno que después de las últimas elecciones fue en realidad su gobierno, que él ellos y aquellos ya se imaginaban cómo debían gestionarlo no había que ser un genio para saber de aquello en lo que no funcionaba el estado prestando los servicios cualquiera fuera su forma como nación como provincia como municipalidad, tampoco funcionaban los servicios prestados por particulares propuestos por el estado como lo era el caso de la dársena.
El se ofuscaba y puteaba para que todo saliera y esto era parte de sus menoscabos, que con otros motivos sumaba para que sus detractores lo llamaran guanaco, como si los guanacos fueran altaneros y esbozaran malas palabras.
Que la gente se la aguante y que la gente comprenda que así como debía trabajar él necesitaba descansar, hay gente que se cree ese cuento que la gente es el soberano pues bien es bueno que lo siga creyendo, que la gente no se equivoca pues bien que siga pensando que la gente no se equivoca cuando por acá se equivoca todo el tiempo, acá la gente vive equivocada, que la gente se la aguante si protestaba por su curiosa costumbre de tomar el descanso en guanaquitos como si fuera parte del trabajo con agenda abierta con secretaria con chóferes con asistentes para las cuestiones más secretas con asesores con cocineros y mozos en tiempo completo, pensaba que la gente se aguante, lo aguante a él le aguante al otro la costumbre de tomar el descanso como si fuera un trabajo que a él y al otro le gustaba siempre porque por lo demás y para los demás había que hacer vigilia durante su retiro controlando el perímetro del predio el interior del predio los techos y todos los resquicios que hubiera en el predio para que nadie lo molestara estuviera haciendo lo que estuviera haciendo.
No se podía interrumpir la liturgia del retiro la celebración que indefectiblemente empezaba los jueves a la tardecita y finalizaba los domingos cerca de las once de la noche, empezaba los jueves con una picada y cerveza y terminaba los domingos a la noche con otra picada y cerveza, mientras tanto matraqueo, uca – uca o lo que fuera, había que ocuparse de las provisiones para el retiro de todo el abasto y sin ruidos cuidar en forma permanente que no se vaciara la bodega y que la despensa dispusiera de todos los alimentos que se pudieran guardar en ella, todo para que él y ese otro su alter ego y sus invitados, la hicieran y la siguieran haciendo porque como le decía a quien lo quisiera escuchar era mejor vivirla que contarla era mejor vivirla antes que contemplarla. Su compromiso eran las privatizaciones su trabajo las reformas su descanso guanaquitos, por eso a veces comentaba cómo no habrían de encarar un concurso así, que cada día contabilizaba como un golpe afortunado de la suerte afortunada de dos tipos extraordinarios y afortunados cómo no meterse de cabeza en una prueba así que cada día aparecía como más interesante en la lid del desafío propuesto, una ecuación perfecta en boca del timorato y pulcro contador propio de las mentiras, el desafío de un trabajo que a poco de hacerse aseguraba un retorno un trabajo que se terminaba y entregaba igual a una atención que aparecía bajo la forma de un regalo que se recibía viniera de quien viniera como viniera cuando viniera casi como en la partida doble un favor que sale un extra que entraba al bolsillo propio no a las arcas del estado, nunca comentaban sobre esto pero estaban satisfechos le decía el guanaco al camaleón o viceversa pensando en lo bien que les iba en la vida a ellos.
Cuando le aparecían los arranques de petulancia se cuidaba que no fuera delante de los jefes así perdía y sí delante de sus subordinados ahí ganaba, después de todo entre los méritos que había hecho por cuenta propia y confirmaban que era un pedante y le encantaba serlo, entre las cualidades para que lo llamaran como lo llamaban estaba eso de tener siempre arriba el ánimo bien alto calificarse por cuenta propia por encima de los demás y sin mayores vueltas bajarles líneas para cumplir las órdenes que venían de arriba, de abajo ni se preocupaba ni nada decía el guanaco cuando todo eso que hablaba lo que no hablaba todo, lo que emplazaba cuando estaba en ganador lo que no sentenciaba y planificaba se le pasaba a mil por la cabeza y determinaba que los otros obedecieran o que esperaran por las consecuencias o sea por aguantar sus caprichos por aguantar sus castigos, mientras que algunos de los demás y sin que él los escuchara se despachaban con la frase guanaco de mierda mandón prepotente que pide y pide el pedigüeño y encima anda renegando por detrás de cada uno y así se lograban los mejores resultados, pequeños secretos los suyos, no es que no lo creyera pero le costaba pasar de ingenuo a ladino, no es que no lo creyera.
Costaba pasar de incrédulo a crédulo porque seguro que cuando era niño como muchos estudió sesgada la historia inclinada para donde quisieron los que la contaron que la contaron con la sangre muy caliente y muy poca imparcialidad, entonces un grupo de los tipos que pasaron fueron o muy malos o muy buenos o viceversa teniendo en cuenta la posición en la que uno se encuentra.
Así, con tanta diferencia palmaria cada vez que tocaba catalogar a los contemporáneos y mortales que gobiernan estos también son malos o buenos nunca pueden ser regulares.
Cada mañana que empezaba se ponía como loco y hosco para pasar como cuerdo y que se le notara lo menos posible la borrachera que no sacaban ni los efervescentes ni el bicarbonato, se ponía tenso como atildado para resolver sus asuntos como el de la organización en guanaquitos que al lado de las otras cosas era uno más de los cuantiosos asuntos que manejaba, ver a quién darle por fin la explotación de la bahía que el agua dibujaba en parte del perímetro de ese lago inmenso el estuario privilegiado en ese valle inundado cuando hicieron el dique aprovechando las montañas que rodeaban lo que fue la cañada convertida en un espejo de agua inmenso, esa rara rada y rústica que era muy buena porque tenía todo para pasar bomba los fines de semana, naturaleza más confort más gustos más hobbies más intimidad más sexo eran términos de una ecuación que manejaba.
Era un lugar donde pasar sin que se enterara nadie del círculo de aliados urbanos nadie entre las mujeres celosas o ninguna de las víboras chismosas de las amigas que frecuentaban a las obedientes esposas, situaciones y chismes que se convertían en cálculos especulaciones que pasaban por sus numerosas agendas y a mil por las cabezas de las tres secretarias trabajando a tiempo completo para él y además eso del fondeadero se le amontonaba al guanaco con otros líos con otros sueños con otras pesadillas y especialmente con el estrés cuando el consejero hablaba y hablaba de las privatizaciones, que era la onda de la hora la orden del supremo rodeado de subordinados en Buenos Aires y en las provincias y hasta en las municipalidades más chiquitas en donde había otros supremitos y destacados dúctiles personajes.
Todo un despiplume que se venía armando para la faena de desestatificar descalzando el emprendimiento del estado en todas aquellas cuestiones de las que no se debía ocupar el gobierno que después de las últimas elecciones fue en realidad su gobierno, que él ellos y aquellos ya se imaginaban cómo debían gestionarlo no había que ser un genio para saber de aquello en lo que no funcionaba el estado prestando los servicios cualquiera fuera su forma como nación como provincia como municipalidad, tampoco funcionaban los servicios prestados por particulares propuestos por el estado como lo era el caso de la dársena.
El se ofuscaba y puteaba para que todo saliera y esto era parte de sus menoscabos, que con otros motivos sumaba para que sus detractores lo llamaran guanaco, como si los guanacos fueran altaneros y esbozaran malas palabras.
Thursday, April 14, 2011
políticos de una política ordinaria de políticos que a pesar que se las creen apenas son políticos
Lecciones para llegar y mantenerse en la política, I
Cuando a uno de ellos lo llamó el ministro y le preguntó si se animaba a tomar el desafío el guanaco le dijo que sí que por supuesto y además le dio a entender con la solemnidad que el tipo merecía que a él no había que preguntarle esas cosas siendo como era un fanático más de la nueva argentina que desde unos años atrás se venía parando y se abría a los capitales de afuera que algunos infaustos llamaban capitales golondrina y que aparecían con sus dueños como serpenteando por un cauce de toboganes, siempre de arriba para abajo, a propósito de las calandrias como ondulándose por un fuerte viento de cola que arrastraba riquezas bienestar ventura de todo el mundo hacia el mejor país de américa ladina que es el nuestro hacía.
Se figuraba que le decía él decía se decían como decían los que votaban, la gente del pueblo de un pueblo que en ocasiones le parecía de taimados, porque esa gente unas veces votaba con el corazón otras veces votaba con el bolsillo como si nunca tuviera la misma razón, un gentío con la misma voz del pueblo de un pueblo que muy seguido era de marrulleros.
La voz del pueblo la más maravillosa música que al general le sonaba y si a él le sonaba era cosa seria aunque el pueblo no fuera serio, en realidad un rejuntado de cholulos que hoy dicen blanco y mañana dicen negro, parte la argentina de esa américa ladina que en muchos lados del mundo no se conocía pero por lo que todos decían y repetían los repetidores de lo que relataban los viajeros o los viajantes o los que viajaban anunciando las buenas o malas nuevas del planeta, era la argentina del boom del crecimiento por el que no habría más pobres ni desempleados ni fachos ni desnutridos en sus comarcas.
La misma mismísima argentina conducida por el primer compañero, como ayo absoluto como tutor mayor y además como presidente de la Nación, inmortal inamovible insustituible, el guanaco manejable malcriado pero atento seguía diciendo sin que el otro le pidiera hablando en la abundancia en medio de las consideraciones que estaba listo para hacerlo por Ud. Sr. Ministro y por el compañero Gobernador y por los cientos de compañeros que nos eligieron.
Le contestaba cuando el otro lo examinaba y se imaginaba contestándole cuando no lo tanteaba ese gran perito que lo convocaba para la tarea convocado por el gobernador que lo convocaba a él como a otros ingenieros o también apelaba a otros doctores a otros licenciados licenciosos lujuriosos presuntuosos vanidosos, selectos grupo de convocados en nombre de la convocatoria a la gente convocada para una elección más de los concilios, que una y otra vez la junta electoral convocaba en una patria convoca porque todos son convocantes y además convocados, aunque el guanaco era de los que pensaba sin confesarlo que si la gente ya los había elegido después de tanta convocatoria, si ellos se equivocan, o son malo y meten las manos en las latas, ahora que esa misma gente se la aguante.
Cuando a uno de ellos lo llamó el ministro y le preguntó si se animaba a tomar el desafío el guanaco le dijo que sí que por supuesto y además le dio a entender con la solemnidad que el tipo merecía que a él no había que preguntarle esas cosas siendo como era un fanático más de la nueva argentina que desde unos años atrás se venía parando y se abría a los capitales de afuera que algunos infaustos llamaban capitales golondrina y que aparecían con sus dueños como serpenteando por un cauce de toboganes, siempre de arriba para abajo, a propósito de las calandrias como ondulándose por un fuerte viento de cola que arrastraba riquezas bienestar ventura de todo el mundo hacia el mejor país de américa ladina que es el nuestro hacía.
Se figuraba que le decía él decía se decían como decían los que votaban, la gente del pueblo de un pueblo que en ocasiones le parecía de taimados, porque esa gente unas veces votaba con el corazón otras veces votaba con el bolsillo como si nunca tuviera la misma razón, un gentío con la misma voz del pueblo de un pueblo que muy seguido era de marrulleros.
La voz del pueblo la más maravillosa música que al general le sonaba y si a él le sonaba era cosa seria aunque el pueblo no fuera serio, en realidad un rejuntado de cholulos que hoy dicen blanco y mañana dicen negro, parte la argentina de esa américa ladina que en muchos lados del mundo no se conocía pero por lo que todos decían y repetían los repetidores de lo que relataban los viajeros o los viajantes o los que viajaban anunciando las buenas o malas nuevas del planeta, era la argentina del boom del crecimiento por el que no habría más pobres ni desempleados ni fachos ni desnutridos en sus comarcas.
La misma mismísima argentina conducida por el primer compañero, como ayo absoluto como tutor mayor y además como presidente de la Nación, inmortal inamovible insustituible, el guanaco manejable malcriado pero atento seguía diciendo sin que el otro le pidiera hablando en la abundancia en medio de las consideraciones que estaba listo para hacerlo por Ud. Sr. Ministro y por el compañero Gobernador y por los cientos de compañeros que nos eligieron.
Le contestaba cuando el otro lo examinaba y se imaginaba contestándole cuando no lo tanteaba ese gran perito que lo convocaba para la tarea convocado por el gobernador que lo convocaba a él como a otros ingenieros o también apelaba a otros doctores a otros licenciados licenciosos lujuriosos presuntuosos vanidosos, selectos grupo de convocados en nombre de la convocatoria a la gente convocada para una elección más de los concilios, que una y otra vez la junta electoral convocaba en una patria convoca porque todos son convocantes y además convocados, aunque el guanaco era de los que pensaba sin confesarlo que si la gente ya los había elegido después de tanta convocatoria, si ellos se equivocan, o son malo y meten las manos en las latas, ahora que esa misma gente se la aguante.
Wednesday, April 13, 2011
haraganes tristes en días especiales de tristes haraganes
Tristezas que se compensan de haraganes compensados.
Cuando el cura Isidro comenzaba a pasearse de una punta a la otra de cualquiera de los lugares donde concentrábamos, no volaba ni una mosca, nuestra conciencia sí volaba como buenos haraganes que fuimos, por lo que hicimos por lo que estuviéramos haciendo por lo que haríamos, cabizbajo y con las manos atrás se paseaba y su calva brillaba con el reflejo de las luces que hubiera, como un pequeño trozo de desierto inmenso mirado desde muy abajo que era donde nosotros estábamos, y en su cabeza resaltaban unas cejas con pelos negros y blancos que invariablemente se juntaban encima de su nariz aguileña, de tan intenso el color de los entrecejos parecían un dibujo, eso era todo, porque la suelta sotana negra y el cuello blanco que apenas aparecía completaban toda su apariencia, no necesitaba más que eso para mantenernos disciplinados, a sus majaderos como nos llamaba sin excepciones cuando se enojaba.
Fuera en alguna parte de los largos y anchos pasillos internos que estaban a lo largo y a lo ancho de todos los patios del colegio, o a lo mejor circunvalaban espacios o los patios fueran redondos u ovalados sin que lo notáramos, para nosotros entonces eran largos y anchos como las jornadas que nos pasamos adentro, extrañado a los parientes que fueran, cada uno contaba lo suyo, unos extrañaban a su madre, otros a sus muchachas, otros a sus hermanos, pero de cualesquiera fueran, esos recuerdos nos llevaba a la tristeza, o a la soledad, por algo asociábamos esas emociones a los pasillos, nosotros los internos nos decían nuestros compañeros en el día, fuera en el gran salón del comedor donde cuatro cocineros con sus delantales y sus gorro muy pulcros no servían invariablemente los mismos platos con los mismos menús semana tras semana, sea en el tenebroso dormitorio que se volvía más lúgubre si él nos diagnosticaba algún síntoma de enfermedad menor por lo cual debíamos guardar cama aunque fuera por unas horas.
Cuando el cura Isidro comenzaba a pasearse de una punta a la otra de cualquiera de los lugares donde concentrábamos, no volaba ni una mosca, o estábamos tristes o planeando algo de atorrantes, la tristeza invariablemente comenzaba los domingos a la tardecita y comenzaba a terminar los viernes en un horario parecido si no nos castigaban, y a él le temíamos mucho porque levantaba la voz para gritarnos majaderos, y probar si algunos de nosotros rompía pactos no escritos de silencio y entregaba a los culpables que fueran por el lío que fuera, como le temimos lo quisimos, porque así como nos retaba mitigaba nuestra tristeza cuando la detectaba.
Y mientras estuvimos por allí, en el colegio, estuvimos más veces tristes que portándonos mal.
Cuando el cura Isidro comenzaba a pasearse de una punta a la otra de cualquiera de los lugares donde concentrábamos, no volaba ni una mosca, nuestra conciencia sí volaba como buenos haraganes que fuimos, por lo que hicimos por lo que estuviéramos haciendo por lo que haríamos, cabizbajo y con las manos atrás se paseaba y su calva brillaba con el reflejo de las luces que hubiera, como un pequeño trozo de desierto inmenso mirado desde muy abajo que era donde nosotros estábamos, y en su cabeza resaltaban unas cejas con pelos negros y blancos que invariablemente se juntaban encima de su nariz aguileña, de tan intenso el color de los entrecejos parecían un dibujo, eso era todo, porque la suelta sotana negra y el cuello blanco que apenas aparecía completaban toda su apariencia, no necesitaba más que eso para mantenernos disciplinados, a sus majaderos como nos llamaba sin excepciones cuando se enojaba.
Fuera en alguna parte de los largos y anchos pasillos internos que estaban a lo largo y a lo ancho de todos los patios del colegio, o a lo mejor circunvalaban espacios o los patios fueran redondos u ovalados sin que lo notáramos, para nosotros entonces eran largos y anchos como las jornadas que nos pasamos adentro, extrañado a los parientes que fueran, cada uno contaba lo suyo, unos extrañaban a su madre, otros a sus muchachas, otros a sus hermanos, pero de cualesquiera fueran, esos recuerdos nos llevaba a la tristeza, o a la soledad, por algo asociábamos esas emociones a los pasillos, nosotros los internos nos decían nuestros compañeros en el día, fuera en el gran salón del comedor donde cuatro cocineros con sus delantales y sus gorro muy pulcros no servían invariablemente los mismos platos con los mismos menús semana tras semana, sea en el tenebroso dormitorio que se volvía más lúgubre si él nos diagnosticaba algún síntoma de enfermedad menor por lo cual debíamos guardar cama aunque fuera por unas horas.
Cuando el cura Isidro comenzaba a pasearse de una punta a la otra de cualquiera de los lugares donde concentrábamos, no volaba ni una mosca, o estábamos tristes o planeando algo de atorrantes, la tristeza invariablemente comenzaba los domingos a la tardecita y comenzaba a terminar los viernes en un horario parecido si no nos castigaban, y a él le temíamos mucho porque levantaba la voz para gritarnos majaderos, y probar si algunos de nosotros rompía pactos no escritos de silencio y entregaba a los culpables que fueran por el lío que fuera, como le temimos lo quisimos, porque así como nos retaba mitigaba nuestra tristeza cuando la detectaba.
Y mientras estuvimos por allí, en el colegio, estuvimos más veces tristes que portándonos mal.
Tuesday, April 12, 2011
exacciones, legados, avivadas de los que anduvieron viniendo
La resistencia secular, profana intención terrenales pasiones de hacer entender que se puede interpretar lo mismo de diferentes maneras.
Nadie mejor que nuestra gente de los pueblos originarios de América para dar testimonio de los efectos de una colonización que fue bastante severa a juzgar por las evidencias de la historia y a la distancia, nadie mejor que nuestra gente de los pueblos originarios de la América para dar fe de los saqueos y de las crueldades que se cometieron desde el siglo XV en adelante en el nombre de reyes desconocidos por acá y de un evangelio cuyos principios distan mucho de las barbaries y los atropellos cometidos. Nadie mejor que los descendientes de guerreros valientes cuyo estandarte más emblemático fue el cacique Viltipoco galopando a puro cuero por la quebrada, nadie mejor para dar el argumento vivo que los lazos de civilización que otrora se tendieron fueron por lo menos para los que vinieron, a los solos efectos de llevarse las riquezas y sumir a generaciones enteras de nativos en el olvido y en la pobreza por hablar de los efectos menos malignos.
Para tantear las explicaciones no cubiertas de las preguntas sin respuestas a las profundas diferencias en los niveles de desarrollo que tienen actualmente muchos de los países que estuvieron en el rol de potencias colonizadoras respecto a cómo se encuentran también hoy las naciones que eventualmente estuvieron en el rol de naciones colonizadas.
Las discrepancias descomunales reflejadas en un indudable balance que indica que en forma sistemática en estos últimos quinientos años se drenó riqueza a cambio del ingreso de manufacturas con alto contenido de valor agregado, situación esta última que confirma que los costos de esa colonización que se menciona se pagaron por partida doble, por un lado como vaciado de materia prima y por otro lado como financiamiento de los niveles de vida de los habitantes de las economías centrales del planeta, esto no es hoy un secreto cualquiera sea el entorno en el que el tema se analice.
Nada puede hacerse por retrotraer situaciones que profundicen diferencias que se hacen casi ridículas en el marco de la globalización que se vive, de crecimiento exponencial de las comunicaciones del avance tecnológico y de la necesidad de una integración que cada vez más habrá de interpretarse como de toda la humanidad, que en un mediano plazo necesariamente deberá servir para erradicar la pobreza las guerras y las miserias que dejan al descubierto las miserias del mismo hombre o de algunos hombres en todo caso, cuyo motivo principal de su paso por este planeta es la instancia de acumular emulando la leyenda de Midas, acumular por acumular.
No obstante, por estas geografías con todos los sentidos atentos debemos reivindicar para las generaciones venideras la urgente necesidad de detectar nuevas estilos de colonización que si bien son nuevos en las formas y en la coyuntura de prácticas pacíficas no son novedosas en el fondo en cuanto a los objetivos de seguir avanzando sobre la apropiación irregular de nuestros recursos naturales, especialmente entre los que se encuentran en primer lugar nuestros recursos humanos.
Y en esa tarea vale como oro el legado de Viltipoco como representativo de la RESISTENCIA efectiva a la colonización, cuya forma más actualizada es la de la propuesta a la preservación del planeta y el mantenimiento de la biodiversidad, precisamente por parte de representantes de esos mismos países que hace poco menos de doscientos años depredaron sin autorización y en varios aspectos nuestros recursos naturales.
Para honrar el coraje del valiente, para enaltecer su honorable condición de indio empecinado de guerrero incorruptible de ese Viltipoco que muchos ni siquiera conocen, elevando nuestro pequeño homenaje a la figura de ese general intuitivo perspicaz y aguerrido, es que podemos oponer nuevas formas de obstinación a esos avances que hoy parecen inofensivos e imperceptibles pero que no obstante penetran en muchas de nuestras mentes y de nuestros territorios lentamente como antes, nosotros no podemos dejar de ser protagonistas activos de los tiempos venideros con los nuevos desafíos que se irán planteando cuando se decida sobre lo que queda como las reservas naturales o mineras entre las que sobresale como una divisa nítida el agua como elemento de vida.
Nadie mejor que nuestra gente de los pueblos originarios, y nosotros fruto de ese crisol de razas que fue contra la pureza, para unirnos a interpretar históricos reclamos y ontologías actualizadas de la colonización, y entre todos codificar los avances externos, para recrear alternativas de entereza pacífica de intransigencia amigable pero no por ello permeables ni insuficientes desde el punto de vista intelectual o ético, para hacer una resistencia secular, persistente como la de Viltipoco.
Nadie mejor que nuestra gente de los pueblos originarios de América para dar testimonio de los efectos de una colonización que fue bastante severa a juzgar por las evidencias de la historia y a la distancia, nadie mejor que nuestra gente de los pueblos originarios de la América para dar fe de los saqueos y de las crueldades que se cometieron desde el siglo XV en adelante en el nombre de reyes desconocidos por acá y de un evangelio cuyos principios distan mucho de las barbaries y los atropellos cometidos. Nadie mejor que los descendientes de guerreros valientes cuyo estandarte más emblemático fue el cacique Viltipoco galopando a puro cuero por la quebrada, nadie mejor para dar el argumento vivo que los lazos de civilización que otrora se tendieron fueron por lo menos para los que vinieron, a los solos efectos de llevarse las riquezas y sumir a generaciones enteras de nativos en el olvido y en la pobreza por hablar de los efectos menos malignos.
Para tantear las explicaciones no cubiertas de las preguntas sin respuestas a las profundas diferencias en los niveles de desarrollo que tienen actualmente muchos de los países que estuvieron en el rol de potencias colonizadoras respecto a cómo se encuentran también hoy las naciones que eventualmente estuvieron en el rol de naciones colonizadas.
Las discrepancias descomunales reflejadas en un indudable balance que indica que en forma sistemática en estos últimos quinientos años se drenó riqueza a cambio del ingreso de manufacturas con alto contenido de valor agregado, situación esta última que confirma que los costos de esa colonización que se menciona se pagaron por partida doble, por un lado como vaciado de materia prima y por otro lado como financiamiento de los niveles de vida de los habitantes de las economías centrales del planeta, esto no es hoy un secreto cualquiera sea el entorno en el que el tema se analice.
Nada puede hacerse por retrotraer situaciones que profundicen diferencias que se hacen casi ridículas en el marco de la globalización que se vive, de crecimiento exponencial de las comunicaciones del avance tecnológico y de la necesidad de una integración que cada vez más habrá de interpretarse como de toda la humanidad, que en un mediano plazo necesariamente deberá servir para erradicar la pobreza las guerras y las miserias que dejan al descubierto las miserias del mismo hombre o de algunos hombres en todo caso, cuyo motivo principal de su paso por este planeta es la instancia de acumular emulando la leyenda de Midas, acumular por acumular.
No obstante, por estas geografías con todos los sentidos atentos debemos reivindicar para las generaciones venideras la urgente necesidad de detectar nuevas estilos de colonización que si bien son nuevos en las formas y en la coyuntura de prácticas pacíficas no son novedosas en el fondo en cuanto a los objetivos de seguir avanzando sobre la apropiación irregular de nuestros recursos naturales, especialmente entre los que se encuentran en primer lugar nuestros recursos humanos.
Y en esa tarea vale como oro el legado de Viltipoco como representativo de la RESISTENCIA efectiva a la colonización, cuya forma más actualizada es la de la propuesta a la preservación del planeta y el mantenimiento de la biodiversidad, precisamente por parte de representantes de esos mismos países que hace poco menos de doscientos años depredaron sin autorización y en varios aspectos nuestros recursos naturales.
Para honrar el coraje del valiente, para enaltecer su honorable condición de indio empecinado de guerrero incorruptible de ese Viltipoco que muchos ni siquiera conocen, elevando nuestro pequeño homenaje a la figura de ese general intuitivo perspicaz y aguerrido, es que podemos oponer nuevas formas de obstinación a esos avances que hoy parecen inofensivos e imperceptibles pero que no obstante penetran en muchas de nuestras mentes y de nuestros territorios lentamente como antes, nosotros no podemos dejar de ser protagonistas activos de los tiempos venideros con los nuevos desafíos que se irán planteando cuando se decida sobre lo que queda como las reservas naturales o mineras entre las que sobresale como una divisa nítida el agua como elemento de vida.
Nadie mejor que nuestra gente de los pueblos originarios, y nosotros fruto de ese crisol de razas que fue contra la pureza, para unirnos a interpretar históricos reclamos y ontologías actualizadas de la colonización, y entre todos codificar los avances externos, para recrear alternativas de entereza pacífica de intransigencia amigable pero no por ello permeables ni insuficientes desde el punto de vista intelectual o ético, para hacer una resistencia secular, persistente como la de Viltipoco.
Monday, April 11, 2011
cronopios y famas complicados que viven complicando a los otros
Conopios y famas que cambian con el tiempo de vestiduras.
Cuando comenzó apenas parecía un zorro con piel de oveja, las madres confiaban en él para encomendarle sus niñas que calientes se desesperaban por llegar a las reuniones sociales, a los bailes, o directamente a los asaltos que consistían en caer de improviso a la casa de alguien con las provisiones suficientes como para no causar inconvenientes a los dueños de la casa, como para que pusieran malas caras o ensayaran desplantes que arruinaran las milongas.
Era un verdadero zorro con piel de oveja, porque paciente esperaba que las niñas lloraran sus desengaños, y mientras las calmaba hacía lo que las madres creían que él les evitaba a sus hijas, de las otras ovejas con piel de zorro, alimaña encubierta.
Cuando fue creciendo parecía un lobo con piel de cordero, las madres confiaban en él porque las mismas niñas decían que él era bueno y de buen comportamiento, y que él las cuidaba de los otros malos y de mal comportamiento, en los bailes, o directamente en los asaltos que consistían en caer a la casa de alguien con bebidas y algo de comida como para no causar inconvenientes a los dueños de la casa, como para que no pusieran mala cara o hicieran desplantes que arruinaran las milongas.
Era un verdadero lobo con piel de oveja porque paciente esperaba que las niñas lloraran sus desengaños, y mientras las calmaba hacía lo que las madres creían que él les evitaba a sus hijas de las otras ovejas con piel de lobo, chacal mañero.
Cuando comenzó apenas parecía un zorro con piel de oveja, las madres confiaban en él para encomendarle sus niñas que calientes se desesperaban por llegar a las reuniones sociales, a los bailes, o directamente a los asaltos que consistían en caer de improviso a la casa de alguien con las provisiones suficientes como para no causar inconvenientes a los dueños de la casa, como para que pusieran malas caras o ensayaran desplantes que arruinaran las milongas.
Era un verdadero zorro con piel de oveja, porque paciente esperaba que las niñas lloraran sus desengaños, y mientras las calmaba hacía lo que las madres creían que él les evitaba a sus hijas, de las otras ovejas con piel de zorro, alimaña encubierta.
Cuando fue creciendo parecía un lobo con piel de cordero, las madres confiaban en él porque las mismas niñas decían que él era bueno y de buen comportamiento, y que él las cuidaba de los otros malos y de mal comportamiento, en los bailes, o directamente en los asaltos que consistían en caer a la casa de alguien con bebidas y algo de comida como para no causar inconvenientes a los dueños de la casa, como para que no pusieran mala cara o hicieran desplantes que arruinaran las milongas.
Era un verdadero lobo con piel de oveja porque paciente esperaba que las niñas lloraran sus desengaños, y mientras las calmaba hacía lo que las madres creían que él les evitaba a sus hijas de las otras ovejas con piel de lobo, chacal mañero.
premoniciones de cronopios para otros cronopios parientes políticos
Hay suegros, unos mejores que otros, depende desde dónde se mires.
Los hay que son celosos cuidadores de su nenas en la irreversible instancia que van a tomar, en la dirección opuesta a la del galán que pretende llevarse a la princesa, y entonces de entrada nos más en los difíciles y escasos contactos que hacen con el pretendiente, aclaran implícita o explícitamente las condiciones, salidas con horarios pre establecidos, cupos de tiempo de permanencia en zaguanes u otros rincones peligrosos como para que la pequeña cortesana de la corte familiar no pierda lo que el galán quiere ganar y los suegros tampoco quieren perder, suspicaces piden exposición mínima de dotes que aunque fueran pocas aseguren a la cenicienta una herencia aceptable, o en bienes materiales que es lo más importante por lo menos en la interpretación inmediata de esos suegros guarda bosques, o en equilibrios psicológicos que permitan la tranquilidad de saber que el tipo no pensará ni siquiera en atreverse a pegarle a la nena tundas atrasadas que la harían menos egoísta y menos caprichosa.
En la otra categoría de suegros están otros un poco más descuidados que aquellos, más displicentes y permisivos, que se muestran como compinches del galán que aspira estar en el podio de los ganadores con la campeona, que puede serlo en ocasiones más de lo que con cualquier imaginación normal puede esperarse, o una niña inocente como cualquiera esperando paciente y ardientemente la oportunidad de entregar virginidades y candores, o una atorrante encubierta empeñada en blanquear pecadillos no declarados, esos suegros no establecen condiciones y no andan con imposiciones de ninguna naturaleza, son facilitadores, porque allanan los obstáculos que puedan interponerse entre el seguidor y la niña de sus desvelos, son conversadores y generalmente comparten con los pretendientes actividades que son propias del género, como excursiones de caza, programas de pesca, deportes o similares, buscando ganarse la confianza de quienes presuntamente se llevan a la reina, no les preocupan las dotes materiales al contrario de verdad o abiertamente las ofrecen, y en algunos casos pueden levantar sospechas porque pretenden que los juglares le peguen a la dama esa cacheta que alguna vez se quedaron con ganas de cruzarle en la cara.
En la mayoría de los caso la predisposición de los suegros con los galanes es inversamente proporcional a la desesperación de desprenderse de sus vástagos femeninos, y en honor a la verdad hay que decir que hay innumerables variantes a estas dos categorías genéricas.
Hay otros suegros que son un promedio, como el que me tocó apenas empezaba mi carrera de mujeriego incurable.
Era un tipo silencioso, parco, poco conversador.
Pero después de dos o tres palabras que cruzamos por iniciativa propia me regaló dos libros que para él eran de cabecera.
Uno, fue el hombre mediocre de Ingenieros, como si hubiera sido un presagio eso fui toda mi vida.
El otro fue la teoría de la relatividad, que nunca alcance a leer, no obstante siempre fui además de mediocre un tipo relativo lejos, bien lejos de su nena, y de todas las nenas que fui dejando en mi tránsito de confundido.
Los hay que son celosos cuidadores de su nenas en la irreversible instancia que van a tomar, en la dirección opuesta a la del galán que pretende llevarse a la princesa, y entonces de entrada nos más en los difíciles y escasos contactos que hacen con el pretendiente, aclaran implícita o explícitamente las condiciones, salidas con horarios pre establecidos, cupos de tiempo de permanencia en zaguanes u otros rincones peligrosos como para que la pequeña cortesana de la corte familiar no pierda lo que el galán quiere ganar y los suegros tampoco quieren perder, suspicaces piden exposición mínima de dotes que aunque fueran pocas aseguren a la cenicienta una herencia aceptable, o en bienes materiales que es lo más importante por lo menos en la interpretación inmediata de esos suegros guarda bosques, o en equilibrios psicológicos que permitan la tranquilidad de saber que el tipo no pensará ni siquiera en atreverse a pegarle a la nena tundas atrasadas que la harían menos egoísta y menos caprichosa.
En la otra categoría de suegros están otros un poco más descuidados que aquellos, más displicentes y permisivos, que se muestran como compinches del galán que aspira estar en el podio de los ganadores con la campeona, que puede serlo en ocasiones más de lo que con cualquier imaginación normal puede esperarse, o una niña inocente como cualquiera esperando paciente y ardientemente la oportunidad de entregar virginidades y candores, o una atorrante encubierta empeñada en blanquear pecadillos no declarados, esos suegros no establecen condiciones y no andan con imposiciones de ninguna naturaleza, son facilitadores, porque allanan los obstáculos que puedan interponerse entre el seguidor y la niña de sus desvelos, son conversadores y generalmente comparten con los pretendientes actividades que son propias del género, como excursiones de caza, programas de pesca, deportes o similares, buscando ganarse la confianza de quienes presuntamente se llevan a la reina, no les preocupan las dotes materiales al contrario de verdad o abiertamente las ofrecen, y en algunos casos pueden levantar sospechas porque pretenden que los juglares le peguen a la dama esa cacheta que alguna vez se quedaron con ganas de cruzarle en la cara.
En la mayoría de los caso la predisposición de los suegros con los galanes es inversamente proporcional a la desesperación de desprenderse de sus vástagos femeninos, y en honor a la verdad hay que decir que hay innumerables variantes a estas dos categorías genéricas.
Hay otros suegros que son un promedio, como el que me tocó apenas empezaba mi carrera de mujeriego incurable.
Era un tipo silencioso, parco, poco conversador.
Pero después de dos o tres palabras que cruzamos por iniciativa propia me regaló dos libros que para él eran de cabecera.
Uno, fue el hombre mediocre de Ingenieros, como si hubiera sido un presagio eso fui toda mi vida.
El otro fue la teoría de la relatividad, que nunca alcance a leer, no obstante siempre fui además de mediocre un tipo relativo lejos, bien lejos de su nena, y de todas las nenas que fui dejando en mi tránsito de confundido.


















