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Saturday, April 16, 2011

última chance de entender las incoherencias de cronopios y famas que andan en lo mismo a pesar de ser tan diferentes, III

Lecciones para llegar, III - fin
El guanaco era un grosero en forma permanente vivía enfrentado con los demás y andaba siempre con una actitud de escupir en la cara a quien sea cuando sea y cuando no quería ser tan agresivo lo menos que hacía era abundar en gestos de asco para todo, era súper malo para algunos perseguidos que no entendían que con el nuevo gobierno llegaban los tiempos de cambio de demostrar que ellos cambiarían de cambiar todo para que nada cambie, a buen entendedor pocas palabras por ahí decía el guanaco que era un guanaco, indulgente bueno en la boca de otros más pícaros que le seguían la corriente y le daban la razón esos que inventaban y usaban la palabra sijefecito diariamente entonces nunca tenían problemas con él así ellos hicieran o pensaran distinto así lo odiaran y lo maldijeran en lo más profundo de su hartazgo, ese era su sobrenombre mal o bien usado y guanaquitos el nombre lugareño del predio toda una casualidad aunque el diminutivo señalara algún recuerdo de tiempos mejores para algún baqueano nostálgico recorriendo todavía esas tierras, a él de frente no se animaba a nombrarlo así de esa manera nadie para los otros era el doctor fulano de tal, al lugar lo conocía y por lo tanto lo nombraba todo el mundo los que planeaban.
Los fines de semana los que organizaban pescas nocturnas, comparado este con los otros temas que llevaba era como si tuviera un juguete en sus manos un entretenimiento de esos, jugando y trabajando con lo del malecón de guanaquitos todo un tapado para los demás y evidente para él y para su amigo desde que decidieron tenerlo como su cable a tierra el lugar donde podían estar desde un jueves al domingo sin tener siquiera que comprar provisiones con luz agua potable y gas en invierno y verano, el lugar en donde antes que llegaran él y el camaleón se hacían reuniones en las que se daban concesiones para pagar favores y cubrir prebendas de campañas y se financiaban negocios turbios en otros gobiernos en otras épocas, cuando él se ocupaba nadie podía esbozar una opinión decir esto o aquello que eso estaba más que bien, o que lo estaban haciendo mal como antes o bien como lo que estaban haciendo ellos con el argumento que recuperaban esa residencia para el gobierno su gobierno el gobierno de la gente el gobierno del pueblo, el mismo gobierno elegido con la voz maravillosa del pueblo que cautivaba al general el vulgo que podía usar según ellos mismos lo decían ese feudo para alojar contingentes de niños de estudiantes de jubilados y una larga lista de turistas de todas las especies y al final de cuentas virtuales porque nunca llegaban ni los aventureros ni la diversión porque ellos usaban la heredad como si la tuvieran por mandato de los que estaban arriba, diciendo blanco y haciendo negro si total a los jefes les llegaba lo que decían nunca lo que hacían en nombre de lo cual ellos le seguían agregando al páramo dependencias con dormitorios comedores y baños de primera asador y horno de barro porque comer que era para ellos tan importante como fregarse unas locas, no había que ser muy leído, decían se decían.
Para tener una primera idea de todo ese menjurje para la fajina de desnacionalizar desmontando lo que había que desmontar de esa fanfarria que ni el que inventó eso del monstruo grande que pisa fuerte se imaginó cómo era en realidad, pero había que ser muy macho para sacar al estado de ese antipático lento y redundante universo de burocracia y poder de poder y burocracia de burocracia y dedocracia de dedocracia y democracia de democracia y autocracia de autocracia y nepotismo dependía, había que saberlo de antemano para saber operar era su indicación favorita a sus subordinados.
Cuando al otro de ellos le tocó y lo entrevistó el ministro el camaleón igual que el guanaco en su turno le dijo que sí que cómo no que él respondía para lo que ordenaran los que ordenaban lo que ordenaron y lo que ordenarán porque el estaba acostumbrado a que lo mandaran y a estar siempre con los que mandaban no lo decía y hacía como que ni lo pensaba pero se cuidaba así la cintura y bailaba en el difícil baile de la política, como ahora nomás, le comentaba se comentaban se glosaban entretenidos, que venía de dos cambios de gobierno que él en realidad y sin decirlo agradecía que esos cambios se dieran entre gente del mismo palo decía y de la misma línea dentro del mismo partido que tenía varias líneas que iban de la derecha a la izquierda como si no fueran veredas diferentes como para andarlas juntando decía, que eso de tener cintura era importante igual que el trabajo en equipo.
Porque si él hacía lo que otros necesitaban para mantenerse en los puestos por los que pasaba le renovaban el contrato una y otra vez entre una administración y otra nada más que con tocar los contactos adecuados, le dijo que sí que sí conocía los secretos en eso de la reforma del estado y le dijo que además lo había estudiado en una de las últimas materias en la uni y para probar la réplica le dijo que se había enterado de un postgrado justo sobre el tema como para anotarse y que por lo tanto él podía ayudar y ayudar bien llevando adelante lo que viniera como órdenes de arriba, de cambiar el estado del estado de fofo hacerlo compacto eficiente, en cataratas bajaban los mandatos de arriba para liberar a los organismos de la administración pública del avasallamiento de los vagos empleados públicos que vivían despreciando su trabajo y cambiarlo por el alto desempeño de tipos en competencia permanente, él podía fácil secundar diciendo de cómo debía ser eso de romper las cadenas, eso de ocuparse de las plétoras de las estructuras, le decía se decían probando el coloquio académico rebuscado y doctoral, destruir las fachadas que se veían de los recursos humanos de cualquier gobierno.
Que protegían a los trabajadores baladíes y holgazanes que nunca atendían los asuntos que les correspondían nunca una buena cara ni un gesto de cordialidad y apañados por el gremio, celosos custodios de la quinta propia en sus puestos con sindicalistas incluidos todos corruptos los que andaban, que si atendían a la gente en el mostrador se demoraban a propósito y disimulaban como sus mismos jefes que ocultaban los defectos propios y de los que trabajaban con ellos para que nadie por asociación fuera a pensar en nada de lacras ni propias ni ajenas ni extendidas, como también ellos las tenían como las tenían otros y otros que andaban con esos deterioros, él podía ayudar a rescatar a las organizaciones que se armaban para tapar desalientos frustraciones y bajos rendimientos, cambiar todo eso, eso le pidieron desmantelar lo que se pudiera entregarlo a quien se mostrara interesado en arriesgar con dinero propio para poner en movimiento algo que según lo que decían no podía hacer andar el estado, no en un manchancho de responsabilidades como habían estado los otros siempre los otros, nunca hablando de estos temas y buscando los culpables de los dramas y las malarias le salía un nosotros.
Cuando el camaleón tomaba las decisiones las tomaba con parsimonia y naturalidad y estaba convencido que las cosas terminaban como terminaban porque quienes las llevaban no cuidaban de pequeños detalles como la licencia anterior de guanaquitos que terminó en medio de favores intereses encontrados en medio de acusaciones cruzadas acuerdos espurios prebendas gansadas oportunismo y guaseadas lo que hacía necesario poner atención a los propios detalles que en realidad y según lo que él mismo estaba convencido eran menores comparados a los de otros, y en el juicio haciendo un inventario de funciones de tipos de recursos de ventiladores de cajas fuertes de escritorios de mates y termos para el agua de los infinitos mates dulces, o amargos más o menos que se tomaban los empleados viejos, sacaba que se comportaban así porque eran viejos y sin ser la excepción los nuevos porque eran nuevos en infinitas horas de infinitas explicaciones de encubierta sobriedad, haciendo un inventario de lo disponible para entregarlo después a unos fulanos que podrían hacer lo que quisieran siempre y cuando no le pidieran plata al gobierno ni estuvieran esperando los llamados a licitaciones oficiales o concursos de precios.
Para todo eso a él le encomendaban mirar áreas y lugares enteros de una administración pública que no daba para más lo facultaban a convertir si se podía o más bien si se creía en iniciativa privada cada rincón de esa gris administración pública que iba a depender de ellos por un tiempo reemplazando gente cambiándola de lugar o echándola tratándola como si fueran los mismos viejos y destartalados muebles de las docenas de oficinas que debía arrasar y armar de nuevo reformando, otra palabra que entendió él y lo hacía entender a su amigo al pié de la letra, cómo no entender eso le repetía le decía se decían por ahí olvidándose de la investidura que al ministro no le interesaba que él la respetara si en realidad eran amigos de los asados que organizaban juntos de las comilonas que estremecían a sus compañeros de trabajo y de los chupes y de las jodas más pesadas en las que se juntaban sin diferencias y aunque terminaran como dementes encanutados con dos o tres locas o desparramados y durmiendo la mona sobre vómitos anónimos como en guanaquitos unas cuantas veces después que acondicionaban la vivienda con ajuares de primera cubiertos de plata y platos de porcelana que demostraban a los visitantes que ellos eran funcionarios y no eran unos otarios, cómo no entender le decía se decía se decían eso de transformar las estructuras íntegras de un estado que no le servía como debía servir al pueblo ese pueblo que pagaba puntualmente sus impuestos y sus contribuciones y lo menos que se merecía era un gobierno que le respondiera a sus intereses con sus sueños con sus esperanzas ilusiones que cada vez se estiraban más como si fueran chicles como la plata con todo aumento de precios y se reducían o quedaban en la nada cuando a las mismas esperanzas se las bajaba a tierra transformadas en largas esperas.
De que alguna vez se cumplieran sueños de casi toda la vida que si no fuera por esas fantasías sería duro bancarse la locura en un país de lunáticos y despistados, como para él mancarse de todo el estrés de su laburo sin horas de descanso en pantagruélicas y libidinosas jornadas que le organizaba el contador que trabajaba con él y su amigo y los ayudaba a esconder sus cositas sucias sus errores en largos e indescifrables balances o en intrincados flujos de fondos, privatizar era la tarea más importante que le había tocado pero también reformar lo que venía de otras gestiones que por definición eran pésimas gestiones en un país como éste donde siempre es pésimo lo que hacen los otros y es muy bueno lo que hace uno en un país de memoria recortada por anónimos irresponsables que se cagan en la historia y en la salud mental de las nuevas generaciones, hombres de gobiernos anteriores que no advirtieron o no se atrevieron a catalogar que las dos tareas esas eran una forma de aceptar de antemano que era como un parto de culo el trabajo, él no se atrevía a decirle así al ingeniero.
Al que le encantaban las frases ocurrentes y groseras y recitar el Martín Fierro, de las privatizaciones y la reforma importantes términos que bajaban de los organismos internacionales para todos con el nombre de un consenso que venía así sin disenso de Washington pero que firmaron todos los excelsos representantes de los países del patio trasero como le llamaban despectivamente a nuestra querida América ladina antes que latina él decía lo decía cuando podía y se figuraba que le decía, privatizar o reformar con una cuenta que no pasaba de cuatro empresas del estado para armar como empresas privadas y que no pasaba de echar a unos tres mil empleados aunque no decidieran mudanzas de caparazón y de cerebro porque había que poner ideas para ir explicando al pueblo a la gente y a los idiotas lo inexplicable.
Que lo llamaran camaleón no era una casualidad teniendo en cuenta una larga historia que venía desde el abuelo un distinguido conservador y oreja que en la década del cuarenta peleaba en contra de la democracia pasaba por el padre que enganchó con los radicales y unos cuantos más llegaba a él que había comenzado con los unos que decían eran del MID pero eran en realidad radicales renegados y hacía rato que andaba con los perucas.
Cuando el guanaco decidió encararla le metió para adelante, era para muchos una bosta que apestaba en cada uno de los lugares en los que andaba un tipejo que abusaba con las actitudes despóticas y se pasaba de revoluciones con las exigencias a la gente que le colaboraba incluidos los obsecuentes, pero para su amigo nunca una agachada como decía recordando a sus compañeros de la franja, cómo no habría de ir bien se ufanaba el guanaco en sus cualidades a pesar de no haber sido un alumno brillante para el promedio lo era con sus decisiones, cómo no habrá de ir bien repetía cuando estaba con su amigo y trataba de hacerlo participar a su entrañable el camaleón que cambiaba de colores según la ocasión decían, se burlaban se reían disimulaban sus más inconstantes enemigos cómo no habría de ir de parabienes, en la liza de la destrucción del centenario ferrocarril que con eso no había que sentir compasiones ni tener contemplaciones con nadie porque estaba desde hace mucho regenteado por vagos e incompetentes, hasta había soñado que había que destruirlo como si fueran partes de un mecano inmenso para armar en un juego de mayores macabro, porque estaban quedando territorios fantasmas en los galpones de Tafí Viejo o en los tinglados de Haedo, cómo no había de ser interesante si además de gente había cajas fuertes en las estaciones o en las divisionales arcones en los que más de uno ya había metido las manos anteriormente tomando decisiones que siempre eran pendulares en el sentido que se lo llevaba de una órbita a otra como si nada.
Como la nacionalización del general que lo rescató de la voracidad de los ingleses, cómo no aceptar el reto a la imaginación del camaleón afirmaba el guanaco pensando en que venían de hacer una carrera profesional que se les daba a pocos colegas suyos, en la época en que ni se imaginaban que se estaría en la palestra de la explosión de la desocupación y la elevada presión social que sobrevendrían por sus providencias y ellos mismos solucionarían, ellos no lo sabían muy bien pero se jugaban a que alguien alguna vez, en la interminable cadena de recetas de indicaciones nunca cruzadas siempre directas de los señores a los siervos de los patrones a los obreros en el largo atadero de los que mandaban con los que obedecían siempre a favor de los primeros y en contra de los segundos con pobres y marginados que quedaban en ese camino en definitiva de los ricos mandando sobre los pobres en esos vínculos que casi nadie conocía en su totalidad, ellos presentían en realidad lo que pasaba que alguien compraba on line la idea del consenso vendida como otros productos por los yanquis del fondo que se paseaban por los aires de América.
Sin estar en una lista de espera de aviones y atorados con trabajos a cumplir por parte de los países si querían recibir la plata que previamente pedían, apuntándole a exuberancias de los países que antes de pedir depositaban en el mismo lugar en que pedían también a raudales, en los mismos organismos en los que depositaban y después sacaban en los que cedían y después compraban, en una secuencia más que graciosa grotesca porque era dejar el dinero en ciertos organismos con fluidez y sacarlo con unas dificultades de la puta madre, cómo no lo sentiría y lo viviría así si ellos estaban y fueron ellos los que estuvieron cuando destruyeron el banco de la provincia sin meterse demasiado esa era la indicación que les cayera, a eso lo comandaban los jefes, las repartijas grandes para los grandes las distribuciones más pequeñas para los de más abajo donde andaban ellos aunque no lo reconocieran entre los demás profesionales haciéndoles creer que ellos eran lo más, los dividendos y los réditos por semejante venta eran elevados y el guanaco y el camaleón ya hacía rato que se habían puesto a repartir negocios menores que era los que les correspondían sin meterse en los grandes negocios de los grandes, comenzaron con el Banco que se vendió a valores espurios las ejecuciones de hipotecas como a cuatrocientos tipos que le significaron como cuatrocientos millones de pesos al pueblo de la provincia.
Siguieron con el agua dulce y transparente que nos sirve a todos, con el gas que sirve para calentarse en invierno con la electricidad que indistintamente sirve para el sofocón y que tiriten los que menos tienen los que andan por las calles que en la escala del camaleón y el guanaco son unos distraídos que no supieron prevenir. por eso siguió insistiendo con los encuentros los fines de semana cuando comenzaron a escucharse lo ecos de la patraña que levantaban ellos no los escuchaban como maridos largamente engañados en el principio no creían ni siquiera los que sus asistentes les insinuaban en charlas informales ellos pensaban que esos puteríos interesaban sólo a los giles que creían que denunciándolos se tomaban medidas, cuando fueron muchas las repeticiones de las críticas ellos comenzaron a insistir con aquello que no era ni por cerca grato para ellos saber que los llamaban guanaco o camaleón ni les importaba saber exactamente los motivos aunque los presentían ni les importaba saber si la corrupción era esto de sembrar la tierra de guanaquitos de condones, de bombachas corpiños y ajuares varios, de restos de puchos y acusis de botellas de vino y gaseosa que iban dejando cada vez que pasaban un día o dos de la semana de pesca para todo para los pescados y para las tías que se levantaban de paso, si era una podredumbre hacer esta a costa que no lo hicieran docenas de chicos y de familias que los acompañaban no a ellos sino al gobernador con sus votos, o si era putrefacción lo otro ambos eran exitosos inteligentes en la apreciación de los otros divinos para los de su grupo y estaban acostumbrados a las miserias que así llamaban a lo que ellos apuntaban las desventuras de los otros, en medio del carnaval de sus decisiones les tocó la gestión de la bahía y no les cambiaba la vida saber si ser corrupto era robarle al estado que en realidad era robarle a la gente, que la gente aguante y comprenda que la corrupción era la ausencia de compasión esa compasión que como en el camino de Jericó ellos no sentían por nadie, por eso una vez vendida la idea la aplicaron en cuanto y a cuanto se les ocurrió. No era ni por cerca grato saber que lo llamaban guanaco como si utilizaran el sinónimo de ser un mala leche aunque él no escupiera ni cuando estaba resfriado ni fuera un rumiante de malas costumbres, pero él sabía que a sus espaldas los maldicientes lo criticaban a él y a todos los que como él estaban en el círculo de quienes eran elegidos por los capos y superiores, lo presentía en cada una de las reuniones a las que asistía para establecer relaciones, pero también sabía que aún con esas cosas era indistinto que los llamaran en forma indistinta guanaco mamífero bestia grosero inconveniente malcriado descomedido desatento vivíparo vivo rumiante o camaleón reptil lagarto astuto hipócrita ladino rastrero servil pérfido.
No es que no lo crea, cuesta pasar de incrédulo a crédulo porque seguro que cuando era niño como muchos estudié sesgada la historia inclinada para donde quisieron los que la contaron que la contaron con la sangre muy caliente y muy poca imparcialidad, entonces un grupo de los tipos que pasaron fueron o muy malos o muy buenos o viceversa teniendo en cuenta la posición en la que uno se encuentra. Así, con tanta diferencia palmaria cada vez que me toca catalogar a los contemporáneos y mortales que gobiernan estos también son malos o buenos nunca pueden ser regulares. Así me pasó con el Dr. Fulano de Tal y el Cr. Mengano de Cual cuando los conocí.

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