La guerra sin mambrú – V –
Lo encontré ya recuperado en la mejor clínica de la ciudad adonde lo había internado su madre, que siempre insistía que al rango social se lo compra con dinero, que el drama de no ser nadie en la sociedad no tiene que ver con que uno sea un cualquiera de nombre, que se llame Pérez o González, que la cuestión es directamente proporcional al dinero con que se cuente, más dinero más consideración social, más chupamedias, obsecuentes y séquitos para todo, desde comprar a rezar, desde vacaciones a ocupaciones, todo se facilita decía, que todos se compra con dinero y otras nimiedades, como por ejemplo pedir en la oficina correspondiente el registro doble de un apellido tan común como Sánchez, como el apellido suyo de soltera registrado como apellido doble en el registro civil de mala muerte de su pueblo.
Golpes de efecto los llamaba el cabezón cuando hablaba de estos temas u de su inefable madre, sin darle importancia y sin ocurrírsele contradecir a esa mujer que quería.
Cuando estuvimos juntos conversamos bastante, pero por sobre todo aquel encuentro sirvió, para que yo me diera cuenta que él ya había trazado alguna línea de conducta y marcado una posición con todos estos enredos de grescas comunes y repetidas, luego había acertado en esto pero, después lo supe, no en sus insistencias con las molestias que a él le causaban ni con sus exageraciones para escapar de sus prisiones mentales.
Me confirmó por enésima vez, de la enésimas conversaciones inconscientes o conscientes que tuvimos de chicos de adolescentes de más grandes, que no soportaba las trifulcas, o que en el mejor de los casos las soportaba cada vez menos, y últimamente menos que menos las que apuntaban directamente a su físico,, que lo mortificaban cada vez más y que los únicos que lo entendían eran sus amigos del chirivín chin chin, y que quería volver a su pueblo y que se lo dijo a su mamá y que ni ella ni nadie le daba bola.
Corrían los últimos días de ser jóvenes haciendo el último año del secundario, y los demás nos tenían como rebeldes sin causa que no participábamos en sus juegos más comunes, nos tenían de pensantes poco deportistas en una época en que pensar comenzó a ser malo sin que cayéramos en la cuenta, otros andaban en luchas que no nos interesaron, estudiantes diciendo que ser trabajador era ser de derecha trabajadores diciendo que ser estudiante era ser zurdo, luchas que no nos interesaron pero que más que rozar quemaron nuestras vidas.
Ahora lo sé, tenía la valentía de un nacido en el levante y la condescendencia de la copia boliviana del alguien del oriente.

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