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Friday, April 15, 2011

nube de eso que ya sabemos en la cima de la dirigencia política de pobres cronopios y también pobres famas

Lecciones para llegar y mantenerse en la política justo aquí donde están los mejores según lo que declaran los mismos mejores, II
Que la gente se la aguante y que la gente comprenda que así como debía trabajar él necesitaba descansar, hay gente que se cree ese cuento que la gente es el soberano pues bien es bueno que lo siga creyendo, que la gente no se equivoca pues bien que siga pensando que la gente no se equivoca cuando por acá se equivoca todo el tiempo, acá la gente vive equivocada, que la gente se la aguante si protestaba por su curiosa costumbre de tomar el descanso en guanaquitos como si fuera parte del trabajo con agenda abierta con secretaria con chóferes con asistentes para las cuestiones más secretas con asesores con cocineros y mozos en tiempo completo, pensaba que la gente se aguante, lo aguante a él le aguante al otro la costumbre de tomar el descanso como si fuera un trabajo que a él y al otro le gustaba siempre porque por lo demás y para los demás había que hacer vigilia durante su retiro controlando el perímetro del predio el interior del predio los techos y todos los resquicios que hubiera en el predio para que nadie lo molestara estuviera haciendo lo que estuviera haciendo.
No se podía interrumpir la liturgia del retiro la celebración que indefectiblemente empezaba los jueves a la tardecita y finalizaba los domingos cerca de las once de la noche, empezaba los jueves con una picada y cerveza y terminaba los domingos a la noche con otra picada y cerveza, mientras tanto matraqueo, uca – uca o lo que fuera, había que ocuparse de las provisiones para el retiro de todo el abasto y sin ruidos cuidar en forma permanente que no se vaciara la bodega y que la despensa dispusiera de todos los alimentos que se pudieran guardar en ella, todo para que él y ese otro su alter ego y sus invitados, la hicieran y la siguieran haciendo porque como le decía a quien lo quisiera escuchar era mejor vivirla que contarla era mejor vivirla antes que contemplarla. Su compromiso eran las privatizaciones su trabajo las reformas su descanso guanaquitos, por eso a veces comentaba cómo no habrían de encarar un concurso así, que cada día contabilizaba como un golpe afortunado de la suerte afortunada de dos tipos extraordinarios y afortunados cómo no meterse de cabeza en una prueba así que cada día aparecía como más interesante en la lid del desafío propuesto, una ecuación perfecta en boca del timorato y pulcro contador propio de las mentiras, el desafío de un trabajo que a poco de hacerse aseguraba un retorno un trabajo que se terminaba y entregaba igual a una atención que aparecía bajo la forma de un regalo que se recibía viniera de quien viniera como viniera cuando viniera casi como en la partida doble un favor que sale un extra que entraba al bolsillo propio no a las arcas del estado, nunca comentaban sobre esto pero estaban satisfechos le decía el guanaco al camaleón o viceversa pensando en lo bien que les iba en la vida a ellos.
Cuando le aparecían los arranques de petulancia se cuidaba que no fuera delante de los jefes así perdía y sí delante de sus subordinados ahí ganaba, después de todo entre los méritos que había hecho por cuenta propia y confirmaban que era un pedante y le encantaba serlo, entre las cualidades para que lo llamaran como lo llamaban estaba eso de tener siempre arriba el ánimo bien alto calificarse por cuenta propia por encima de los demás y sin mayores vueltas bajarles líneas para cumplir las órdenes que venían de arriba, de abajo ni se preocupaba ni nada decía el guanaco cuando todo eso que hablaba lo que no hablaba todo, lo que emplazaba cuando estaba en ganador lo que no sentenciaba y planificaba se le pasaba a mil por la cabeza y determinaba que los otros obedecieran o que esperaran por las consecuencias o sea por aguantar sus caprichos por aguantar sus castigos, mientras que algunos de los demás y sin que él los escuchara se despachaban con la frase guanaco de mierda mandón prepotente que pide y pide el pedigüeño y encima anda renegando por detrás de cada uno y así se lograban los mejores resultados, pequeños secretos los suyos, no es que no lo creyera pero le costaba pasar de ingenuo a ladino, no es que no lo creyera.
Costaba pasar de incrédulo a crédulo porque seguro que cuando era niño como muchos estudió sesgada la historia inclinada para donde quisieron los que la contaron que la contaron con la sangre muy caliente y muy poca imparcialidad, entonces un grupo de los tipos que pasaron fueron o muy malos o muy buenos o viceversa teniendo en cuenta la posición en la que uno se encuentra.
Así, con tanta diferencia palmaria cada vez que tocaba catalogar a los contemporáneos y mortales que gobiernan estos también son malos o buenos nunca pueden ser regulares.
Cada mañana que empezaba se ponía como loco y hosco para pasar como cuerdo y que se le notara lo menos posible la borrachera que no sacaban ni los efervescentes ni el bicarbonato, se ponía tenso como atildado para resolver sus asuntos como el de la organización en guanaquitos que al lado de las otras cosas era uno más de los cuantiosos asuntos que manejaba, ver a quién darle por fin la explotación de la bahía que el agua dibujaba en parte del perímetro de ese lago inmenso el estuario privilegiado en ese valle inundado cuando hicieron el dique aprovechando las montañas que rodeaban lo que fue la cañada convertida en un espejo de agua inmenso, esa rara rada y rústica que era muy buena porque tenía todo para pasar bomba los fines de semana, naturaleza más confort más gustos más hobbies más intimidad más sexo eran términos de una ecuación que manejaba.
Era un lugar donde pasar sin que se enterara nadie del círculo de aliados urbanos nadie entre las mujeres celosas o ninguna de las víboras chismosas de las amigas que frecuentaban a las obedientes esposas, situaciones y chismes que se convertían en cálculos especulaciones que pasaban por sus numerosas agendas y a mil por las cabezas de las tres secretarias trabajando a tiempo completo para él y además eso del fondeadero se le amontonaba al guanaco con otros líos con otros sueños con otras pesadillas y especialmente con el estrés cuando el consejero hablaba y hablaba de las privatizaciones, que era la onda de la hora la orden del supremo rodeado de subordinados en Buenos Aires y en las provincias y hasta en las municipalidades más chiquitas en donde había otros supremitos y destacados dúctiles personajes.
Todo un despiplume que se venía armando para la faena de desestatificar descalzando el emprendimiento del estado en todas aquellas cuestiones de las que no se debía ocupar el gobierno que después de las últimas elecciones fue en realidad su gobierno, que él ellos y aquellos ya se imaginaban cómo debían gestionarlo no había que ser un genio para saber de aquello en lo que no funcionaba el estado prestando los servicios cualquiera fuera su forma como nación como provincia como municipalidad, tampoco funcionaban los servicios prestados por particulares propuestos por el estado como lo era el caso de la dársena.
El se ofuscaba y puteaba para que todo saliera y esto era parte de sus menoscabos, que con otros motivos sumaba para que sus detractores lo llamaran guanaco, como si los guanacos fueran altaneros y esbozaran malas palabras.

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