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Thursday, April 28, 2011

cajas y cajas - III -

Planta de ají flor de alelí pongan la guita que ya me vua í – III
Entenderlo uno ése es el asunto, le dijo a su mujer apremiada por los trajines del día y apurada por terminarlos antes de la medianoche, ah fue toda la contestación de ella, entenderlo y saber lo que se dispone eso es lo que corresponde y lo que les conviene, que con eso no se embroma a nadie pero a nadie en serio, continuó hablando por su cuenta mientras ella fregaba platos y calzones en baldes de aguan y con jabones diferentes, si se le pega son fichas que se ponen y se recuperan en la apuesta de hacer buena letra, o buena plata de esa plata que no viene con la quiniela, si la cosa no sale es malo y uno merece castigo acá o adonde sea, continuó sin darse cuenta que ya ni siquiera lo escuchaban, purgando la embriaguez avanzada y con medio cuerpo recostado sobre la mesa, ese cuerpo que en ocasiones no maneja y hablando solo como todas las veces iguales, adormeciéndose, durmiendo a medias por culpa de los derroches despliegues propios o impropios, de los miedos que asolan, miedos que desolan, renovando temores naturales y viejos o legados, los miedos que van y que vienen y que son por las dudas lo duda, ardores en la boca del estómago, una racha de los celos recelos que se tienen de pensar que en este mundo hay siempre injusticias y las habrá.
Y que por ellas a veces no pocas se premia a los malos y se castiga a los inocentes de este y en este mundo, como debe ser en ese más allá donde se va después de morir, pavor de presentir castigos equivocados aunque saber también que El no se equivoca que no puede equivocarse, castigos equivocados en la vida que viene después de la vida, o en la muerte que vienes después de la muerte, porque si es por los reconocimientos de hacer todo bien eso nunca, las gracias que no te dan que no se conocen ni se conocerán son otro asunto.
Miedo de sospechar que allá en algún lado, impalpable como el azúcar, azuquita sublime a veces morenita, hay almas buenas retorciéndose en el infierno y hay almas malas deslumbrando deambulando y haciendo pitos catalanes a los que pensaron diferente acá sobre el cielo, miedo por cuándo y cómo se determina esa dirección en esta vida, en este pasar de modorras que adormecen, de abominaciones subordinaciones sublimaciones y alucinaciones, y gastritis como las habrá tenido la pachamama, de esa niña de la que cuentan como anécdota de doce generaciones pasadas o veinticuatro o las que fueran, en nombre y a cargo de pares que se salvaron gracias a ella y se seguirán salvando aunque no lo reconozcan, porque son muy perezosos y viven pensando que mientras los demás batallen por ellos albricias.
La cuña más hermosa de su tiempo ia chai sapa, alma buena como pocas en este mundo, abnegada por jugarse el todo por el todo cuando la necesitaron, a escuchar a los que clamaban por palabras y hablar a los que se quejaban en silencio sin levantar el polvo o hacer muchas estridencias, ella que pasó por la histeria a la historia que no le interesa a nadie o le interesa a pocos, como si hubiera presentido la opresión y el sufrimiento posteriores de los tipos de su raza, y que por la mala suerte que tuvo de los dos caballos que tiraban el carro de su vida, uno se hundiera y arrastrara por la tierra y el otro se escapara sin ella hacia el cielo, vivo, avivado y vivito de porquería como todos aquellos que no gastaron ni una gota de tinta para contarlo, para contar de eso que hicieron los que vinieron de afuera con los que estaban adentro, vivo avivado y vivito haciendo comparaciones que no valen Hipólito.
Ella era jan kanki, desdibujada en la tierra oscura de la noche, y en la línea invisible del trópico de capricornio, para que la bronca de los dioses no llegue a los suyos, meneando sus caderas perfectas y mostrando unos pechos exuberantes y duros, bocaditos pretendidos y codiciados por el diablo entonces encarnado en un jefe de la tribu por vaya a saber qué disposiciones, trofeos pretendidos como si fueran frutas frescas para él o para ellos fue lo mismo, pero que como si se tratara de uno preguntaron por esos días por cajas y yapas, para aquello de poseerlo todo con exclusividades de reyes, de jefes de caiques o de conductores.

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