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Saturday, April 30, 2011

cajas y cajas - V -

Planta de ají flor de alelí pongan la guita que ya me vua í – V -
Nada le importa a Hipólito insólito que en una ráfaga de lucidez decidió irse hasta el puente, en la orilla del río conocido, río seco como él de ideas algunas veces, río caudaloso con agua como en otros cualquiera en el que juega otras veces tirando piedras de canto para que reboten infinitas veces, fuertes corrientes como las de su sangre bullendo por adentro corriendo como las aguas como corren sus historias y las historias de los otros, se fue hasta allí a jugar y a pensar en la decisión que lo asustaba, en un lugar en el que se podías decir cosas a sí mismo sin que nadie se lo recriminara, es decir igual a como lo hacían sus antepasados por lo menos a como lo contaban los que cuentan de lo que hacían sus antepasados, Hipólito indómito.
En el repaso desordenado de la borrachera aliviada por sueños o dormitadas esporádicas, recordó un antecedente recordó un precedente sin continuaciones, su padre alguna vez en el siglo participó de una demostración carnavalera fuera de época, para mostrar a una tal infanta que vino de España, la tradición y la gente de la larga heterogénea tierra argentina.
Pero eso fue diferente a lo que ahora tiene entre sus manos, se dispuso y se hizo una vez nada más sin repeticiones, distinto a lo que él desencadenaría si él acepta la oferta comercial bien comercial, asquerosamente comercial y moderna, bien de los tiempos que corren ia chai sapa jan kanki, porque lo que se diga repercutirá para adelante, el próximo año y el otro tambíen y los otros que sigan, convirtiendo seguro cada momento de una celebración cuidadosamente pergeñada, corrigiendo los plasmado por alguien hace bastante tiempo, esa misma fiesta en que los varones bailando detrás de las mujeres, y muy pegados a ellas, llegan hasta el lugar de un descampado que todos conocen para honrar a la pachamama, y cavan un pozo en sus entrañas del que sacan un muñeco, grande y armado con trapos prensados, y en jirones, y lo envuelven con un paño rojo al tiempo que gritan, claman y lloran ay carnaval.
Bailando, chupándose revolcándose todos juntos, hasta el final de esos días cuando idólatras sobre la tierra humedecida con chicha y aloja, descartan el rojo y envuelven esa cosa y envuelven otras cosas en un paño negro despacio, muy despacito, lagrimeando lloriqueando por lo que se termina, librando a su suerte a la diosa de la tierra, a la madre tierra, por un año más en su lucha con el demonio, Hipólito indolente, insolvente y que lleno de tierra se va bajando y hasta su casa quiere llegar, acicalarse para la fiesta y enharinado con el diablo se quiere abrazar, con las mujeres y el carnaval, ay carnaval.
Cuando el sábado despidió a los que lo visitaron desde temprano, los ecos de otras voces quedaron retumbando en el zaguán de su casa.
El de la promoción había estado con los de la comisión de milicos, milicos del gobierno que como siempre no descansan en eso de confirmar que meten sus narices en todos, los zurdos andan por todos lados dicen, espiando todos como espiaron a la gente en el último mundial de fútbol.
Después de aguantar el bullicio, la verborragia desbordada del señor Vera venimos por su buena predisposición ya suficientemente probada en otras ocasiones, a buscar su consentimiento para el cambio de horarios, una bicoca de diez, o de seis, apareció el seis como por arte de magia insinuante, insinuando en la intimidad de esa charla íntima que se tuvo, indescriptible y con guiños d ojos confirmando negocios concluidos promesas hechas y negocios paralelos.
Y en la tumba de su corazón, tumba tumba ya se arrepentía de haber dado su consentimiento, su sí para que la ceremonia se realice le domingo al mediodía, sin titubeos y en forma precisa, sin alardes sin arideces, sin sandeces que permitieran dar lugar a que piense a quien lo viera, quien te ha visto y quien te ve, prendido en correcciones o enmiendas inmediatas o futuras.
Así que tomando un trago más de vino de los infinitos que le deparaba el día como los días que vinieran, escuchó los ecos del retumbe de las cajas y los cantos de quienes ensayaban, el carnaval ya se muere ay carnaval, el carnaval ya se muere ay carnaval retumbando.

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