Hay suegros, unos mejores que otros, depende desde dónde se mires.
Los hay que son celosos cuidadores de su nenas en la irreversible instancia que van a tomar, en la dirección opuesta a la del galán que pretende llevarse a la princesa, y entonces de entrada nos más en los difíciles y escasos contactos que hacen con el pretendiente, aclaran implícita o explícitamente las condiciones, salidas con horarios pre establecidos, cupos de tiempo de permanencia en zaguanes u otros rincones peligrosos como para que la pequeña cortesana de la corte familiar no pierda lo que el galán quiere ganar y los suegros tampoco quieren perder, suspicaces piden exposición mínima de dotes que aunque fueran pocas aseguren a la cenicienta una herencia aceptable, o en bienes materiales que es lo más importante por lo menos en la interpretación inmediata de esos suegros guarda bosques, o en equilibrios psicológicos que permitan la tranquilidad de saber que el tipo no pensará ni siquiera en atreverse a pegarle a la nena tundas atrasadas que la harían menos egoísta y menos caprichosa.
En la otra categoría de suegros están otros un poco más descuidados que aquellos, más displicentes y permisivos, que se muestran como compinches del galán que aspira estar en el podio de los ganadores con la campeona, que puede serlo en ocasiones más de lo que con cualquier imaginación normal puede esperarse, o una niña inocente como cualquiera esperando paciente y ardientemente la oportunidad de entregar virginidades y candores, o una atorrante encubierta empeñada en blanquear pecadillos no declarados, esos suegros no establecen condiciones y no andan con imposiciones de ninguna naturaleza, son facilitadores, porque allanan los obstáculos que puedan interponerse entre el seguidor y la niña de sus desvelos, son conversadores y generalmente comparten con los pretendientes actividades que son propias del género, como excursiones de caza, programas de pesca, deportes o similares, buscando ganarse la confianza de quienes presuntamente se llevan a la reina, no les preocupan las dotes materiales al contrario de verdad o abiertamente las ofrecen, y en algunos casos pueden levantar sospechas porque pretenden que los juglares le peguen a la dama esa cacheta que alguna vez se quedaron con ganas de cruzarle en la cara.
En la mayoría de los caso la predisposición de los suegros con los galanes es inversamente proporcional a la desesperación de desprenderse de sus vástagos femeninos, y en honor a la verdad hay que decir que hay innumerables variantes a estas dos categorías genéricas.
Hay otros suegros que son un promedio, como el que me tocó apenas empezaba mi carrera de mujeriego incurable.
Era un tipo silencioso, parco, poco conversador.
Pero después de dos o tres palabras que cruzamos por iniciativa propia me regaló dos libros que para él eran de cabecera.
Uno, fue el hombre mediocre de Ingenieros, como si hubiera sido un presagio eso fui toda mi vida.
El otro fue la teoría de la relatividad, que nunca alcance a leer, no obstante siempre fui además de mediocre un tipo relativo lejos, bien lejos de su nena, y de todas las nenas que fui dejando en mi tránsito de confundido.

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