Lecciones para llegar y mantenerse en la política, I
Cuando a uno de ellos lo llamó el ministro y le preguntó si se animaba a tomar el desafío el guanaco le dijo que sí que por supuesto y además le dio a entender con la solemnidad que el tipo merecía que a él no había que preguntarle esas cosas siendo como era un fanático más de la nueva argentina que desde unos años atrás se venía parando y se abría a los capitales de afuera que algunos infaustos llamaban capitales golondrina y que aparecían con sus dueños como serpenteando por un cauce de toboganes, siempre de arriba para abajo, a propósito de las calandrias como ondulándose por un fuerte viento de cola que arrastraba riquezas bienestar ventura de todo el mundo hacia el mejor país de américa ladina que es el nuestro hacía.
Se figuraba que le decía él decía se decían como decían los que votaban, la gente del pueblo de un pueblo que en ocasiones le parecía de taimados, porque esa gente unas veces votaba con el corazón otras veces votaba con el bolsillo como si nunca tuviera la misma razón, un gentío con la misma voz del pueblo de un pueblo que muy seguido era de marrulleros.
La voz del pueblo la más maravillosa música que al general le sonaba y si a él le sonaba era cosa seria aunque el pueblo no fuera serio, en realidad un rejuntado de cholulos que hoy dicen blanco y mañana dicen negro, parte la argentina de esa américa ladina que en muchos lados del mundo no se conocía pero por lo que todos decían y repetían los repetidores de lo que relataban los viajeros o los viajantes o los que viajaban anunciando las buenas o malas nuevas del planeta, era la argentina del boom del crecimiento por el que no habría más pobres ni desempleados ni fachos ni desnutridos en sus comarcas.
La misma mismísima argentina conducida por el primer compañero, como ayo absoluto como tutor mayor y además como presidente de la Nación, inmortal inamovible insustituible, el guanaco manejable malcriado pero atento seguía diciendo sin que el otro le pidiera hablando en la abundancia en medio de las consideraciones que estaba listo para hacerlo por Ud. Sr. Ministro y por el compañero Gobernador y por los cientos de compañeros que nos eligieron.
Le contestaba cuando el otro lo examinaba y se imaginaba contestándole cuando no lo tanteaba ese gran perito que lo convocaba para la tarea convocado por el gobernador que lo convocaba a él como a otros ingenieros o también apelaba a otros doctores a otros licenciados licenciosos lujuriosos presuntuosos vanidosos, selectos grupo de convocados en nombre de la convocatoria a la gente convocada para una elección más de los concilios, que una y otra vez la junta electoral convocaba en una patria convoca porque todos son convocantes y además convocados, aunque el guanaco era de los que pensaba sin confesarlo que si la gente ya los había elegido después de tanta convocatoria, si ellos se equivocan, o son malo y meten las manos en las latas, ahora que esa misma gente se la aguante.

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