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Tuesday, May 31, 2011

LC - IX

LC – IX -
El será medio bruto pero sabe escribir un poco y leer también mejor que todos en la comisaría hasta mejor que el propio comisario de primera que siempre lo llama cuando lo necesita, él será medio bruto pero venía viendo de revisar los papeles que todo ese lío terminaría de la peor manera por ahí como ha terminado él dándole puñaladas a la pobre mujer que no se defendía, casi como una historia propia de la propia seccional habían venido pasando los hechos algunos registrados por él mismo en las incontables guardias de los fines de semana cuando todos los agentes faltan o se enferman a propósito para no trabajar.
Escribe y lee denuncias.
Un rato mas tarde la ago trair a mi escritorio a la menor Dolores Carreño, que esta detenida por averse mandao a mudar con el marido de la hermana y habiendo prometido que contaría todo lo que ha sucedido, empesé por preguntarle por cuantos años tenía y las demas cosas que se pregunta a las personas que caen presos, contestando yamarse como ya lo dijo al prinsipiar, hija de su madre Angelina Dolores, santiagueña también como toda la familia, tiene no mas de quince añios y no sabe escribir cartas ni leerlas y si firmar.
El suscrito tiene la obligación de dejar costancia que la muchacha está bien desarroyada y que a pesar de la edá que confiesa, ya es mujercita y buena.
Preguntada para que diga si sabe porque a caído presa contesta: que sabe que la an tomao por aberse fugado con Bonifacio Estrella, preguntada para que cuente todo lo que aya pasado, contesta: que ella lo quiso al Estrella dende que lo conoció y que el le correspondio denseguida pero como eya era algo chica todabía y el tenía compromiso con su madre y su hermana la Micaela, resolvieron esperar; que ase una semana Estrella la a probao como mujer y está muy conforme con eya, y que si no le quieren creer que se lo pregunten a Estrella.
Preguntada para que diga si está o no arrepentida del paso que a dado contesta: que no se arrepiente de nada, que Estrella ya ha cumplido con su madre y su ermana y bastante que a debido esperar mientras él las atendía a eyas antes que a la disente y lo justo es que aura se lo dejen a eya siquiera por un tiempo, para que el pueda conocerla mejor y dispues elija con quien quiere quedarse.
Que su madre ha hecho esta denunsia por despecho y no quiere otras cosas piores para que la gente able.
Ante le repentina salida de la muchacha termino con ella firmando todos con los mismos testigos que usé la primera ves.
LC
Ella no puede aparecer aunque lo ande confirmando la mitad de la ciudad al menos parte de una mitad que vive en las inmediaciones de esta calle Caseros arriba cerca del campo Castañares, ella no puede aparecer será su espíritu, sombras de ella que han quedado rellenando la atmósfera cercana después del drama, será su alma su espíritu algo de su energía que no quiere hacer lo que no quería hacer de viva que era morirse tan joven, nadie se quiere morir a los diecisiete y menos ella que apenas había comenzado a darse con él que era un picaflor de los más encumbrados, señalado también por otros matreros, ella no puede ser tampoco puede aparecer menos a los vecinos que uno por día cuentan de sus apariciones aunque evitan encontrarla caminando con la luz del día todo lo que pueden y poco por las noches que es cuando dices que aparece.
El tampoco puede aparecer aunque vengan corriendo a decirlo los que lo ven en pueblos que están a unas pocas leguas, menos los vecinos del almacén de ramos general donde se armó el batifondo, él tampoco puede parecer porque lo están buscando de varias comisarías aunque nadie ha podido registrar su cara por la rapidez con la que se han dado los hechos.
Ella no puede ser ni aparecer porque no quieren ni verla.
El no puede ser ni aparecer porque los de la autoridad quieren encontrarlo.

Monday, May 30, 2011

LC - VIII

LC tomando denuncias.
Cómo podrán verla a ella si ya no está, no se puede ver volver a ver a alguien que ya se fue para siempre, cómo se las arreglan esas almas comedidas en cuerpos de miedosos que pasan a altas horas de la noche cuando hay un solo farol por media cuadra, se sabrán imaginar que hay alguien persiguiéndolos, que hay alguien que llora y que se lamenta desconsolada, una mujer, eso es lo que parece, una pobre mujer llorando en forma permanente, cómo podrán verla si ya no se puede ver, ya no está la enterraron al otro día nomás de la pelea, cuando unos vecinos vinieron hasta la comisaría para avisar que había un cuerpo todo ensangrentado, hinchado y con puñaladas como si fuera un colador cerca del campo de Castañares en la vecindad del Alto Molino, cómo pueden escucharla si los muertos no lloran ni se ríen ni dicen muá.
Cómo no podrán verlo a él si todos saben por adonde se fue para trabajar en las fincas después del día que se despertó con una resaca de esas en algún lugar del Campo Castañares cerca del Alto del Molino, todo ensangrentado oliendo a vino ordinario y vomitando una mezcolanza de frituras y sopas rancias, cómo no podrán decir de él los que van y vienen con las cosechas o las siembras, que lo deben ver y lo que no deben querer es denunciarlo, avisar a la autoridad por dónde andan, tal vez haya gente que le creé, que esté convencida que la adúltera era ella y no los dos como ellos mismos se confesaron, y él peor que ella por lo menos tomando las cantidades de amantes que tuvieron, cómo no podrán verlos ya avisar a la autoridad para poner los papeles y las denuncias en orden, y hacerlo devolver a la sociedad lo que él se llevó una vida aunque fuera la vida de su concubina, cómo que no lo podrán ver si todos saben que anda vivito y coleando de pueblo en pueblo por lo menos en los pueblos en los que tienen comisarías con pocos agentes como para andar buscando asesinos de esposas, de almitas en pena.
Escribe, que la disente le entregó a la pareja, su cama matrimonial y eya se fue a dormir en el catre que usaba antes la Micaela, que las cosas siguieron bien un tiempo nomás, porque el cartero Prutorio Gomez al verla libre a la disente empesó a cortejarla, pero al enterarse Estrella de esos amores le prohibió a Gomez, que se llegara a las casas alegando que mientras él sostuviera a la familia el mandaba.
Que la disente reconoce que Estrella tiene razón en parte, pero que eya tambien la tiene, porque ya que él la dejó por su hija no puede proibirle a que ella busque la felicidad al lao de otro ombre.
Que a pesar de sus protestas Estrella se impuso y la disente le izo caso porque comprendía que a pesar de sus caprichos el ombre no es malo del todo y le desía que por ay le acía una caída, pero la disente no aflojó.
Cansada después de tantas desilusiones eya pensaba renunsiar a los ombres buscando la felicidad del nieto que la Micaela stá por traer, resulta que Estrella se le manda a mudar de las casas llevándose a la otra hija la Dolores, de quince añios deedá, y de yapa medio sonsa, porque si no no se explica como puede aberse ido con un ombre así.
Que si la disente estubiera en otras condiciones no pediría nada pero obligada a dar este paso teniendo en cuenta que dispué e lo ocurrido, es muy difícil encontrar otro hombre que se quiera aser cargo de la familia.
Que por eso presenta esta denuncia pidiendo a la autoridad que le hagan justicia obligando a Estrella a volver a la casa y se case con cualquiera de sus hijas, así se siente más obligado a cumplir sus compromisos, y que si él no quiere casarse con las muchachas la disente a pesar del resentimiento que le guarda, estaría dispuesta a sacrificarse casándose con él, nada más que para salbar el honor de la familia.
Oíd todo lo que ha dicho, dí por terminada la denuncia, firmando la disente conmigo y los testigos don Froilán Sombra, mas conocido por el Rengo Sombra el peluquero Victorio Avalos, vecinos de esta comisaría y hombre de toda mi confianza.
Firmado LC.
Nombrese al Sargento Feliciano Troncoso para que pida prestados dos cabayos y en cuanto pueda salga atrás de la pareja y la agarre ande aya.
Fdo. LC.

Sunday, May 29, 2011

LC - VII -

LC – VII-
El día de oy, 15 de enero de 1909, se presenta ante mí LC comisario de policía del Alto Molino, una mujer que dijo venía a levantar una denuncia y la que respondiendo a las preguntas que le hizo contestó, llamarse Angélica Dolores, viuda (no sabe de quien), santiagueña de treintai ocho años deedá, quien vive en una casa blanqueada de verde que hay al otro lao de la estación, en el camino que va pal matadero. Despues deso le pasé la palabra a eya y dijo: que la primera ves se casó con Francisco Carreño, de quien tuvo dos hijas, la Micaela y la Dolores de 18 y 15 añios deedá cada una de eyas, que eran mui felices pero un día el se fue a trabajar a la cosecha pero como estuvo cuatro añios sin volver pa las casas ni dar señales de vida, eya creyéndolo muerto se volvió a casar con el Casimiro Reyes; de quien tuvo tres hijos más, que no sabe porque causa Reyes, también la abandonó hace ya mucho tiempo, y como no esta sigura si sus dos maridos son muertos o no, es que no sabe de cual deyos es viuda. Que hace un añio se conoció con el Bonifacio Estrella, foguista del tren ramal C-13, quien quiso casarse denseguida con eya, pero la disente de miedo que le pasara lo mismo que con los otros maridos no le dio el si y solo le asetó vivir arrimada con el pero guardandolé el rispeto como si fuera su esposa endeveras. Que el Estrella se portó bien al prinsipio, era cariñioso con sus hijas y corría con los gastos de la casa. Pero muy pronto la disente se dió cuenta que entre él y la Micaela, haíba algo y no estaba desacertada, porque cuando aclaró las cosas resultó que su hija ya estaba gruesa y que el seductor era su propio marido. Que por supuesto ubo un gran barullo entre ellos, pero como se habían acostumbrado a vivir todos juntos, arreglaron las cosas, pero como marido de la Micaela, con ella, “nihablarse”. Claro que eya sentía perderse un marido joven y con empleo como Estrella, pero dispues de lo que pasara “que iba aser”. Como es el único que sabe escribir y leer un poco Liborio hace guardias de doce horas pedido por sus superiores, por eso se queda dormido cuando nomás comienzan las investigaciones que le encargaron para ver de perseguir al culpable después de mucho tiempo, porque el almita de la viuda se habrá ido a penar a otro lado desde que la corrieron con el fraile del San Francisco, pero los malandras quedan cerca así que hay que enterarse bien de todo lo que ha pasado.

Saturday, May 28, 2011

LC - VI -

Cuestiones de servicios del agente de segunda LC.
Los dos se fueron los dos se fueron para siempre, ella de alma presente invisible a los ojos de cualquier alma bendita que quedara deambulando como sonámbula él de cuerpo ausente a los ojos de los policías que los rastrearon todos esos días, ella a circular por siempre en la ingravidez del firmamento él a transitar para siempre en la gravidez del espacio del planeta, ella en el vapor impalpable de la tristeza y él en los efluvios comprobables del remordimiento, los dos se fueron resoplando, ella expirando y para fuera él inspirando y expirando para adentro y para afuera, los dos transformados en fantasmas aunque uno se fuera de este mundo y el otro se quedara en este mundo después de la colosal sopapeada que se dieron de exagerados nomás como vivieron, al borde de sus histerias al borde del precipicio de sus penurias de paisanos marginados aunque bien que pusieron sus hombros para hacer llegar la materia prima al Alto Molino el lugar donde trabajaron antes que se agarraron.
Justo cerca de ahí se les dio por festejar en un descanso de cambio de quincena, entre molienda y molienda para tener los sacos de harina, entonces y de festejar se les dio por mamarse juntos y de mamarse juntos justo de comenzar a sincerarse y de comenzar a sincerarse juntos a justo y a decirse las verdades como se dicen los borrachos y los chicos, y de decirse las verdades como hacen los borrachos y los chicos a calentarse juntos, calentarse para agarrase a los sopapos y no para andar de arrumacos, justo a ella porque parecía que él no había dejado ni una paisana en el camino, solteras y casadas, gordas y flacas, feas y lindas de las conocidas él le confesó que se las mandaba a todas y que le encantaba tironearles las enaguas, y justo él porque parecía que ella si había dejado a unos cuantos paisanos en el camino porque no es china de andar regalándose a cualquiera, pero con unos pocos había saltado por una docena de catres saltos que al otro no le gustaron, y entonces justo de manotearse juntos cachetadas primero empujones después y así sucesivamente así se vieron de patitas en la calle por andar descuajeringando tardes tranquilas en esa zona tranquila de esa parte de la ciudad por la que el tren que va para Cerrillos pasa a eso de las dos de la tarde y de vuelta como a las ocho de la noche.
Los dos se fueron los dos se fueron para siempre, ella sin descansar en paz aunque le dieran cristiana sepultura los vecinos comedidos y asustados pero quedó su espíritu que todos los noctámbulos dicen encontrarlo llorando y lamentándose en las vías, adúltera que habrá tenido su merecido andan diciendo los más encarnizados, y él que estará descansando en algunos lados o cansándose tal vez porque seguirá ofreciéndose en cientos de obrajes y plantaciones de tabaco y de hortalizas y de porotos o para cuidar a las majadas lejos del mundo y de los testigos que pudieran acusarlo, asesino andarán diciendo los más sañudos, y ella asustando a los paseantes borrachos o lúcidos que deambulan por las vías en noches cerradas o en noches de luna llena, vagabundos sin destinos transitando oscuridades.
A ella la corrió con agua bendita y a él lo persigue con el peso de la ley, le comenta el agente de primera Liborio a sus compañeros los agentes de segunda, contando de su último ascenso cuando un fraile del San Francisco roció le tierra en varios de los lugares con agua bendita, en donde los miedosos dicen que aparece el alma que no hace nada que llora desconsolada, a lo mejor por lo que le hicieron a lo mejor porque no le abren la puerta del purgatorio, historia de ella nomás los miedosos timoratos que en vez de venir a contar donde anda él con su cuerpo y sus manos de asesino encubierto por ellos que lo apañan, andan viéndola a ella donde ya no está.
Los dos se fueron, ella para siempre aunque la gente le ande poniendo velas en una cruz improvisada, él adónde se esconderá hasta tanto lo atrape para ganarse el próximo ascenso.
Por eso en su papel de secretario y comisario de órdenes toma la denuncia que le traen unas ruidosas comadres y escribe de la forma y de lo poco que le enseñó Don Félix.
Actuación policial Nº 3 de 1909 del Señor Comisario Don Marcos Andrade de la Jefatura de Policía Departamento Calle Caseros – Alto Molino y se prepara para tomar la denuncia de Angélica Flores contra Bonifacio Estrella acusándolo de aber abusado de ella y de sus dos hijas.

Friday, May 27, 2011

LC - V -

Cuestiones de servicios del agente de segunda LC.
No será un señorito de primera pero él bien sabe que con poco que se esfuerce puede ser considerado un señorito de segunda y eso no es poca cosa en una ciudad la linda donde le dan importancia a todas esas cuestiones de linajes y alcurnias, de algo le tiene que servir haberse criado con Uriburo como entenado de Don José Félix como andan diciendo los chismosos de pacotilla a los que no les da ni la hora, aunque esos lo miren con desprecio porque él sabe que ellos saben que no le alcanzan los cien pesos moneda nacional que gana como agente de segunda y piensen que no le alcanza todavía para comprarse uno de esos elegantes relojes que se cuelgan con cadenas en los pantalones, no será un señorito de primera pero seguro tiene maneras y reacciones de señorito de segunda, lo que ha pesado mucho para que lo subieran en el escalafón de agente de segunda a agente de primera por sus últimos servicios, andan diciendo los mismos envidiosos de siempre cuando ellos saben que él sabe que lo consiguió con méritos propios.
Trajinando de casualidad con uno más de todos líos que se arman hacen ya como diez años a esta parte, por la pelea entre esos dos borrachos mujer y varón que se agarraron a cachetadas, patadas y arañazos en un almacén de Ramos Generales y salieron enredados saturados de alcohol y de celos mutuos, matrimonios que dijeron pero que habrán de ser esos matrimonios, peleando y revolcándose que fueron hasta el Campo Caseros y hasta que el tipo la dejó tirada en la vías y el tren la pasó por encima.
Trajinando con los que dicen que la mujer esa que aparece todas las noches allá bien arriba en la calle Caseros, es el alma en pena de la misma mujer, el espíritu que no puede descansar en paz de esa misma mujer del despelote, que habrá quedado aquel día hasta que la encontraron a la altura de las vías del tren que lleva a Cerrillos, y que desde entonces asusta a los vecinos en la noches oscuras y peor en las noches de luna cuando según lo que cuentan se queja de más y llora y solloza todo el tiempo como si no hubiera tenido la oportunidad de deshogar sus penas que deben haber sido muchas.
Cuestiones de servicios del agente Liborio, cuando el doceavo vecino le cayó en una guardia se fue hasta San Francisco buscó a uno de los frailes para que echara agua bendita y desde ese día los reclamos se redujeron.
Inteligente decisión le dijo su superior, a él que no será un señorito de primera pero que seguro es señorito de segunda, a él que por eso pasó de ser agente de segunda a agente de primera la antesala del puesto sargento y de mejores sueldos.
Pasó entonces de agente de segunda a primera por una diligencia y no por andar llevando y trayendo chismes para su jefe, el comisario de primera de la comisaría del Alto Molino..

Thursday, May 26, 2011

cuerpo y espíritu de un cronopio que vivió hace mucho

Cuerpo y espíritu del viejo Liborio.
El día que descubrió que su nueva ñaña era que se le había terminado de caer el párpado del ojo izquierdo se sintió de mal humor y directamente decidió no hacer su ronda de rutina que invariablemente terminaba en esa mesa que tenía reservada en un rincón del mercado de abasto, justo al lado del puesto de su amigo Juan Sanfasón que, dueño de la carnicería contigua, le pasaba toda la información sobre la comida que podía elegir en el día, el puchero a la española del gallego renegón de Don Manuel que lo preparaba de maravillas con mucha tripa y chorizo colorado, el guiso de mondongo del puesto de turco Samar que de lejos lo regenteaba mientras apostaba en la quiniela, el guiso de lentejas de Singh el hindú venido a menos por malgastar en el juego su herencia, o las empanadas de doña María la gorda emblema del embudo, un piringundín con esa forma en la bajo donde la barriada se mezclaba bailando en las calles, mujer que trabajaba por cuenta y orden de don Moisés un judío que por cada peso que le entraba le daba 5 centavos a la gorda con cincuenta y cinco compraba las reposiciones y pagaba los alquileres y se guardaba como renta los cuarenta centavos que le restaban.
Se dio cuenta que su párpado estaba caído del todo porque no pudo volver a ver más con el ojo afectado, probó de estirarse el párpado con los dedos pensó que a lo mejor era la humedad del día, como si una molesta y finita persiana de carne hubiera caído para siempre en uno de esos dos faroles que cuidaba como oro cada minuto de cada hora de cada uno de los noventa y cinco años que llevaba andando en bicicleta por su ciudad y visitando esos lugares que ese día decidió que no fueran, como si estuviera seguro que esta novedad fuera una más de las novedades que van siendo para siempre.
Deambuló de un lado a otro de su pieza desconcertado, la cuestión del ojo no lo tomaba de sorpresa, venía desde hace unos años, algún músculo de los que él presentía que allá en su cara le servían para abrir los ojos venía fallando progresivamente cada día, pero hasta este día conservaba una visión aceptable para recorrer tranquilo con su bicicleta las veinte cuadras de la ciudad que le permitían mantener los contactos que le quedaban y darse los gustos que su jubilación de comisario le permitía, todos gastronómicos, o casi todos, porque en realidad Liborio también desfrutaba las sobremesas o las conversaciones previas a las comidas, que acompañaba con picadas y una jarra llena de vino con soda.
El día que descubrió que su nueva ñaña era que se le había terminado de caer el párpado del ojo izquierdo se sintió de mal humor y directamente decidió no hacer su ronda de rutina, caminó desorientado por horas, durmió algo de siesta para seguir caminando durante la tarde hasta las primeras horas de la noche cuando llegara el horario de dormir de nuevo, casi al tiempo del horario de las gallinas, no más de las siete de la tarde para despertarse no más de las cinco de la mañana, estuvo irritado a pesar de aceptar y de llevar con altura los años que calzaba, no se acostumbraba a aceptar las señales físicas de su cuerpo deteriorándose, esto era lo que le costaba, descubrir cada día que alguna parte de ese viejo modelo de esqueleto y de piel que portaba con todo los demás que llevaba invariablemente, iba perdiendo la lozanía que había tenido en algún tiempo.
La misma altanería que se conservaba, eso sí intacta como siempre en su espíritu, muy adentro suyo su mejor secreto, eso no se volvía decrépito, por eso más que refunfuñar ese día se durmió con una sonrisa pensando que de todas maneras con un ojo menos al otro día visitaría a sus amigo en el mercado.
Quizás por lo que se va viendo se vuelve uno viejo inseguro, y que lo que por lo no se ve no se hace decrépito si no se quiere, murmuró para dormirse hasta el otro día seguro como estaba de tener las ganas que ese día no tuvo.

Wednesday, May 25, 2011

crónicas de la historia de JCP

Crónica de un viaje de Joaquín con la ayuda del cronopio Saravia.
Este chico hace cosas de grandes, este pendejo del Joaquín andar paseando por los paisajes dibujados en la poesía de Facundo, tan chiquito y andar haciendo cosas de grandes con menos de tres meses de andar por acá caminando, ábrase creído este chico grande andar paseando tan chiquito por los valles allá, desde la cuesta del Portezuelo mirando abajo parece un sueño, un pueblito aquí otro más allá y un camino largo que baja y se pierde, aunque moderno como es habrá andado con auto y con GPS, arriesgando el agrandado transitando autopistas en el paisaje agreste de esa antesala de desiertos en las laderas de los andes, por intuición habrá andado hecho glotón y goloso el Joaquín ahí donde hay un ranchito sombrao de higueras y bajo el tala durmiendo un perro, y al atardecer cuando baja el sol una majadita volviendo del cerro, chango que habrá paseado prendido a la teta de la madre, turista pequeño para andar entre tantos cardales y sueños en los brazos de sus padres, paisaje de Catamarca con mil distintos tonos de verde, un pueblito aquí otro más allá y un camino largo que baja y se pierde, este chico grande se habrá andado paseando por los esteros resecos de ríos también secos desde hace tiempo en ese pueblo que parece olvidado de todos menos del tata Dios que le ha dado belleza riqueza y rareza, paseando entre olivos que reverdecen, y ya en la villa del Portezuelo con sus costumbres tan provincianas, el cañizo aquí otro más allá y en la soga cuelgan quesillos de cabra, este chico hace cosa de grandes andar paseando por esos paisajes desolados que quedarán en el disco rígido de su particular memoria, con una escoba de pichanilla una chinita barriendo el patio, y sobre el nogal centenario ya, se oye un chalchalero que ensaya su canto, volviendo a la linda el paisanito y de cansado llorando.
Si es que el chico hace cosas de grande será que lo cuidan grandes que hacen cosas de chicos.

Tuesday, May 24, 2011

peones y patroncitos, peoncitos y patrones

Diarios de Liborio.
No es de buen samaritano andar husmeando, pero la llegada del señor le trajo dos novedades al corajudo de Liborio por eso anda molestando a los otros, a los que son como sus hermanos, la llegada del patrón de la estancia le vino con esas ocurrencias por primera vez en mucho tiempo porque en realidad cada vez que lo veía, desde que podía acordarse sin acordarse bien de los años, sentía que su corazón se agitaba y andaba enhiesto y serio por todos lados, haciendo sus tareas pero más atento que cualquiera de los días en que el oficial se ausentaba.
El tipo en realidad era imponente, de rasgos muy marcados alto con ojos negros y grandes y unos mostachos tupidos y muy cuidados que parecían alas de una pequeña paloma negra dibujadas en su cara más blanca todavía por el negro casi azul de esos bigotes armados, pero lo más gradioso se le marcaba con el uniforme que todos los días se calzaba para ir hasta los cuarteles, botas negras de cuero lustrado y plateadas espuelas, pantalones azules camisa blanca de cuello alto y chaqueta igualmente azul con botones dorados, presillas amarillas que hacían de marco proporcionado a la media docena de cucardas que del lado del corazón en su pecho remitían a reconocimientos y honores, por cada una de las batallas donde ayudó con fiereza en las distintas campañas, o por los servicios que como el de ahora le tocaba de protector de fronteras por parte del ejército a cargo de puestos fronterizos como oficial del estado mayor, cargado de responsabilidades y honores.
La primera novedad tuvo que ver con los cuentos que todavía y también recordaba sin acordarse desde cuándo, leyendas caseras que los peones le contaban o se contaban en noche de borracheras cruentas e interminables alrededor de fogatas que atizaban de sentados nomás por lo perezosos que eran, cuando le decían que él era hijo del patrón con una mujer, su madre, que trabajaba de ayudante de cocinera en sus años de moza y antes que la agarrara la fiebre amarilla, cuando le contaban que aunque no lo creyera hubo tiempos en que el personal de la finca adscrito a la peonada no tenía ninguna clase de derechos menos las mujeres y menos en las cuestiones de eso que ya se imagina, si al patrón le gustaba una dama la volteaba donde fuera, y lo dejaban a él sin consideración como con una obligación de imaginarse lo que no se imaginaba.
La segunda novedad fue la confirmación, por primera vez en su azarosa vida de aventuras, que algo había de verdad en las anécdotas de la peonada que eran su familia solo y sin más referencias que esas para saber de dónde venía, huérfano por distintas partidas, huérfano de progenitores de parientes de explicaciones, algo de cierto había en esas historia de espejismos y realidades que escuchaba siempre sin hacer observaciones, sino el oficial no lo habría puesto en el grupo reducido de los que nombró para preparar la expedición que partiría en seis meses y en tren a Buenos Aires para desfilar por el centenario, alguno o algunos serán sus entenados le insinuó alguno de sus maliciosos compañeros, peones rasos como él, como diciéndole que el tipo lo tiene en consideración para esas cuitas cuando podría no tenerlo.
Es duro andar por la vida solo, pero más duro no saber de dónde o de quién se viene con coraje como para no andar echándola la culpa a los que no la tienen, como a los peones sus amigos antes que al arrogante oficial de porquería.

PyC - III -

Entre palomas y cuervos – III –
La una animada todavía, bella y confiada en un porvenir de venturas y aventuras como las que tuvo de niña en su pueblo, y la otra con el toque que adoptara para aparecer como intelectual aunque no lo fuera porque ni sabe lo que eso es o porque eso depende de otros que a su vez se califican a sí mismos calificación que por esos carece de substancia, por donde anduviera con estos interrogantes pero bella también aunque disimulando sus bellezas detrás de unos anteojos ordinarios y pasados de moda, y encima desencantada de un mañana distinto a sus mañanas anteriores en la ciudad de calles peligrosas y oscuras donde alguna vez tuvo posibilidades de jugar como cualquiera pero a medias.
Aún cuando entradas en razón y después de los apuros se sintieran muy felices, se lo decían compartiendo, la misma residencia las mismas tristezas los mismos entusiasmos, los días del calendario los festivos los religiosos los días de fiestas cívicas, los meses y los años que se pasaron enseñando en las escuelas, los fracasos las salvaguardias y el alborozo, remando como decían con los mismos niños que llegaban y pasaban por las aulas frías a las que ellas les imprimían el calor de sus cariños de su magisterio de su apostolado, plasmados en guirnaldas y cadenas en azul y blanco mal pegadas en las paredes mal pintadas y en las pizarras descoloridas, ternezas distintas en la forma tal vez pero en el fondo muy iguales, de la una acentuando sus ganas de vivir esta existencia, de la otra apegándose a teorías copiadas de los libros en muchas noches de insomnio y de paráfrasis confusas de la vida, del darse y del despegarse de tanto sentimientos de emociones que van y que vienen.
Nada repararon de sus pasados cruzados ni se les ocurrió detenerse en el detalle de esos mismos pasados pisados, en sus retrocesos en sus transferencias en sus pecados, y encima nunca llegaron a decírselo con sinceridad menos que menos en el umbral de andar sus inviernos y el pasmo sórdido de la estación de la inclemencia, cuando la muerte ya no es más una posibilidad remota y se disminuyen demasiado los interlocutores que se tienen, así las alcahuetas eso que el diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo, alegoría que apoyaría cualquier indolente repelente que se pueda apreciar de inmortal, lo que no son ni Penélope ni Noelia.
El comunicárselo les habría servido para limar las asperezas que algunas vez tuvieron, sus parquedades sus sorpresas, para resolver las diferencias que eran muchas como las certidumbres como las incertidumbres comunes, como sus peleas cuando comenzaron a ponerse quisquillosas e intolerables y además a notarlo lo que no fue poca cosa, a renegar de las contingencias y a rezongar por cualquier cosa y a mascullar con razón y sin razón de todo.
La una asegurando que había que darse sin dobleces imponiendo con temple y paciencia los conocimientos y las ideas, la otra a la defensiva e inflexible privilegiando la conducta estricta la justicia y la equidad en todo si las hubiera, la mesura y la prudencia como emblemas de las virtudes de una vida proba.
En especial cuando trataban los temas de las palomas, tórtolas crías y madres, alumnos y maestros que todos los años colmaban aulas y patios disponibles, torcazas bulliciosas que dejaban sus huellas en garabatos sobre la madera ennegrecida y reseca de los pupitres o en un libro de temas, que sin esperar la llegada del descanso estival gastaban por anticipado su ansiedad para volar a otros espacios quizás más acogedores, volviendo después y remontando de nuevo una y otra vez el planeo en cada apertura y cierre de lo que oficialmente llamaban el ciclo lectivo.
Respecto a cómo tratarlas con el cumplimiento de obligaciones y la disciplina tenían criterios diferentes, la una asegurando que había que había que comprender los errores que son tropezones y los aciertos que son ponerse nuevamente de pié más recargados, la otra en cambio defendiendo las actitudes directas de control y corrección inmediatas y poco retorcidas, al revés de esos hierros que recordaba eran el soporte principal de los edificios en su ciudad sin cielo en su jaula.
En los pareceres diferentes se manifestaban también sus juicios y sus prejuicios distintos y las acaloradas discusiones cuando tocaban el tema de los cuervos, la calificación del único y común acuerdo que tuvieron para ubicar y calificar a las mujeres de la luz verde, el recóndito cabaret del lugar que funcionaba en turnos y períodos diferentes en los que funcionaba la escuela.
Cuervos cría y cuervos madres, casi anónimas para algunos de los habitantes del pueblo hembras poco comunicativas que matriculaban a sus niños y les causaban algunos problemas con eso, a la una que como directora de la escuela condenaba el comportamiento superficial y hedonista de las mujeres a las que llamaba infelices sin saber si eran felices, y a la otra que se desesperaba diciendo que son cosas que ocurren en la vida que se deben aceptar como se aceptan todas las otras llamadas normales aunque no lo sean.
Así que sobre palomas y cuervos sus charlas fueron siempre conversaciones de sordos y belicosos y odiosos contendientes, una lástima, porque por poco que se hubieran escuchado podrán haberse dado una mano mutuamente cuando la necesitaron.
La una a Penélope que en los meses de receso cambiaba el blanco guardapolvo por un vestido de negras lentejuelas, llamativo como el que se puso la vez que la dejaron plantada, y ésta a Noelia que hasta el cansancio continuó insistiendo angustiada y protestando por el olvido y la indiferencia de los demás, por quienes están solos aún sabiendo que alguien la rastreaba sin encontrarla.
De verdad una pena, porque a la una ese invierno se le presentó muy tibio, y la otra sintió mucho frío.
Y en el final la una quedó en una tumba donde se posan cuervos y palomas, y la otra en un nicho que no visitan ni los parientes ni conocidos, ni curiosos ni comedidos.

Sunday, May 22, 2011

PyC - II -

Entre palomas y cuervos.
Tampoco supieron ni nunca ni nada sobre sus veranos y la belleza lasciva de la estación del impulso, del inicio análogo de sus reglas que se dieron desbordando previsiones y provisiones de sus vidas, manantiales de agua roja brotando una vez por mes o algo parecido con agitaciones y temblores íntimos que se van anunciando con erupciones, con muchas preguntas con pocas respuestas, curiosidades, zozobras y a veces como a cualquiera con la cara picada por un acné mal curado, de virginidades encubiertas y descubiertas posibles de perder en un accidente o en un descuido, que como dicen las matronas fuera de época y algún majadero imprudente, se disimulan con alumbre a la hora de buscar marido como ambas los buscaron queriendo tenerlo sin conseguirlo Penélope y Noelia.
Ni la una supo que la otra pasó buena parte de su juventud sin un amigo, ocultando la revelación de su soledad leyendo siempre con avidez y a cuenta las historias tristes del Corín tellado o cada manual del alumno que tuvo entre sus manos y a mano, de punta a punta, desde el índice hasta esa última página donde siempre vienen las líneas indicando lugares y direcciones donde se hicieron los libros, ni esta llegó a conocer que aquella superó obstáculos con apariencias de insalvables gracias a la disposición de quienes están sin que se note a la mismísima hora en que se les tiende la mano para pedir ayuda en cuestiones pueriles o más importantes que el propio dinero, y que la disponibilidad de espacios para los otros en su agenda fue mucho como muy poco para asuntos de estudios y capacitaciones para los que dispuso de tiempos escasos y en tanto.
Y que por eso las reuniones, las timbas compartidas jugando a la loba a las damas o a la oca, las fiestas y las farras, fueron para ella el sustituto elegido de los libros, y la llevaron a repetirse con frecuencia que lo que enseña la calle no está escrito en ningún tratado ni en el tesoro de la juventud ni en la enciclopedia británica por perfecto que sea el conocimiento que se busque, algo que la otra rechazara en sus recorridos de estolidez y de fuerza, de contriciones desmesuradas por culpa de tantas opiniones ajenas escuchadas y reputaciones llevadas a la práctica con una versatilidad forjada y a prueba de todo en largas tardes de encierro y aislamiento y de resoluciones exitosas del juego del solitario.
Nada supieron por tanto nunca se lo contaron mutuamente, cuando tuvieron oportunidad de hacerlo ni se imaginaron de sus otoños y el realce soberbio de la estación de la sabiduría, del trajinar severo y adusto que llega justo cuando el pelo comienza a caerse, justo cuando se descubren las primeras arrugas a la luz del día y justo cuando entra la preocupación por la dentera que se va cayendo progresivamente en cada degustación de los manjares que más gustan o gustaron y que se deben ir descartando, el escalofrío al decir del especialista que al primer descuido se le escapa aquello de una sonrisa dibujada porque sabe bien que son los síntomas de las primeras novedades serias en el vagón comedor del tren de la gula y d las mayores culpas, pero jaleos que llegan también con la desenvoltura para andar de parpadeo en desparpajo, de desvergüenza en vergüenza, de aquello que callan las añejas y algún zonzo sorprendido con su propio deterioro, no previsto solamente de necedad, como el decaimiento de ellas Penélope y Noelia.
Aún cuando a la sazón se conocieran, simpatizaran entre sí y se sintieran bien y se cayeran bien desde que se cruzaron por primera vez en la coincidencia de sus últimas designaciones en zonas desfavorables, o favorables, según se viera porque la una pasaba ya los treinta y en realidad le andaba escapando a las secuelas de un desengaño amoroso, y la otra con los veintiocho bien cumplidos optó por pedir un destino de trabajo que le permitiera resguardar el secreto de una primera, tardía y única evasión para no comprometerse con alguien que todavía la estará buscando en algún lugar y de puro enamorado.

Saturday, May 21, 2011

PyC - I -

Entre palomas y cuervos.

Nunca supieron nada sobre sus primaveras y el vigor enjundioso de la estación del equilibrio por lo menos visto así, de las primeras señales ciertas o inciertas que les llegaron con la amalgama y con el pasar de las hojas resecas de almanaques que pasaban un año tras otro, del almanaque maestro de sus vidas germinando sin menguantes cerca que fueran una amenaza, de esos días pasados que como dicen las viejas y cualquier zopenco confundido fueron de un tiempo mejor, como el de ellas mismas Penélope y Noelia.
No supo la una que la otra había nacido y crecido en una ciudad pequeña, ni esta que aquella había pasado sus primeros años en una urbe de calles y de casas todas amontonadas con mucho cemento y argamasa compactada, y compactándose en resquicios de perfiles de hierros retorcido e invisibles y demasiado duros como para encerrar millones de sueños u afanes de tantos que pasaron soñando y afanándose en la vida como cualquiera de los que sueñan o se afanan para ser mejores aunque no lo sean.
No supo la una que la otra había crecido con las atenciones, los mimos los mismos arrojos a rro rós, las mismas intenciones las mismas contenciones que aseguran una casa según se dice bien aunque esté mal constituida y todo lo que eso significa y no significa que es lo mismo que significa, ni esta que aquella estuvo siempre supeditada al favor ajeno por su condición de súbita huérfana de todo, de personas de afectos de consentimientos y especialmente de gente que ella quisiera, privada hasta el colmo propio de esos medio hermanos que tuviera de la misma madre con distintos padres que otros tienen porque no fuera la última ni la primera, esos mismo que en las malas son incondicionales y se hacen solidarios en las rachas adversas.
Y que por esas ausencias esta había andado a los tumbos por varias geografías, en sacudidas intensas para ella como fuerte fue la nostalgia de la otra cuando llegó el momento de andar envuelta en vuelos propios, cuando la rayuela y el juego de las lavanderas de Avignon fueron solo malos recuerdos de no haberse dado el gusto o de no haberse sacado el gusto esas ganas reprimidas cuando llegaron los momentos, o la chifladura de la reminiscencia de haber tardado en aceptar la congoja por lo que se dejó de hacer por algún estúpido motivo o no se hizo, como para la otra fueron buenas las evocaciones de los recurridos concurridos juegos del martín pescador y de saltar la piola y pautar las escondidas jugadas n tanto espacio vacío disponible, de senderos anchos y arbolados y acequias con aguas cristalinas que eran patrimonio de su pueblo y casi de su propiedad privada.

Friday, May 20, 2011

LC - IV

El hilo blanco de la luna negra – IV -
Juan Sanfasón fanfarrón tembló por sus dudas de no poder asegurar si se trataba de cosas que le estaban ocurriendo de despierto jugando con sus sueños o de dormido soñando despierto, si no conocía ninguno de los paseos solitarios entre los que estuviera de golpe y supiera de antemano lo que sabía y no sabía de la imágenes difusas que se le amontonaban angustiándolo, se trataba de vacilaciones embromadas, de sospechar que no estaba en su mundo en el mundo conocido, y si era desconocido se encontraba en el dilema de la muerte de su muerte de una muerte cualquiera de cualquiera porque es justo ahí donde todos los hombres se hacen iguales tal cual rasando sus igualdades, ese estado que mucho conocía por los relatos escuchados en montones de anocheceres de velar y de desveles de desveladas en conjeturas de curdas, en cuentos fantásticos de fanáticos comunes, diferentes algunos o iguales o indiferentes, recordados por aquellos que cuestionaban su manera todas estas cuestiones para las que ninguno tenía una respuesta, esas otras muertes que todos pasan a su manera, que hasta ahí y a él le significaban haber desaprovechado tiempos y oportunidades de ser mejor de los que fuera, no haber tirado como lo hizo la vida como la casa por la ventana.
Si estaba muerto los bulevares eran el cielo y el infierno y él estaba por decirlo aparado en el purgatorio, o sentado en todo caso inmovilizado impelido a movilizarse por esas máculas sobrias umbrías movedizas que lo llevaban ahora a preguntarse porqué toda esa miríada deambulando a su alrededor y junta toda junta, si salvo raros accidentes las defunciones de la gente nunca son simultáneas salvo en las catástrofes y él no había vivido ninguna, los decesos de los que se quiere con el óbito de los que no se quiere y de aquellos que fueran parte de su desinterés o de su abulia no pueden ser al mismo tiempo, lo que puede ser es que sea un repaso de los pecados propios y de los pecados de los otros, la recapitulación de las equivocaciones y con quienes se las tuvo en la vida, y se las está teniendo en el edén y en el borde del abismo o en el mismo abismo, el caos y las tinieblas de los que antes y desde siempre presumió no fueran parte de sus miedos de sus temores de sus desconfianzas, asegurando que un macho o un gaucho se aguanta la mezcla de placeres y fuegos eternos, cayendo una y otra vez en el doble error de no advertir la diferencia entre hacerse el varón iracundo o el varón pacificador cuando se está seguro o cuando no se está inseguro con el miedo qu trae todo a equivocación pisar en falso andar en falsa escuadra, en craso error de se iletrado como para no tener noción del paso del tiempo, de los días y de los vientos y de la quietudes que descuentan años de años y de daños que resecan la piel y la arrugan, como para no saber que justamente con el paso de los años se acumulan arrepentimientos, cortas o largas expiraciones permanentes o que se interrumpen.
El cielo a la derecha y el infierno a la izquierda o al revés nunca estaba seguro de nada pero sí de que era el momento de elegir o al menos el instante de que alguien le dijera para donde caminar, seguir el curso de sus impulsos, de resolver por fin el instante sin resolver los de antes sin resolver tampoco lo de después, de sus obsesiones de sus caprichos de sus ganas, de antes y de ahora y de mañana, pero nada, la disposición la exposición y la historia en el escenario que los involucraba y lo excluía no se modificaban con sus ganas.
Juan Sanfasón con razón respiró aliviado cuando descubrió algo nuevo en el tablado intocable profuso copioso, una luna negra o azul una luna oscura inmensa allá lejos bien lejos y encima de su cabeza, y una hebra casi un filamento un hilo blanco que de esa luna bajaba hasta muy el alcance de su mano, dos elementos que le daban la posibilidad de salir del lugar donde estaba o tal vez se tratara del ofrecimiento de alguien desconocido para un escape también ignorado y de ignotos rumbos o paraderos.
Con desconfianza, con temor a que el hilo blanco se cortara al influjo de su presión o de su fuerza, lo agarró lo mismo para no perder la tercera vía posible para decidir el final de su inesperada aventura aún no iniciada porque no le había pasado nada, una aventura que no reconocía.
Y Juan Sanfasón subió, ascendió todo lo que pudo, alzándose desahogado de aquel ambiente indeseable en el que estuvo parado y atónito.
Y cuando la luna había aumentado su tamaño por la proximidad en la que él se encontraba, esa cosa redonda y oscura que nada le deparaba se fue transformando en la cara de Liborio, devolviéndole todo el infortunio de sus vidas y a ese amigo tan cándido y tan denostado por sus zonceras que lo zarandeaba y lo retaba como lo reta en la ocasión de cada borrachera.
Y fue comprobando de a poco que se había quedado dormido sobre uno de sus codos apoyado sobre un salivadero de la estación de la ciudad a la que no iba seguido pero era la suya, y recordó que unas horas antes habían llegado con su compañero para despachar unas botas y unas monturas a Buenos Aires.
El centenario de la revolución estaba cerca, y no era cosa que esa infanta colorada, gorda y atrevida según contaban llegada desde la madre patria para esta fiesta, se burlara de sus fachas de fieras de gauchos temerarios, aunque ella no supiera de ellos ni le interesara nada, aunque siguiera creyendo que el país es nada más que lo que rodeaba al puerto al cual arribara y no la suma de las provincias entre las que está la de él y el pueblo enterrado de Esteco carajo.
Cuando cumplieron con la diligencia y se tuvieron que ir, Juan Sanfasón muy cabrón sacó fuerzas desde adentro, y pensó de nuevo en aquel sueño que tuvo del hilo blanco de la luna negra que lo devolvió al mundo que le gustaba y disfrutaba, en esa siesta de tartufo de la que salió asiendo la hebra y escapando por el hilo blanco de la luna negra, el hilo blanco como blancas son sus penas de la luna negra como negras son sus muertes.

Thursday, May 19, 2011

LC - III -

El hilo blanco de la luna negra – III –
En un horizonte que ahora se le poblaba de proyecciones oscuras como figuras blancas o negras que se hacen con luces sombras y lienzos en los teatros, de cuerpos desconocidos y reconocidos, cuerpos que filtrándose por todos lados lo molestaban lo fastidiaban, materias ingrávidas ánimas insondables que le hacían presentir que se burlaban de él, que lo ignoraban que le reclamaban que jugaban entre sí con él entre todos que mortificaban, sombras que parecían entrar y salir de las casas sin cesar que lo llevaban a suponer que esos otros intangibles acusaban su presencia y cómo la acusaban.
Su llegada tal vez la parsimonia del espanto, sentía que le saltaban alrededor que corrían que se iban que volvían, mezclándose con la neblina espesa como sus conjeturas sin respuestas, sin revueltas ni apuestas momentáneas.
Y los minutos pasaban y su transpiración lo mojaba demasiado, él lo notaba en las gotas de sabor amargo que le caían de la cabeza a los labios, y el crepúsculo lo privaba de fisonomías y de los perfiles de las figuras desplazándose cerca como si fueran neblina visible apenas de gases o fluidos, difícil como para que dijera conozco y no se movían ni lejos ni cerca lo que lo complicaba para afirmar lo contrario como para decir desconozco, se trataba más bien de sensaciones de contactos etéreos de contactos aéreos de perturbaciones, aprensiones al suponer que la barahúnda parecía estar armada, para recordarle actitudes acciones pasadas para mezclarlo en despelotes que conocía y de los que sabía defenderse a capa y espada.
Juan Sanfasón renegón se enfrentaba a una agresión desconocida que no requería de puños ni de cuchillos qué raro, de presentimientos que lo atormentaban de proximidades que le marcaban errores, dobles errores como el de la injuria y el de la lujuria, crasos errores como el de la avaricia o la envidia, la gula o la indolencia que lo mataban, y se le venían en cascadas de hechos ciertos e inciertos, de su vida corta o larga no lo sabía todavía.
Ni era el momento para fijarse en ello, aún en su ignorancia de no saber de esas imágenes de las palabras que le llegaban con ellas de los gritos ecos irreconocibles se daba cuenta de sus desaciertos, cerrando los ojos sus errores en sus pensamientos, eran personas de carne y hueso con nombre y apellido, algunas a las que hizo daños en distintas formas, un largo desfile y pasar de individuos varones o mujeres de su vida cotidiana, amigos allegados y no tanto con los que alguna vez tuvo alguna historia pasada pesada, objetos, solo cosas, Juan Sanfasón calentón de sus arrepentimientos tardíos, de las purgas que se mandaba en alguna comilona adobada con vino, picante y mondongo que con los amigos se metía, al fin y al cabo protagonistas directos e indirectos de las defensas que hacía de sí mismo cuando a cualquiera le decía que era bueno, justificándose sin asentimientos sin consentimientos de quienes lo escuchaban, esos mismos seres que en el instante se le ocurrían en blanco y negro, apenas un garabato de sombras tal cual le iban apareciendo como estaban en los daguerrotipos que adornaban cómodas y mesas de las sala en la casa de los patrones, sus padres o sus tutores no lo sabía tampoco y todavía y de eso no se hablaba.

Wednesday, May 18, 2011

LC - II -

El hilo blanco de la luna negra – II –
Como si a todo lo que estuviera a su alrededor se lo hubiera tragado la tierra, Juan Sanfasón sinrazón apeló igual que siempre al despropósito de maldecir por eso a nadie en particular a todos en general maldiciones que tiraba sin colocaciones, de largar la injuria sin destino y sin destinatario, de endilgar improperios a la diestra y a la siniestra de nadie de todos, insulto que soltó como si nada mientras un escalofrío se le iba de los pies a la cabeza, con la sensación que estos otros tantos y nuevos embrollos juntos además de los suyos tenían que ver con las muchas ganas de orinar que le venían cuando se ponía nervioso, lapsos sin lugar para pensamientos apacibles o tranquilos, nervioso igual que ahora, afligido fregado confundido, por eso se palpó y se recorrió entero despacio, tocándose buena parte de su contextura huesuda y venosa, probando si lo que le pasaba no era nada más que una parte de los sueños alborotados que últimamente había tenido gracias a los chismes de los demás, por el cambio de siglos que ya se diera sin catástrofes, o preocupado como andaba él mismo por determinar su edad para lo que unos cuantos lo ayudaban, esas profecías del fin del mundo que se le mezclaban con las referencias que le habían dado sobre que nació como en el ochenta y dos y que por lo tanto andaba por los veinticuatro años, confusiones nomás conjeturas de sucesos que no pasan crónicas de sueños que no se tuvieron resultados que suman en sus sopores y asonadas.
A Juan Sanfasón el corazón se le aceleró por sus sorpresas con los entornos por sus suposiciones de que debe avanzar, que es mejor avanzar y caminar por esas calles también desconocidas y elegir entre direcciones y sentidos, asustado sin saber porqué ni por disposición de quién hay que escoger entre izquierda y derecha entre una de las dos bifurcaciones iguales a tantas bifurcaciones que tiene la vida, ir para adelante o volver como en un laberinto encerrado, Juan Sanfasón se sintió eslabón de una cadena de recuerdos difundidos antes y que se interrumpen pero que siguen dando vueltas y vueltas en su cabeza, como chispazos de carbón encerrado en salamancas, como chispazos de carbón explotando, de asociaciones cotidianas que no se pueden comprimir en un instante, cabos sueltos que tal vez permitirían acomodar el de dónde se viene con el de adónde se va, atar cabos entre presencias no confirmadas y ausencias que se presienten, como la de su compinche Liborio, el entrañable amigo que no aparece en el paisaje para aclarar la incertidumbre de un golpe, para dar vuelta esa perplejidad que trae no saber adónde se está parado ni sentado, qué son estos paseos, estas vías tan limpias de basura y ornamentadas con vegetación abundante, estas avenidas sin bullanga ni gente recordaba, cuando no hace más de dos días, estuvieron juntos con el negro toda una noche en vela tratando de ubicar en el firmamento al cometa Halley de cabeza luminosa y cola iridiscente y larga, divirtiéndose gratis igual que todas las veces acostumbrados como estaban a no tener un peso en el bolsillo, disfrutando del paso del cometa por el cielo un espectáculo de luz y decolores, sin ligar nada de las compras y de las ventas, de las donaciones o cesiones que se hicieron muchos de los que creyeron con desesperación o con miedo, igual que cuando cambió el siglo, que era la última vuelta de ese meteorito de tamaño pasando cerca, muy cerca del planeta, casi para chocar como lo repitieron otras veces los conspicuos astrónomos que por suerte se equivocaron.
Un chucho más le apareció y otros chuchos, y otros, él también se impacientaba y era asustadizo como cualquiera ante lo desconocido, contemplando impávido ese paisaje de desolación perfecta de esos bulevares que turbaban.

Tuesday, May 17, 2011

LC - I -

El hilo blanco de la luna negra.
Orbitas en la órbita de Liborio – I –
En un abrir y cerrar de ojos Juan Sanfasón se despertó sin razón, sin ninguno de los tantos motivos que le llenaban los días cualquier día de todos sus días, se despabiló sin ninguna de las repetidas órdenes del capataz, órdenes que se escuchaban desde la madrugada al atardecer de cada de cada jornada de jornales mal pagados aún para él en su condición de entenado.
Y le extrañó bastante que nadie lo apurara para decirle que hay que ayudar con el ordeñe, con alimentar a los chanchos y a las gallinas, con recoger los huevos o cosechar las verduras que refuerzan los guisos de los almuerzos o los suculentos pucheros, con el trabajo de limpiar los potreros o de ensillar los caballos de los que tienen otras tareas, socorriendo hasta el cansancio o la oración en todo y a todos, los complementos los acompañamientos de él como criado o peón consentido que es, lidiando por instrucciones del patrón como el peor de los sirvientes.
Le sorprendió encontrarse entre los dos bulevares que tenía a su vista, no sabía reconocerlos ni sabía porqué se encontraba allí, en medio de canteros y de fachadas de casas desconocidas, de esos canteros de arcilla reseca y de barro cocido y apelmazado, picapedreros llenos de flores de estación de adorno y multicolores, esas calles en perspectivas que se cerraban llenas de botijos largos y angostos y muy bien cuidados, paredes canteros vegetación verde y de otros colores, parado sobre un empedrado que apenas reconocía muy poco con su forma y porque a los permisos para llegarse hasta el centro los ligaba muy de vez en cuando así que no estaba en el centro, más familiar le eran otros espacios y más acostumbrado estaba al espacio y a los ruidos de la finca, más acostumbrado a eso que al trajinar de la ciudad cercana, al bullicio de la taberna a la que caía a tomar con los amigos en las orillas del pueblo en las orillas del río que bordaba el pueblo, más acostumbrado a todo eso que a los ruidos del centro, que al ruido del trote de los caballos que tiraban los mateos que transportaban a los caballeros importantes de aquí para allá por toda la ciudad desde sus casas a los palacios públicos, los coches de paseo con los que los cocheros llegaban hasta la calle Caseros frente al panzero yendo y viniendo con las damas de aquellos caballeros de los domicilios de las señoras y a los propios caballeros para arrimarlos hasta los clubes sociales, lugares donde se juntaban para las tertulias o en los que organizaban los bailes de carnaval o de máscaras, bailes sociales los otros para presentar en sociedad a las señoritas y a los señorcitos atildados.
Lo conmovió comprobar que los bulevares se notaban ahí, justo a los costados de donde estaba parado, justo ahí donde no está seguro de haber llegado, imponentes y sin otras portadas que le confirmaran al frente o atrás, que fueran partes o partes de la ciudad a la que no iba muy seguido pero que era la ciudad que conoció toda su vida.

Monday, May 16, 2011

cronopio navegando desde hace mucho

Llegadas y salidas de don Liborio.
Lo recuerda siempre en noches de guapos gauchos en rondas que se arman para contar las historias, de personajes de fantasmas de duendes que llegan y salen de la imaginación de las conversaciones que se arman, aunque él poco las cuenta y le guste más escucharlas y aprender lo que le enseñan, de las penas y muy de vez en cuando de las alegrías del día, cuando las caminatas en los surcos de la plantaciones de la chacra o cuando es de andar evitando a los salto pisar los excrementos de los chanchos o las gallinas que pasean por todos lados, de las condenas y de los júbilos de la vida, y se acuerda con tanto detalle que cuando habla los asombra, el contó cada madrugada acurrucado en su catre casi adolescente conteniendo sus lágrimas por una orfandad de toda la vida de personas de opiniones o no más de alguien que lo escuchara en sus razones, tal vez de analfabeto porque nunca fue a la escuela, pero sí de varón común preguntándose sobre presunciones que tiene cualquiera, haciéndose preguntas que aparecen cada día a medida que se hace más viejo, del cuerpo que crece del alma que aunque no se ve también va teniendo su tiempo, envejeciendo como envejece el espíritu, él contó en cada una de esas madrugadas los sollozos contenidos, las lágrimas secadas en solitario para que nadie cayera en la cuenta del gimoteo, regando los ojos con el agua del aljibe para que nadie notara la irritación en los ojos.
A cambio de esos inventarios pocas veces repara en sus tiempos de mozo, que la soledad de los otros es parecida a su propia soledad, que aunque se pasen muchos tiempos con las personas en algún momento se vuelve a estar solo.
Va aprendiendo que aunque muy acompañado hay siempre soledad, que cuando se llega se llega solo que cuando se parte se parte solo también, naciendo y muriendo cada día hace sus inventarios.

Sunday, May 15, 2011

historias de Don Liborio

Inventarios fuera de órbitas inventarios de don Liborio.
Conserva el conteo de cada una de las tardes tristes que una a una alguna vez lo fueron conduciendo inexorablemente a darse cuenta de su soledad prematura, de grande supo que algunas cosas le faltaron, como una madre arropándolo o cobijándolo en el frío, alguien que le cantara el arrorró en esas noches de intemperies puras fueran de verano o de invierno, durmiendo en un catre más de la docena de catres que se disponían en aquel galpón de paredes blanqueadas y trenzas trabajadas de palmeras como un techo seguro contra tempestades, alguna vez se dio cuenta que esa docena de personas eran en realidad su familia aunque no tuvieran gestos que él fuera viendo a medida que crecía y que eran propios de familiares que se quieren, como un brazo sobre el hombro, como un abrazo aunque no se tratara de demostraciones efusivas en tiempos en que la gente no hablaba mucho de sentimientos.
Conserva intacto ese conteo de tardes partidas, alegres en momentos tempranos después de los almuerzos corriendo entre los más viejos que jugaban partidas de bochas o de sapos interminables pero que cortaban no más de las siete de la tarde que era la hora cuando comenzaban con sus vinitos y sus nostalgias, tardes de taciturnos de tácitos tragos amargos de preguntas sin respuestas, de ausencias reales de personas que se ocuparan de lo que a él le interesaba o al menos de personas que absorbieran sus protestas sus rebeldías sin causas, sus enojos, sus logros.
De tanto que los conserva, de tanto que guarda esos conteos, no es que vaya por la vida más vivo que muerto, esas veces anda desahuciado.

Saturday, May 14, 2011

crónicas de crónicas que no fueron

Órbitas de las órbitas de Liborionauta.
Hay pedazos de su vida que no pudo inventariar aunque le hubiera gustado hacerlo, pasajes de su vida de los que nunca tuvo noticias ni memoria, desde el día en que comenzó a tener recuerdos, cuando en el descanso de la merienda alguna tarde remota cuando debe haber tenido unos cinco años, un obrero en una ronda de obreros y trabajadores de la finca, le alcanzó un pedazo humeante de pan recién horneado, al mismo tiempo que esbozó unas palabras de aliento y probar con una caricia tosca que no fue más que una ruda mano pasando dos o tres veces sobre su pelo desordenado, mano de un hombre de ojos en vidriados por penas que no se olvidan que le dijo unas palabras que no se acuerda pero que en ese día le sirvieron para seguir con su trabajo de ayudante de cosecha mientras veía que los hijos del patrón jugaban cerca.
No pudo inventariar una madre, un papá como otros niños lo tuvieron, nadie le supo explicar de los hermanos, si los tuvo alguna vez si no los tuvo, cerca no había ni hubo nunca tíos, tías o primos otros parientes cercanos aunque más no sea para juntarse los domingos o los días de las fiestas patronales, no se acordaba tampoco de haberlos necesitado en fiebres que haya tenido en accesos de tos convulsa como después fue viendo que les pasa a los otros niños, pero definitivamente no los tuvo.
Como consecuencia no pudo inventariar descansos, intervalos de tiempo que recordara haber estado sin cumplir con un mandado, sin cumplir con alguna tarea encomendada por adultos que sin excepción las pedían, no se acordaba de tarde de sábado corriendo libre sin un encargo con los niños amigos, hondeando gorriones los domingos temprano en la mañana, de la sensación de correr patapilas carreras sobre la tierra reseca y caliente de aquel lugar cerca del trópico donde vivió desde siempre.

cronopios y famas casi animales de la industria nacional

Topos industria nacional de tipos incorregibles según la jerga legada por el fama Borges en un paréntesis abierto o entre comillas.
Como topos dorados escindidos de sus contornos ecológicos, ciegos y sordos los intelectuales de estas costas pasamos por esta vida sin penas ni glorias, en el anodino grupo en la trivial muchedumbre mediática y no mediática que somos padecemos de dos de esas discapacidades y no hacemos de mudos por el amor que les tenemos a las ciencias y a las artes a las que presuntamente servimos con nuestra labia o con nuestra pluma, no pocas veces sus difusiones demandan de nosotros titánicos esfuerzos y no poco bicarbonato de sodio para ayudar con digestiones que aún siendo virtuales nos causan acidez y arideces de antología en nuestra gran panza de trogloditas de letras números tesis monografías, o esfuerzos menos titánicos pero igualmente estresantes cuando difundimos nuestros conocimientos y limitaciones en auditorios congestionados de gente llevada a la fuerza y que no tiene interés en escucharnos.
Es que todo lo actuamos antes que vivirlo.
Es que preferimos lo confortable del reconocimiento dirigido a la incomodidad de la honestidad y rigurosidad intelectual.
Entre nosotros funcionan muchos vicios como la portación de apellido o de rango o de cara o de lo que fuera se porta y sirve más allá de los méritos propios, entre nosotros funcionan los privilegios por proclamación, los estados corporativos uniones defensivas que armamos para preservar fuentes de trabajo en forma vitalicia, el absoluto desconocimiento del sentido de la oportunidad.
Ejemplo emblemático:
Se toma al profesional de la UBA como un sinónimo de profesional con solvencia, aunque el 50% de los receptores no sepan ni siquiera el significado de la sigla.
El turco contestaba el otro día una pregunta durante una entrevista que por acá somos todos fácilmente descalificables, y cuanta razón tiene, somos descalificables porque somos los primeros en descalificar y en descalificarnos y la forma en que nos descalificamos es que entre nosotros mismos ni nos escuchamos ni nos hablamos, descalificamos primero desde arriba para abajo, después de nosotros nada el abismo, y también desde abajo para arriba cuando queremos establecer comparaciones con intelectuales de otras latitudes que nos llevan centurias de ventajas y además de comunicación entre ellos, y como esos topos del principio de día circulamos bajo el manto de la arena suave y de noche salimos al aire de la superficie, huyendo del calor sin ver nunca la luz presintiéndola solamente por ese propio calor y solamente con los sensores de nuestro lomo o de nuestras pieles sensaciones que a veces nos llegan por el tacto.
Las referencias son muchas y meritorias y comienzan con el comienzo de nuestra historia, a Luis Pardo ni se le habrá ocurrido ni leer ni escuchar a Bernal Díaz del Castillo si hubiera contado con la oportunidad de hacerlos y él mismo no habrá escuchado ni leído a Ulrico Schmith que seguro que no leyó ni escuchó a Esteban Echeverría que a la vez ni leyó ni escuchó a Leopoldo Lugones que tampoco habrá leído ni escuchado a Miguel Cané que tampoco ni leyó ni escuchó a Borges que todos saben ni leía ni escuchaba a Cortázar que tampoco lo leía o escuchaba, como estos no leyeron ni escucharon a Puig que a la vez ni leyó ni escuchó al propio turco y algunos que él nombra en la misma entrevista como Kovadloff, Aguinis, Abraham, Rozitchner y Horacio González.
Ninguno leyó ni escuchó lo del otro como lo de Sarlo que en estos días publicó un libro, por no discontinuar las menciones en el rango más literario que científico que por ahora no se despliega pero que sin duda lo hay en el espectro intelectual.
Y Raúl Galán y Héctor Tizón y los muchos que me olvidé de listar y que habrá en nuestro interior tan “simpático”.
Y yo, topo sin duda como ellos, a los que ni leo ni escucho, pero estoy reivindicado porque ellos ni me leen ni me escuchan, además ellos se viven mirando en espejos de afuera, yo también.

Thursday, May 12, 2011

liborionauta en el mercado

Órbitas en la órbita de Liborionauta.
Los primeros ruidos comenzaban a las cuatro de la mañana cuando se escuchaban los trotes de los caballos sobre el empedrado, esos clap clap que para quienes dormían en las casas al paso hacían las veces de seguros despertadores, los primeros ruidos comenzaban con el canto anticipado de algunos gorriones o cotorritas enjaulados que iban y volvían con sus abnegados dueños, con esos ruidos que se distinguían por la cadencia y la puntualidad con la que iban llegando las bestias a los lugares de descarga, a esos recodos con desniveles para que los estibadores que ya estaban pudieran proceder a la descarga, los primeros ruidos comenzaban cuando se escuchaban los trotes de esos animales de carga y el ruido desparejo de la tracción de esas ruedas de madera que se gastaban con el paso de los días como se iban gastando todos los mecanismos provocando el giro fuera de eje de esas mismas ruedas que chirriaban como si se tratara de lamentos de un coro de lloronas en funerales, los ruidos comenzaban con esos ruidos y el silencio sonoro y momentáneo en la somnolencia de los vendedores mayoristas que llegaban desde las fincas o granjas para liquidar sus productos, sonidos casi guturales que salían exagerados de sus gargantas entre bostezos y suspiros de madrugadas, los siguientes ruidos comenzaban a ser mas frecuentes e intensos justamente con los primeros gritos que pegaban los minoristas levantando o bajando sus ofrecimientos de precios por unidades que eran o cajones o bultos o directamente las cargas enteras.
Como a las siete de la mañana los ruidos comenzaban a multiplicarse por todos los rincones del mercado, aunque los primeros compradores o clientes comenzaban a llegar recién después de las nueve, pero terminado el trámite de la compra y de la venta de las frutas y hortalizas comenzaba el trabajo de los carniceros o de quienes regenteaban las pescaderías para acomodar la carne o sus productos en los mostradores, colgar medias reses en los ganchos o dedicarse a faenas menores, entonces los murmullos superpuestos la anécdotas reales o imaginadas entre puesteros distintos, iban conformando las informaciones y las fábulas de toda esa gente que todavía medio dormida o totalmente despierta, desayunaba sin abandonar las tareas esperando a los compradores, y a los inspectores de las rentas y a los coimeros enviados por funcionarios y legisladores.
Después de las nueve todos los ruidos se completaban, se escuchaban todos pero salvo los interesados no se escuchaban particularmente las conversaciones de nadie, empezaban los murmullos sostenidos de toda la gente que caminaba por los pasillos más anchos o por los pasillos mas estrechos del inmenso mercado, cuyas paredes de blancos azulejos blancos impecables y limpiados terminaban en pisos de concreto cruzados de cunetas en todas las direcciones, zanjas por la que iban los líquidos de los desechos que los últimos faenadores provocaban como si fueran docenas de pequeños ríos de agua turbia y sangre colorada.
Liborio era un inventariador de ruidos nunca de silencios absolutos, los ruidos son la vida los silencios la muerte.

Wednesday, May 11, 2011

el universo los universos de liborio

Orbitas en la orbita de Liborionauta.
Casi un inventariador serial, eso era, inventariador autodidacta de las cosas que desfrutaba, tenía más de auditor que del policía que fue persiguiendo rateros asesinos y mal vivientes en general toda su vida en la comisaría, testigo silencioso de todo aquello que pasaba al alcance de su vista de sus oídos de su nariz de sus manos de su boca, escapando de aquellos que no quería contar aún sin negarlo porque para eso trabajaba para que una caterva de mujeres y de niños comieran cada día.
El olor de la fritura al punto máximo mientras la grasa se convertía en chicharrón para el pan o para el bollo que ahí nomás se estaban horneando, el aroma desprendiéndose de cientos de ollas donde hervían queperís y chorizos colorados para terminar con otros cientos pucheros a la española completos en medio de los garbanzos y el mal olor de los repollos mientras hervían, el tufo característicos de las otras frituras que aseguraban las jugosas empanadas que se consumían como el pan caliente, la pestilencia agradable del tratamiento que daban a las tripas los carniceros para convertirlas en chinchulines o tripa rellena, o la emanación del propio olor de los pescados frescos acomodados en fuentones con barras de hielo al lado de los huevos de granja, el del vaho de las pizzas con muzarella derretida.
Los gritos de los camioneros avivados vendiéndoles al por mayor las verduras a los bolivianos, los gritos de los verduleros bolivianos ofreciendo frutas de estación y frescas, los gritos de los carniceros compitiendo ofreciendo sus mejores o peores costillares, los de los grandotes de las pescaderías bigotudos igual que los puesteros de la pizzas, o lo criollos ofreciendo los locros calientes o los tamales o las huiditas todo a los gritos en una competencia que se abría y cerraba cada día, las palabras repetidas de un par de loros de algunos en algunos de los puestos, el canto apreciable de los canarios que se vendían en algunos de los otros puestos, gritos todos al final de una oferta y una demanda que se daba a cada rato con la gente que pasaba y la propia gente del mercado.
Olía horas se pasaba oliendo Liborio, ora ubicaba cada ruido en ese persistente y elevado murmullo de la multitud en el mercado, ora probaba como si fuera un catador contratado aunque no hablaba con nadie, ora se pasaba horas acomodando ese mantel raído tal vez pero limpio y geométrico que cada mañana encontraba en la mesa donde se sentaba, cuadro rojos y blancos le gustaban.
Horas se pasaba Liborionauta en el mercado, inventariando los ruidos de la vida y se cuidaba de no andar inventariando los silencios de la muerte.

Tuesday, May 10, 2011

orbitando por cualquier lado con el cronopio liborionauta

Inventarios de Liborio.
Como hasta los setenta Liborio se las pasó haciendo lo que más le gustaba cambiando de mujeres y engendrando hijos que se fue olvidando de contar casi como con las mujeres, como hasta la misma edad Liborio se las pasó haciendo lo que menos le gustaba cumpliendo horario y misiones encomendadas en docenas de comisarías por las que fue pasando como pasó por los cargos mientras fue trabajando para mantener a las mujeres y a los niños que ni llegó a conocer, de agente auxiliar llegó hasta comisario primero que cuando lo retiraron era el rango más importante al que podía aspirar un entenado venido desde la pueblada a la fuerza, es decir un don nadie, le gustaba mucho enredarse entre sabanas y piernas y no le gustaba nada cumplir largos turnos directamente de media jornada porque para mantener su turba propia de gente no le alcanzaba con el sueldo pero tampoco con lo que le pagaban de horas extras.
Después de los setenta hasta los noventa y cinco cuando murió se las pasó contando sus escasas pertenencias como haciendo inventarios como no los pudo hacer o no los quiso hacer con las decenas de mujeres y de hijos que dejó en su camino, esos últimos veinticinco años los vivió en una pequeña pieza de una vieja casona destruida donde quedó viviendo, compadrito y compadre elegante como era, con una bicicleta inglesa que él mismo arreglaba y mantenía, un traje negro y un sombrero negro también, todo lo que necesitó además de los pocos accesorios como una camisa y corbata para vivir como quería, todas las mañanas temprano se lavaba, se calzaba el traje se acomodaba la corbata y el sombrero y salía pedaleando para el lado del mercado, donde tenía reservada la mesa donde todos los días, sin falta, tomaba su medio litro de tinto con media docena de empanadas, observando el movimiento y escuchando los gritos que escuchó toda su vida, contando inventariando aquellos anónimos deambulando entre negocio y negocio.
Liborionauta, inventariador de zonceras que se quieren cosas que pegan a esta tierra, olvidadizo con las cosas importantes que son las que quedan después de partir de esta tierra.

Monday, May 09, 2011

dibujos de tiempos que fueron

Dibujos de tiempos que fueron de cronopios y famas, Hambre cero.
Cada carancho a su rancho – II -
Contaron que anda diciendo que se trata de un menjunje de una confabulación mal intencionada y armada por quienes lo vienen persiguiendo y fiero desde hace un par de años escribe, que lo que le da bronca es que como le pasó las veces cuando quiso hacerlo, no es muy fácil probar ante quien deba escucharlo ese hostigamiento que siente por parte de una persona, por parte de ese jefe petulante que en la empresa se ocupa de la gente y de los contratos y por parte de la gente que trabaja con él, Emepé prueba un modelo de firma y otro modelo y narra como si se tratara del personaje de un cuento que le hace bien que debe mantenerse con porte medio camisa impecable de hilo pantalón de hilo y medias al tono como es un señorito de la sociedad, comentaron que da y tema con que esa persecución por parte de dos personas de tres personas de algunos de sus colegas de los gerentes o de lo que putas fueran esos tipos que no se termina de saber qué son de la empresa, si empleados soplones o acomodados o los patrones con los cuales podría hablar porque él no habla con cualquiera, no es fácil averiguar muy bien de quien venga pero sí que es fácil ver que se les va la mano y que es una persecución de mierda, esos murmullos de porquería y a sus espaldas esos bisbiseos que se arman cada vez que pasa por alguno de los pasillos del hospital, que pasa a cada rato cuando anda de ronda o está operando, claro que si consiguiera alguien con la voluntad de ayudarlo pero en serio el asunto sería diferente siempre dicen que dice cuando levanta presión anota, así sí se podrían tantear seguramente sus argumentos y los argumentos de los otros y se podrían reconocer y probablemente volcar los comentarios a su favor y ante quien corresponda que alguien habrá que piense como él y para darle la razón por lo que hace, si después de todo se trata de ser humanitario y amable con los que tienen menos no como éstos que quieren todo para ellos, nada más lo que no es ninguna novedad, pero deja que un día pase al otro y ese día al otro pasado al que pasa y al día que vendrá, porque piensa que al final son puteríos que a él no le embroman el trabajo, y menos acostumbrado como está a las peloteras de almas sibilinas desde la época cuando militaba en el centro de estudiantes de la facultad que estaba llena a de renegados acomodados y de déspotas y de anarquistas en todos lados, en los tiempos cuando le decía al que lo quería escuchar que él será de una familia de clase media pero que bien se daba cuenta de lo que es ser pobre y no tener para comer o para curarse, hay que estar en esos cueros o en esas panzas en todo caso para saber cómo es cuando falta.

Sunday, May 08, 2011

dibujos de tiempos que fueron de cronopios y famas

Cada carancho a su rancho - I -
El gringo está inquieto y estornuda a cada rato la descarga nerviosa lo deja de cama, se trastorna cambia y camina de buen humor o reniega, rezonga sin que le salga una palabra tartamudea se alborota no es que vaya a decirlo a nadie pero le molesta y lo escribe está bien, anota que le parece bien que todos hagan manchanchos con los problemas que tengan, pero mientras anda de un lado para otro compaginando los desbarajustes que arman los demás, cuando puede y consigue que alguien lo escuche protesta se lamenta, farfulla murmura llora ríe se acongoja, insulta a todos a nadie a ninguno sin nombrarlos los nombra los deja de nombrar los ignora, porfiando cuando habla con alguno con que así como está bien que él los aguante también estaría bien que alguna vez uno de esos otros de los que se enredan en su red de favores, se dé cuenta que él como cualquier hijo de vecinos tiene unos problemas de esos, así de grandes, importantes y urgentes como los de un perejil más de todos los que viven pidiéndole gauchadas, sería bueno que quien sea se dé cuenta que se percate de ese pequeño gran detalle, que parece que todos quieren y piden lo que se les da la gana y que él no tiene derecho a querer o a pedir ni un mínimo de nada, que parece que él está condenado al cosquilleo en la garganta a que le pique la nariz a que le lagrimeen y se le hinchen los ojos hasta que deja de estornudar y con eso se le pasa la alergia y la bronca. No está bien que uno sea mula burro de carga o cualquier otra cosa, menos cuando uno se hace cargo de un problema que es de los demás y no de uno mismo, menos cuando uno se encarga de organizar desorganizaciones que nadie quiere organizar se divierte armando oraciones rimbombantes que muy seguido son parte de su trabajo de jefe de relaciones laborales contesta de cabeza de las RRLL anota en sus cuadernos juega con las palabras con los dibujos de las palabras con los trazos de las palabras con las formas de las palabras, son partes de sus infinitas tareas responde cuando le preguntan cuál es el tema por el que los patrones depositaron en él su confianza, relaciones laborales que responden a un abanico de temas que se pueden resumir en unas cuantas palabras diciendo que alguien tiene que ocuparse de todas las sinrazones y de todas las razones de los obreros empleados y de cualquier tipo o nivel del personal de la empresa, traveseando con las letras hurgando las palabras eso le gusta, no está bien que uno se arriesgue cuando nadie se arriesga, atravesando las palabras eso le gusta dar con las voces terminantes y en el momento justo conseguir los resultados esperados, los que más le convienen como un cristiano común y corriente, resultados antes de los que espera él y de todo lo que se pueda pensar en poner primero lo que más le conviene a la empresa, no está bien y no es justo estar en la boca de los otros por poco o mucho que sea cuando se es capaz por sí solo de encresparse por solucionar los problemas de ellos, cuando la situación indica que hay que encenderse como un fosforito para que estén bien o mejor, cuando llega la ocasión de enfriar y de enfriarse, cuando el término indica la necesidad de congelarse como un cubito del refrigerador para resolverle la ofuscación a cualquiera, cuando no hay otra salida que negociar con cara de nada en el trabajo en la casa cuando hay que hacerlo, cuando se trata de aguantar caprichos de filtrar pedidos que le llegan como seguidilla, como si uno fuera el dueño de un almacén de Ramos Generales del que salen remates y menjunjes, ungüentos pócimas y menjunjes para todos, escribe y pone Santiago cuando comienza el invierno de 1958.

Saturday, May 07, 2011

donde el cielo se toca con las manos

Cuento que ni consideraron unos famas que probablemente ni lo leyeron, de todo corazón para los cronopios que entren a este sitio, cuento escrito hace un tiempo y editado ahora porque fue presentado en un concurso.

DONDE EL CIELO SE TOCA CON LAS MANOS. Seudónimo: PANTALEON
Donde sopla el viento del sol, inti huayra la mitad del año de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro, del rojo al negro le contesta la mujer a la abadesa, no se puede estar bien con dios y con el diablo le dice la hermanita en estas fiestas de fastos y de nefastos y pide que la ayude para hablar con los caciques, y se persigna que es lo mismo que hace cada vez rezando a la virgencita que está en el cielo que está en los cielos para que ellos sepan que les agradece en estas fiestas de faustos y de infaustos que caminan por la tierra allá arriba como a cuatro mil metros de altura, no las fiestas que ella no las quiere sino la alegría del día la paz de la noche el pan de cada día y la salud y todo eso le va contando, cuando les agradece y les agradece que además esas bestias que andan de tranca en tranca como cinco meses esos rústicos chiquititos pero forzudos no la pasen por las armas, porque ellos no le hacen asco a nada wachuy wachuy fornicando lo que encuentran, diga que algo la respetan porque es monjita, y ellos son buenos pero cuando se pierden se pierden allá en la tierra cerca del cielo allá en medio del desierto en los salares entre los médanos en los arenales, brutos y querendones y alzados que la quieren pero a los que ella no les da confianza porque si les da la mano le toman el codo, no se puede estar bien con el dios y con el diablo y con los diablillos y con los diablitos con dios y con los compadres le contesta la chollita de polleras cortitas y tablitas de colores dándose por informada, ropas en alpacas tejidas de lanas y con hilos y trapos del San Antonio, como agregando como sumando ellas bien los conocen como todos conocen a la pachamama chachay pupusa por la apacheta comida y ropa, mitad del año entre el cielo y el infierno mitad del año en esta tierra, esa diosa que bendice y engendra todo al mismo tiempo, le contesta la coya de falditas cortas la coyita de las ushutitas trenzadas como las trenzas de su cabello trenzado como se trenzan los diablos y compadres de porquería que andan empinados con litros y litros de chicha que le meten todo el tiempo, chayando todo el tiempo en estas fiestas mojando al que pasa como si fueran curitas y estuvieran bendiciendo hermanita, salpicando agüita y chicha para todos los costados, cuando saben bien que si están ellas son ellas las que deben hacerlo y las otras hermanitas es porque no hay curas cerca y entonces que no se envalentonen, cantando cholita porque el trabajo es pesado y hay que andar descansando, del arranque de las cosechas que se acaban reponiendo energías para las cosechas que vienen y otras que terminan de ajíes tomates y de papas y de mandiocas y zapallitos caminando en los alfalfares recogiendo el maíz para la olla, porque vienen todos de todos lados en el carnaval este que dura más que en otros lados, turistas autoridades los que vienen de los pueblitos de la puna y cercanos, carnavales desde el primer día de un agosto de sahumadas de olorosas fragancias y de vientos en lo más alto de esos andes ese nevado y las cumbres de navaja y blanca que están cerca, carnavales que van hasta el miércoles de cenizas si no es un poco más que es cuando más estas bestias andan persiguiendo a las chinitas gritando de carne somos de carne seremos, cuando lo somos de polvo cholita de polvo somos y al polvo volvemos dice la hermanita, para pedirle que pare con las angustias y el llanto y los reclamos y que hable con ellos para que paren, que ellas están para esto justo para ayudarlas como las ayudaría un curita en las mismas circunstancias de las misioneras de Jesús verbo y víctima, que la coyita los conoce bien a varios y conoce todo lo de estos calentones que las persiguen a las niñas apenas cumplen doce años por todos los rincones de las casas con el visto bueno de los caciques por todos los rincones posibles del monte en las laderas y en los cardales y les quitan la virginidad como si les quitaran un juguete waxchilas waxchilas para ellas nada cenicientas para ellas todo, y promiscuos se lo hacen una y otra vez se les abalanzan en el pueblo de la pata del gallo en el poblado del duende en el salar del pocito y después ellas, hermanita ellas las cholitas madres muchas de ellas de las mismas mancilladas princesas, tienen unos meses para recuperarlas y otros meses para que las niñas tengan un parto respetable, la mitad del año estando de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas ellas después andarán diciendo que las embaraza el diablo pero ellas bien saben que son estos vivos hijos de sus madres que ni cirviñacus aceptan, pero que son los diablillos los caporales que borrachos las persiguen las corren hasta que se desmayan de beodos mojados y transpirados, mientras pasan las comparsas y se enganchan y se disfrazan, la mitad del año estando de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas, niñas que se asustan consienten les gusta se ponen tristes, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro, del rojo al negro le contesta la mujer a la abadesa pensando en los dolores en los desangres, meciendo a las niñas que primero allá en esa tierra de desenfrenos en el manantial del silencio donde se espeja el sol y el cielo lloran doloridas y desconsoladas y después andan arreglando sus enaguas cargando a sus guaguas, la hermanita pide y la coyita le agradece y ninguna sabe si la otra hace lo que le pide o hizo lo que la otra agradece, lleno el tráfico en esos carnavales largos en todos esos meses que en el mejor de los casos terminan el día de las cenizas al viento de esos ramos que las hermanitas reparten el domingo de pascuas guardados todo un año, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro preparadas para lo que viene de atender a las alegres mocitas que habrán sido de lo alegres que habrán de ser con el sonar de las cajas y las coplas del ardiente corazón, no se puede estar bien con dios y con el diablo dice la hermanita a la coyita que ella tiene que hablar con los caciques antisuyo de las comadres entreveradas con las copleras que mire que los turistas vienen y filman y entonces que les pida encarecidamente que sean más buenos menos bestias porque cuando están cuerdos parece que se olvidan, que se comporten mejor allá, justo allá donde el cielo se toca con las manos.