Topos industria nacional de tipos incorregibles según la jerga legada por el fama Borges en un paréntesis abierto o entre comillas.
Como topos dorados escindidos de sus contornos ecológicos, ciegos y sordos los intelectuales de estas costas pasamos por esta vida sin penas ni glorias, en el anodino grupo en la trivial muchedumbre mediática y no mediática que somos padecemos de dos de esas discapacidades y no hacemos de mudos por el amor que les tenemos a las ciencias y a las artes a las que presuntamente servimos con nuestra labia o con nuestra pluma, no pocas veces sus difusiones demandan de nosotros titánicos esfuerzos y no poco bicarbonato de sodio para ayudar con digestiones que aún siendo virtuales nos causan acidez y arideces de antología en nuestra gran panza de trogloditas de letras números tesis monografías, o esfuerzos menos titánicos pero igualmente estresantes cuando difundimos nuestros conocimientos y limitaciones en auditorios congestionados de gente llevada a la fuerza y que no tiene interés en escucharnos.
Es que todo lo actuamos antes que vivirlo.
Es que preferimos lo confortable del reconocimiento dirigido a la incomodidad de la honestidad y rigurosidad intelectual.
Entre nosotros funcionan muchos vicios como la portación de apellido o de rango o de cara o de lo que fuera se porta y sirve más allá de los méritos propios, entre nosotros funcionan los privilegios por proclamación, los estados corporativos uniones defensivas que armamos para preservar fuentes de trabajo en forma vitalicia, el absoluto desconocimiento del sentido de la oportunidad.
Ejemplo emblemático:
Se toma al profesional de la UBA como un sinónimo de profesional con solvencia, aunque el 50% de los receptores no sepan ni siquiera el significado de la sigla.
El turco contestaba el otro día una pregunta durante una entrevista que por acá somos todos fácilmente descalificables, y cuanta razón tiene, somos descalificables porque somos los primeros en descalificar y en descalificarnos y la forma en que nos descalificamos es que entre nosotros mismos ni nos escuchamos ni nos hablamos, descalificamos primero desde arriba para abajo, después de nosotros nada el abismo, y también desde abajo para arriba cuando queremos establecer comparaciones con intelectuales de otras latitudes que nos llevan centurias de ventajas y además de comunicación entre ellos, y como esos topos del principio de día circulamos bajo el manto de la arena suave y de noche salimos al aire de la superficie, huyendo del calor sin ver nunca la luz presintiéndola solamente por ese propio calor y solamente con los sensores de nuestro lomo o de nuestras pieles sensaciones que a veces nos llegan por el tacto.
Las referencias son muchas y meritorias y comienzan con el comienzo de nuestra historia, a Luis Pardo ni se le habrá ocurrido ni leer ni escuchar a Bernal Díaz del Castillo si hubiera contado con la oportunidad de hacerlos y él mismo no habrá escuchado ni leído a Ulrico Schmith que seguro que no leyó ni escuchó a Esteban Echeverría que a la vez ni leyó ni escuchó a Leopoldo Lugones que tampoco habrá leído ni escuchado a Miguel Cané que tampoco ni leyó ni escuchó a Borges que todos saben ni leía ni escuchaba a Cortázar que tampoco lo leía o escuchaba, como estos no leyeron ni escucharon a Puig que a la vez ni leyó ni escuchó al propio turco y algunos que él nombra en la misma entrevista como Kovadloff, Aguinis, Abraham, Rozitchner y Horacio González.
Ninguno leyó ni escuchó lo del otro como lo de Sarlo que en estos días publicó un libro, por no discontinuar las menciones en el rango más literario que científico que por ahora no se despliega pero que sin duda lo hay en el espectro intelectual.
Y Raúl Galán y Héctor Tizón y los muchos que me olvidé de listar y que habrá en nuestro interior tan “simpático”.
Y yo, topo sin duda como ellos, a los que ni leo ni escucho, pero estoy reivindicado porque ellos ni me leen ni me escuchan, además ellos se viven mirando en espejos de afuera, yo también.

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