Pages

Sunday, May 22, 2011

PyC - II -

Entre palomas y cuervos.
Tampoco supieron ni nunca ni nada sobre sus veranos y la belleza lasciva de la estación del impulso, del inicio análogo de sus reglas que se dieron desbordando previsiones y provisiones de sus vidas, manantiales de agua roja brotando una vez por mes o algo parecido con agitaciones y temblores íntimos que se van anunciando con erupciones, con muchas preguntas con pocas respuestas, curiosidades, zozobras y a veces como a cualquiera con la cara picada por un acné mal curado, de virginidades encubiertas y descubiertas posibles de perder en un accidente o en un descuido, que como dicen las matronas fuera de época y algún majadero imprudente, se disimulan con alumbre a la hora de buscar marido como ambas los buscaron queriendo tenerlo sin conseguirlo Penélope y Noelia.
Ni la una supo que la otra pasó buena parte de su juventud sin un amigo, ocultando la revelación de su soledad leyendo siempre con avidez y a cuenta las historias tristes del Corín tellado o cada manual del alumno que tuvo entre sus manos y a mano, de punta a punta, desde el índice hasta esa última página donde siempre vienen las líneas indicando lugares y direcciones donde se hicieron los libros, ni esta llegó a conocer que aquella superó obstáculos con apariencias de insalvables gracias a la disposición de quienes están sin que se note a la mismísima hora en que se les tiende la mano para pedir ayuda en cuestiones pueriles o más importantes que el propio dinero, y que la disponibilidad de espacios para los otros en su agenda fue mucho como muy poco para asuntos de estudios y capacitaciones para los que dispuso de tiempos escasos y en tanto.
Y que por eso las reuniones, las timbas compartidas jugando a la loba a las damas o a la oca, las fiestas y las farras, fueron para ella el sustituto elegido de los libros, y la llevaron a repetirse con frecuencia que lo que enseña la calle no está escrito en ningún tratado ni en el tesoro de la juventud ni en la enciclopedia británica por perfecto que sea el conocimiento que se busque, algo que la otra rechazara en sus recorridos de estolidez y de fuerza, de contriciones desmesuradas por culpa de tantas opiniones ajenas escuchadas y reputaciones llevadas a la práctica con una versatilidad forjada y a prueba de todo en largas tardes de encierro y aislamiento y de resoluciones exitosas del juego del solitario.
Nada supieron por tanto nunca se lo contaron mutuamente, cuando tuvieron oportunidad de hacerlo ni se imaginaron de sus otoños y el realce soberbio de la estación de la sabiduría, del trajinar severo y adusto que llega justo cuando el pelo comienza a caerse, justo cuando se descubren las primeras arrugas a la luz del día y justo cuando entra la preocupación por la dentera que se va cayendo progresivamente en cada degustación de los manjares que más gustan o gustaron y que se deben ir descartando, el escalofrío al decir del especialista que al primer descuido se le escapa aquello de una sonrisa dibujada porque sabe bien que son los síntomas de las primeras novedades serias en el vagón comedor del tren de la gula y d las mayores culpas, pero jaleos que llegan también con la desenvoltura para andar de parpadeo en desparpajo, de desvergüenza en vergüenza, de aquello que callan las añejas y algún zonzo sorprendido con su propio deterioro, no previsto solamente de necedad, como el decaimiento de ellas Penélope y Noelia.
Aún cuando a la sazón se conocieran, simpatizaran entre sí y se sintieran bien y se cayeran bien desde que se cruzaron por primera vez en la coincidencia de sus últimas designaciones en zonas desfavorables, o favorables, según se viera porque la una pasaba ya los treinta y en realidad le andaba escapando a las secuelas de un desengaño amoroso, y la otra con los veintiocho bien cumplidos optó por pedir un destino de trabajo que le permitiera resguardar el secreto de una primera, tardía y única evasión para no comprometerse con alguien que todavía la estará buscando en algún lugar y de puro enamorado.

No comments:

Post a Comment