El pez por la boca muere, aunque
no siempre, por ahí aparece un pescador torpe o principiante que lo termina reventando
y/o depredando con la manipulación torpe y desordenada de un anzuelo que es
pequeño o grande, lo que habla de las excepciones, o sea que el pez o nosotros
que somos el pez en ocasiones esa es la idea de la metáfora, morimos a veces
por nuestros propios errores que además de por la boca exponemos desde algunos
otros flancos sin darnos cuenta o en otra oportunidades a propósito de nuestros
bajos instintos, a los que no nos quieren o a los que nos quieren y por esas
cuestiones dejan de querernos a los que no nos querían y no nos querrán y a los
que nos seguirán queriendo aunque muramos cientos miles de veces, pero en
realidad esto engancha perfectamente con esa otra melodía de la sabiduría
popular de que se es esclavo de las palabras que se dicen y soberano de las
palabras que se callan, porque es parte de lo que llaman nuestra idiosincrasia
andar hablando de más de las cosas que realmente no interesan que son nimias de
verdad que resienten que dañan que lesionan a otros a nosotros mismos que nos
denigran mientras denigramos, probando con la verborragia vomitando opiniones
de las que luego nos arrepentimos cuando ya pasó la oportunidad o las
oportunidades de volver para atrás de rebobinar, de enmendar de resarcir, parte
de una idiosincrasia que tiene la misma categoría de basura aunque sea parte de
una identidad de la que también con frecuencia presumimos, porque eso mismo es
parte otras veces de los silencios tóxicos de las cosas de las que guardamos
silencio pero deberíamos estar hablando y a los gritos esparciéndolas a los
cuatro vientos.

No comments:
Post a Comment