A rey muerto rey puesto. Parece
una exageración lo del rey, que proviene de la edad media más o menos, cuando
los abolengos eran muy marcados y las sucesiones urgían para no perder ni
composturas ni privilegios, parece una exageración lo de rey, pero aun no
siendo del signo de leo que incluye a los más fanáticos de la autoestima hasta
en los momentos que se les está cayendo toda la estantería encima, quien más
quien menos va forjando una autoestima que prevalece sobre las depresiones al
menos durante una buena cantidad de momentos de la existencia, generalmente
hasta cuando aparecen las primeras señales que estamos cortados con tijeras
similares y que bueno, la alegría y las buenas ondas no son exclusividad de
nadie como la tristeza y las malas ondas, parece una exageración lo del rey,
pero la idea de la metáfora es que cualquiera sea la importancia que le
asignemos a los rasgos más virtuosos de la personalidad o a los roles que
circunstancialmente estemos pasando, apenes nos ausentamos ya tenemos un
reemplazo un sustituto un alter ego que no es nuestro ni propio, que ocupa el
lugar que estuvimos ocupando, por importante y grande que sea la escala nuestra
ausencia habilita a la corta y a la larga la presencia de alguien o algo en el
caso de cambios de escenarios que borran de un plumazo los atributos que como
laureles nos puedan haber asignado por desempeños que son similares en el fondo
aunque parezcan diferentes en la forma, incluso en las formas que distinguen lo
ostentoso de lo moderado o modesto, nuestra ausencia se convierte en presencia
de otro confirmando aquello que el cementerio está lleno de imprescindibles.

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