Panza llena corazón contento. Panza
zapán pancita como se repite en una propaganda llenando varias veces minutos
millonarios en la tele que alimentan a unos cuantos más tal vez, de lo que
merecen por el empeño los que andan con esos y que ponen en sus producciones, panza
llena, de saciada, de repleta, de colmada, de saturada, y un poco mejor y un
poco peor con el corazón las demás cuestiones funcionan, especialmente las de
tener despejada la mente que la procesión
no vaya por dentro, que la insatisfacción no dispare la pulsión del
delito, así que mientras la panza esté llena quiere decir que el individuo una
vez que está satisfecho, todo lo demás vendrá por añadidura, lo que parece una
obviedad que deja de serlo cuando la felicidad se desmorona en cientos de miles
de casos de todo el sistema cualquiera sea el corte que se esté tomando de ese
sistema, la caridad la solidaridad la piedad disgregándose en pedacitos, un
sistema tan endeble en las polémicas de la igualdad de la equidad y otras
parecidas, más que en otras circunstancias en aquellas que tienen que ver con
los aspectos más elementales de la satisfacción de las necesidades primarias
como es la del alimento en este caso, que deja de serlo cuando la impotencia y
la angustia aparecen como única respuesta a la indiferencia de cientos de miles
de personas que no terminan de entender que se trata de fallas donde no hay un
responsable sino cientos de miles de responsables muchos, todos, para hacerse
cargo de las distorsiones por las que alguien se queda sin alimento o por las
que alguien en el otro extremo de un infame encadenamiento de situaciones
desafortunadas, acumula riquezas en cantidades, morbosamente, por las mismas
razones de las pinchaduras del mismo sistema, donde la tradición oral en una
frase tan simple ha plasmado una verdad contundente, fuerte, como es que el que
come está como mejor predispuesto más a sumar que a restar.

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