En boca cerrada no entran
moscas. Puede ser eso que alguien es amo de su silencio alguien esclavo es de
sus palabras, por andar abriendo la boca y opinar sin nadie que solicite la
opinión, por hacerse el entendido en todas las cuestiones posibles para entrar
en una conversación para no pasar desapercibido, aunque esto segundo de andar
opinando sin solicitud y con menoscabo, es mucho peor que lo primero porque al
final y al cabo las palabra quedan dichas o escritas o sea quedan impresas para
la posteridad de alguna manera, como el deschave más de los peores que de los
mejores instintos, de las peores más que de las mejores emociones o
sentimientos, en momentos irreversibles, lo que no sucede con los silencios que
son omisiones en sí mismos ausencias más fuertes que muchas lábiles presencias
de arengas o discursos grandilocuentes mediocres o malos, es mejor la
circunstancia de callar que andar hablando peor aun si lo que se pretende sea
andar hablando pavadas, y peor aun si son hirientes o lesivas, que decirlo es
una manera de decir porque los que habitualmente hablan de más también lo hacen
escribiendo, legos y entendidos, formando opiniones impresas o dejando huellas
en las redes sociales, que algunos se arriesgan a equiparar con la opinión
pública porque de verdad se encuentran montones de ingenuos y cautos que
compran buzones y otros anzuelos vienen
sofisticados como esos buzones, por ponerle un dibujo a la circunstancia de
creer en todo lo que se escucha sin filtros, es una alienación equivalente a la
de hablar de más, de abrir la boca para que definitivamente entren las moscas y
los pasos siguientes se vayan en rectificaciones ratificaciones costumbres o
leyes, después de los insultos después de los perjuicios.

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