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Tuesday, December 25, 2018

Frases hechas.




La letra con sangre entra. Y eso remonta al maldito puntero, a las épocas de machetear escribiendo con un punzón en el pupitre de madera, el control de la uñas cortadas y la prolijidad del guardapolvos almidonado que de tanto rozar paspaba, y a la maestra bigotuda que apretaba con la composición de la vaca y la tabla de siete la maldita tabla del siete así, tracción a sangre, en esas épocas en las que nadie ayudaba con trucos o atajos, para saber un poco más las historias de pueblos remotos como los romanos o de esas mujeres patricias que ayudaron al general con lo único que era fácil de entender que era que el tipo después de san Lorenzo donde lo salvó un sargento que pasó a la historia también, terminó cruzando los andes y escarmentando con otro general a los realistas que lo único que justificaban era el día de la raza de ellos, porque los indios evangelizados y acallados tenían que mantenerse al margen, en las fiestas patrias de la escuela de los burros marcados o de los mate cocido, y eso remonta a las pruebas de geografía a las preguntas sobre montañas, a paralelos isobaras y meridianos, a parte de los mismos líos que no se entendían como no se entendía de la geografía de estas latitudes, y eso remonta al premio al mérito a la constancia a eso que es mejor ser un poco burro pero voluntariosos que brillante y vago, que a la larga se aprende hasta lo que enseñaban las señoritas de manualidades de música o el profesor de educación física que era un conjunto  maestros que sufrían más que los otros, de los caprichos y la ocurrencias de los que ponían el lomo o las manos o las piernas para ser azotados en los pasillos o en las mismas aulas, cuando la enciclopedia se aprendía golpe a golpe más que con persuasiones.




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