Más sabe el diablo por viejo que
por diablo. No solamente para andar el diablo con fantasías que lo remontan a
sus épocas más calientes promiscuas y divertidas, sino también para impartir
expertise en asuntos más complejos de la vida y sus pruritos más complejos, que
ahí si hay que remarla y a veces pura tracción a sangre sin nadie que se
compadezca apiade o ayude en embates heroicos que se justifican en la buena
salud de una descendencia que empalma una posteridad que el diablo justamente
por viejo descuenta por derrumbada y por anticipado, aunque venga con una
prosperidad parecida que la humanidad siempre repite aunque por los tiempos que
corren pueda presagiarla en fotos y filmaciones, con una prosperidad que
frecuentemente se mancha de barro y de otras porquerías que la mañosa condición
humana más baja, destroza con la discriminación explícita o implícita, entronizando
alcurnias tan fugaces como la vida misma y exclusiones que atraviesan
generaciones enteras de infelices, el diablo más sabe por viejo que por diablo,
lo que quiere decir que al final la vejez es por lo menos más aburrida que los
momentos de tramas y trampas, aunque de aquella se pueda desprender un consejo que
evite lo que es más común que el arroz con leche que es tropezar con la misma
piedra dos veces, o más, y de esos momentos nada más que el recuerdo de la
presión alta en medio de sábanas y transpiración de sexo que no sirven como
experiencia para nadie porque al final se trata de momentos efímeros
particulares y únicos, así que mejor quedarse con esas admoniciones del diablo
por el clima que con frecuencia fallan o con esas advertencias malsanas de
codicias y malicias.

No comments:
Post a Comment