Cada carancho a
su rancho. Menjunje popular según información de la red chance armado con un
adjetivo distributivo (cada); un sustantivo masculino singular (carancho); una
preposición (a); un pronombre posesivo de tercera persona singular en función
adjetiva (su) y un sustantivo masculino singular (rancho), que en las reuniones
de hace cincuenta años era la forma política simpática empática de decirle a
los invitados que era hora de irse, que no se abusaran con andar quedándose más tiempo que el tiempo
prudente para quedarse sacando a unos el cuero por lo general a los ausentes, y a otros de sus rutinas, que ya estaba bien con el
tiempo de jarana pasado de reunión familiar o social, de comuniones, de casamientos,
fiestas patrias o patronales, de cumpleaños de quince, alargados a fuerza de
hacerse los distraídos mientras no se suspendieran las libaciones ni las
degustaciones de comidas y tortas, que ya estaban finalizando las algarabías
que ya era el tiempo de aflojar con los protocolos y volverse a casa,
prolijamente, un entramado un juego ingenioso de palabras que hace menos de
cincuenta años era la forma de transmitirle a alguien que se metiera las
opiniones personales donde mejor le viniera y como en el martín pescador
sugerir como conveniente que cada cual atendiera su juego callándose cuando
correspondiera o midiendo los efectos de sus propias opiniones si fuera, que
cada uno se metiera con lo suyo que con eso se tiene para dar y prestar como
para andar metiéndose en los asuntos ajenos tan o más importantes que los
propios para los propios, una frase de uso común que hoy sirve si se quisiera.

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