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Friday, April 14, 2017

Pachorras rima remolinos.


Mirando sin parpadeos con esos ojitos de órbitas desbordadas por paciencias extremas por inmovilidades sin conciencias aguantando más que resistiendo quedados en el tiempo en lugares confortables arrumbados aburridos pero íntegros con las panzas llenas, juntados por los sofocones amontonados más que convocados, sapos y lagartijas se pasaban horas en esos resquicios oscuros y frescos aguantando por mucho tiempo con la mirada en dirección adonde andaban los estibadores con sus mamas y sus problemas cotidianos, a ratos atentos a que otros bichos no interrumpieran las tranquilidades en las que estaban, después de todo parecía que ellos estaban cómodos y los otros tomaban los riesgos, no cambiaban nunca esos lugares al menos durante el día porque a las noches nadie los seguía ni les tiraban migajas del pan consumido, ahí quedaban como si percibieran los ruidos conocidos y los ruidos que los obreros no registraban como los de las ratas del tamaño de gatos pasando por los travesaños del techo, como si con eso amenazaran su propias tranquilidades, casi igual que ellos que se hacían los otarios guampudos de porquería que rechazaban los tifones los quilombos que arman las revoluciones para cambiar las cosas, esas cosas por las que no tendrían los pagos por quincenas la ropa de trabajo las coberturas médicas ni seguros ni las horas extras al cien por ciento que si no fueran por los que se metieron a pelearla no las tendrían como el aguinaldo las gratificaciones que les traían gratificaciones con sus familias, qué es que no se daban cuenta les preguntaba Melitón cuando se calentaba y les decía que mientras ellos se atragantaban con pucheros y cabezas guateadas y vino mucho vino que mezclaban con naranjadas en ollas de las que sacaban con cucharones los otros las peleaban en el sindicato y en las calles para que ellos ganaran derechos y que se comportaban igual que los traidores con la diferencia que ellos estaban adentro y los otros afuera o en los despachos de los jefes entregando compañeros, que ellos así que ellos asá, que los problemas se les iban de las manos con ellos que insistían exagerando con eso que la vida es corta muy corta para andar metiéndose con revoluciones que además no traían nada, nada más que remolinos vientos fuertes quilombos.


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