Mirando sin parpadeos con esos
ojitos de órbitas desbordadas por paciencias extremas por inmovilidades sin
conciencias aguantando más que resistiendo quedados en el tiempo en lugares
confortables arrumbados aburridos pero íntegros con las panzas llenas, juntados
por los sofocones amontonados más que convocados, sapos y lagartijas se pasaban
horas en esos resquicios oscuros y frescos aguantando por mucho tiempo con la
mirada en dirección adonde andaban los estibadores con sus mamas y sus
problemas cotidianos, a ratos atentos a que otros bichos no interrumpieran las
tranquilidades en las que estaban, después de todo parecía que ellos estaban
cómodos y los otros tomaban los riesgos, no cambiaban nunca esos lugares al
menos durante el día porque a las noches nadie los seguía ni les tiraban
migajas del pan consumido, ahí quedaban como si percibieran los ruidos
conocidos y los ruidos que los obreros no registraban como los de las ratas del
tamaño de gatos pasando por los travesaños del techo, como si con eso
amenazaran su propias tranquilidades, casi igual que ellos que se hacían los
otarios guampudos de porquería que rechazaban los tifones los quilombos que
arman las revoluciones para cambiar las cosas, esas cosas por las que no
tendrían los pagos por quincenas la ropa de trabajo las coberturas médicas ni
seguros ni las horas extras al cien por ciento que si no fueran por los que se
metieron a pelearla no las tendrían como el aguinaldo las gratificaciones que
les traían gratificaciones con sus familias, qué es que no se daban cuenta les
preguntaba Melitón cuando se calentaba y les decía que mientras ellos se
atragantaban con pucheros y cabezas guateadas y vino mucho vino que mezclaban
con naranjadas en ollas de las que sacaban con cucharones los otros las
peleaban en el sindicato y en las calles para que ellos ganaran derechos y que
se comportaban igual que los traidores con la diferencia que ellos estaban
adentro y los otros afuera o en los despachos de los jefes entregando compañeros,
que ellos así que ellos asá, que los problemas se les iban de las manos con
ellos que insistían exagerando con eso que la vida es corta muy corta para
andar metiéndose con revoluciones que además no traían nada, nada más que remolinos
vientos fuertes quilombos.

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