Ellos se fueron y están viven en nosotros, nosotros quedamos y no estamos ni en ellos que se fueron ni en los otros que también quedaron, éramos veinticinco
cronopios nada más, cuatro tigres una decena de proyectos de comadres, un
marica, media docena de hacendosos y
cuatro rivales de los tigres porque no eran propiamente tigres porque ellas nos
preferían aunque también conversaban con ellos después de todo éramos todos compañeros
de quinto, éramos veinticinco cronopios salvo tal vez dos pares de proyecto de
famas cuando muchos compañeros que en el fragor de los diecisiete basculaban
entre la candidez y el atropello entre la inocencia y la desconfianza, éramos
veinticinco cronopios cerca de recibirnos de maestros normales nacionales
última promoción de los maestros improvisados después de unos poco años de
estudios, éramos unos veinticinco y con ellos esos malditos famas viajaron
quince solo por la presunción de mala conducta no acordarse el número de
documento nacional de identidad de memoria tener barba candado o pastillas de
Elvis, por culpa de esos engominados multitudes de famas ni un solo cronopio que
llegaron con los comunicados oficiales y los falcón verde después y la sanata
que estaban recuperando la patria de las garras del comunismo mundial de la
sinarquía socialista que venía a borrar del mapa la propiedad privada y la libertad
de movimientos aunque la propiedad fuera para unos pocos igual que la libertad,
éramos veinticinco cronopios quince se fueron y cinco nos quedamos en sus
exequias tardías, los huesos del último, tigre también, aparecieron hace unos
días en el jardín de la república cerca de un centro clandestino de detención.

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