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Wednesday, April 12, 2017

Discursos rima revoluciones.


Las lagartijas y los sapos cerraban y abrían sus grandes ojitos cuando alguna que otra rata del tamaño de un gato pasaba sin mirarlos por los bordes de los pasillos de los depósitos abarrotados de estibas con bolsas de cincuenta quilogramos por las que los cuarenta y cinco grados a la sombra se hacían como cincuenta cerca de esos castillos o murallas que parecían los miles de bultos de azúcar humedecidos y amontonados todavía como salían de la fábrica, las lagartijas y los sapos abrían y cerraban sus grandes ojitos como si midieran la necesidad de moverse si la rata se acercaba demasiado a llevarse el coyuyo desvelado que estrellado en el piso parecía en hibernación o directamente de haber entrado en la historia de la especie, ellos parecían entender todos los códigos de sus cadenas alimentarias que los disciplinaban más que los venenos que de vez en cuando esparcían los obreros para combatirlos y a los cuales se volvían inmunes después de unas vueltas, no como esos obreros que comenzaban con las burlas después del popurrí de palabras y discursos de Melitón que los instaba a la insurrección y a la revolución que ellos no querían con el argumento que quién les iba a pagar si no eran los patrones los dueños del ingenio que lo otro era puro bla bla del que no sabe lo que es parar la olla día por día mes por mes, desagradecidos ni se enteraban que el secretario general del sindicato de obreros y empleados con esas maratones que hace con los compañeros caía como muerto en la cama lo que no le resultaba nada bien a Josefa su mujer que consideraba que los dos estaban en edad de merecer y con eso lo sacaba de sus cabales sin entender lo que era la lucha de clases. 
                

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