Como los cuchillos
los mismos cuchillos que usaba para cortar la masa tierna de los bollos con
chipaco que eran su especialidad, la vieja se imaginaba miles de cuchillos
abriendo surcos en su carne seca ya cada vez que escuchaba alguna alusión a su
deteriorada persona, como trapos como los andrajos se sentía, desecho de los otros, magra persona de manos venosas espalda encorvada y caderas con huesos gastados, calambres que se
dan calambres que vuelve, como si cientos de miles de cuchillos clavados en todo sus cuerpo vinieran de donde
vinieran esos chismes le hacían que le doliera hasta el alma cuando le tocaban las veces y escuchaba que alguien decía la desdentada esa que sabrá estornudar
babeando las comidas o que la pelada le aparecía con todo en sus retaguardias
que además no veía porque en las casa los espejos de cuerpos diferentes de
cuerpos giratorios brillaban por su ausencia, pero más le dolían los olvidos los
silencios que vienen con los olvidos las sordinas todos olvidos las indiferencias los desplantes las groserías, porque muchos
de sus vecinos la conocían de siempre, de cuando fue moza y como cualquiera la
belleza se le escapaba por los poros.

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