Firuletes,
enganches, figuras, mixturas, le hervía la sangre en los cruces en las cortadas,
el corazón se le aceleraba, transpirando como marrano, hijo de tanos y de españoles
mezclas de esos y de turcos que se dieron en su familia, saltos, saltitos,
saltadas, a Lobo le gustaba molestar con sus pases y pasos perfectos a los
fisgones en los bailes del doce de octubre en el Club Recreativo, le gustaba
hacerlo entre paso y paso trenzas con brazos entre pase y pase combinando sus
piernas y sus meneo con su pareja, ese día esos días cuando todos se tiraban el
ropero encima y se esmeraban en la prolijidad de sus cabelleras fueran
caballeros o damas, le gustaba molestar a esos curiosos panzones que empezaban
con el hipo o los eructos temprano y cuyas órbitas de los ojos estaban infladas
delatando las cantidades de alcohol injerido más los caballeros que las damas, en
ese baile le gustaba en esos bailes que eran parte de las remembranzas
importantes en el pueblo aunque algunos iracundos como siempre anduvieran
diciendo que qué había que festejar de ese día cuando todavía había matacos que
se quejaban de los gringos que no los bajaban de borrachines, es día esos días
en que hasta el cura se mezclaba y se tomaba disimulando unos vasitos de vino
cuando pasaba a dar sus bendiciones, a ellos y a ellas algunas ansiosas que
algunos posaran sus miradas sobre ellas más los solteros que los casados que
llegaban al final de la zafra con las valijas preparadas si en la empresa no
los contrataban, a Lob o le gustaba que lo miraran disimulando con sus gestos esos
ojos de ellos desorbitados que se transformaban en miradas libidinosas a su mujer
cuando sabía él la paseaba por todo el óvalo de las pista principal donde se
escuchaban bien y sin chirridos las melodías cuando Jorge Ardù y su banda le
entraban a los pasodobles o a las tarantelas en los intervalos cuando tocaba y
descansaba la orquesta típica, a él le gustaba que los siguieran con la mirada mientras
él la llevaba y se imaginaran vaya a saber qué cosas mirando las ondas de las
polleras de ella cuando movía sus caderas como ninguna otra en la fiesta, le
gustaba que esos lengua larga que andaban de chamuyo en chamuyo diciendo que la
mujer lo guampeaba, a Lobo le gustaba que ellos siguieran con sus miradas
perdidas esas figuras que sacaba de los pasodobles y las tarantelas que
ensayaban en sus casa los días de semana evitando que los vieran para que
aparecer como los mejores bailarines como si nada como si todo les saliera de
una, a Lobo le gustaba que lo miraran y le encantaba estar en la boca de los
chismosos y chismosas más reputados del pueblo, ellos no bailaban como los
otros que si lo seguían como si pudieran competirle a él justo a él que
deslumbraba.

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