Hay
pocos que lo cuentan porque les da vergüenza o porque son cortos o tímidos o
tilingos porque lo ven como una cosa asquerosa casi hasta para hablarlo pedir o tirar de pasada el uso de un forro o de las pastillita que ayudan, ni el cura ni los otros
cursillistas que se llenan la boca diciendo que hacen cursillos de matrimonio
que ayudan a los novios a encarar eso de lo que saben poco al principio y que
les entra primero por la pasión las manos que buscan las partes que no se tocan
hasta después de casados, porque sino quedan las huellas y una que otra vez cada tanto y a veces no cada tanto un
bebé rosado y hermoso que llega sorprendentemente a este mundo, pero para ellos
que lo contaran poco o mucho fue lo mismo, si lo contaban o no porque juntos
fueron teniendo sus mañas como cualquiera porque para estas cosas no hay
manuales con reglas generales, teniendo sus solturas que disfrutaban, cuando eran
jóvenes los sábados y domingos se la pasaban fornicando a la mañana a la tarde
y dos o tres veces en las noches, así es como engendraron a los niños que en los
primeros meses les fueron cambiando de a poco las rutinas y los gustos, los
entusiasmos de descubrirse en las caricias en las poses en las masturbaciones
que juntos encaraban en las degustaciones de los humores del otro en las
penetraciones, así sin darse cuenta, cuando tuvieron unos años más los sábados y
los domingos también no se levantaban de la cama si no era por las mínimas
necesidades de comer o de hacer sus necesidades, pero en vez de fornicar se
dedicaban a la lectura de los diarios que llegaban de las ciudades importantes
en el Balut o el Atahualpa que tenían un servicio que pasaba en la madrugada,
hasta que apareció la televisión como confirmando el porvenir del turco que
tenía una tienda con ese nombre, entonces los pilló un desgaste de esos y se
hicieron fanáticos de los sábados circulares.

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