Los duendes se duplicaban se
triplicaban en otros duendes en infinitos duendes por casos que se iban
haciendo más pequeños que los primeros o más delgados o más gordos en espejos
de cómodas viejas en espejos de roperos pasados de moda que por esas cosas servían
de biombos que a su vez servían de separadores de ambientes grandes en la casa
vieja de la abuela que además servía de asidero de todos los parientes y de
todas las comadres que caían durante el día con sus cuitas sus casos de maridos
que pegaban y pagaban o en los días de las fiestas de navidad o de fin de año
cuando era peor y se armaban unos despelotes de esos de esas cosas picantes que
les picaban a todos, allá se escondían en rincones o en el tiempo los duendes
que aparecían en los espejos donde seguro esos duendes los mismos duendes
jugaban entre las piernas de los que jugábamos a las cartas o al solitario en
las tardes aburridas de ratonadas o fiacas, los mismos duendes que dormían
mientras dormíamos esos sueño de soñadores nuevos que se las creen todas antes
de las desilusiones, los duendes se duplicaban se triplicaban en cada espejo de
la casa de esos grandes o de los más pequeños disimulados con los portarretratos
en anaqueles con retratos amarillentos de parientes remotos y desconocidos, en
espejos ennegrecidos por el paso de los años espejos casi inservibles que los
multiplicaban deformados como nosotros creíamos que eran, como nosotros los
multiplicábamos en los sueños a esos diminutos personajes sin rostros visibles
escondidos detrás de trajes apretados o sombreros de copa como si fueran
personajes de abolengos remotos como ellos, detrás de paisajes que no dejaban
ver el bosque de los que veíamos entonces cuando veíamos porque creíamos más en
los cuentos de los que venían, mientras fuimos cuando fuimos incrédulos los
duendes se duplicaban se triplicaban en otros duendes en infinitos duendes que
se iban haciendo más pequeños que los primeros o más delgados o más gordos en
los espejos de otros espejos.

No comments:
Post a Comment