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Thursday, December 15, 2016

Espiadores espías y espiados.



Primero fueron esos mastodontes, en las décadas del setenta del ochenta, esos trastos mecánicos con pistones invisibles y ruidosos y calientes que necesitaban instalaciones edilicias especiales por los espacios y las temperaturas, para funcionar como lo garantizaban los vendedores que entonces venían de países donde se avivaron antes con estas cosas, primero fueron esos aparadores de metal, con el corazón abierto en donde entraban unas cintas como si fueran las cintas de una película, que manipulaban cuatro tipos en los turnos con las recomendaciones del caso de no dañarlas ni golpearlas solo instalarlas para que laburaran los data entry, primero fueron esas máquinas ubicadas en lugares que ellos llamaron centros de cómputos, una etiqueta adecuada para llamar a esa máquina devoradora de datos en segundos que con las dos docenas de data entry por turno se llevaban turnos enteros una parva de gente que los vendedores de las máquinas garantizaban que se tenían que ir reduciéndose con el tiempo por eso los patrones compraban y compraban, primero fueron esos cachivaches que de un día para otro en muy poco tiempo comenzaron a ser reemplazados por otros aparatos más pequeños que cabían en los escritorios de los operadores que botoneaban los presentismos las existencias y los movimientos ABC de los materiales las estibas de los productos terminados como si fueran el ojo del amo que alimenta al ganado, primero fueron todos esos despliegues que costaron un ojo de la cara que compraron los Espiadores para seguir a los espiados en espiadas que a unos les significaban ascensos esperados y a otros las cesantías y las indemnizaciones, por chismes que circulaban por redes inalámbricas o por mensajes en códigos cifrados y que se evaluaban los patrones o los representantes de los patrones cada mañana en las reuniones de directores donde los jefes se regocijaban de las disminuciones de los costos que en realidad eran ganancias para los patrones ya que ellos ligaban apenas los vueltos en las gratificaciones anuales, primero fueron esas gigantescas maquinarias cuidadas y supervisadas por empleados disciplinados por jefes disciplinados que cuidaban los cierres y las aperturas de los ejercicios contables de las empresas de patrones también disciplinados, primero fueron esas máquinas antes de las máquinas más chiquitas que, como gran ojo de gran hermano, fueron mejorando las mejores espiadas de los espiadores persiguiendo a los pobres espiados.

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