Primero fueron esos mastodontes,
en las décadas del setenta del ochenta, esos trastos mecánicos con pistones invisibles y ruidosos y
calientes que necesitaban instalaciones edilicias especiales por los espacios y
las temperaturas, para funcionar como lo garantizaban los vendedores que
entonces venían de países donde se avivaron antes con estas cosas, primero
fueron esos aparadores de metal, con el corazón abierto en donde entraban unas
cintas como si fueran las cintas de una película, que manipulaban cuatro tipos
en los turnos con las recomendaciones del caso de no dañarlas ni golpearlas
solo instalarlas para que laburaran los data entry, primero fueron esas máquinas
ubicadas en lugares que ellos llamaron centros de cómputos, una etiqueta
adecuada para llamar a esa máquina devoradora de datos en segundos que con las dos
docenas de data entry por turno se llevaban turnos enteros una parva de gente que los vendedores de las máquinas garantizaban que se tenían que ir reduciéndose con el tiempo por eso los patrones compraban y compraban, primero fueron esos
cachivaches que de un día para otro en muy poco tiempo comenzaron a ser
reemplazados por otros aparatos más pequeños que cabían en los escritorios de
los operadores que botoneaban los presentismos las existencias y los
movimientos ABC de los materiales las estibas de los productos terminados como
si fueran el ojo del amo que alimenta al ganado, primero fueron todos esos despliegues
que costaron un ojo de la cara que compraron los Espiadores para seguir a los
espiados en espiadas que a unos les significaban ascensos esperados y a otros
las cesantías y las indemnizaciones, por chismes que circulaban por redes
inalámbricas o por mensajes en códigos cifrados y que se evaluaban los patrones o los representantes de los patrones cada mañana en las reuniones de directores
donde los jefes se regocijaban de las disminuciones de los costos que en
realidad eran ganancias para los patrones ya que ellos ligaban apenas los
vueltos en las gratificaciones anuales, primero fueron esas gigantescas maquinarias
cuidadas y supervisadas por empleados disciplinados por jefes disciplinados que
cuidaban los cierres y las aperturas de los ejercicios contables de las empresas de patrones también disciplinados, primero
fueron esas máquinas antes de las máquinas más chiquitas que, como gran ojo de gran
hermano, fueron mejorando las mejores espiadas de los espiadores persiguiendo a
los pobres espiados.

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