¡Quién vive!, quién se desvive
por una china tan mona que se desarmaba a la altura de las caderas derretida cuando
lo veía y le pasaba donoseando cuando no porque estaba engallolada, quién
vivirá de los que viven los que vivan los que vienen de los que salgan indemnes
de sus guardias personales de las guardias de Doña Macacha escondidos en sus
guaridas en los tugurios donde están los zaparrastrosos, en los techos de paja
y adobe, de los muchos emponchados que lo siguen leales no como los desleales
comerciantes que llevan y traen los chismes de los realistas y de los criollos
que se pelan, de Olañeta, de Valdez, de Osorio de Tristán de quien fueran los
caballos cuyo trote cercano confirmaban los ecos y los retumbes en el empedrado
de las calles que hizo que seguirá haciendo por la aldea como macho y gaucho de
los que no lo hubo, en las calles cercanas que lo sigan haciendo él seguirá
fornicando, ¡quién vive!, quién vivirá de los que viven los que vivan los que
vienen de los que salgan indemnes de sus guardias personales de las guardias de
Doña Macacha por esas mismas calles algunas que son solo huellas que son solo
senderos serpenteantes senderos con nombres rimbombantes esas calles que fueron
de tierra, hasta ahí nomás poco nomás cuando la junta de vecinos notables le
pidió que como gobernador afrontara los retos del progreso y del porvenir como
fuera que correspondiera, de la calle la Amargura hasta el Tagarete del Tineo
conoce el camino como la palma de su mano puede hacerlo con el caballo como el
con los ojos vendados, él no tiene por estos tiempos otras debilidades que
fornicar con la mujer del oficial de su guardia una mestiza de carnes y tetas
abundantes, por eso interrumpido maldecirá el general el mandamás de los
infernales, escapando, cabalgando a una derrota.

No comments:
Post a Comment