Decí que estaban ellos gastando
las suelas de sus zapatos dejándolas espejitos de tanto roce de tanta fricción
contra las baldosas coloradas de la pista principal del club recreativo decí
que estaban ellos en los pasillos en los recodos donde se acomodaban los
gabinetes de los sapos uno encima del otro para poner sillas y habilitar más
espacios para que pasaran bailando, decí que ellos las gastaban para reducirlas
a una hoja delgada a una feta apenas a una lonja nomás de todas las que habrá
puesto el zapatero remendón que arreglaba los tamangos de él y de ella porque
ellos serían unos capos bailando, pero no estaban para andar haciendo gasto en
cada baile donde iban y se agenciaban todas la miradas con el tico tico no fubá
y el popurrí de tarantelas, que así como así se daban maña para ponerse de punta
en blanco y darse vueltas con lo que tenían con lo que descolgaban del ropero
antes de cada acontecimiento donde iban a humillar a los malos bailarines a los
maletas que no sabían de pasos y firuletes a los tristes al loco de la perinola
y a las comadres que seguían los pasos de las virginales hijas o sobrinas que
se andaban regalando de calentonas y para que no terminaran enredadas en los
chamuyos de los compadritos que no tenían ni donde caerse muertos, decí que el
espíritu de andar siempre con la mejor les salía desde adentro les nacía desde
adentro, disimulando los inconvenientes por sí aparecía alguno después de tanta
milonga, un agujero en esa suela en el primer descuido o que a ella se le descogotara
el taco aguja de alguno de sus zapatos de princesa con unos quilos de sobrepeso,
y entonces había que pasar la emergencia para que no se rompieran las stretch
las únicas enteras porque las otras todas la demás estaban agujereadas por la
presión de las uñas largas, decí que estaban ellos que contra viento y marea
arremetían en cada entrada de la orquesta del maestro Ardú que habrá cobrado
una fortuna a los de la empresa por su contrato porque eran muchos los músicos
de la orquesta, pero que se rompía todo desde las nueve de la noche y las
cuatro y media de la madrugada como ellos, cuando comenzaba con los últimos
temas y los bis de los últimos temas donde no había twist de Chubby Checquer ni
el mamarracho ese del pata pata que los ha vuelto locos a los más jóvenes que
ni saben lo que es la música, decí que estaban ellos para alegrar esas milongas
que eran el broche de oro de las fiestas patronales en el pueblo que coincidían
con el día del descubrimiento de américa y era no laborable, sino los amargados
esos los aburridos de siempre que iban nada más que a poner las caras de culo a
no cambiar en toda la noche la cara de ojete y a criticar a todo el pueblo iban
a ganar arruinando la milonga con empujones o quilombos inventados empatando a
los mozos con la propina, mientras se chupaban la cerveza desparramados en la
sillas vomitando sus camisas mientras los puteaban sus mujeres.

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