En las ansias tempranas es fácil
y hasta natural olvidar todo lo que uno quiere acordarse supongo que es igual a
cuando hace cincuenta años contábamos con el tesoro de la juventud en la
biblioteca de casa que lo que es ahora para un niño digital que tiene a mano un
celular una Tablet una computadora de escritorio o cualquier otros dispositivos
que lo conectan a otros universo más completos al que estábamos conectados
nosotros que además del tesoro de la juventud a hurtadillas y onanistas le
entrábamos a las SEA de vidas ejemplares o el llanero solitario a las
Radiolandias de mamá o a las selecciones de los readers digest de papá el gráfico
de los tíos y la cantidad abundante de noveles del corazón que escondían debajo
de sus colchones las niñeras que no cuidaban y nos compartían a medida que nos
hacíamos más grandes, una compilación que otros en otras casas suplantaban con
la enciclopedia británica, de todas maneras, un compendio de saberes mezclados
en forma de enciclopedias donde de vez en vez o rara vez espiábamos para
sacarnos los olvidos fáciles o aliviar las presiones que de adentro y afuera
teníamos por todos esos aconteceres que teníamos que recordar lo que había que
acordarse, como los cumpleaños que apenas atravesábamos los umbrales de la
conciencia mínima donde se amontonaban los primeros recuerdos de festejos donde
éramos el centro del universo para los escasos aplaudidores propios de la
familia que nos mimaba y nos consentía, comenzábamos a recordar los cumpleaños
de los otros registrando los calendarios de la mejor forma que podíamos, no
como ahora que estamos viejos mucho más viejos y andamos lidiando cuando
queremos olvidar lo que no queremos acordarnos, en las tristezas tardías es
fácil y hasta natural acordarse todo lo que uno quiere olvidarse.

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