Algunas veces era mucho, como
reguero de pólvora corría la noticia cuando alguna de las damas distinguidas o
no distinguidas del ingenio sucumbía a las propuestas incandescentes indecentes
de algún compadre devenido en galán por muchas circunstancias y la hacía pisar
el palito fácil del adulterio, por la superficie o a fondo eso no importaba
demasiado cuando el pregón se iniciaba alcanzaba con los primeros escarceos así
los escarceos fueran mucho más que escarceos, seguramente una noticia que la
misma dama encendida por sentirse nuevamente una hembra o devolverle al marido
los efectos de una vida de mierda, se ocupaba que le llegue a la amiga más
entrañable con la seguridad que esa amiga más entrañable se lo contaría a otra
amiga muy entrañable en una cadena de amistades entrañables que involucraban a
Juan el carnicero que registraba estas informaciones mientras afilaba los
cuchillos que utilizaba para cortar en rodajas perfectas la bola de lomo que le
compraban para milanesa, ufanado porque
se trataba de chismes indispensables que le fidelizaban la clientela que le
caía invariablemente así los precios estuvieran por las nubes la gente no
dejaba de comprarles y con los puteríos tenían la paciencia de esperarlos así
estuvieran horas en la cola, a veces era mucho e interminable que en el espacio
de una pocas o horas o en el peor de los casos en unos pocos días todo el
pueblo supiera de estas historias a veces era poco, cuando la noticia procedía
del pata de lana que le confesaba a algún compañero de la fábrica que en
cuentagotas lo difundía entre los otros compañeros con pudores propios de
machos solidarios con una drama que podía tocarles a ellos tranquilamente con
las cantidades de horas entre las normales y las horas extras con las que se
rompían, el lomo también, para que sus hijos crecieran sanos y fuertes, en esos
caso las noticia corría más lento hasta que llegaba a los oídos de don Giovani
el peluquero más viejo que, alargando los tiempos que se pasaba con las
afiladas de las navajas para terminar sus cortes americanos cuadrando patillas
o los bordes alrededor de las orejas, aceleraba nuevamente la noticia de la
infidencia con el cuento que él lo había dicho sospechando cuando la fulanita
comenzó a mostrarse con minifaldas y escotes a gusto y piacere de los más finos
olfatos para las hembras acaloradas.

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