Las caravanas de camiones de la
empresa que se estacionaban en los terraplenes de la estación del ingenio
cuando estaban por comenzar las zafras, se usaban para llevar a los coyas hasta
los lotes de Florencia o Prediliana adonde les tocara, cuando llegaban con sus
bagayos reducidos a un par de valijas de cuero gastados y unos morrales donde
llevaban sus cosas desparramadas y amontonadas los camiones iban y volvían más
vacíos que llenos, en orden que a todo eso el contratista les decía a los
gritos tildando en una lisa donde estaban anotados por apellidos, el que los
contrataba en Villazón en la frontera con la Quiaca, las caravanas de los
viejos Bedford se armaban por esos días en filas ordenadas esperando la llegada
de los trenes que traían a los zafreros para llevarlos a los lotes de la
reducción o paulina donde los mezclaban con los chaguancos que vivían en esos
lugares y con los santiagueños y chaqueños que llegaban por cuenta propia
detrás de los jornales que eran los más altos aunque los obligaban a trabajar
de sol a sol con las crías y las proles a cuestas, las caravanas de camiones
que se estacionaban en la playa cercada de la estación donde también se
amontonaban los comerciantes de ocasión que andaban con golosinas chinchibilas y
otras chucherías y baratijas que los coyas compraban aunque cayeran medio secos,
no eran numerosos esos tropeles como cuando se iban, en esas vueltas la misma
empresa ponía otros camiones que anduvieran con los mismos coyas pero más
llenos.

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