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Ellos se cargaban sobre los
hombros los pasantes de los altares improvisados del niño Jesús y de la
virgencita cada vez que iban en procesiones hasta la iglesia del ingenio, ellos
eran no más de media docena de los más fornidos comedidos que se cargaban sobre
los hombros los pasantes de esos altares construidos a las apuradas con las
maderas sobrantes de los cajones de cervezas con los que se mamaban en los
bailes del club boca o del club belgrano o en los partidos de los domingos que
autorizaban los de la liga, ellos se cargaban los pasantes y se aguantaban sin
decir esta boca es mía en todas las conmemoraciones en las que también un grupo
reducido de matronas que eran en su mayoría sus mujeres, les daban las
indicaciones correspondientes acompañadas de los sermones repetidos, que si se
trataba del niño y la virgencita ellos no tenían que decir nada porque si no
los castigaban ellos hacían todo el trabajo para que los demás se dedicaran a
adorar y a rezar en las ceremonias, ellos iban y volvían sin chistar porque al
final de cuentas se aguantaban el trabajo de cargas porque los dejaban libar y
morfar como beduinos con los motivos de sus colaboraciones que no podían ser
reemplazadas con las colaboraciones de los sacristanes monaguillos o ayudantes
del cura porque eran niños menuditos y por lo eso no tenían ni altura para
meterse a cargar esos altares transportables y con pasantes que pesaban como
cualquiera, como si no recibieran nada ellos se cargaban y se la aguantaban
callados, pícaros, porque después tenían sus recompensas, podían chupar
tranquilos cuando volvían a los lotes y correr por atrás desvirgando a las
doncellas.

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