En los carnavales de boca la
milonga no empezaba hasta las diez de la noche, aunque los primeros borrachines
que traían las resacas de las tardes en los lotes y querían meterse a la fuerza
más temprano y hacían unos quilombos que se fumaban los cuidadores contratados
también carnavaleros también adobados de infusiones permitidas en esos días del
rey momo y de la pachamama, regados los mamados insistían con sus termos llenos
de tintos mezclados con pomelos con caras de nada con caras de inocentes
parroquianos que no los engañaban a los otros que además se fumaban las
puteadas de los dirigentes que cuando veían los desmanes les sacaban en cara
que ellos dejaban entrar a los parientes y no se fijaban en esos quilomberos, que
le amargaban la vida a los vecinos honestos que iban a divertirse sanamente y a
los novicios que cruzaban las miradas, en los carnavales de boca las orquestas
no empezaban a tocar antes de las diez de la noche que era la hora que abrían los portones y la
gente se agolpaba y entraba a los empujones para conseguirse una mesa cerca de
la pista de bailes que dejaba mirar a las parejas además que se podía jugar con
las bombitas el papel picado las serpentinas, y los primeros borrachines
mojados hasta la médula salpicados de agua perfumada y de barro, dormían en los
rincones la mona mientras los otros bailaban, ahí se quedaban filtrados a
expensas de las travesuras de los niños caprichosos que durante el baile tenían
sus minutos de gloria.

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