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Thursday, January 28, 2016

Calor rima frío.


En las noches caldeadas de esos veranos intensos que se desparramaban en las sombras de las calles más o menos desiertas porque a las salidas y entradas de los turnos tropas de obreros iban y venían, los coyuyos y los cascarudos se peleaban por sobrevolar a duras penas alrededor de los faroles de la calle con luces mortecinas que dejaban que los amantes se manosearan cerca de las miradas indiscretas de la indiscretas viejas que andaban por detrás de sus calentonas hijas para que ninguno de los noviecitos extraños las engrosaran, daban vueltas los cascarudos y los coyuyos insistiendo por sobrevolar esa linternas que agregaban el dobles de los grados de calor que hacían en las noches igual que en la mañanas, se chocaban y caían cerca de donde jugaban los niños con sus rayuelas con su manchas juegos de niños inventando jueguitos con poco dinero, los coyuyos y los cascarudos rebotaban en seco en los pisos de las galerías de las casas cerca de la parroquia agobiados igual que la gente que resoplaba, en las noches encendidas de esos veranos intensos que alfombraban los infiernos en las calles con formas de cielos o en los zaguanes o jardines con las formas de purgatorios de los vecinos que se sacaban el cuero aunque después rezaran juntos la novena, esos bichitos de dios después de esos sobrevuelos quedaban fritos y fríos en las baldosas frías.


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