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Friday, January 29, 2016

Mucha rima pocos.


A falta de hijos propios el señor al señor cura de la parroquia del sagrado corazón de Jesús, le regaló una tropa una prole de seis sobrinitos rubios y seguidos en sus edades como si fueran una escalera las teclas de un piano una casta de niños blancos y bien alimentados que descargaban energía todo el día todos los días, que le hacían unas bullas bárbaras no solamente en distintas horas del día un barullo que no soportaba, sino especialmente, durante las horas de las misas de los sábados a las siete y media y de la de los domingos de las diez de la mañana, el bullicio de los niños jugando mientras se hacían mayores en el patio contiguo se filtraba por las galería y los pasillos que comunicaban la casa con la iglesia y lo desconcentraban porque también los escuchaba donde anduviera, cuando escuchaba las confesiones inconfesables de los peregrinos cochinos del pueblo enredados en sus guampeadas repetidas que no curaban unas seguidillas de padre nuestros y ave maría, ruidos y quilombos que le llegaban cerca del altar y no podía concentrarse en las partes donde tenía que hacer sus oraciones en ese latín que le costaba desde los días de su juventud cuando abandonó su vida licenciosa para servir en la guerra en las épocas de los guetos llevando resignaciones adonde las necesitaran que eran a muchos lugares, mucha algarabía a falta de hijos propios los ruidos de esa caterva de niños le llegaban hasta el altar aunque los feligreses no los escuchara porque entre el altar y donde estaba la primera fila de reclinatorios había unos cuantos metros, los otros no los escuchaban pero el escuchaba el repiqueteo mientras los demás hacían sus oraciones y cantaban sus salmos pensando que con eso, con ese poco purgaban sus pecados.


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