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Sunday, January 03, 2016

Calla rima otorga.


A la sumisa mujer del chacarero le venía bien cuando el volvía de los surcos después de andar doce horas pelándose el culo encima del caballo bajo los rallos del sol, que las cuñas de los chaguancos esas hembras de tetas inmensas y caderas armoniosas comenzaran a pasar por la puerta de la casa que era la casa más importante del lote de la reducción, que ellas pasaran contorneándose porque después de todo su marido era el jefe de todos porque además de cuidar los cañaverales llevaba las planillas las quincenas para pagar los jornales y volvía del pueblo con alimentos que repartía por vales  de la empresa a la gente,  a ella le gustaba verlas como si de pronto las otras se acordaran de sus obligaciones de mujeres de tenerles la olla llena a los otros cuando volvieran de la cosecha, a la cornuda y callada mujer del chacarero le venía bien que esas hembras voluptuosas enfundadas en esas túnicas que usaban de hilo livianos que a trasluz dejaban imaginar los calzones y otras cosas por debajo de los lienzos, fueran y vinieran del almacén grande de la verdulería que estaban al lado de la casa, le venía bien cundo él volvía y se quedaba soplando del cansancio en las balaustradas de la galería de adelante sino se la agarraba con ella y se la quería poner en cualquier rincón donde la agarraba y no era que a ella no le gustaba sino que la estaba llenando de hijos y ella no tenía respiros, le venía bien porque ella sabía que los cruces de la miradas los saludos los comentarios casuales con esas hembras terminaban en el rancho de ellas con él haciéndoles a las apuradas vaya a saber qué porquerías hasta tanto los matacos volvían, aunque ellos se daban cuenta que su hembras estaban más que atendidas por el encargado del lote porque de noche no les permitían ni que metieran sus manos donde a ellos les gustaba meterlas, como la mujer obediente ellos también callaban, y otorgaban, el otro era el jefe y era bien malo con el rebenque en la mano. 




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