En los cruces y en los cauces de sus historias de morondanga los
capangas desorientados especulan con sus fanfarrias avivadas con las fachadas
de una patria que no existe más que como una alegoría que sirve a espurios
intereses de vivos que nunca están mal y que además marchan asociados para
mantener sus mercados de infelices y descuidados, viva la libertad levantan
estos los estandartes de un libertinaje que nunca se termina donde ellos como
funcionarios en sus papeles de jueces o en sus disfraces de legisladores ganan
además de sus compinches lo que otros pierden con prendas con hipotecas pedidos
de clemencias y llantos, viva la igualdad de oportunidades lo discursean desde
púlpitos acompañados de curas que los consienten y les dan las razones sobre la
apropiación restringida y una autonomía de pacotilla, siempre y cuando sean las
oportunidades propias porque los otros los mismos infelices y descuidados
tienen en algún momento que terminar de entender que no hay para todos ni
oportunidades ni nada y que entonces cada uno tiene que aceptar lo que le
corresponde en su justa medida, entelequias prolijas y meticulosas mientras
nadie pregunte sobre las personas o las instancias por las que algo o alguien determina
eso que corresponde en su justa medida, a quién cómo, cuánto, sin considerar
que esas proposiciones derivan de quienes pensando en los terceros entienden
que cada uno cada individuo tiene una idea aproximada de lo que le corresponde
y de cuál es la justa medida propia como si no existieran las aspiraciones por
ser infelices y descuidados, viva la solidaridad levantan las últimas voces y
mejor si tienen las formas de diezmos o limosnas que confirman las condiciones
de subordinaciones de los mismos infelices y descuidados que ni sueñan con plus
si no son a condiciones, la patria cruje mientras los vivos la administran.

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