Supongo que podría ser condenado
a la hoguera de los ingratos al fuego eterno donde se cuecen los desaprensivos
que es lo que fui en eso para eso como en muchas otras urgencias de vivir mis
presentes como si fueran infinitos presentes irremplazables con la excepción
que el tiempo me pasaba como le asa a cualquiera cada vez que estaba frente a
un espejo, ignorando que cada momento es una fracción milimétrica de un
presente cargado de pasados con futuros que no llegan o llegan a medias ignorados
en duraciones en intensidades, supongo que hice no una sino varias
sinvergüenzadas no aprendiéndome ni siquiera el nombre un nombre uno solo de los
nombres de esas revistas que llegaban hasta nosotros por Blanca o Eufemia que
las esperaban cada semana cada mes que salían para correr al quiosco del gordo
rompe huesos a buscarlas, ni uno solo de esas revistas que editaban fotos de
novelas de amor donde los galanes eran siempre o Jorge Barreiro o Enrique Liporace
que las enloquecían a todas las chiruzas carnosas y voluptuosas que hacían
volar nuestra imaginaciones hasta el punto ideal de la curiosidad y la
calentura donde no entraban ni las pajas tempranas ni la capacidad de nosotros
como gurises de creer al menos que podríamos concentrar las miradas de algunas
de las chicas que entonces nos hacían de partenaire, supongo que tendría que se
condenado al menos como olvidadizo porque las devoraba como otros amigos ávido
de seguir esas historias revueltas de amores resueltos o no resueltos y de
insinuaciones de carne en tetas y culos que armonizaban con todo que se
insinuaban debajo de los ropajes de esas hembras enamoradizas que se jugaban
por esos galanes que de ser eso ni siquiera tenían que trabajar para mantener
sus partidos y sus percantas, desmemoriado fui un irremediable distraído,
porque ahora hace mucho que esas revistas no están más en los quiscos como el
Corín Tellado que de esa sí me acuerdo aunque recuerdo menos las historias que
de esa revista se contaban, que tal vez ya no están más o tal vez estén pero de
otra forma en presentes que cambian los pasados en presentes que cambian los
futuros como Corrientes tres cuatro ocho donde tal vez también siga el segundo
piso ascensor sin porteros i vecinos y adentro el cóctel de amor.

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